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El Libro de los Juicios

Bluefenix

Bug oculto de Darth
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Año 1479 C.V. 15 del apogeo del verano.

Hace ya varios días de mi llegada a Athkatla. Mi viaje por mar resulto tranquilo y en parte irreal, aun no me puedo creer que haya abandonado mi hogar por escapar de un crimen que no he cometido y el futuro no se presenta del todo prometedor.

Las tierras del sur son… extrañas. Algunas cosas me recuerdan a la ciudad de los esplendores pero otras son cuando mas exasperantes. Su política es intrigante y sus gentes dispares. Me he adaptado bien al acento sureño para mi descanso, pero la bolsa de plata que me dejo mi madre no tardo mucho en perder su peso y ser sustituida por mísero cobre. Los placeres no son baratos en esta ciudad que parece dispuesta a tragarse hasta mi última moneda y solo la estancia en la posada de las 5 Jarras, donde me hospedo por el momento, me ha dejado poco con lo que subsistir. Supongo que es de agradecer, ya que no he tenido que quedarme en una sucia taberna de los barrios bajos donde se esconden los criminales de esta ciudad, o en algún hospicio a compartir cama con algún pordiosero mugriento.

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Necesitaba trabajo y así lo he hecho, ofreciendo mis servicios como espada de alquiler, mensajero o cualquier cosa que me pudiere dar algo de margen. He conseguido algo de oro trabajando en una herrería local y también he prestado algún servicio como mensajero en los establos. Lo mejor de este segundo trabajo es que el propietario del establo me ha concedido una montura temporal hasta que pueda comprar una propia.

Hasta el momento he procurado mantener un bajo perfil, mas no parece que haya nadie buscándome en esta ciudad por el momento, supongo que es algo de agradecer a mi madre que dispusiera todo para mi rápida partida de Aguas Profundas.



Mi último trabajo ha sido especialmente lucrativo. Gracias al Justo pude escuchar a una pareja de aventureros que hablaban de transportar un cargamento de artículos arcanos cuando hallabame en los terrenos a las puertas de la capital, la propietaria de la caravana, una dama de rosto oculto por un velo llamada Lyra Duskborn, pedía a su guía una escolta adecuada para el camino a la ciudad de Nashkel, pasada la cordillera de los Picos de las Nubes. Y con apenas dos platas en mi bolsillo me decidí a unirme a dicho viaje como escolta.

La primera parte del trayecto fue mayormente tranquila, salvo por la aparición de un explorador orco en los caminos, que despache a lomos de mi montura. La propietaria de la caravana resulto un tanto sospechosa al negarse a pasar por los puestos de vigilancia de los caminos y ante su negativa a dejar ver su rostro decidimos contratar una embarcación para cruzar el río Alandor.

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Caída la noche y con la segunda mitad de nuestro trayecto pendiente, aprovechamos para conocernos mejor los integrantes de la caravana. El guía Anhol incluso sugirió que podría contratarme nuevamente al contarles mis problemas económicos, mas cedió cuando la dama Azalea me sugirió unirme a su banda de aventureros, que responde como “Los Grifos de Shatar”. He de admitir que la dama elfa me callo bien, mas aun cuando dijo proceder como yo de la ciudad de los esplendores. Quizás por eso o bien porque sabía que necesitaría mas oro si deseaba conseguir la ciudadanía, acepte su oferta.

A la mañana siguiente realizamos el ascenso al paso hacia la ciudad de Nashkel, mas en lo alto de las cumbres algo espanto a las bestias de carga, que nos arrastraron hasta un pequeño valle oculto entre las montanas, y en este a una pequeña villa con menos de una docena de humildes cabañas. Copo de Nieve llamaron a la villa algunos, y mientras intentábamos hacer que las bestias volvieran sobre sus pasos nos topamos con otro grupo de aventureros.

Según parecía, la villa había sido saqueada recientemente por osgos y otros seres que vivían en las cumbres heladas y decidimos prestar ayuda, temiendo que dichas bestias pudieran atacarnos en nuestro camino de continuarlo.

Seguimos los rastros de las criaturas subiendo por las montañas, donde el aire es frío como el beso del acero e igualmente falto de consuelo. Poco me falto para desvanecerme ante la dificultad de respirar por primera vez ante semejante altura, mas nos impusimos a los elementos de la mejor manera que encontramos.

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Llegado un momento nuestro ascenso llego a una empinada pared de hielo a lo alto del glaciar, y ascendimos con dificultad por la helada cuesta hasta hallar el escondrijo de las bestias. Kobolds y osgos nos recibieron con filos prestos y los enfrentamos en combate directo

Me avergüenza decir que a pesar de mi habilidad como espadachín fui superado por los kobolds, que en un momento dado me derribaron y sobrepasaron. Por suerte la dama Alys de Lathander pudo atender mis heridas antes de que pasaran a ser fatales.

Terminado el enfrentamiento pudimos encontrar los tesoros robados y extinguir la amenaza sobre la villa y nuestra caravana. Y aunque el regreso fue algo aparatoso, pudimos retomar el camino y finalizar el trabajo. Para alegría de mi bolsillo y de mis helados huesos.



Desde el día que fui herido en las cumbres, me es complicado conciliar el sueño. Ni siquiera en los suaves brazos de las chicas del burdel de Alindra encuentro consuelo. Quedo en vela hasta caer dormido, tocando el arpa para mantenerme despierto, mas tarde o temprano los sueños vuelven y se repiten.

Me veo a mi mismo, desnudo en total oscuridad mas mis ojos ven. En mi mano diestra un cuchillo y un colgante en mi zurda. Reconozco ambos objetos al momento, pues ambos me vinculan a la noche fatídica. El cuchillo esta ensangrentado aun, como lo vi la primera vez en la habitación de Olena, cuando la vi con la garganta abierta en un grito agónico y silencioso. El colgante, de bronce y en forma de corazón en llamas, una de las pocas posesiones que dejo mi madre en mi macuto, aquel día que escape, también está manchado con la sangre.

Miro ambos hasta percatarme de que la sangre no es de una víctima inocente, si no mía. Mis muñecas están atravesadas por sendos clavos, de los que penden cadenas. Mi propia sangre me aterra, los artefactos caen de mis manos al vacio que se extiende bajo mis pies. Hasta que siento que algo tira de mi brazo derecho. La cadena sujeta un plato y el plato el cuchillo, y su peso me arrastra al vacio. La cadena izquierda es liviana y aun con el colgante sobre ella me da fuerza para alzarla, pero me sigo hundiendo hacia mi lado izquierdo, como una balanza mal ajustada.

Alto sobre mí, un brillante par de ojos llameantes me observan y me juzgan desde los cielos oscuros. A su alrededor otros cinco pares menores, que se funden y como cinco pequeñas estrellas fugaces descienden sobre mí como flechas. Su luz es bella y temible y pasan junto a mí, esquivando mi frágil cuerpo desnudo y ensangrentado. Mas los platos de la balanza los esperan ansiosos, para arrastrarme al abismo bajo aquella mirada ardiente

Así concluye mi sueño. Mas la presión en mi pecho me acosa aun y las muñecas me duelen como si en verdad hubieran sido atravesadas por frío hierro. Me consuelo pensando que no es más que un sueño, mas temo que haya algo más. ¿Una premonición? ¿Una advertencia? ¿Una amenaza? No lo sé. Más creo que empieza a afectarme en mi mente.

Creo que necesito un trago.
 

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Año 1479 C.V. 7 de Solana.


Hace ya más de un mes de mi llegada a las tierras del sur, y en ese tiempo he tenido mucho tiempo para reflexionar entre trabajo y trabajo. Las novedosas elecciones a la Corte Amniana que el consejo gobernante ha concedido al populacho me han ganado unas cuantas monedas, gracias a mi nuevo puesto como miembro de los Grifos de Shatar. Suficiente oro como para costearme una buena armadura y pagar las tasas precisas para garantizarme el visado de ciudadanía Amniana, en cuanto pase el tiempo que establece la ley de este reino.

Por suerte, o quizás por mis precauciones, no he tenido problemas con perseguidores de las familias nobles de Aguas Profundas. Quizás realmente no sepan dónde estoy, pero cuando me encuentren he de estar preparado y tener suficientes apoyos en las tierras de las intrigas. Para ello he de atacar los problemas del reino y asegurarme el reconocimiento de los diversos grupos de aventureros, instituciones y casas comerciales que manejan el poder real, y si hay algo que no sobra en esta tierra son conflictos.

La presencia de no muertos y aberraciones necromanticas no es desconocida, y recientemente yo mismo he sido testigo de su existencia.

En aquel día me percate de un pequeño grupo de aventureros, entre ellos un enano de barba rojiza y pesados mantos de piel blanca, respondiendo al nombre de Himrick. El maese buscaba aventureros para enfrentar a un poderoso gigante de las altas cumbres heladas del llamado Pico de la Lanza. No dude en aceptar el trabajo, derrotar a una bestia así me daría algo de reconocimiento, por no mencionar una generosa cuantía de 50 danthers de plata. Armados junto a un intrépido hin, un elfo de ropajes oscuros y una aguerrida dama enana, ascendimos a las cumbres enfrentándonos a los elementos y los trasgos que ocasionalmente surgían de la nieve, topándose con un rival mas difícil del que esperaban.

La nieve empezó a caer con fuerza cuando en un recodo del camino nos topamos con un criatura no muerta, escoltando a una figura en pesada y negra armadura, de tamaño humano y complexión fuerte, el cual tiraba a su vez de una bestia de carga. Ante la visión nos pusimos en guardia, mas la criatura no muerta desapareció en una bruma, dejándonos ante el humano de oscura armadura, que ante nuestras palabras negaba la existencia del no muerto, negándose a responder nuestras preguntas.

Amablemente me acerque, envainando mi filo, y le sugerí acompañarnos, pues su mente ocultaba algo o bien estaba turbada por el influjo del no muerto. Mas negándose el insensato a moverse dijo que esperaría allí a la ayuda que quisiéramos darle.

Fue entonces cuando las rocas retumbaron y las poderosas pisadas del gigante se escucharon como una avalancha desde las cumbres. Tome al humano y lo arrastre tras de mi, mientras la bestia de carga corría despavorida.

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El poderoso gigante era imponente, mas aun para alguien como yo que nunca se había enfrentado a entes de semejante tamaño. Pensaba que los grifos de Aguas Profundas era seres enormes, pero este fácilmente superaba en cuatro veces mi tamaño y otras tantas en fuerza.

Pero lo que a este ser le sobraba en fuerza yo lo compensaba con velocidad, astucia y táctica. Su gran hacha intento golpearme, mas tomando una postura defensiva esquive un impacto tras otro, usando el filo de mi escudo para desviar los golpes y golpeando en una ocasión su mano y llamándole la atención mientras los enanos, el elfo y el mediano lo flanqueaban y lo herían.

Dolido y molesto por mi esquiva forma de combatir, el gigante me aparto de un golpe se volvió, hiriendo al hin y lanzándolo contra un árbol para atacar de nuevo, esta vez al maese Himrick que recibió algunos golpes. Corrí a socorrer al mediano, mas el gigante se volvió una vez más contra mí, interponiéndome entre él y el pequeño mediano. Mas este fue su gran error, pues la dama enana con su poderoso mandoble procuro una herida mortal, dejando al gigante sangrando en la nieve y permitiendo asestarle el golpe de gracia.

Derrotado el monstruo, sane lo mejor que pude las heridas del mediano, mientras la enana hacia lo mismo con su congénere. Tomando luego la cabeza del gigante como merecido trofeo a su victoria. Por mi parte, complacido por mi habilidad el enano me pago el doble de lo establecido.

Más no todo estaba bien. El misterioso humano había desaparecido en el fragor del combate, por un rato converse con el maese enano que menciono a una Orden que trata con semejantes individuos. La Guardia del Ocaso. Para mis adentros pensé que en el futuro habría de tratar con ese grupo, pues la lucha contra la no muerte no deja de ser uno de los grandes desafíos de este reino, y una de las muchas aberraciones que se presentan ante la luz del Justo y los dioses.



Cinco días pasaron desde el encuentro en las cumbres. En este tiempo conocí a una pareja de humanos que hablaban con el pequeño mediano que ayude en la batalla del gigante. Tras asegurarme de que sus heridas hubiesen sanado bien les hable a los dos encapuchados sobre nuestro encuentro con el gigante, y el individuo que caminaba junto al no muerto.

La diosa de la fortuna tuvo a bien guiarme a este encuentro, pues estos eran miembros de la llamada Guardia del Ocaso. Tras preguntarles sobre como actuaban y su estructura les comunique mi deseo de ayudarles en su labor en la lucha por purgar de vampiros y demás hijos de la no muerte de las tierras de Amn.

Aun no me dieron una respuesta de si me aceptarían pues habían de hablarlo entre ellos, sea como fuere ahora sé dónde encontrarlos, e igualmente importante ellos saben dónde encontrarme a mí.



Aun con todos mis logros, los sueños no han cesado. Cada vez me cuesta mas mantenerme en pie, incapaz de entender el significado. Hasta hoy.

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En el majestuoso distrito del templo, junto a los cuarteles de su más condecorada Orden, busque consejo sobre mis sueños en el clero del Justo. Estos me señalaron a un humano unos años mayor que yo, no llegaría ni a los treinta inviernos.

Respondiendo al nombre de Karl Arvidson, el piadoso seguidor del Justo era miembro de su clero, y por lo que había escuchado, había fundado una nueva y prometedora Orden que acogía a diferentes fes. Al igual que yo el también era de Aguas Profundas y curiosamente también formaba parte de la Orden de Samular, aunque no dio muestras de conocer a mi madre cuando le enseñe su colgante.

Le conté de mi sueño y este me ayudo a repasar aquello que si sabía. Una balanza mide aquello que pesa más, sean estas mis malos actos o aquellos que siguen la senda del Justo. No importa el motivo, si es una amenaza, una premonición o una advertencia, el sueño me muestra algo que ya sabia y algo que temo desde hace años.

He sido entrenado para convertirme en un seguidor del Justo toda mi vida, la única diferencia es que ahora no estoy ante los compañeros de mi madre en la Orden de Samular, o en mi propio hogar. He de dar el paso para convertirme en la espada y el escudo del Justo.

¿Pero cómo? ¿Qué significa el resto del sueño? Hay partes que aun no comprendo, preguntas sin responder. Pero al menos ahora me doy cuenta. Es voluntad divina, mía y de aquellos que me rodean que siga la senda que me ha sido encomendada y eso hare hasta que el Justo tenga a bien acogerme como su siervo y concederme su bendición.
 

Bluefenix

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Año 1479 C.V. 5 del marchito


Las ultimas dekannas del verano han traído abundantes lluvias y problemas a las tierras de Amn, mayormente en forma de bestias y aberraciones que asolan los caminos y a veces incluso las ciudades.

Ninguna ciudad ha sido más afectada que la placida ciudad fortificada de Crimmor, la cual ha sufrido un importante ataque por parte de las barbáricas y primitivas tribus orcas que se asientan en el peligroso paso conocido como “el camino orco”. Y tal ha sido la violencia de los ataques que incluso mi merced se ha visto afectada mientras investigaba la desaparición de una carreta en las cercanías de dicha ciudad.

Nunca antes había presenciado y menos participado en tamaña batalla campal. Bajo el retumbar de tambores de guerra los orcos se lanzaron contra las puertas del camino orco, rompiendo sus pesadas visaras y desbordando los muros del camino como una marea verdosa de musculo, dientes, cuchillas y aullidos.

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Codo con codo junto a los guardias de la ciudad y otros aventureros, luche contra las bestias que aun a pesar de ser de gran fuerza y mostrarnos un temible reto, pudimos contener una oleada tras otra, no sin bajas, no sin el uso de poderosas magias arcanas por ambas partes. Pronto todos los guardias de la ciudad en la primera línea habían caído, salvo uno, y aun a pesar de los esfuerzos de los sacerdotes y mi persona, poco se pudo hacer por muchos de los caídos, que encontraron por fin su reposo junto a los dioses.

Yo mismo caí herido varias veces para ser sanado y continuar la lucha a pesar del dolor, en una vorágine de sangre y acero. Llegó el momento en que ya no pensaba porque estaba allí, solo me centraba en la siguiente hacha que se acercaba a mi cuerpo, la próxima estocada de mi filo, el siguiente hechizo que volaría sobre mi cabeza. La gloria de la guerra lo llamara algunos, mas solo veía penuria cuando los orcos nos dieron un respiro para reagruparse.

Nos llegaron noticias después de que las bestias atacaban también el otro lado del camino, asaltando la ciudad del grano, Purskul. Y así pues aguarde en mi puesto, viendo como buena parte de los aventureros usaban métodos mágicos para viajar rápidamente al otro lado del camino.

Mas los tambores volvieron a sonar, esta vez con un nombre en los gritos de los orcos. Y finalmente la última oleada de bestias llego, estrellándose contra los defensores de Crimmor. Luchamos, defendiéndonos desesperadamente, hasta que una sombra apareció entre las bestias, un orco de gran tamaño, con un filo igualmente descomunal.

Como si fuéramos trigo ante la guadaña del granjero, el caudillo orco avanzo sobre nosotros, descargando terribles golpe entre aliados y enemigos, abriéndose paso. Aproximándose a los arcanos y los heridos. Y fue en ese momento, cuando vi que debía hacer.

Desenvaine mi filo una última vez, aceptando el desafío de la criatura y me puse en su camino, aun dolorido de los múltiples golpes y acometidas de la batalla, adoptando una pose defensiva, listo para ganar unos preciados segundos para que los arcanos usaran su magia contra el temible ser.

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Un golpe paso junto a mí, esquivándolo por poco, pero la bestia era astuto y haciendo uso de su fuerza me embistió y desequilibro. Los dos siguientes golpes fueron a dar en mi escudo, que ante el temible impacto del filo del orco se hizo pedazos, hendiéndome el brazo y haciéndome retorcer de dolor en el suelo. Mi combate había durado un instante, pero había sido suficiente, los arcanos desencadenaron la urdimbre sobre el monstruoso oponente y este término rendido en el suelo, a mi lado.

Y mientras aumentaba la pérdida de sangre y el efecto del shok se disipaba, mi vista se torno borrosa.

Gracias a los dioses, con la caída del caudillo orco, sus congéneres perdieron el valor y abandonaron el campo de batalla de retorno a sus colinas y madrigueras. Los sacerdotes pudieron sanar mis heridas y al poco supimos que el lado de Purskul había sufrido una batalla similar, mas los defensores habían logrado defender la ciudad sureña, no sin sudor, sangre y lagrimas.

Tome la espada rota de uno de los guardias de la ciudad que había perecido en el campo de batalla, defendiendo su hogar y sus seres queridos. Habrá de ser un recuerdo para honrar este día y aquellos que han dado sus vidas por que todos sigamos aquí.



Unos días mas tarde, sanadas mis heridas de la feroz batalla, volví a mi investigación de la caravana desaparecida en el camino del lago. El maese elfo Aravae Dispar me contrato para buscar dicha caravana y su cargamento, unos pergaminos y escritos. Tras internarnos en el camino no tardamos mucho en toparnos con un grupo de saltantes de caminos y en seguir su rastro bajo la pesada lluvia por el pantano.

Nos topamos finalmente con el grueso del grupo de asaltantes que despachamos con eficiencia, salvo a uno, al cual desarme y derribe para proceder a interrogarlo.

Por suerte sabia de la caravana desaparecida, había salido de Amnagua y había sido asaltada por el jefe de los bandoleros, más un grupo de trolls los obligo a abandonar la carreta en el pantano con parte del campamento, escapando mientras las horrendas bestias hundían el carromato en uno de los pequeños lagos del pantano.

Tras el interrogatorio deje inconsciente al bandido y lo deje oculto en la foresta para llevarlo más tarde ante la ley, por desgracia no llegue a encontrarlo a la vuelta. Poco importa pues tarde o temprano encontrara su merecido castigo, pues esa es la voluntad del Justo.

Nos adentramos en las profundidades del pantanoso camino, y pronto nos encontramos con las deformes y horrendas aberraciones trolls.

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Bendecido con magia ígnea, mi filo tomo presa fácil de las repugnantes bestias en los pequeños grupos en los que los encontrábamos, hasta toparnos con una dama montaraz, conocida de Aravae que nos ayudo guiándonos por el traicionero pantano.

Finalmente mis ojos divisaron nuestro objetivo. El eje de un carromato surgía de las lodosas aguas cerca de un puente y mientras defendíamos el lugar, la dama montaraz se desprendió de parte de sus ropas (para alegría de mis ojos y los de mis acompañantes puedo añadir) y se interno en las aguas, rescatando el cargamento.

Aun mayormente echado a perder, una de las cajas estaba especialmente sellada por algún tipo de código, el cual me resulto imposible de averiguar y decidimos llevar ante un cerrajero, esperanzados de hallar en el cofre los tan buscados escritos.

Por desgracia, tras llevarla a un sabio cerrajero de los barrios bajos de la ciudad de la moneda, no encontramos los escritos, solo unas anotaciones con acertijos.



No todo ha sido combatir y búsquedas infructuosas, el estudio de las leyes del reino ha ocupado parte de mis últimos días asi como los tiempos en los que me recupere de mis heridas. Gracias a la biblioteca gubernamental he podido aprender mas sobre los detalles de las leyes amnianas y sus curiosas diferencias y similitudes con las leyes agundinas.

Incluso he redactado un pequeño códice legal en un libro de mano, para poder consultar eficazmente las leyes y su sistema penal. Más siento que estas últimas aventuras y trabajos me han ayudado a despejar mi mente.

Mis sueños siguen acuciándome, pero cada vez me veo mas alejado de la oscuridad, alzándome hacia la luz de la verdad que ocultan estas visiones. Quizás este en el buen camino después de todo.
 

Bluefenix

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Año 1479 C.V. 10 de la caduca.


Como una herida que se infecta, la plaga se ceba en los barrios más desafortunados de la Ciudad de la Moneda. Traído desde el continente de allende los mares del Oeste, la enfermedad a la que algunos llaman la Morgue Negra, se expande lenta e inexorablemente por el puerto y ahora por los barrios bajos. Los pobres desafortunados hacinados en el templo del Quebrado, en un intento por contener la infección, sin éxito alguno.

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Finalmente, tras hastiarme de enterarme por terceros de que aceres que se estaban llevando a cabo, decidí poner en práctica mis conocimientos médicos e investigar esta peculiar epidemia.

En el templo del Quebrado me reuní con el padre Geinier que junto a otros voluntarios atienden con sus escasos suministros a los afectados. Pronto aprendí de la situación al ofrecer mi mano en su ayuda, la enfermedad se presenta por el momento en tres fases. La primera muestra altas fiebres y sudores con delirios. La segunda desarrolla pústulas y llagas dolorosas y que se infectan con facilidad en la espalda y las extremidades, causando dolores y temblores. La tercera se torna aun más siniestra con malformaciones en los huesos y tumoraciones.

Gracias a los dioses las llagas, infecciones y demás efectos se pueden paliar, mas la enfermedad prosigue alargando el sufrimiento de los afectados, denegándoles el descanso de la muerte. Mas nuevos afectados llegan cada día volviendo exigua la comida, el agua, ropas y demás víveres médicos.

Más temible aun es el hecho de que la enfermedad ataca sin piedad a todos sin igual, sin importar posición, edad o sexo, y aunque he estado interrogando a los afectados y sus conocidos, el patrón y los métodos de transmisión de esta epidemia me son desconocidos por el momento.

Gracias al justo, no todo es tan lúgubre. Por el padre Geinier se que un cabo de la guardia está impulsando la creación de campamentos para los afectados y que la Eterna Melodia planea realizar una obra benéfica en ayuda de estas personas.

Cuando tuve oportunidad de ser temporalmente relevado en mi ayuda al templo, acudí a reunirme con Azalea, sir Karl y candidatos de las cortes amnianas con incidencia en las casas comerciales, anunciándoles lo precaria de la situación. El oro en si no es más que un metal, espero que sean capaz de financiarlo bien para obtener alimentos y medicinas para los afectados, antes de que la situación se descontrole. Ente tanto mi deber sigue en el templo y alrededores, figurando la propagación de esta enfermedad tal elusiva.

...

Algo extraño ha ocurrido en mis esfuerzos por tratar a los enfermos, algo que no me había sucedido antes y me resulta desconcertante.

Mientras sanaba la infección de un infante de apenas una década, afectado por la enfermedad, usando ungüentos sobre sus llegas, note como su vida comenzaba a escaparse. Con pesada respiración, cada vez más ardua, temí por su vida y me centre en tratarlo lo mejor que pudiera. Deseaba ayudarlo, permitirle vivir, debía darle mas tiempo.

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Cerré mis ojos temiendo que no aguantaría antes de que regresara el padre, mas cuando mire de vuelta, su rostro estaba en calma y mis manos emitían un suave brillo. Me sentí exhausto al momento sin comprender como había hecho tal cosa. No era una bendición como las que oran los sacerdotes. ¿Quizás el justo me hubiera bendecido en aquella ocasión para salvar una vida?

En los siguientes días empecé a centrarme en usar esta extraña bendición, llamándola a voluntad desde mi propio cuerpo. Siempre en discreción, pues no sabía qué era lo que había sucedido, y es de buen saber que no se ha de jugar con la voluntad de los dioses.



No mucho después acudí a Misnor a tratar con Sir Karl y pedir a su orden ayuda con respecto a la escasez de medicinas del templo del Quebrado. Pero para mi sorpresa lo encontré interrogando a una arcana, acusada de ser responsable de las extrañas desapariciones de mestizos que habían tenido lugar en la norteña ciudad de Naskel. Tras interrogar a la sospechosa esta finalmente admitió que no había asesinado a los desaparecidos como parecía haberle ordenado la mente detrás de los secuestros, mas los había escondido en una gruta cercana al paso de la Carretera Mordida. Junto a Sir Karl, Sir Erik, la dama Madeleine, la dama Helena, el maese Rugo y un tal Jared, subimos las traicioneras y nevadas montañas hasta la gruta.

El viaje resulto posible encontrarla gracias a la bruja, que nos acompaño en el viaje, mas no nos fiábamos de ella y olvido mencionar algunos detalles como los gigantes que guardaban el escondido lugar, los cuales hirieron gravemente a los caballeros mas pudimos atender sus heridas gracias a mis cuidados médicos y la magia bardica de lady Madeleine.

Finalmente encontramos a los secuestrados tras una pared de hielo, que rompimos con picos. Salvando a los agradecidos mestizos. Aun así, a pesar de su ayuda, la bruja enfrentaría la justicia por los secuestros, y la autentica amenaza detrás de estos estaba por ser encontrada.



La presencia vampírica volvió a ser el centro de atención ayer mismo. Boris, compañero de los Grifos de Shatar se adentro en las minas buscando a estos seres y al poco tiempo aparecieron carteles en las ciudades con mayor presencia del grupo de aventureros, anunciando su secuestro y la disposición de las aberrantes criaturas a negociar.

Es risible que estos despojos en la no vida osen siquiera sugerir que pactaremos con ellos. Lady Azalea dejo claro para mi contento que no planeaba jugar su juego, pero hay poco que podamos hacer. Aunque no siento aprecio por un insensato que se lanza a la muerte en un vano intento de gloria, tampoco podemos permitir que estos seres se salgan con la suya. Quizas con la ayuda de la Guardia del Ocaso pudiera encontrar apoyos para buscarlo en las minas mientras buscamos una forma de obtenerlo de vuelta. Azalea piensa que nos lo terminaran devolviendo al ver que no consiguen nada de él… pero yo soy escéptico en ese sentido.

He de hallar la manera de destruir a estas aberraciones y expulsarlas de estas tierras para bien.
 

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Año 1479 C.V. 4 del podrido.


Mi visión se aclara y los sueños la siguen. Tras varios meses en Amn me he hecho a la idea de que es mi deber continuar mi senda y convertirme en el seguidor del Justo que siempre se ha esperado de mí, no por obligación ajena o divina, si no por mí mismo. Esa es la conclusión a la que me han llevado mis sueños.

Mas antes de poder comenzar verdaderamente mi senda como paladín del Justo he de aceptarme a mí mismo. Mis conversaciones con Sir Karl denotan en la mayoría de los casos una diferencia en nuestro pensamiento, no en las bases si no en pequeños detalles, y esto me suponía dudas sobre mí mismo. Pero ya no mas, he decidido que aunque considerare las enseñanzas del caballero he de ser fiel a mis propios ideales y a los del justo a la vez, y por ello le acompañe junto a Lady Helena y el joven Yandi en un viaje de iniciación en su orden.

Viajamos por las cumbres del paso de los colmillos y luchamos protegiéndonos unos a otros. Tras recibir el gélido golpe arcano de un ogro hechicero y derrotarlo, mostré por primera vez mis recién adquiridas dotes sanadoras, curando las heridas congeladas de Yandi para sorpresa de los allí presentes.

Continuamos el viaje hasta la llamada Fuente del Buen Samaritano, un manantial de puras aguas cristalinas que según las leyendas bendicen a aquellos de corazón puro que beben de estas, mientras que condenan a los malvados.

Tomando el agua entre sus manos a modo de cuenco, Sir Karl ofreció a cada uno de mis compañeros beber de las aguas como gesto de nuestra voluntad de unirnos a su Sagrada Alianza.

He de decir que al principio de este viaje aun tenía mis dudas, pero finalmente, cuando poso mi mirada en mí, tras haber jurado a los dos nuevos escuderos, acepte el agua bendita y mi nuevo deber como escudero de su Orden. En ese momento, decidí reconocerme a mí mismo y comenzar mis temblorosos pasos por la senda que el Justo ha puesto ante mí.

Tras la ceremonia acudimos a Naskel y mientras los otros dos escuderos atendían otros menesteres, hable en privado con el caballero, revelándole sobre mis habilidades.

Sir Karl no podía creerlo, pero con cuanta certeza podía mostrar ante lo visto me pregunto por mi padre, y al responderle que no me anuncia sus sospechas. Quizás mi padre provenga de otro plano, un habitante de celestial. Ante la idea me resulto ridícula, luego empecé a ver que aunque ridícula quizás tuviera parte de verdad, ¿pues como explicar entonces esta extraña bendición? Si es cierto, es una verdad aterradora y a la vez perturbadora ¿Cómo enfrentar esta nueva verdad? ¿Es algo que me habrá de cambiar? Aquella noche me retire a meditar sobre todo esto, pues había pagado el precio de conocerme a mí mismo.

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Aunque la revelación de mi herencia sigue rondando mi mente, mantengo mis dudas apartadas, hay mucho que hacer y ningún tiempo para despilfarrarlo en dudas existenciales. Habré de continuar con mis aceres sin importar quien fuera mi padre, pues nunca me preocupe por él y no hay verdadera razón como para preocuparme ahora. Simplemente procuro controlar los dones que el Justo ha tenido a bien permitirme conservar.

Con el fin de las elecciones a la Corte otro eje a empezado a girar en mi vida. No hace muchas dekannas hable con el candidato a Senescal Larence Thyne, preguntándole sobre el puesto que pensaba ocupar una vez terminaran las elecciones si fuera elegido y si había pensado en alguien a quien mantener en su secretariado, pues es bien sabido que un buen líder ha de rodearse de gente capaz. El candidato no me dio una respuesta aunque asumió rápidamente mis intenciones de presentarme como un posible secretario de estas cortes.

¿Por qué hice tal cosa? ¿Qué interés podría tener un joven que apenas pasa de los 16 inviernos en la política? La respuesta, es poder. El poder es considerado muchas veces como un objetivo, mas yo lo considero un medio, una herramienta para tomar el mundo que te rodea y hacerlo más confortable, más adecuado a tu punto de vista. Amn no es precisamente un ejemplo de perfección y parte de mi desea modelar sus fallos en éxitos, convertir el mundo en un lugar mejor, al margen de la gloria y fama que pueda obtener.

Quizás fuera por ello, por mi ambición y deseo de progreso por lo que el Senescal me ofreció el puesto como su secretario de Defensa Interior. Puesto que gustoso he aceptado.

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Para mi alegría, nuestras mentes coinciden, suele darse que uno hable lo que el otro estaba pensando en ese momento. Me informa de aquello que se discute en las cortes y le brindo mis opiniones. Mas aun queda mucho trabajo que hacer.



Y mientras tanto la Mourgue Negra continua, mas las ayudas y los hospitales de campaña que prometió la guardia ya están en activo. Algunos hablan de la existencia de una planta milagrosa al otro lado del mar que podría suponer la cura. Más tengo mis dudas, aunque apruebo que se busque el origen de esta plaga en los nativos de las tierras de las que proviene. En los ratos que dispongo continuo ayudado, ahora en los nuevos hospitales, mas me temo que el fin de esta plaga aun no está a nuestro alcance.
 

Bluefenix

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Año 1479 C.V. 18 del podrido.


Y una mala situación se vuelve aun peor. El caos y la confusión por la enfermedad es palpable, los barrios bajos y el distrito portuario han sido puestos en cuarentena bajo la disposición del Consejo y las Cortes, los casos se multiplican y las familias son separadas a ambos lados de la cuarentena.

Peor aún es el hecho de que la enfermedad ha adoptado una nueva faceta, una letal, provocando la rotura de los huesos de aquellos afectados y produciendo la muerte de los afectados en estado más avanzado. El miedo hace a la gente encerrarse en sus casas y las calles están vacías por el terror a una infección.

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Mis propias investigaciones han dado resultados, he comprobado que los casos de los barrios bajos son mínimos y se centran en infecciones ocurridas durante el traslado de los primeros afectados. La vasta mayoría de los afectados empezaron a mostrar síntomas en el puerto y la distribución de la epidemia parece centrarse en un punto concreto, el muelle del puerto.

Mi teoría es que la epidemia se contagia por el aire a corto alcance y mis primeras suposiciones es que podría tratarse de algún polen, espora o miasma que se haya transmitido desde el barco que trajo la enfermedad y que haya tomado raíz en el embarcadero y los afectados, convirtiéndolos en portadores.

Para comprobar mi teoría, me acerque a la zona en cuestión antes de la cuarentena junto con el señor Aravae y la dama Minenyar entre otros, con la esperanza de que la dama, conocedora de los entresijos de la naturaleza, pudiera encontrar algún rastro en la flora y faua del muelle. Mas tras tomar unas muestras de musgos y comprobar que las ratas no parecían presentar signos de la enfermedad, nos retiramos con encontrar respuestas.

Por desgracia el precio a pagar ha sido demasiado alto, la enfermedad ha afectado a Aravae produciéndole fiebres y delirios. El pobre elfo fue hallado junto a otro afectado fugado, el sangre de dragón oropel llamado Parien Wiebber, a los cuales traslade a los nuevos hospitales habilitados por la guardia en el distrito portuario. Rezo porque podamos encontrar una cura antes de que sea demasiado tarde para ellos, y cuantos otros infectados.



En este tiempo de conflicto no deja de sorprenderme la disparidad de las gentes de Amn. Algunos se unen para soportar la situación, otros buscan nutrirse de los males de la peste, pero muchas cosas no cambian.

Hace unos días mientras discutía en los llanos junto a Helena, la portadora del alba Alys y otros aventureros, vimos como un pobre anciano se topo con un grupo de tres hombres con aspecto de rufianes de baja estofa. Y como no, no tardaron en hacer presa del anciano, insultándolo, zarandeándolo y amenazándolo.

Por supuesto Helena se adelanto a tratar con los rufianes, cuyos rostros me resultaban familiares en aquel momento, mas no los supe identificar. Me uní a la discusión en cuanto vi que uno de los aventureros descolgaba su arco y decidí intervenir para evitar un baño de sangre por tan ridícula situación, advirtiendo a los rufianes del precio de la ley por agredir al pobre anciano.

Ante la situación, y como las ratas que eran, el trío de vándalos se retiro. Todo parecía haber terminado ahí, más al día siguiente vimos que estábamos errados.

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En el camino del rio, los rufianes nos asaltaron, acompañados por bandidos y ladrones. Como era mi deber intente que se rindieran pacíficamente, mas la tensión de los nervios trajo una saeta que se clavo en uno de los bandidos, desatando el combate.

Obvia decir que los bandidos, sin entrenamiento decente y armas de pobre calidad, no fueron rivales para los aventureros allí reunidos. La mayoría de ellos murió, alguno escapo, mas el cabecilla de los rufianes del otro día no corrió tanta suerte y lo retuve a punta de mi filo.

Sus gritos atrajeron a una partida de orcos del camino del rio que despachamos, no sin que antes noqueara al rufián para evitar que escapara. Lo llevamos al fuerte del camino del rio, donde se nos anuncio que este y sus otros dos compañeros eran criminales buscados. De eso los recordaba, estaban en las listas de búsqueda y captura. Por supuesto la parte de la recompensa que cobre seria redestinada a la senescalía en la que trabajo, pues después de todos es esta la encargada de ofrecerlas.



Aunque la guardia ha realizado trabajos magníficos, la falta de medios en esta se está haciendo notar. Y lo que es peor, las situaciones causadas por la enfermedad y la cuarentene me ponen un conflicto, pues he de atenderlo por tres partes, como seguidor del Justo, como miembro de las Cortes y secretario representante de Larence, y como medico de los hospitales.

Mientras discutía sobre la plaga con el recién nombrado supervisor de los sanadores, el señor Shamaelthalar, Astrid, la druida Minenyar, el marinero Sten y un arcano cuyo nombre no llego a recordar, me di cuenta de que la seguridad del distrito gubernamental se había afectado. Primero apareció un hombre medio desnudo husmeando la conversación y mas tarde una mendiga. Dado el esfuerzo que ha mostrado la guardia siempre en el prestigioso barrio de la nobleza me pareció algo arto curioso, más comprensible. En verdad Larence tiene razón al considerar las preocupaciones del cabo Ross con el estado de la guardia.

El caso de la mendiga fue especialmente trágico y controvertido. La pobre mujer nos conto que vivía en los barrios bajos, mas la cuarentena le había separado de su hijo. Tras darle limosna los demás, yo me ofrecí a llevarla al hospicio, donde al menos tendría techo y comida mientras la cuarentena se soluciona y le prometí que nos aseguraríamos del bienestar de su hijo, aunque permitir a la mujer entrar o sacar al niño no era una opción por el decreto de las Cortes.

Para complicarlo más, la mendiga se tropezó con una baldosa y fue a chocar contra una noble que no tardo ni medio segundo en llamarla ladrona y gritar llamando a la guardia. La guardia no se comporto mejor asumiendo rápidamente que era en verdad una ladrona, aun cuando les informe de quién era y que había visto todo.

Por suerte un sargento de la guardia se acerco a comprobar la situación y, tras reconocer a Shamaelthalar y escuchar nuestro testimonio, despidió a la noble. Esta regreso más tarde con su padre un noble llamado Sir Atreides, amenazando al sargento con degradarlo. La situación pudo llegar a mucho peor cuando Sten intento agredirlo, mas por suerte pude detenerlo en cuanto note su intención. Por suerte los nobles se fueron por fin, soltando sus amenazas. Me asegurare de que el sargento cuente con un informe favorable de parte de la senescalía para ayudarlo contra cualquier acusación de ese noble estirado.

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Al irse la noble, la mendiga insistió entonces que la permitieran acceder a los barrios bajos y obviamente le fue denegado, aunque al saber de la situación del hijo el experimentado guardia empezó a sugerir que podría hacerse, si fuera personal autorizado. Shamaelthalar siguió el juego y como responsable de los médicos le ofreció a la mendiga un puesto en el hospital.

No puedo decir que apruebe o condene la decisión del elfo. El sargento posó una mano sobre mi hombro recordándome que no podemos separar a una madre de su hijo, como no podemos romper la ley, tal es la voluntad del justo. Y no niego que sea la mejor solución en aquel momento, pero una parte de mi está inquieto. Quizás hayamos salvado al niño de los peligros de no contar con su madre, pero igualmente está condenado por la enfermedad si lo alcanza. Ahora la madre también está en la misma tesitura que el hijo más aun si va a trabajar en los hospitales. ¿Cuánto tiempo tendrán antes de que la enfermedad les alcance a todos en esos barrios? ¿Y qué ocurre con las centenares de familias divididas, todas aquellas personas que se manifestaban ante las barreras de la cuarentena? ¿Acaso hay suficientes puestos para todos en el hospital como para dejarlos entrar? ¿Y qué ocurrirá cuando todas aquellas personas que quieran entrar se den cuenta de que están en una trampa?

La naturaleza de las gentes de Amn no para de sorprenderme. Veo potencial, pero tambien veo arrogancia, odio, codicia. Aunque la ciudad arda los nobles siguen siendo nobles, los rufianes siguen siendo rufianes, y los insensatos siguen siendo insensatos. La gente se apiña a ambos lados de la cuarentena, unos quieren entrar a salvar sus riquezas sin entender que hay una enfermedad letal que podría atraparlos, y otros quieren escapar de la trampa letal que es después de todo la cuarentena, un matadero para la plaga si no damos con su cura. Y entre medias estoy yo, trabajando… siempre trabajando.
 

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Año 1480 C.V. 6 de pleno invierno


Los últimos meses del año han estado plagados de trabajo, tanto que me ha sido imposible escribir. El nuevo año se presenta con aun mas trabajo y mas obligaciones por mi parte, y rezo al justo porque sea capaz de mantener el paso.

Las nuevas de la enfermedad se han sucedido y tras el nombramiento de Shamelthalar como Coordinador de Sanadores me he puesto a sus órdenes para lograr encontrar en conjunto una cura a la enfermedad. Mas el tiempo ha estado en nuestra contra desde el principio.

Las senescalías se tomaron su tiempo, pero finalmente la dama Renatha me mando un informe sobre los cargamentos de la embarcación que trajo la enfermedad, así como otra embarcación afectada que apareció encallada en las costas al norte de la capital de la moneda. No tarde mucho en enviar mis sospechas al senescal de Economia Interior, el señor Siegfried, para pedirle que actuara e intercediera en los cargamentos... Si llego a hacer algo al respecto, no fue a tiempo.

Tal y como sospechaba la enfermedad resulto estar basada en un hongo capaz de incrustarse en la madera y contagiar a aquellos próximos a este. Y así, varios cargamentos lograron pasar los controles en Athkatla y terminaron en granjas e incluso en los graneros de Purskul.

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Me dirigí a la ciudad del grano, y con la ayuda del maestro de gremio, Reb Halo de Maiz pude identificar los cargamentos afectados, si bien aún quedaban cabos por atar mi actuación podría fácilmente haber salvado el suministro de grano de todo el reino de Amn. Mas de nuevo aparecieron aquellos incompetentes que buscan beneficiarse y el senescal Siegfried decidió denunciarme por, según el, acaparar las competencias de su senescalía, aun cuando trabaje por ordenes del coordinador de sanadores y había dado prácticamente un mes al senescal para que evitara esta situación.

Ahora el caso está siendo investigado por las Cortes, justo cuando Larence estaba desaparecido. Que conveniente para aquellos que quieren beneficiarse a mi costa. El senescal, por si fuera poco, tuvo la intención de hacer un "arreglo" diciendo que el mismo me mando realizar la inspección, a cambio de que convenciera a Larence para que aprobara sus presupuestos en las cortes... en pocas palabras quería cubrir su propia incompetencia obligándome además a hacer promesas que no puedo hacer y faltar a la voluntad del Justo al mentir bajo sumario sobre lo sucedido. Obviamente rechace de manera tajante, y cuando todo esto termine me asegurare de que nada quede impune... solo tengo que planear que ficha he de mover a continuación.

...

El trabajo en el hospital de campaña es agotador. Si bien tenemos y algunas pistas de como tratar la enfermedad con paliativos, aun se nos escapan algunos detalles. Una de las afectadas, la dama elfa Ydrissane se curó de la enfermedad y no sabemos cómo, uno de los afectados pareció curarse con algún tipo de bebida alcohólica en las islas Nethander, a pesar de que la enfermedad solo se inhibe temporalmente con el alcohol para luego regresar mas fuerte.

De mi investigación en Purskul obtuve una muestra del hongo en su estado natural, del que espero podamos conseguir mas información.

La enfermedad llego también a una villa proxima a Imnescar, en la que alguien alzo a los afectados como no muertos, obligando a los sanadores a poner a toda la villa en cuarentena.

Una de las autoridades de los bajos, una anciana que se hace llamar a si mismo Banshee, nos concedió permiso a un puñado de sanadores junto con Shamaelthalar, para tratar la enfermedad en las zonas más olvidadas de los barrios bajos, sin temor a que nos asalten.

Ahora además tenemos que estar atentos a la hija de un noble, la dama Clara hija de Lord Gulan de Esmeltaran, que se encuentra en paradero desaparecido en la zona de cuarentena. Por si fuera el poco el noble ofrece un millón de danthers por aquel que le lleve una cura de la enfermedad, alentando los casos tratados con remedios incorrectos y dificultándonos el trabajo si cabe aun mas, al tener que estar atento a cualquier interesado en la recompensa que intente sabotear nuestros esfuerzos. Por suerte el cabo Roxx está haciendo una buena labor, ayudándonos en estas labores.

...

Llegados a un punto, la desaparición del senescal Larence se hizo evidente. Azalea, Astrid, Aionele, Rena, Madeleine, Mark, Guren, Jared y otros tantos fuimos en su búsqueda. Mas cuando examinamos su hogar encontramos dos personas muertas. Una criada y un mercader que portaba unos dudosos documentos relacionados con una familia de Amnagua, los Campoverde. Tras interrogar a una de las criadas supimos que esta había cambiado su puesto con la chica asesinada y que el día de la desaparición de Larence, este se había reunido con otros tres hombres y dos mujeres aparte del mercader.

Seguimos un rastro y supimos por los caravaneros que los sospechosos se habían ido en dos carretas, una en dirección Amnagua y otra a Imnescar. Supuse que la de Amnagua seria un señuelo y fuimos a por la de Imnescar, mas nos la encontramos destrozada y abandonada. Habíamos seguido el señuelo.

Viajamos hacia Amnagua siguiendo el rastro de las caravanas hasta ver que se internaba en el bosque, dirección Norte. Encontramos un puesto de cazadores donde parecían haberse detenido, encontrando a un campesino fallecido hacia al menos un par de días. Estábamos cansados, y tensos, Guren disparo a un buho que pasaba por el lugar y supongo que lo sobresaltaría.

Gracias a la dama Renatha pudimos continuar siguiendo el rastro hasta que nos topamos con una pared de zarzas que nos bloqueaban el paso como una muralla viviente, atacándonos cuando intentábamos abrirnos paso. Por suerte Aionele abrió sus alas y se alzo volando sobre la foresta, encontrando un paso alternativo.

Tomando aquel paso nos topamos con una bestia enorme, un oso mas grande que cualquiera que hubiese visto jamás, acompañado de una driada. La bella criatura alzo la voz ordenándonos salir del bosque, furiosa, pues el búho que había matando Guren era un guardián conocido suyo.

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Azalea hablo con la driada en lengua elfica y pudo apaciguarla. Mas la criatura exigió que alguien ocupara el lugar del guardián. Renatha acepto encantada y se quedo en el bosque junto a la driada y el oso.

Pudimos continuar así siguiendo el rastro, terminando en el camino del lago. Habíamos atravesado el bosque y el rastro nos condujo a Crimmor y luego en dirección Norte, a Nashkel. Mas nos detuvimos a descansar en una cueva donde supimos que no éramos los únicos siguiendo este camino. Un jinete con el emblema del Caballero Rojo nos llevaba la delantera. Más adelante supimos que se trataba de Hector, un aventurero que había conocido brevemente en alguna ocasión en los llanos de Athkatla.

Contamos con un nuevo aliado ascendimos por las montañas, enfrentándonos a trasgos y yetis. Interrogamos a una de estas bestias que parecían hacer guardia en nombre de un tal Grolak, poniéndonos mas resistencia de lo normal.

Resulto especialmente peligroso cuando, al pasar un puente se interpuso un trasgo que hizo saltar una trampa helada ,haciendo que Hector cayera a las aguas heladas, mas por suerte pudimos sacarlo gracias a Jared, que se tiro a las aguas y lo mantuvo a flote suficiente como para sacarlos con una cuerda.

Tras esto la ventisca que azotaba las cumbres pareció calmarse y una figura apareció entre la niebla. Una mujer de cabellos blancos y símbolos aurilitas. Esta mujer se identifico como la que tenia a Larence bajo su custodia y si queríamos recuperarlo habríamos de complacer a su odiosa diosa. Nos mostro una imagen del cuerpo semidesnudo y congelado de Larence para presionarnos y no nos quedo mas que seguirle el juego... por el momento.

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Su primera prueba fue cruzar las montañas sin usar ayudas mágicas. Lo cual resulto una tarea ardua, obligándonos a descansar repetidas veces. Una avalancha callo sobre nosotros y nos atrapo a Hector y a mí. Habría atrapado a Madeleine si no la hubiese empujado cuando vi que no lo lograría, mas por suerte salimos todos vivos aunque obligándonos a descansar a Hector y a mí.

Continuamos la travesía hasta que vi un extraño árbol. Al acercarnos vimos que tenía una puerta y al llamar nos recibió una amable anciana. La anciana nos ofreció pasar la noche en su hogar a cambio de algo, que le permitiéramos tomar un trozo de nuestras almas para alimentarse. Obviamente nos negamos a permitir tal cosa y en ese momento la anciana mostro la apariencia de una saga, oscura criatura que se alimenta. Mas el ser no era hostil, estaba asustada, nos pedía irnos diciendo que nunca hacía daño a nadie y solo quería sobrevivir.

No sentí mal en ella ni escuche mentira en sus palabras, mas mis compañeros la ataron y amordazaros. Me negué a aceptar tal cosa y pedí que saliéramos de allí y buscáramos otro lugar para descansar, mas nadie me escucho. Salí de la cabaña negándome a ayanar el hogar de esa criatura como un vulgar ladrón, por muy horrenda que fuera la criatura, inocente a mis ojos.

Luego escuche un grito y entre a toda prisa. Guren había registrado las pertenencias de la anciana saga y entre ellas su diario y un corazón que latía y moría ante nuestros ojos. La mujer enloqueció, maldiciéndonos e intentando conjurar contra nosotros. Intente sanar el corazón mas no pude, cuando me di la vuelta vi a Hector hundir su espada en el cuello de la criatura, terminando su vida.

Al leer el diario de la anciana supimos que había sido maldita por Auril, al preferir a su esposo, cuyo corazón mantenía guardado, a seguir los designios de su odiosa dama helada. Da igual que piensen que habíamos hecho un favor liberando de su maldición a la anciana... lo cierto es que allanamos su casa, la robamos y la asesinamos siendo una criatura inocente cuyo único pecado fue desafiar a su maligna diosa.

Enterramos a la mujer y tome el diario, para continuar luego nuestro camino a "la casa del amanecer helado". Allí una sacerdotisa juzgo nuestros actos. Dijo que sentía aprecio por la anciana que habíamos matado y decidí darle el diario... no porque lo merecía, o porque me compadeciera de ella, si no porque considere mejor que lo tuviera un conocido que yo mismo. Mas la sacerdotisa dejo caer el libro en su altar que se congelo y se deshizo en pedazos... tampoco que me importara realmente lo que hiciera con él a continuación. La sacerdotisa nos indico la siguiente prueba, tomar los ojos de la sierpe blanca de las cumbres más altas de las montañas. Nos dio un saco para guardar los ojos y nos pusimos en camino, viajando ahora protegidos con medios mágicos y ascendiendo por las montañas hasta enfrentarnos a la temible sierpe blanca.

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En la intensidad del combate que se desencadeno, al enfrentarnos a la criatura en su guardia, un grupo de gigantes se unió a la refriega, convirtiéndose el combate en una batalla a tres bandas de la cual nos alzamos victoriosos. Mas cuando la sierpe callo un gigante nos congratulo, el tal Grolak había aparecido y mientras trataba las heridas de Mark, los demás se encargaron de dialogar con la criatura, permitiéndole tomar el tesoro a cambio de que nos dejara llevarnos los ojos de la sierpe en paz.

Por desgracia fuimos engañados, los "ojos" que habíamos de tomar no eran los del dragón, los cuales se deshicieron a medida que pasaba el tiempo, si no las gemas escondidas en el tesoro del dragón que el gigante se había llevado.

Nuevamente la bruja apareció ante nosotros, mofándose de nuestro error y mandándonos a la prueba final, al templo de su deidad maldita en las montañas.

Llegamos al templo donde nos encontramos con la bruja una tercera vez. Tres pruebas mas habíamos de superar en aquel templo y encontrar dos gemas en su interior para sustituir aquellas que no habíamos encontrado en el dragón. La primera fu una sala con varias puertas con armas dibujadas, decidimos que debiera ser el arma de la diosa pero no sabemos cuál era, opte la del hacha de guerra acertando, más un rayo helador me golpe de lleno.

En la siguiente prueba vimos tres diosas heladas en una sala, Auril, Umberlee y Sune y en una inscripción nos pedía ordenarlas. Supuse que se trataba el orden en que la vanidosa diosa considera importantes a las diosas, poniéndose a si misma delante y a Sune la ultima por odiarla. Obtuvimos así una de las gemas

En la prueba final Guren metió la mano en un altar de agua que se mantenía liquida en el ambiente congelado, dentro había un estilete y cuando lo tomó se congeló el agua casi atrapándole la mano y dejándosela herida. En una ofrenda de sangre, se pincho el dedo y pone la mano ensangrentada en la estatua donde se encontraba la otra gema. Con gran dolor saco el artefacto, no sin sufrir graves quemaduras por el frio, que inmediatamente lo trate, mas con dificultad.

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Con ambas gemas se abrió un puente ante nosotros y llegamos hasta la bruja, en una sala guardada por dos enormes golems de nieve, y donde vimos por fin a Larence, atrapado en un bloque de hielo debatiéndose entre la vida y la muerte. Ante el, en el suelo, tres runas arcanas sobre las cuales la bruja ordeno que se pusieran aquellos que se consideraran aquellos mas cercanos a Larence. Madeleine, Aitana y Azalea se colocaron, mas en el último momento Mark empujo a Aitana ocupando su lugar. Los tres pusieron los ojos en blanco y tras unos instantes Mark y Azalea volvieron en si... pero cambiados. Mark parecía aterrado como temiendo a algo o a alguien y Azalea se veía incapaz de contener su risa y de bromear. Finalmente, y pare decepción de la bruja Aurilita, Madeleien volvió en sí y Larence salió del tempano helado, debilitados.

Me volvió entonces a la Aurilita, demandando que se entregara por sus crímenes, prometiéndole un juicio justo por sus crímenes contra Larence. Por desgracia la maldita hereje se esfumo y los golems nos atacaron.

No recuerdo muy bien que ocurrió, sufrí un grave golpe de las espadas de los golems que resultaron ser extremadamente poderosos. Aitana también fue abatida de aun mas gravedad y solo la intervención de un sacerdote pudo traerla de vuelta. Hector también sufrí graves heridas.

Y ahora me hallo convaleciente. Maldiciéndome por mis fallos y por haber permitido a esa bruja escapar. Juro que la próxima vez que la vea no le volveré a dar opción de rendirse y atravesaré su cuello con mi filo, como castigo por todas sus ofensas y crímenes. Esa, es la voluntad del justo... este, es mi juramento.
 

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Año 1480 C.V. 19 de la garra del ocaso


Finalmente un respiro ha llegado a mi ajetreada vida de estos últimos meses, no sin sacrificios, no sin largas horas de esfuerzo. Poco después de mi viaje en busca de Larence me esmere en ayudar todo lo posible en el tratamiento de la Mourgue Negra, y tal como me prometió el maestre de gremio de Purskul, pude investigar a los posibles afectados de la plaga en la villa del grano.

Pasado el incidente de la denuncia sobre mi persona, pude acudir a investigar el granero afectado por la enfermedad, acompañado de la secretaria del senescal y miembros de la casa Galdrim. Encontramos el piso superior, donde antes estaban las cajas afectadas, una amplia mancha del hongo, que mas tarde seria reemplazada quitando los maderos afectados y quemándolos tal y como se hizo con los cargamentos afectados.

Más aun mas grave era encontrar a los posibles afectados por la plaga. Por suerte el capataz del granero estaba sano, mas uno de sus trabajadores no había aparecido en los últimos días. Y temiendo lo peor acudí junto con la entonces escudera de la Helena, Adellian, a una zona de granjas de la periferia de Purskul.

Habíamos llegado demasiado tarde, al llegar a la casa del joven encontramos los cuerpos del chico y su madre en el suelo, deformados por la pérfida enfermedad. Nadie se había percatado de su ausencia, ninguno de sus vecinos. Mas no todo se había perdido, escuchamos un leve quejido de uno de los lechos y Adellian encontró allí un bebe de apenas un año, deshidratado y mal estado, pero sin rastro de la plaga. La joven clérigo se encargo de la criatura, dándole agua y buscándole una nodriza para alimentarla hasta que pudiéramos llevarla a la capital.

Continúe mi investigación por las casas, instando a los ciudadanos que se mantuvieran apartados de la casa de los fallecidos y reportaran de cualquiera con síntomas de la enfermedad. Una pareja de ancianos también mostro síntomas de la enfermedad, así como un afectado que empezaba a tener delirios. Llevándolos a todos al hospital dejamos Purskul libre de afectados por el momento.

En Athkatla la situación era cuanto menos tensa. Se había descubierto una cura para la enfermedad, una cura que requería una vasta cantidad de polvo de diamante para una sola cura, haciéndola imposible para la mayoria de las personas afectadas por la plaga. Y llevadas por el miedo y la ignorancia las masas se volvieron contra el hospital, lanzando piedras contra las ventanas e incluso estando a punto de quemarlo en un tumulto especialmente violento.

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Helena pudo apagar parte del fuego gracias a su aliento gélido, mas esto revelo su antinatural apariencia y los encapuchados la apresaron, multándola y negándole la entrada a las ciudades por su condición, hasta que consiguiera la cinta roja como indican las leyes de Amn.



No todo en el hospital resultaba deprimente. Durante un día se dedico el personal a atender y animar a los niños con juegos y canciones para alzar los ánimos. Algunos de los afectados trabajaban desde dentro del hospital para colaborar en la investigación de la enfermedad.

Varios aventureros y miembros del hospital, incluida mi persona, viajamos a las Islas Nelanther, donde se rumoreaba la posibilidad de una cura a la enfermedad. Por mi parte, acudí dado que uno de mis pacientes fue visitado por un pariente de esas islas, y aun cuando regreso tras estar en contacto con él la isla no dio muestras de enfermedad.

Gracias a la ayuda de la senescal Renatha y la pericia de marino de Sten, pudimos zarpar desde las Agujas de Oro en dirección Brynnley. En busca de respuestas.

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Nuestra llegada fue tranquila, sin mayor inconveniente en el trayecto, y tras evitar las trifulcas con los piratas y villanos que pueblan el puerto de la isla, acudimos a una de las posadas mas concurridas del lugar. Gracias a la labor de Sten pudimos averiguar sobre el extraño licor del que habíamos oído rumores y pudimos sonsacar al tabernero sobre el enfermo que estaba buscando. Según parecía, el hombre había estado bebiendo aquel mismo licor cuando llego de Athkatla hacia ya varias dekannas, y aun así la enfermedad no se expandió a pesar de saberse que el tipo frecuentaba los burdeles del puerto.

Con esta información decidimos que yo me encargaría de llevar uno de los barriles de licor de vuelta a Amn para estudiar si se trata de una autentica plaga, mientras Sten y el resto del grupo irían a Skaug, a buscar el origen del licor.

Una vez en el hospital probamos el licor y descubrimos que en verdad podía destruir el hongo, aunque el alcohol afectaba a los enfermos y creaba dependencia, aun así sanando la enfermedad. La dama Anith fue capaz de reconocer uno de los componentes del licor, el característico sabor de un hongo que había probado de mano de los enanos de Kazad Gromdal.

El licor fue especialmente útil cuando alguien entro en el hospital y extendió el hongo por todas las paredes, obligándonos a usarlo para limpiarlo y para curar a los enfermos en estado crítico. Dejando claro la eficacia del remedio, aunque se encontrara sin patentar.

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Finalmente Sten regreso de Skaug con un cargamento de el hongo que identificamos. No podíamos estar más felices pues veíamos como se acercaba por fin el final de la enfermedad y durante días tratamos los hongos, secándolos y luego destilando su esencia, llegando finalmente el día en que comprobamos que la cura era efectiva y al alcance de las miles de personas pobres afectadas. Ahora la situación vuelve a la normalidad, la enfermedad pierde su terrorífica presencia y en menos de un mes esperamos que este completamente erradicada.



Las Cortes de Amn no se encuentran en su mejor momento actualmente, la moneda Amanda, fue asesinada al acceder a los barrios bajos. Habría de decir que lamento su muerte pero no puedo, se por varias fuentes que propuso en las cortes exterminar a la población afectada de Mourgue Negra permitiendo salvarse solo a aquellos que pudiesen permitirse la cura… cura cuyo componente principal se había propuesto acaparar, si bien trágico, considero que su fallecimiento ha sido la propia voluntad de los dioses por su arrogancia y maldad.

Larence por otro lado esta mas ausente de lo normal, come poco, habla menos. Apenas si asiste a las sesiones de la capara pentagonal.

Siegfried… bueno, sigue siendo el mismo, no muy detrás de seguir los pasos de Amanda por sus corruptas ideas de proteger sus intereses antes de la población que ha de servir.

Ahora se que las Cortes van a limitar este mandato y darán las competencias de Amanda y Larence a los otros tres senescales. Confío en que Renatha cumpla su labor y Talivia tiene buena reputación. Quizas le ofrezca mis servicios de secretario ahora que Larence no los necesitara más.



Varios meses atrás, ayude a rescatar a un grupo de mestizos que habían sido secuestrados de la ciudad norteña de Nashkel. La perpetradora de tales actos, la arcana Shandri habia sido tratada por los arcanos del Orbe Eterno para llegar al fondo del asunto, descubriendo que estaba bajo el efecto de un geas, una magia de dominación.

Cuando fue entregada de nuevo a las mazmorras del castillo de la Orden del Fenix fuimos a interrogarla. La arcana nos conto que su amo, un hombre llamado Malark la hechizo y obligo a secuestrar a los mestizos a los que odia. Nos conto que se ocultaba en una isla mas allá del archipiélago de las Nelanther, y que estaba bajo el influjo de algún hechizo que alejaba a los que no deseaba cerca.

Barajamos la posibilidad de viajar por método arcanos pero finalmente decidimos hacerlo por mar. Contratamos a una famosa marinera de Amn, una mujer llamada Constanza y desde Brynnley conseguimos que un barco mercante nos acercara a la isla… si bien tuvimos que remar en un bote una buena distancia, intentando no hundirnos en el proceso.

La isla contaba con un pequeño poblado y una torre en la parte mas alta. Nos acercamos ha hablar con una mujer que se encontraba partiendo leña y según decía estaba allí por propia voluntad y no pudimos sacarle mucha información útil. Se ofreció a acompañarnos al poblado y la seguimos mientras le preguntábamos sobre Malark.

Claramente algo estaba fuera de lugar en esa idílica isla. Solo había mujeres y recordé como Shandri nos conto que su amo tenía cierta tendencia a buscar mujeres para su complacencia. Visto que controlaba a su aprendiz era obvio que la isla ejercía alguna influencia mágica que volvía sumisas y cooperativas a aquellas jovnes. Además algunos de los miembros de la expedición empezaron sentirse tentados por los placeres de la isla, olvidándose de nuestra misión de llevar a Malark ante la justicia.

Mi plan era entrar cuanto antes en la torre a la vista de que el arcano no contaba con un gran número de guardias, evitando que el arcano tuviese tiempo de prepararse para nuestra llegada.

Mas el resto del grupo decidió aceptar la invitación de las mujeres y comer de su mesa mientras intentaban sonsacarle alguna información. Una acción absurda pues ¿Qué habrían de saber aquellas chicas dominadas por el embrujo del arcano? Finalmente, terminado el interrogatorio, usamos protecciones arcanas para evitar que Malark siguiera afectando a las mentes del grupo y decidieron que teníamos que ir de una buena vez a hacer lo que teníamos que hacer.

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Al llegar a las puertas de la torre nos topamos con dos guerreras de mismo rostro… no muy buenas en su trabajo pues tras impedirnos el paso se pusieron a discutir y simplemente pasamos a su lado, cerrando la puerta de la torre a nuestras espaldas. No es una forma muy elegante de entrar a una torre de un enemigo, dejando posibles amenazas a nuestra espalda y habría preferido noquearlas sin herirlas, pero habría de servir con dejar aquella pesada puerta cerrada.

Ascendimos a la torre, cuyas protecciones disiparon nuestra magia. Habia mas personas en la torre, un harem entero, mas no nos pusieron problemas para ascender.

Llegamos a las puertas del laboratorio de la torre, protegida por una especie de barrera arcana, y mientras los expertos en el arte del grupo la examinaban, yo registre junto con Helena y Aitana un dormitorio que había en aquella planta. Resulto ser el dormitorio de Shandri y en una de las estanterías encontré el diario, que nos indico como abrir la barrera del laboratorio.

En esta sala encontramos un extraño orbe en el centro de la sala, asi como varios pilares con los mismos colores que la entrada y tres golems que nos miraban desde las esquinas de la sala. La voz de Malark resonó en la estancia intentando ganar tiempo. Le ofrecí que se rindiera, mas no dio respuesta. Helena destruyo el orbe de la sala con su aliento gélido, rompiéndola en pedazos y despertando a los golems de su estado pasivo.

Las criaturas se lanzaron a por nosotros con tremenda fuerza y fui gravemente herido, así como Jared y Fynn. Por suerte el grupo pudo derrotarlos usando los pilares en el mismo orden que cuando rompimos la barrera de la entrada, y con las atenciones de Helena y Madeleine pudieron sanar nuestras heridas.

Continuamos adelante a través de portales hasta llegar a Malark en su despacho en lo alto de la torre. Le volvi a pedir que se rindiera, ofreciéndole un juicio justo, mas solo se mofo jactándose de que estaba haciendo Amn mejor.

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Se negó a rendirse y no mostré piedad. Cargamos contra el malvado arcano antes de que pudiera conjurar, derribándolo, mas pudo zafarse y lanzar encantamientos que nos hirieron en un fiero combate. Mas finalmente sus conjuros fallaron y mi estoque atravesó su garganta, vertiendo su sangre y terminando con su vida.

Registramos el lugar en busca de pruebas de sus actos, si bien nuestro testimonio era más que suficiente para corroborar la historia que nos dio Shandri. El conjuro que ataba a las mujeres estaba roto y muchas de ellas volvieron con nosotros al continente, otras decidieron quedarse en la isla.

Si Malark se hubiera entregado al menos habría tenido ocasión de defenderse en juicio, de validar sus actos. Lamento su muerte mas no me arrepiento de haber cumplido con mi deber, pues soy el filo de la justicia, soy la espada de Tyr, y aquellos que van contra mi señor han de pagar el precio de sus acciones.
 

Bluefenix

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Año 1480 C.V. 28 de la garra del ocaso



“Yo, Arkanthos, hijo de Alana del Corazón Llameante, me presento ante el juicio del Justo. Oíd mis palabras y sed testigos de mi juramento, pues en el día de hoy comienza mi senda que habrá de perpetuar hasta el día de mi muerte.

Por propia voluntad entrego mi cuerpo, corazón y alma al Justo. Y bajo su divina mano habré de actuar con fe, honor y justicia. Respetare a mis hermanos y hermanas de fe, sirviendo a la divina causa y compartiendo mi espada, experiencias y sabiduría.

Prometo seguir los dogmas de la fe. Revelare la verdad y castigare al culpable. Respetare la ley y seré su adalid contra aquellos que la utilicen con maldad. Aprenderé de mis errores y cultivare mi saber para evitarlos.

Ninguna mentira mancillara mis labios. Ninguno de mis actos carecerá de dignidad y cortesía. Ningún miedo atenazara mi corazón en el cumplimento de mi deber. Ninguna petición de auxilio quedara sin respuesta. Ningún obstáculo hará de mancillar mi honor. Ningún mal manchara las tierras que me sean encomendadas.

Cuando suenen las cornetas y se alcen los estandartes, cabalgare y luchare en defensa de la verdad y la luz.

Aquello que es sagrado, yo lo preservare. Aquello que es puro, yo lo protegeré. Aquello que nos amenace, yo lo destruiré. Pues mi ira sagrada habrá de ser firme y conocer ninguna atadura contra la maldad. Mas el honor y la justicia serán mis armas en la guerra y en la paz y mi espada no habrá de derramar sangre, hasta que sea en defensa de mis votos.

Que se regocijen los justos y tiemblen los malvados, pues yo seré la espada del inocente, el guardián de la paz, el fuego que ilumina la senda en la oscuridad, y el escudo que guarda los reinos de los hombres.

Prometo mi vida y mi honor, al servicio del Justo en este día y todos los que están por venir.”


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Con este juramento y tras una tranquila ceremonia en el templo de Misnor, finalmente he abrazado mi destino, decidido a no volver a mirar atrás. Ahora Amn es mi hogar y hare mi mejor esfuerzo por convertirla en un bastión del la justicia, mas se que tamaña empresa requerirá mas de mi propia vida para lograrse, y quizás nunca contemple el fruto de mi trabajo. Pero ahora formo parte de la iglesia del Justo, como una Espada de Tyr que habrá de defender sus dogmas e ideales por crear ese mundo mejor que tanto deseo.
 

Sten

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Te lo ensucio para felicitarte :!: :eek:
 

Bluefenix

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Año 1480 C.V. 12 de la garra de las tormentas



La paz regresa poco a poco a Amn tras la plaga, los últimos estertores de la enfermedad se extinguen aunque no así sus duras consecuencias en la población y la economía del reino sureño.

Las gentes se recuperan del desastre, lloran a sus muertos y estallan disputas llevadas por la angustia y la tristeza de lo perdido. Algunos cultos como el del Tirano intentan sacar tajada atribuyéndose la única posibilidad de salvar a la nación… necios. Como buitres que se alimentan del cadáver de una res, intentan llevarse tajada sin prestar esfuerzo alguno, y aquellos que en algún momento hicieron algo fue solo para llenarse los bolsillos mientras mantienen la máscara de la bondad en su hipocresía.

Más otros intentan hacer lo correcto y ayudar a recuperarse del mal tiempo. Después de su crisis de fe, Adellian y el escudero Karren han hecho una propuesta para impartir sermones sobre el Quebrado y ayudar a las gentes a unirse, así como proveerles de alimento y aliviar la presión en el comercio por la falta de víveres.

Yo por mi parte, con el cese de Larence como senescal he ofrecido mis servicios a la dama Talivia Havalen, esperando que me acepte y pueda continuar ayudando en las cortes, a pesar del deplorable estado de esta institución.



Mis deberes con la enfermedad no habían terminado claro, aun quedaban asuntos por resolver como la desaparición de la hija de Lord Gulam, Lady Clara de Esmeltaran.

Tras investigar en la ciudad, dentro y fuera del hospital con ayuda de otros miembros del hospital y de la guardia, conseguí informarme a través de uno de mis pacientes del hospital que me conto como vio a la dama en compañía de unos rufianes que la llevaron a uno de los almacenes abandonados del distrito portuario.

Acompañado por el cabo Roxx de la guardia y el arcano kelemvorita Alexis, seguimos el rastro que nos dio mi paciente y encontramos otro grupo de aventureros encabezados por Sven, uno de los miembros del reciente grupo mercenario de las alas negras. En el mismo lugar dimos con la dama Clara atada junto a tres mercenarios que mantienen una daga en su cuello.

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Intentamos convencer a los rufianes que soltaran a la dama, pero querían quedarse para ellos la recompensa que ofrecía el padre de la chica, lo más posible es que intentaran extorsionarlo para conseguir mas. Alexis realizo un conjuro que intercambio la posición del mago con la cautiva, la cual me apresure a tomar en brazos y protegerla mientras Roxx intentaba que ahora dejaran a Alexis. Uno del grupo de Sven, un arcano llamado Gilrod que también fue afectado por la plaga en su momento y ahora estaba curado, lanzo un conjuro que aterro a los bandidos, permitiendo que fueran despachados al negarse a rendirse.

Por suerte Lady Clara estaba intacta y sin efecto de la Mourgue Negra, solo cansada y algo deshidratada. La llevamos al hospital para que descansara y al día siguiente la escolte junto con el grupo de Sven a Esmeltaran. Tal y como prometí a Lord Gulan le entregue sana y salva a su hija y decidí no aceptar recompensa alguna, mas los demás mercenarios si que tenían esa intención, aunque al final decidieran no tomar el dinero siempre y cuando el noble les ayudara si alguna vez les pedía ayuda.

No puedo decir que apruebe la actuación de este grupo del “Alas Negras” aun tengo mis dudas de cómo pudieron averiguar como dar con la noble considerando que el distrito estaba bajo cuarentena, además de pedir tal recompensa al noble, como si esperaran que en algún momento pudieran requerir tal ayuda por algún asunto delicado, quizás ilegal.

He de mantenerme vigilante con este grupo, pues temo que algún día causara problemas. Mas por el momento el noble y su hija están juntos y todo ha vuelto a la normalidad y eso es lo que importa.



Desde hace meses me consagre a enfrentar la no muerte de Amn allá donde la encontrara, muchas veces he oído de los rumores de no muertos más nunca había tenido oportunidad de enfrentar directamente a estos seres mas allá de algún ocasional necrófago o zombi. Obviamente no soy tan necio como para buscarlos en aquellos lugares en los que estoy en total desventaja, como le ocurrió a Boris, pero eso no quita que esté preparado para enfrentarme a ellos de presentarse la oportunidad.

Hace unos días en cambio mi fortuna cambio y mientras exploraba unas cuevas próximas al camino del rio me tope con una oscura criatura, armada en pesada coraza, rostro oculto por una máscara y cuyo alrededor parecía deformarse en una aura purpurea y maliciosa. He de admitir que al principio me sorprendí y asuste al ver la criatura, pues apareció sin que yo esperara tal encuentro y al principio ni tan siquiera estaba seguro de que era exactamente.

Intercambiamos algunas palabras, pues sentí curiosidad por el ente, le pregunte que era y que hacía en aquel lugar pero respondió de forma criptica con su voz pesada y melancólica. No logre averiguar que hacía en aquel lugar salvo que no estaba allí por mi, y que en el pasado fue un seguidor de Helm, mas ahora estaba atado en la no muerte a la voluntad de un amo.

La criatura no parecía buscar un enfrentamiento, no por temor si no porque no me consideraría un enemigo a enfrentar en ese momento. Por mi parte le ofrecí al principio retirarse a la oscuridad de donde procedía, mas al conocer su naturaleza como un caído comprendí que era mi deber darle paz al alma de esa criatura, que finalmente se presento con el nombre de Vrarhe.

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La criatura desenvaino un imponente mandoble que parecía emanar la propia oscuridad y odio de la criatura, mientras que yo prepare mi estoque, que se envolvió en llamas doradas al activar la magia de mi anillo ígneo.

Y así comenzó el combate, en la oscuridad de aquella cueva, iluminada solo por la luz de mi espada llameante, ambos nos enzarzamos en golpes y contraataques, midiendo las defensas del adversario. La criatura se tomo la primera sangre al derribarme y herirme en el rostro con su filo, que me habría cortado la cabeza de no haberme apartado. Recurriendo a mis habilidades invoque una oleada de energía divina que sano mis heridas y me permitió pasar a la ofensiva, mas si bien los golpes de mi espada herían a la criatura, esta parecía capaz de regenerarse a la par que no mostrar dolor alguno por cada corte llameante que infligía en las juntas de su armadura.

La criatura continúo provocándome, felicitándome primero por mi resistencia mientras desviaba los golpes de su filo con mi escudo y luego jactándose de que pronto caería. Mas mi determinación no flaqueo y contestándole que antes tendría que derrotarme, proclame el nombre del justo y contraataque con furia divina.

“La Luz no tiene cabida aquí”, me dijo, a lo que respondí “La Luz esta en todos, nos guía y nos da fuerza. Esa es la diferencia entre nosotros, pues tú te has alejado de ella”

Deje mi estoque de lado y alce mi maza, bendecida por el clero de Lathander contra los seres de naturaleza no muerta y de inmediato empecé a imponerme a la criatura, que se vio obligada a pasar a la defensa. Con cada golpe invocaba el poder divino del justo y la maza estallaba en el impacto como el martillo de un herrero al golpear el metal al rojo vivo. Finalmente en un poderoso golpe hendí sus defensas produciéndole graves daños a la criatura, mas yo también estaba herido y cansado.

Le inste a que se rindiera, que me permitiera darle la paz a su alma torturada ¿Qué sentido tiene recorrer el mundo en la no muerte? ¿Acaso la criatura no deseaba ser libre? Mas solo contesto que aquello no era decisión suya, ni mía. Me dispuse a darle el golpe de gracia más la criatura estallo en llamas que me lanzaron contra la pared, incendiando la cueva en un muro de llamas que nos separaba a ambos. La criatura se fue entonces, prometiendo recordar mi nombre y la promesa silenciosa de ambos de volver a encontrarnos y terminar ese combate.
 

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Año 1480 C.V. 20 del deshielo.


Si bien los efectos directos de la Mourgue Negra han pasado con la erradicación de la plaga, no ha sido así con los efectos económicos y sociales derivados de la crisis. El estado Amniano se encuentra en un estado deplorable, las gentes han revertido a un estado de odio en que se culpan unos a otros por lo sucedido o incluso por lo que no ha sucedido en relación a la plaga, no que pueda culparles.

Uno de los principales focos del odio se centra en el pueblo elfico, liderado por charlatanes y sectarios como el siervo del Tirano, Teodoro. Aun a pesar de la buena labor de Shamaelthalar, el odio y miedo latente contra lo que es diferente en los mortales es un arma efectiva, mas aun si tiene facilidad de palabra como este villano. Habré de vigilarlo de cerca, mas tarde o temprano se topara con la justicia, como es el destino de todos aquellos que siguen la senda de su propia perdición.



Hace poco menos de una dekanna una villa del camino del sur fue atacada y devastada de la noche a la mañana, los cuerpos de los aldeanos aparecieron destrozados, rajados como muñecos de trapo en un grotesco y visceral espectáculo. Uno de los residentes sin embargo fue encontrado con vida, levemente herido e inconsciente, un niño de apenas unos pocos inviernos. Fue llevado al hospicio para ser tratado, mas unos días mas tras su despertar se rebeló la triste realidad de lo ocurrido en la villa.

Un grito de pánico en el hospicio en hizo aproximarme junto a varios ciudadanos y curiosos. El pequeño se había atrincherado en una de las salas y la sangre fluía bajo la puerta. El cabo Roxx abrió la entrada descubriendo no al pequeño si no a una criatura peluda de fauces afiladas y garras. El pequeño había sucumbido a la licantropía y en su furia animal los aventureros se vieron obligados a acabar con su vida mientras yo protegía a los residentes del hospicio.

Tras el encuentro y comprobar que nadie más en el hospicio había sido afectado, acudimos a la aldea, actualmente bajo vigilancia de la guardia. Efectivamente al examinar los cuerpos determine que las heridas y laceraciones parecidas a las de algún animal se correspondían con las que podrían esperarse de una criatura licantropía, o mejor dicho de varias, pues había diferentes tamaños en las marcas y heridas de la matanza.

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Los aullidos nos rodearon al poco tiempo, los lobos y licántropos atacaron nuevamente la ciudad, asaltando a los guardias y a nosotros mismos, mas pudimos repeler el ataque de las bestias.

Una de ellas, su líder, nos conmino a marcharnos de sus tierras. Al parecer el ataque había sido una represalia a las tierras civilizadas por los actos de unos aventureros que habían acabado con la vida de varios de sus hermanos. Por cada uno de sus caídos, otros cien de los nuestros matarían, nos amenazo.

Tamaña ofensa y amenaza no habría de correr impune, y como las alimañas que eran extermínanos a todos y cada uno de los licántropos que con sed de sangre se lanzaban a por nosotros. Aitana, el cabo Roxx y otro aventurero terminaron mordidos por las criaturas y procedí a sanarlos lo mejor que pude, mas fueron llevados al hospicio para ser tratados debidamente y evitar que la licantropía los consumiera como hizo con el superviviente de la aldea. El escudero Karren hizo un buen trabajo tratándolos y con ello el asunto hubo de quedar zanjado. Los fallecidos fueron enterrados y la guardia cazo a los demás barbaros licántropos que escaparon de la batalla, terminando con su amenaza por el momento.



Una vez más la no muerte azota el cementerio de Athkatla, los primeros avistamientos afirmaban que una extraña bruma verdosa surgía de las criptas, haciendo alzarse los cuerpos de los difuntos de las fosas comunes. A la hora una horda de no muertos empezó a asaltar las puertas del camposanto, atrancadas por la guardia.

Como era mi deber para con mi fe, la orden y las gentes de Amn, acudí a la llamada de socorro de las autoridades para derrotar a la horda junto con numerosos aventureros en una batalla campal entre las tumbas profanadas del cementerio.

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El combate fue largo hasta que finalmente logramos seguir el rastro de la bruma necromántica hasta las criptas profundas, donde encontramos a los alzadores responsables. Me avergüenza decir que al igual que muchos de los guerreros la magia de los alzadores logro hacerme mella, mas finalmente los guerreros de la retaguardia consiguieron vencer al nigromante y liberarnos de las maldiciones que había lanzado sobre nuestras personas y sobre el cementerio mismo.



Mis labores en la Orden prosiguen sin mayor problema. Durante una reunión con las fuerzas de la Fortaleza de la Cicatriza, se ha establecido un tratado por el cual podamos prestar ayuda a las cansadas fuerzas Amnianas en la frontera y caminos del sur. Los entrenamientos se suceden y se da cierta paz en la monotonía de mis deberes. Más pronto esa monotonía se vería cambiada cuando supimos sobre la futura reunión que acogeríamos en el castillo de nuestros anfitriones de la Orden del Fénix.

Aquella mañana, con todos los miembros allí reunidos, fuimos testigos de la llegada de los caballeros del Radiante Corazón, en sus doradas armaduras y blancas túnicas. Sir Shauntar Lestrange, el alado Prelado de la Orden del Fénix nos llevo para ser testigos de la reunión, estando presente los dirigentes de las villas de Misnor, Lord Arthur Dannihyr nos recibió y nos pidió ser testigos del evento, mas no pudiéramos interceder.

Como parte del plan del Consejo de los Seis para recuperarse de la crisis, la venta de los territorios del valle de Misnor se había convertido en una necesidad, mas para evitar el combate entre las familias mercantes se había decidido otorgar el gobierno a las autoridades religiosas y así proteger a la población. Entre estas autoridades estaba la Orden del Radiante Corazón, representada en la reunión por los maestres Rhinnan de Damara, Wessalen de Amn e Ishtar de Aguasporfundas. Dado el estado en decadencia de la Orden del Fénix se pacto la unión con la extensa Orden del Radiante Corazón y de igual modo se concedió a la Orden de la Sagrada Alianza la opción de unirse a sus filas en su sección auxiliar.

Dicho cambio se ha recibido con entusiasmo, por mi parte la respuesta era clara pues pocas Ordenes de caballería se comparan al mítico Radiante Corazón, un nombre que bien me podría servir para ganar renombre y unificar aun mas a las fes de esta tierra para traer un mañana mejor.

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He recibido una carta de Lord Laharin Barbadorada, Gran Maestre de la Orden de Samular y artífice de mi “exilio” a las tierras de Amn. Por lo visto ha llegado la hora de limpiar mi nombre de los sucesos que rodearon la muerte de Olena Gundwind ahora que se ha encontrado evidencias de los auténticos asesinos.

Apenas he tenido tiempo de avisar a los demás miembros de la Orden y conocidos que he hecho en Amn en este tiempo. He de partir antes de que pierda la marea.
 

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Año 1480 C.V. 24 de la caduca.


Mi retorno a Aguas Profundas no fue agradable, aun había quienes me acusaban de la muerte de Olena Gundwind, pero por suerte el Maestre Lord Laharin se encargo de que las acusaciones fueran rápidamente desmentidas y el juicio contra los verdaderos criminales se llevaran a cabo, si bien las intrigas de los nobles terminaron cuando los acusados aparecieron ahorcados en sus propias celdas, y sin más pistas que seguir el asunto quedo de tal manera. Asi quedando libre de las sospechas, mas sintiéndome triste porque la venganza por Olena terminara de una forma tan poco satisfactoria.

Con respecto a mi madre, no llegue a verla durante los meses que pase en la ciudad, alejada en una misión para la Orden, como sería mi caso en poco tiempo. Pues tras contar al Maestre de la Orden de Samular sobre mis vivencias en Amn, me hizo acudir ante los oráculos del justo, que habían presenciado mi parte en un futuro en las tierras de la intriga y como habría de seguir al justo en esa tierra. Fuera como fuera, la ciudad de los esplendores se ha vuelto extraña para mi, y no sentí tristeza al dejarla atrás una vez más para regresar a Amn.



Tras casi dos estaciones, mi retorno estuvo plagado de sorpresas. Finalmente mis hermanos de la Sagrada Alianza se habían unido al Radiante Corazón, Karren se había convertido en caballero y muchos nuevos seguidores de los dioses se habían unido en Misnor como Velthael, un seguidor del Justo con sangre celestial al igual que yo. Como no pudiere ser más yo mismo me uní de inmediato al Radiante Corazón como paje de la Orden. Las cosas estaban algo revueltas por Purskul con el incendio de unos campos, y por otro lado las Cortes amnianas parecía que habían mejorado con solo tres de sus senescales originales, mas ya se planeaban unas segundas Cortes para reemplazarlos.

Estoy planeando presentarme a estas nuevas Cortes, sin duda podría hacer un trabajo mucho mejor como seguidor del justo. Veremos si las gentes de Amn están interesadas en un candidato justo antes que en las promesas vacías que se dieron en las anteriores cortes.



Mis nuevas tareas en la Orden del Radiante Corazón no tardaron en llegar y pronto me encontré con multiples deberes. Reuniones con embajadores por motivos del nuevo principado de Misnor, discusiones por aquel extraño jarrón que permanecía en el castillo, profecías de criaturas oscuras de Chult… Ciertamente soy mas necesario aquí en que Aguasprofundas.

Hace dos dias procedimos a inspeccionar unas cuevas oscuras, infestadas de no muertos menores que no nos supusieron un gran problema, aunque nuestra exploración no llego hasta el fondo dado que nos encontramos con una puerta fundida con la pared e imposible de atravesar. Asi mismo encontramos un altar en que parecía haberse realizado algún ritual sacrílego, sin embargo poco pudimos hacer mas alla de abandonar el lugar e intentar sellarlo de la mejor manera posible para evitar que los no muertos pudieran salir.

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Hace pocos días Dhalia me pregunto si conocía algún sanador que pudiera ayudar con la cacería que Sven y ella estaban organizando con los barbaros de Indeepton. Como no podía ser de otra forma me ofrecí a ayudarles y prestarles mis servicios médicos.

Aventureros y cazadores de diversos lugares acudieron al evento en que durante dos días se libero a los concursantes para que cazaran a placer en las lomas de los montes boscosos del norte del asentamiento bárbaro. Múltiples bestias fueron cazadas y otras cazaron a los participantes. Incluso algunos cazadores se cazaron entre ellos, pues no había mas norma que no utilizar magia.

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Finalmente una elfa se hizo con la victoria, aunque hubo cierta tirantez con la dama Constanza, que aseguraba que la elfa hizo trampas al usar la magia. Algunos cazadores perecieron, algunos sufrieron heridas considerables e incluso un malarita licántropo intento atacarme a mi y a los organizadores cuando se descubrió que había usado magia. Al final los ganadores y los organizadores acudieron a un banquete junto al cacique de Indeepton.



Año 1480, 15 de la bajada.


Durante dos meses las elecciones a las cortes se convirtieron en el eje de mi dia a dia. Tras pedir y concedérseme una excepción para dejar temporalmente la Orden y entrar al proceso, dedique días a la elaboración de un plan de mejoras apropiado para Amn… mejoras de seguridad, mayor libertad para aventureros, mejoras económicas, sociales y legislativas. Puedo decir que me sentía bastante contento con mis ideas para mejorar Amn e intente transmitirlas con aquellos con los que me reuní y las ciudades que visite, así como por medio de donaciones y beneficencia.

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Por desgracia Amn es un reino que valora el oro por encima de todas las cosas, y el apoyo de una casa comercial era mi mayor déficit. No soy un comerciante y era muy consciente de esta falla, por lo que intente apelar a los poderes del orden de Amn… el ejercito, la guardia, los encapuchados, las casas nobles, los magistrados… por desgracia descubrí que el tiempo era mucho más limitado de lo que me temía y finalmente no fui elegido para formar parte de las cortes por muy poco. Lastima para Amn el haber perdido la ocasión que represento. Solo queda ver que los actuales candidatos resulten ser mínimamente competentes, aunque tras los estándares de las últimas cortes no creo que les resulte difícil.

Así pues, tal y como prometí retorne a la Orden a continuar sirviendo de la manera que había hecho desde el principio a los dioses y a Amn, con una espada en la mano y la palabra de los dioses en los labios. Así habría de proseguir mi camino por Amn.



No me gusta admitirlo, pero es posible que la ira me cegara en algún momento. Cada vez veo más a los humanos y demás razas como niños descarriados y esta sensación se acentuó al conocer los resultados de las Cortes.

Quizás esta arrogancia fuera el motivo de mi ceguera temporal, o del camino que me llevo a ella. Pues poco después de conocer los resultados me embarque al Cabo Valen a prestar ayuda contra una infestación de arañas gigantes que tenía aterrorizada a la zona, y en el combate contra la madre del enjambre arácnido, esta escupió su veneno a mis ojos cegándome.

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Si bien la ceguera solo duro unos días gracias a los cuidados de Velthael y Lilianne, no puedo dejar de pensar en que tal vez haya sido una señal del Justo. ¿Habrá sido una simple casualidad? ¿O será verdaderamente un mensaje contra la arrogancia que me ha dado el conocimiento de mi sangre? No sabría decirlo con certeza. Quizás lo más sensato sea dejar atrás este suceso y recordar cerrar los ojos la próxima vez que un arácnido gigante decida escupirme su veneno.



El camino entre Purskul y Gambiton ha estado realmente concurrido últimamente, con infinidad de problemas.

Hace un mes durante el proceso de las Cortes escuche de un anciano llamado Eillender, que nos pidió ayuda para investigar unas enormes criaturas felinas, tigres terribles los llamo, que habían sido afectadas por alguna extraña condición mágica, convirtiéndolos en extraños elementales. Intentamos calmar a las bestias pero reaccionaron violentamente. Peor aun, pues cada vez que derrotábamos a una de esas extrañas bestias se reconstituían como elementales rocosos que volvían a atacarnos con ferocidad y si bien mi experiencia en combate me mantuvo asalvo durante los asaltos, los aventureros que me acompañaron no tuvieron tanta suerte, obligándome a atenderlos tras cada combate.

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Finalmente, tras varios encuentros encontramos a un tigre terrible que no había sido transformado y luchaba contra los elementales. Decidimos ayudar a la bestia para intentar averiguar el motivo de la transformación, mas el animal callo gravemente herido en el combate.
Los aventureros protegieron a la criatura mientras yo ignoraba el combate y atedia la vida del animal, que pendía de un hilo. Por un momento pareciere que todos mis acompañantes habían sido derrotados hasta que el último de ellos pudo derrotar al último de los elementales rocosos.

La bestia, desagradecida como cabria esperar, escapo una vez se sintió con fuerzas y la perseguimos hasta dar de nuevo con Eillender, que parecía tener un vinculo con la criatura y según sus palabras, nuestro acto había sido una prueba de nuestra humanidad. Intentamos inquirirle sobre el significado de todo el asunto pero más bien hizo oídos sordos. Por mi parte me quede satisfecho de haber eliminado la amenaza del camino.



La siguiente ocasión que me tope con el anciano Eillender fue durante una patrulla de la Orden. En el mismo camino una horda de zombis habia sido avistada en las cercanías y acudi junto a mis hermanos ordenados a destruir la amenaza no muerta,

Llegamos justo a tiempo a la posada a mitad del camino en la cual unos aventureros y viajeros se refugiaban de las criaturas no muertas, y como a codo destruimos a cada uno de los no muertos evitando bajas entre los civiles.

Mas no había terminado, pues los no muertos se lanzaron en otra oleada y nos parapetamos en la posada a defenderla hasta que la última de las criaturas hubiere sido destruida.

Una vez a salvo reconocí a Eillender, que nos indico el origen de las criaturas en una cueva cercana. Allí dimos con una criatura demoniaca encerrada en un círculo arcano. Impedida por el círculo, la criatura nos pidió que la salváramos, mas fuimos cautos. Bien es sabido que ninguna criatura demoniaca es de fiar, mas esta parecía decir la verdad, incluso ante una plegaria para descubrir las mentiras.

Finalmente entendimos que la criatura en su momento fue un gnoll que había sido poseído por una criatura demoniaca a la que esa raza adora. Sir Karren, que lideraba nuestra expedición, decidió ayudar a la criatura y exorcizarla, mas para ello habríamos de retenerla.

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Fue en ese momento que el círculo mágico se rompió y la criatura quedo libre, perdiendo su mente y reemplazada por la voluntad de la criatura demoníaca que poseía su cuerpo.

Tras arduo combate, Sir Erik logro derribar a la criatura y noquearla y finalmente pudimos proceder a exorcizarla, desterrando por un siglo al demonio de nuestro plano. El gnoll por otro lado quedo libre para mi descontento, pues mis hermanos consideraban que tras su posesión ya había pagado por sus crímenes… Si bien opino que tal decisión fue absurda sin conocer todos los detalles de la acontecido, acate la decisión de mi superior en la Orden.



Una vez mas acudí a la llamada de Purskul. Ciertamente resulta ser una ciudad de lo más desafortunada últimamente, pues un grupo organizado de trasgos organizados había atacado las caravanas que parten de allí a Esmeltaran. Esta vez fue el propio alcalde de la ciudad del grano el que solicito ayuda. Y una vez mas acudí a esos caminos a limpiarlos de amenazas, esta vez trasgos que si bien supusieron un problema por sus números, conseguimos eliminarlos de manera relativamente holgada, salvo por unas cuantas heridas en los aventureros que me acompañaron.

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Espero que con el fin de estos seres la región pueda por fin descansar una temporada.
 

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Año 1481 C.V. 10 de la garra del invierno.


Este invierno esta siendo un periodo de conflictos. Desde mi regreso a Amn sentí el malestar de la desavenencia entre Renatha y la Orden, y pronto supe la razón. Desde antes de mi partida a Aguasprofundas sabía que la Orden protegía en sus cámaras más profundas un extraño artefacto, un jarrón que contiene un terrible mal capaz de asolar la región. De este artefacto solo unos pocos sabían de su existencia y esta se mantenía en secreto de él legítimo propietario de este objeto, una bruja oscura y de gran poder llamada Morgantha.

Esta situación se empeoro por la hin, que falto a esta obligación, iniciando una disputa que aun dura, pues sus actos hicieron a la bruja declarar a los cuatro vientos una guerra contra la Orden por la posesión del jarrón, negándose a alcanzar una solución diplomática.

Si bien esta declaración buscaba debilitar nuestra unidad, muchos se unieron a nosotros ofreciéndonos su ayuda para esta exagerada guerra, incluyendo a los enanos de Kazad Gromdal.

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El maese Himrick y dos de sus hermanos enanos se reunieron con mi persona en Nashkel, mas su ofrecimiento se extendia a mas de una simple ayuda puntual. El enano al igual que mi persona había estudiado los antiguos tratados de la Orden con el Clan y al igual que yo deseaba realzar esta alianza.

Di la bienvenida a la idea con los brazos abiertos, mas los caballeros de la Orden prefirieron aclarar la unión como una mera alianza defensiva, al igual que las primeras declaraciones con los elfos de Sundalessalar. Aun habrá tiempo de que esta alianza reviva, mas habre de esperar un poco más.



Las brujas y sus esbirros no han sido el único enemigo a batir en estos meses invernales. He vuelto a enfrentarme a la criatura no muerta Vrarhe, mas este escapo al verse superado por mi y Erik, y como el he enfrentado a otras criaturas aun más extrañas, mas pocas se asemejan en fuerza y presencia a la bestia de Chult. Una extraña petición de ayuda a la Orden de parte de una oráculo llamada Chayna que desde su tierra natal había leído en las estrellas el resurgimiento de una criatura de origen divino que habría de resucitar en Amn. Esta criatura adorada por los seres escamosos de la tierra sureña, recibía el nombre de Squamata.

Si bien las indicaciones de oráculo resultaron confusas y poco infructuosas, hasta el punto de dudar de su veracidad, continuamos investigando e informamos a la guardia. Poco a poco nuestros aliados de los bosques y el arcano Eliandor empezaron a encontrar pruebas sobre el ente y la aparición de criaturas escamosas en los pantanos del Imnes dieron las pruebas necesarias para formar un grupo y dirigirnos a investigar el lugar.

Tal como indicaban las investigaciones se supo que efectivamente los seres estaban divididos en dos facciones, una de hombres lagarto y otra de yuan-ti, que luchaban por el control de un templo oculto en el lodo del pantano. Y junto con las fuerzas de la guardia y los investigadores acudimos al lugar aprovechando que ambas facciones luchaban entre si, demasiado abstraídas en la matanza como para prestarnos atención.

En las profundidades de la tierra lodosa del pantano, encontramos el lugar del que trataba las leyendas donde encontramos una nidada con docenas de huevos, así como a los líderes de las dos facciones escamosas que nos hablaron como entes inferiores. Los dos líderes intentaron azuzarnos al contrario, pero al ver inútiles sus esfuerzos de convencerlos, tomaron un huevo cada uno escupiendo su veneno en ellos. Finalmente cargamos contra ellos y yo mismo derrote a la medusa que lideraba a los yuan-ti, mientras Johanne de Ilmater dio muerte al señor de los hombres lagarto.

Tomamos los huevos y tratamos de congelarlos con magia, mas el del hombre lagarto resulto ser el que procuraría la resurrección de Squamata. La criatura semidivina surgió del huevo y escapo a la superficie del pantano como un hambriento lagarto de mandíbulas sobredimensionadas, que devoraba a los yuan-ti derrotados.

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La bestia, de gran fuerza y poder aun se encontraba en su estadio infantil, mas de haber crecido mas no se cuán lejos habría de llegar su dominio. Junto con la guardia fronteriza del lugar, luchamos contra la criatura en una larga batalla que poco falto por quitarme la vida al igual que a muchos otros. Mas finalmente, la bestia de Chult fue derrotada, su esencia divina se expandió de su cadáver en una explosión de luz, sacudiendo los cimientos de la tierra y enterrando bajo el lodo el templo y los demás huevos congelados y destrozados.

El mal había sido destruido, una temible oscuridad había sido doblegada por la luz. Y aun así no puedo evitar pensar lo mucho que habría estado en juego si hubiésemos tardado un poco mas en actuar, o si no hubiésemos podido parar a la criatura.



No todos los enemigos son bestias de otros planos, no muertos y criaturas oscuras. A veces la propia naturaleza puede ser la mayor de las pruebas como comprobé al responder en auxilio de Purskul y sus campos de cultivo, los cuales habían sido atacados por enormes bestias peludas con picos afilados y grandes garras, osobuhos.

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Una gran cantidad de estas bestias apareció en los campos, acabando con la vida de los campesinos de la zona. Derrotamos a muchos de ellos, no sin dificultad pues estas criaturas parecían disponer de una extraña habilidad para aturdir a aquellos que se acercaran a ellos, como si por medios arcanos atacaran nuestra mente.

Nos abrimos paso entre las grandes bestias, notando como el suelo temblaba bajo nuestros pies ¿Acaso esas bestias excavaban bajo nuestros pies? ¿O quizás fuese el motivo de su repentina aparición, fuera de sus territorios en el bosque profundo? Acudimos a las cuevas cercanas para averiguarlo, donde nos enfrentamos al alfa, el mas grande de estos seres, que para nuestra sorpresa resulto ser mucho mas poderoso que nosotros. Tal fue su fuerza que nos obligo a retirarnos gravemente heridos.

Sin embargo cuando el alfa se retiro, vimos que había un extraño portal por el que el y su manada habían llegado al lugar. Use lo mejor que pude mis dones para desgarrar el tejido de la urdimbre y destruir el portal, pero requerí algo de ayuda de Delom, uno de los druidas que acompañaba la expedición. Al cerrar el portal este exploto lanzándonos por los aires y casi derrumbando la cueva sobre nosotros.

Si bien detuvimos la extraña invasión aun desconocemos como o porque apareció ese portal ¿Son los actos de un tercero, un accidente o acto del azar? Nadie lo sabe, y solo podemos permanecer vigilantes.



Mucho queda por hacer, la Orden reúne sus fuerzas para tratar el asunto del jarrón. Rezo por que encontremos una pronta solución, pues el artefacto es inestable y podría llegar a romperse, liberando el mal que encierra en Misnor.
 

Bluefenix

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Año 1481 C.V. 28 de la garra del ocaso


En ocasiones, la línea que separa al enemigo del aliado resulta difícil de dilucidar. ¿Qué ocurre cuando el enemigo tiene un motivo que no puedes condenar? ¿Qué ocurre cuando aquel en que confías te traiciona? La circunstancia y la historia se vuelven más trascendentales que el origen oscuro y el sentimiento de venganza egoísta. Muchas veces me es difícil encontrar tal equilibrio, la decisión acertada se escapa hasta que los acontecimientos de desarrollan.

Lo único que puedo dar con certeza es que el mal siempre existirá en todos los corazones, al igual que la luz en el espíritu. Más no habré de fallar en mi vigilia pues el malvado se revela tarde o temprano, y el bondadoso siempre se impondrá en el momento de duda. Mi espada estará presta, cuando las mascaras se caigan y encontrara el corazón del enemigo que se esconda tras estas.



Tales experiencias las puse a prueba durante mi última expedición al Camino Orco, en el que acompañaba a un nutrido grupo de aventureros en dirección a Purskul. Las bestias nos atacaron en el camino por supuesto, pero algo más sucedía en aquel camino en ese día. Los orcos actuaban mas reservados, vigilantes junto a unos ojos que nos espiaban desde las sombras, ojos dorados, ojos rojos.

Vimos a un trasgo escondiéndose penosamente tras unas rocas. No muy inteligente, pues uno de los guerreros que nos acompañaba logro sobornarlo con unas gemas y nos contó el motivo de su vigilia. El líder de los clanes orcos había establecido un encuentro con unos comerciantes de esclavos elfos y no deseaba ser molestado, mandando al trasgo para que vigilara y avisara de cualquier intrusión. Así mismo también se consiguió saber que el líder esclavista guardaba en sus ropas la llave de las ataduras de los esclavos. El guerrero, un desagradable seguidor de Lovitar dio unas gemas mas a la criatura para que el trasgo traicionara a sus amos y robara la llave, tras lo cual saio corriendo hacia el lugar, mas para nuestra sorpresa una nueva figura apareció de entre las sombras.

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La drow salió de entre la foresta, mirándonos intrigada y preguntando cual era el motivo de la reunión. Rápidamente me puse a la defensiva y me encare a la traicionera criatura instándola a abandonar aquel lugar. Si bien las palabras no llegaron a nada, pues la criatura oscura poca atención parecía destinarme, posiblemente infravalorándome como es común en las especies como la suya, que se creen superiores al resto de mortales… necia.

Si bien la situación fue tensa y la drow mantenía sus armas prestas, no llego a atacar y desapareció en las sombras una vez más. Y sin perder atención a mis alrededores por si volviera a aparecer, me encamine junto al resto de aventureros siguiendo la senda del pequeño trasgo.

Para sorpresa de todos, los esclavistas resultaban ser elfos, y los esclavos eran drow. El jefe orco se encontraba allí, tratando con los elfos y al vernos llegar se retiro a la cueva dejando a su guardia para retrasarnos, a la par los elfos retrocedieron sorprendidos hacia su embarcación. Sin importar que los esclavos fueran drow, no pensaba permitir tal acto. No solo que fuera un acto ilegal si no inmoral incluso que unos elfos traicionaran a sus propios dioses haciendo tratos con orcos, por muy poco que pudieran valer las vidas de los elfos oscuros. Mas no tuve tiempo de exigir explicaciones, el combate se desato antes de que pudiera hacer nada y los elfos fueron exterminados, liberando a los drow.

El pequeño trasgo murió también en la refriega con una flecha clavada en la sien. Aun moribundo de la herida, me prepare a darle una muerte piadosa, mas expiro por la terrible herida antes de descargar el golpe. La drow de antes también había aparecido en la refriega, ayudando contra los elfos y orcos. Decidí dejar que ella se encargara de los de su raza, si bien trate sus heridas cuando la drow me ladro de no acercarme a sus congéneres le recordé que era su raza, no la mía, la que se caracterizaba por torturar a prisioneros indefensos.

Supimos que los orcos estaban adquiriendo lo esclavos drow para algún tipo de ritual oscuro. Nos internamos en la cueva para destruir la amenaza y acabar con el caudillo y sus brujos. Mas por desgracia el ritual fue finalizado y de un circulo hecho de sangre de los drow sacrificados surgió un pilar de llamas, las cuales mostraron a una criatura abisal, un demonio de gran tamaño y poder.

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La criatura, encerrada en el circulo se volvió contra nosotros, exigiendo la sangre de mas criaturas oscuras y con un devastador ataque mágico busco acabar con la vida de la drow… mas los esclavos se interpusieron y fueron calcinadas por sus demoníacas llamas.

El grupo se lanzo al combate a acero y magia. Yo mismo cargue contra la criatura, mas esta resistía incluso mis armas benditas por el poder del Justo. Fue la intervención de uno de los aventureros, el llamado Cake, que logro sellar a la criatura usando uno de los libros de conjuros de los chamanes orcos, logro enviar a la criatura de regreso al abismo.

Salimos pues del Camino Orco tras el combate, extenuados de tamaña experiencia. La drow, que finalmente había perdido a sus congéneres ante el demonio, se fue dando fin a nuestra alianza temporal.

Si bien me alegraba de haber podido dar fin al demonio, la drow nunca dio señales de haber acudido a rescatar a sus aliados en un principio. Quizás no lo supo, mas no puedo evitar preguntarme qué habría pasado de no haberse dado tan excepcional circunstancia con aquellos esclavos drow. La próxima vez que la vea estaré atento, pues al menos ahora se de lo que es capaz de hacer, y cual fácil puede aparecer en la sombre de tu espalda.



Siguiendo los dictados de la Orden, mis pasos me llevaron a la sureña ciudad de Imnescar, villa situada al margen de dos peligrosas regiones… las traicioneras cumbres de los Dientecillos donde las bestias de Muran se reúnen, y el Imnescuro, el bosque temido por todos aquellos que empuñan las artes divinas y arcanas por igual.

No muchas veces me he acercado a ese oscuro bosque sin motivo, mas acudí por petición de un aliado que buscaba la ayuda de la Orden, un arcano llamado Emil Hawke. Por el precepto de la Deuda de la Destrucción, una tradición Tormita que desciende de la Era de los Trastornos, ayudamos al arcano a investigar el bosque y su región de magia muerta, buscando como restaurar tamaño lugar.

En esta ocasión me encargue de liderar en persona la escolta, siempre bajo la atenta mirada de Sir Erik en mi nuca. Dispuse la formación y nos movimos, y si bien encontramos algunas manadas de wargos que nos vigilaban desde las cumbres, el camino al bosque fue relativamente tranquilo. Mas al entrar la sensación de pesadez y abandono llego a nuestras almas. En un lugar donde no podemos sentir la presencia siempre constante de nuestros dioses, impedidos y solitarios de nuestra propia fe. Continuamos la travesía investigando la zona con el arcano aun a pesar de este malestar.

Finalmente la tranquilidad se rompió cuando un grupo de trasgos nos asalto desde todas direcciones. Mas las criaturas no fueron rivales para nuestra determinación, pues aun sin los dioses teníamos nuestro acero, nuestra compañía y unidad marcial, y esta no fue quebrada por tamañas criaturas inferiores, como tal era de esperar.

Los aullidos se hicieron notar tras el combate y por un momento sopese nuestras heridas y cuan sabio seria continuar adelante. Pero el arcano aun tenia experimentos que realizar y la misión no había terminado. Así pues nos adentramos mas en el bosque hasta encontrar unos grandes ojos hambrientos que nos escrutaban desde la maleza.

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Una enorme criatura licantropía de pelaje blanquecino y tatuajes tribales en sangre salió a recibirnos. Su bestial figura se preparaba para atacar, afilando sus garras contra la corteza de un árbol cercano, decidí no darle tiempo a reaccionar ordenando la carga.

La bestia era fuerte, pero no más que mi resolución y mientras paraba cada uno de sus golpes, cortando sus garras con mi filo cada vez que las acercaba en demasía, los ordenados atacaron los flancos de la bestia, que cuando se volvió a enfrentarlos recibió un golpe de mi escudo que la derribo. En su aullido de desesperación llamo a su manada antes de que diéramos muerte a la aberración justo antes de que mi espada degollara su cuello en una cascada de sangre que termino por teñir si blanco pelaje.

Combatimos contra el resto de bestias que había llamado y si bien el más grande de estos, un macho que sin duda seria el líder de la manada, nos presto una dura pelea, todas las bestias quedaron finalmente tendidas en el suelo del bosque maldito. Su mal no volvería a amenazar la región y por nuestra parte pudimos retirarnos sin mayores contratiempos.

Curiosamente, días mas tarde nos llego un mensajero de Sheperdtone, la villa próxima al Imnescuro, y su alcalde nos contó como aquel licántropo había causado estragos en su villa desde hacía meses. Ni que decir tiene que no acepte su recompensa, mas me alegre de tomar el juicio correcto al pasar una rápida sentencia a la bestia antes de que pudiera causar más estragos como tal era su pérfida naturaleza.



El tiempo de las deliberaciones se terminaba. La bruja Morgantha había hecho su declaración de guerra y las fuerzas se reunían en Misnor ante la cercana del supuesto conflicto. La negociación había fracasado, la unión de aliados considero finalmente que la bruja no era digna de confianza y las primeras bajas ya se habían dado entre los leales defensores del valle. Mas el problema más acuciante era la posibilidad de que el enemigo intentara robar la caza azabache, el extraño jarrón portador de un mal capaz de arrasar reinos.

La Orden tomo la decisión de que para proteger al jarrón, habría de ser trasladado antes de que se iniciara el conflicto en su totalidad. Su destino seria el templo de la dama de los misterios de Edive, donde se trataría el jarrón para su destierro a donde no pudiera causar mal alguno. Junto al maestro Shamaelthalar y el arcano Kethzair Viento Argenteo se ideo el plan de traslado en el que el artefacto seria confinado en un contenedor de plomo con sellos de protección y trasladado por tierra usando la cobertura de una de las muchas carretas de suministro que se desplazan por el valle. A su vez se ideo un señuelo con una caja falsa para despistar a cualquier posible espía.

Bajo el máximo secretismo posible, acudí junto a los enanos de Kazad Gromdal, que habiéndose ofrecido en nuestra ayuda les pedí la confección de los contenedores para el artefacto, así como su ayuda en el traslado como a tantos otros aliados de la Orden. Finalmente el pueblo robusto cumplió con creces su palabra entregando un contenedor de plomo y hierrofrio, adornado con runas y un cierre sellado, solo posible de abrir por medio de una combinación de dichas runas.

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Al fin llego el día en que habríamos de trasladar el jarrón. Mi persona permaneció protegiendo la caja con el jarrón autentico, que yo mismo guarde dentro del contenedor enano poco después de que el maese Himrick me indicara como abrir y cerrar dicho contenedor. El grupo del señuelo partió antes en dirección sur hacia la frontera de Amn, mientras que el grupo autentico se disfrazo como viajeros comunes y se desvió rodeando el Weng.

Medio día tras la salida y aun con otra jornada y media hasta llegar a la villa de Edive, un arcano apareció ante la escolta, y a su lado lo escoltaban un gran demonio y dos criaturas estilizadas con filos de plata que más tarde supe que eran githyanki. El arcano nos ordeno entregar el jarrón o el grupo del señuelo pagaría con sus vidas, pues estaban rodeados y a merced de las fuerzas de la bruja. Nos negamos a entregar el artefacto claro, mas en la conversación el maestro arcano Draconeo logro obtener información del mago aliado de la bruja y de cómo conseguía rastrear el artefacto a través del plano etéreo. Poco importo al final ya que cargamos contra el mago y sus esbirros y los derrotamos con facilidad, pues el grupo que escoltaba el jarrón contaba con los guerreros y arcanos más capaces.

Derrotado el enemigo, se intento contactar con el grupo del señuelo, que había de unirse a nosotros de toparse con hostiles. Más nadie contesto a las comunicaciones arcanas y si bien algunos propusieron ir en ayuda del grupo de señuelo, tanto el maestro Draconeo como yo nos apresuramos a indicar que tal acto pondría en riesgo el artefacto y comprometería toda la misión. Así pues continuamos hacia Edive, para que un día mas tarde conociéramos que el grupo del señuelo había sido atacado por la bruja misma, haciendo llover fuego sobre sus cabezas y capturando a varios de ellos, entre ellos el Pater Karren, la dama Alys, y el caballero Stan.



Poco después del traslado llego al castillo una dama de ojos verdes, entregándose a nosotros y presentándose como la mensajera de la bruja Morgantha. Si bien en aquel momento no me di cuenta, aquella dama verde, Miranda, era la misma que me tope hacia tanto tiempo en el rescate de Larence.

Los aliados se reunieron antes de tratar con ella y finalmente la hicieron participe. Si Morgantha quería cesar las hostilidades, tendría que liberar a nuestros aliados capturados y le permitiríamos formar parte del ritual que sellaría el maligno jarrón donde nadie más podría acceder a él. Mas entre lágrimas la dama verde insistía en que tal petición era imposible, que la bruja estaba obligada a llevar el jarrón de retorno a Rashmen. Por mi parte propuse la posibilidad de acompañarla a Rashmen y una vez allí sellar el jarrón como teníamos previsto, mas tal idea fue descartadas con razón, fruto de la poca confianza que podían dar los aliados ante una bruja que había declarado la guerra a la Orden y Misnor.

Así fracasaron las negociaciones, no antes de que la dama Mineyar incriminase a la dama verde por sus actos contra la naturaleza. La dama Miranda fue liberada a la mañana siguiente y escoltada a la espesura para dar nuestra respuesta a la bruja, dejándonos con una situación precaria. El jarrón era el centro del conflicto, pero la bruja aun tenía en su poder las almas de nuestros compañeros caídos. Para mi sorpresa, se decidió realizar el ritual que enviaría a la caja azabache a otro plano, desterrándola del nuestro, antes de rescatar a nuestros aliados.


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Unidos todos los grupos en Edive, protegidos por la guardia arcana, los caballeros de la Orden, los defensores del equilibrio, enanos, elfos y demás aliados contra Morgantha, se procedió al ritual de destierro del jarrón al plano prisión de Carceri, donde habría de quedar encerrado por toda la eternidad, saliera o no el mal de su confinamiento en el jarrón. El ente del artefacto no hizo fácil el destierro, resistiéndose y arrebatando las fuerzas a los tres conjuradores principales del ritual. Mas apoyados por la fuerza conjunta de todos los presentes, el artefacto fue desterrado, poco antes de escuchar como el ente en su interior se liberaba para encontrarse encerrado en una nueva prisión donde jamás podría herir a nadie.

La dama verde llego tras el ritual, portando consigo las almas de los capturados por su hermana, la cual había abandonado el plano al sentir que el jarrón ya no se encontraba en los reinos. Logramos recuperar pues las almas de todos los caídos menos la de Stan, al que fue imposible resucitar.

Si bien agradecí a la dama su buena acción, sus actos contra el equilibrio no eran tan fáciles de olvidar. Mineyar la condeno a ser juzagada por su círculo druídico, que por sus crímenes y romper sus juramentos como guardiana de la naturaleza, habría de quitarle sus dones y su unión con el equilibrio y sus criaturas. Ante tal destino la triste Miranda se desvaneció en el aire acompañada de un fuerte viento. Nada quedo de ella, salvo una pequeña flor que portaba en el pelo. Terminando finalmente el conflicto.



Los días siguientes se sumieron en una paz intranquila. Las gentes retornaron a Misnor, nuestros aliados que habían venido a defender el valle se retiraron a sus hogares, la Orden continúo sus quehaceres firmando definitivamente el tratado con Suldanessalar, se celebraron misas en honor de los caídos en el conflicto que se había salvado con cinco vidas. Por mi parte intente limar las asperezas que habían surgido entre la senescal Renatha y Sir Erik, mas esta labor témome que me llevara mucho más trabajo del que debería merecer. Más otros asuntos me esperan en el futuro cercano. Mi nombramiento como caballero esta próximo y habrá de ser un momento de reconocimiento de mi esfuerzo y labor, uno que habrá de continuar, pues yo soy la Espada de Tyr, y mi labor nunca termina.
 

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Año 1481 C.V. 10 de la garra de las tormentas


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El estandarte de la Orden ondea ahora a mi espalda, la cresta de sus ordenados adorna mi escudo, aquellos que me precedieron y que me seguirán serán mi familia, y su juramento resonara en mi mente.

Ante la segura mano de Torm, juro mi lealtad a la Orden como adalid de su eterna lucha contra la maldad.

Ante el ojo siempre vigilante de Helm, juro la templanza que habrá que alejar mi mente y acciones de la corrupción.

Ante la radiante presencia de Lathander, juro mantener la fortaleza de mi espíritu ante la oscuridad creciente.

Ante la piadosa sangre derramada de Ilmater, juro mi generosidad al confortar al afligido por la desesperación.

Ante la firme ley de Tyr, juro mi justicia en pos de la vedad y en la lucha contra la injusticia.

Ante el correcto corazón de Siamorphe, juro mi honor en la nobleza que aleja al alma de la villanía

Ante la Sacra Orden del Muy Radiante Corazón, juro servir como su campeón y adalid entre sus filas. Teman los oscuros mi luz que habrá de calcinar al herético, desterrar al malvado, y purificar al impuro. Tal es mi juramento.

Y ante todos mis hermanos y hermanas, con la espada de Sir Erik posándose sobre mis hombros en ominosa ceremonia, me alce como caballero. Sea este el paso del destino que se ha convertido en mi sueño. Aun queda mucho para ser uno de los ancianos caballeros nobles de la Orden oficial, y aun más para ser su maestre, mas hoy considero que es un sueño que alcanzare algún día y que me convierta en el bastión de la Luz que guía las almas de toda esta tierra.



La lucha contra la maldad nunca termina, y más cuando dicha maldad se oculta bajo la mismísima ciudad de la moneda, profunda bajo tumbas y cavernas. Poco antes de mi nombramiento, Sir Erik y yo nos internamos en estos peligrosos tuneles comprobando si habia presencia de no muertos. Mas si bien al principio parecía que las viejas minas estaban libres, nos topamos con una visión inesperada.

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Tres elementales de fuego brillaban en la oscuridad de la cueva apenas iluminada por nuestras luces mágicas. Hacia varios meses una de esas criaturas habia aparecido por motivos desconocidos en los llanos y fue atacada por los aventureros de la zona, pero estos no se mostraron inmediatamente hostiles al vernos.

Sus asuntos eran con los vampiros, o inmortales como los llaman ellos. Extraña situación al encontrar un raro aliado en un enemigo común, decidimos dejar a las criaturas con su vigilia después de que nos prometieran que no tenían asuntos en la superficie y su única intención era acabar con los no muertos que parecían haber desatado un conflicto con los seres desde hacia tiempo. Antes de irnos les pedí un nombre por el que encontrar a su amo y con el que poder aliarnos y combatir contra los no muertos. Su respuesta fue Gunbrag Pozodefuego.

Al final la “alianza” con los elementales de fuego resulto ser más veloz de lo que esperaba, pues apenas nos retirábamos a la superficie apareció una mujer de livianas ropas a nuestra espalda y antes de que pudiéramos preguntarle quien era, los elementales la identificaron y atacaron con sus ardientes garras.

La vampira intento escapar pero use una pócima para anular dicho efecto y prepare mis armas. La criatura no tenía intención de combatir y menos con los elementales cerca, pero no le di opción pues las criaturas vampíricas han de ser exterminadas para liberar sus almas del sufrimiento eterno de la no muerte, y esa no sería una excepción.

Cargue contra la no muerto maza sagrada en mano y descargue un primer golpe con todo mi poder divino, hiriendo terriblemente a la no muerta en una explosión de energía positiva. Mas el golpe no fue suficiente y tras mantenerse a la defensiva, Sir Erik logro derribarla incorporándose al combate.

Derrotada, me alce ante la no muerta, deje mi maza a un lado y desenvaine mi espada para clavar el filo en su corazón y terminar con la malévola criatura. Mas la espada toco roca en vez de el cadáver no muerto, y la vampira se volvió niebla evadiéndose de nosotros irremediablemente.

Frustrado, Sir Erik quiso ir tras ella, mas le inste a que seguir la niebla en la oscuridad donde seguramente contaría con sus aliados no muertos era una idea suicida, a lo que el caballero asintió reconociendo que no podíamos hacer más.

Procedimos a retirarnos por los túneles hasta toparnos junto a un arroyo subterráneo con otra figura no muerta, esta con un aura si cabe más oscura y terrible.

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Brynhildr. La famosa vampira que llevaba tanto tiempo aterrorizando las tierras de Amn. Es irónico que pueda sentir respeto y algo de admiración por una criatura a la que detesto tanto. Antigua sacerdotisa de Kelemvor, aprendiz caída de Shamaelthalar. Desde que ataco a Helena llevaba tiempo esperando la oportunidad de verla en persona, mas se que aun no puedo derrotar a tal monstruo que es capaz de hacer frente incluso a su antiguo maestro.

Sir Erik hizo de voz en el encuentro y la conmino a que se retirara, pero la vampira tenía otros planes y a nuestras espaldas aparecieron dos de sus lacayos no muertos. Estábamos atrapados.

Propio de las artes traicioneras de su especie, la vampiresa ofreció liberar a Sir Erik a cambio de que me “prestara” de manera indefinida a ella. Ciertamente la vampira parecía tener cierto interés por mi ya que sabia incluso sobre mis intentos en las Cortes de Amn, mas poco importaba porque o para que me quisiera. Sir Erik se negó y se ofreció el mismo, mas yo le negué de igual manera aun cuando la vampira no estaba interesado en el veterano tormita.

Sin más opciones recordé a Sir Erik sobre nuestro último encuentro con la criatura no muerta Vrarhe y con en aquel caso procedimos. Lance una bomba de humo al suelo tras nosotros para bloquear la visión de los lacayos no muertos mientras Sir Erik y yo cargamos contra la vampira, que se vio obligada a apartarse ante la presencia del símbolo divino, mas este no impidió que usara su arco y flechas para intentar derribarme.

Si bien en el fragor del momento apenas note cuan profundas fueron a dar las flechas, logramos escapar por los recodos de la cueva escuchando a nuestras espaldas la voz de la inmortal.

Al llegar a la superficie caí rendido al suelo dándome cuenta de cuan profundas eran las heridas, mas los dones curativos de Sir Erik pudieron estabilizarme y acompañarme al hospicio para un merecido descanso. Allí tumbado me di cuenta de cuan diferente habría sido mi destino de no haber parado la última de las flechas de la vampira con mi escudo.



Días después de mi nombramiento, una vez más tuve un encontronazo con la vampiresa y su esbirro Vrahre. En aquella ocasión acompañaba a un grupo de aventureros que se encaminaban a los pantanos en busca de una sierpe negra que parecía que causaría problemas en breves, pero poco después de salir de los llanos justo en el camino del bosque junto al puesto de los límites del territorio de Athkatla.

Mientras seguía al grupo me detuve y vi como una extraña criatura parecido a un león con una melena ígnea y espinas sobresaliendo de su lomo se acercaba a los demás y sobre esta aberrante criatura infernal se sentaba la vampira que inquirió al grupo que hacia allí.

Con mi símbolo sagrado en alto, emanando la luz del justo conmine a la criatura a retirarse, pues esta vez era ella la que se encontraba rodeada y fuera de su terreno. Mas la criatura no muerta parecía convencida de sus posibilidades.

Ciertamente, dudaba de siquiera poder derrotar aun con tamaño grupo a la vampiresa, pero al menos podríamos herirla... Mas no sería sin bajas y el combate seria sangriento de producirse. No, intentar que se retirara era la mejor opción a favorecer un conflicto para el que el grupo no estábamos preparado en todas sus consecuencias. Brynhildr se mostraba segura en sus posibilidades y pronto vi que no estaba sola.

Vrarhe, al que ya había enfrentado otras veces apareció tras nosotros en su esquelética montura obligándome a cerrarle el paso hasta la vampiresa mientras Aitana la confrontaba. El paladín caído pidió que me retirara, a lo cual me negué y aun con mi símbolo sagrado en alto, el caballero de la muerte cargo contra mi.

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En un igualado combate que apenas duro unos minutos, intercambiamos golpe tras golpe, parando con nuestros escudos y buscando una apertura en las defensas del otro. Y una vez más, si bien el no muerto tenía la ventaja de carecer del dolor de la carne, pude imponerme a el hasta que un pilar de luz calló sobre él, convocado por la dama Eowade del Seldarine. En aquel momento de Respiro Brynhildr apareció a mi lado por artes arcanas exigiendo parar el combate y haciendo que mi montura se encabritara.

Ordene que los no muertos que se fueran ahora o pagaran con las consecuencias, mas la vampiresa insistió en que habíamos de prestar tributo a su blasfema deidad Kanchelsis exigiendo que me entregara a ellos. Un frasco de agua bendita voló desde las manos de la Senescal Renatha, que se encontraba en el grupo, salpicando a la vampira y dándome el valioso instante para llevar la mano al cuerno que pendía de mi silla de montar. La vampiresa, haciendo uso de la fuerza propia de su corrupta estirpe intento derribarme tanto a mí como a mi montura, mas aun con su impía fuerza no pudo con Anthalar que resistió el impacto, haciéndola rebotar contra sus bardas mientras el sonido de mi cuerno resonaba por la zona, alertando a los guardias de la zona.

Derrotados y profiriendo sus amenazas, ambos no muertos y un liche que había aparecido entre la refriega en algún momento se retiraron, lanzando la vampiresa a los pies de mi montura una explosión arcana y golpeando al maese enano Boignar.

Si bien escaparon antes de que la guardia pudiera darles alcance, conseguí mi objetivo al evitar que se desencadenara el combate contra los demás, poniéndome solo yo en riesgo al cargar el caballero de la muerte contra mí, y aun así resistiendo mi terreno. Una bien merecida victoria, pero no trascendental en la eliminación de los no muertos.

Necesito ser más fuerte si aspiro a derrotar a todos y cada uno de esas aberraciones y purificar sus corruptas almas bajo el fuego sagrado de la justicia. Sea esta la voluntad de los dioses.
 

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Año 1481 C.V. 7 de la temporada floral


Tras el Verdor del año 1481 se respira un poco de paz en los territorios de Misnor y Amn. Las apariciones de vampiros y no muertos continúan pero descontando el horrendo asalto contra la dama elfa Ydrissane perpetrado por un supuesto vampiro llamado Saidbold y algunas desapariciones no se saben de mas ataques confirmados, al menos no sobre mi persona o cerca de mi… quizás los vampiros hayan desistido por el momento en mi captura o simplemente no les estoy dando oportunidad de atraparme al no exponerme a un peligro innecesario.

En virtud a la amenaza siempre presente de estas criaturas la Orden continua intentando obtener los permisos necesarios para que podamos efectuar nuestro divino deber de exterminarlos, teniendo un permiso legal para acceder en la noche a los cementerios y las criptas subterráneas ahora protegidas por la guardia de la ciudad. Por desgracia dicho permiso nos ha sido negado reiteradamente por las cortes, en parte por acción de la senescal Renatha, la cual por sus actos al desvelar información sobre la “caja azabache” y otras acciones contrarias a la Orden durante su legislación le han ganado un exilio como persona “non grata” en los territorios del Principado bajo autorización de su alteza el Prelado Wessalen de Tyr. Si bien la senescal deniega algunas de estas acusaciones las pruebas y testimonios se han mantenido sin que la mediana pueda aportar ningún documento relevante que excuse sus actos, tal y como le pedí.

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Mas no hemos abandonado nuestros deberes, la senescal Lilianne nos propuso una solución al unirnos en la guardia en las patrullas así como en las instrucciones llevadas por el antiguo Azote y miembro de la Guardia del Ocaso, Shamaelthalar. Si bien esta propuesta me resulto apropiada mis hermanos de la Orden se mostraron recelosos de estar bajo autoridad de la Guardia, temiendo que pudiera darse un incidente que pusiera en conflicto nuestros ideales como el que se dio con el Ejercito Fronterizo. Yo mismo acudí con Sir Erik a las reuniones e incluso me ofrecí como voluntario si la Orden no se sintiera cómoda… cuan absurdo. Situaciones así son las que a veces me hacen plantearme si mis hermanos están cegados por su propio orgullo o yo mismo soy demasiado inocente para entender sus mentes. ¿Cuál es el punto de la Guardia si no cumplir la ley? ¿Cuál es el punto de la Orden si no cumplir nuestro mandato divino cumpliendo con las leyes de los mortales? ¿Cuál es el miedo entre mortales que los hace tan necios como para no ver el mayor peligro?... a veces me pregunto si realmente mi sangre celestial me está cambiando, pues ciertamente cada vez veo mas a los demás mortales como bestias que solo piensan en la siguiente comida, que necesitan una guía pero son demasiado obstinados como para comprender lo que es mejor en honor a los dioses y el futuro.

Finalmente, tras una larga conversación la senescal y Erik llegaron a un compromiso y el sire cedió a la propuesta, demorando unos días mas la respuesta mientras yo me ponía en disposición de la Guardia por cuenta propia para poder cumplir con mi deber tras la primera clase del maestro Shamaelthalar.



En una pequeña posada, al paso cerca de Amnagua, un viejo aventurero ahora convertido en posadero reta a los que pasan por su establecimiento a superar su laberinto. Aquello fue lo que escuche cuando pase cerca de “El kobold durmiente” donde el posadero Sam y su hija nos invitaron a mi, al pater Karren y a otros aventureros incluyendo un pequeño kobold de escamas azuladas al que no quite ojo en el evento. En verdad parecía un entrenamiento interesante y el grupo anterior de aventureros había quedado atrapado salvo una guerrera que dijo ser la líder de aquella compañía.

Nos adentramos pues en los subterráneos bajo la taberna y exploramos el laberíntico complejo esquivando trampas y eliminando los monstruos que allí encontramos. Mas algo extraño habia sucedido pues encontramos múltiples cadáveres de orcos y a nuestro paso salieron arpías capaces de hechizar con la voz y no muertos de considerable fuerza.

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Tras derrotar a unos limos y atravesar una barrera mágica al resolver unos acertijos, el grupo se internó en lo profundo del laberinto donde encontramos a un cíclope apunto de devorar a los tres aventureros desaparecidos. Tras derrotar a la criatura sufriendo por mi parte un fuerte golpe, logramos liberar a los aventureros y sacarlos del subterráneo de vuelta a la posada, donde se celebro nuestro regreso con un festín. Más aun sigo dudando del tal Sam y como se apaño para encerrar a tales criaturas en aquel laberinto… mas supongo que este misterio habré de resolverlo más adelante.



La Orden celebra un nuevo nombramiento, esta vez el de un nuevo maestre. Sir Erik, por sus esfuerzos durante la crisis de la “caja azabache” es nombrado maestre de la Orden Auxiliar del Radiante Corazón. Si bien me lleno de orgullo por su parte como su aprendiz y hermano, también siento envidia y … decepción. Sir Erik es un hombre capaz pero a mi ver demasiado llevado por su propio orgullo y fácil en condenar las acciones de los demás, aptas cualidades para un líder militar pero no tanto para un líder que ha de mostrar paciencia y sabiduría más ahora que formamos parte del Principado de Misnor. Su presura y dureza de palabras y juicio contra la hin, su ceguera en el orgullo para comprender a otros… son estas sin duda su mayor defecto, en su propio orgullo que escuda bajo su fe en el Leal. Quizás yo también peco de este defecto, no me extrañaría que este sea el motivo de mis diferentes puntos de vista con mis hermanos. Sea como fuere Erik es mi hermano de armas y mi superior en la Orden, seguiré aprendiendo de él aprendiendo de sus errores… y los míos.

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Tras la ceremonia, la Orden continúa con sus quehaceres. El nuevo Maestre prepara el torneo de Justas, el pater Karren sigue con su misión en búsqueda de la legendaria Khalsembir, la tierra de origen mortal del Leal, y por mi parte estudio el códice legal de Misnor estudiando cómo mejorarlo… sin duda el mayor defecto que veo es su exigüidad al basarse en el antiguo códice legal amniano, posterior a la carta de la moneda. Es por este motivo que he tomado la tarea de rehacer el código legal y con suerte poder mejorar las leyes del Principado.



La temporada de finales del deshielo no ha sido gentil para las zonas montañosas. Al sur, los muranitas emprendieron un nuevo ataque, obligando a la Orden a desplazar suministros médicos en ayuda de los heridos en el frente sur. Al norte en los picos de las nubes, un extraño suceso se dio en una de las villas entre las montañas.

Este último se dio sin mi conocimiento hasta que por casualidades del azar, de camino a una misión en Nashkel, encontré un cuerpo en la nieve semienterrado en las proximidades del Paso de los Colmillos. Detuve al grupo de aventureros que me acompañaba y me dirigí al cuerpo cuando la mano de este detuvo la mía.

Estaba vivo y se alzo de entre la nieve algo adolorido saludándonos efusivamente y agradeciendo por su fortuna por habernos encontrado. Al verlo tomar su espada de la nieve por unos instantes pensé que se pudiere tratar de un bandido, más sus palabras parecían sinceras.

Dijo llamarse Bastian y ser de una aldea cercana llamada “Lago helado” que había sido atacada por no muertos, logro escapado pero en su huida había quedado atrapado en la nieve. Junto con el resto del grupo decidimos acompañar al extraño sujeto que parecía no inmutarse por el frio cortante de la alta montaña a pesar de sus rojas ajadas. Poco a poco nos contó sobre su enemistad con un arcano que mas tarde desencadenado el ataque y la destrucción de su villa donde su mujer y su hijo se habían quedado atrás. Hasta que finalmente logramos sonsacarle su secreto de cómo había terminado en la nieve y aun así no había muerto por el frío.

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Era un no muerto, mas uno de un tipo que jamás hubiera visto, consciente de su estado mas no corrupto por la maldición de la no muerte, anhelando su propio final pero sin poder abandonar a sus seres queridos. Por ello me había detenido antes de que pudiera curarlo o no parecía afectado por los elementos. Compadeciéndome de la criatura y suponiendo que su estado se debía a algún tipo de maldición por el causante del desastre en su aldea, acompañe a la criatura manteniendo una estrecha vigilancia al comprobar que no había mal en esta.

Allende las montañas encontramos su aldea, destruida bajo nieve y ceniza, los antiguos habitantes caminaban tambaleándose, alzándose como zombis carentes de mente y cuyo único deseo era alimentarse de la vida. En piedad acabamos con su existencia hasta la casa de Bastian, donde hayamos la primera pista sobre su familia… una mujer yacía muerta semienterrada entre las ruinas de lo que fue un feliz hogar. Bastian la reconoció como Marlene, su mujer, cuyo espíritu se manifestó ante nosotros pidiéndonos ayuda para encontrar a su hijo, rogando a Bastian que lo trajera de vuelta y mostrándonos la dirección en la que había escapado del ataque.

El no muerto dubitativo nos miro e intervine pidiendo a la difunta mujer que fuera junto a sus dioses pues ayudaríamos a Bastian a dar con su hijo y nos aseguraríamos de que todos pudieran reunirse. El fantasma se conformo y ante mi plegaria partió junto a los dioses, dejando en silencio el lugar.

Nuevamente partimos en busca del pequeño saliendo de la aldea a las montañas. Bastian nos pidió que de encontrarlo vivo lo cuidáramos, lo cual acepte mas tenia mis dudas de que pudiéramos dar con el pequeño a tiempo.

Nuestros pensamientos se interrumpieron cuando encontramos un cadáver de uno de los aldeanos a medio devorar cerca de una cueva y un rastro de sangre que se dirigía al interior, como si una bestia hubiera arrastrado un cuerpo sangrante al interior de dicha gruta. Temimos que pudiera tratarse de lobos invernales mas al investigar la cueva nuestra sorpresa fue mayor.

Pequeño y retorcido se encontraba el pequeño Sebastian, hijo de Bastian y Marlene, afectado por la no muerte hasta convertirse en una criatura gohul. Atrapo el débil cuerpo del infante no muerto y doy a Bastian unos minutos para despedirse, antes de usar mis dones para imponer las manos sobre el pequeño y deshacer su cascara mortal en cenizas, las cuales fueron arrastradas por el viento como los restos de una hoguera ante una gentil brisa.

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Hallando el descanso de ambos de sus seres queridos, Bastian nos entrega una gema y nos informa que el nigromante que lo maldijo se la dio con crueldad pues era la llave de su inmortalidad en la no muerte, una de la que no podría escapar solo. Mas con la ayuda del arcano Nermal uno de los aventureros que acompañaba el grupo, la maldición pudo deshacerse, el no muerto se deshizo en cenizas como su hijo poco antes y su alma por fin pudo descansar en paz junto a su esposa e hijo.

Por mi parte, tras estos sucesos regrese a la aldea a terminar con los no muertos restantes y enterrar a los difuntos… mas ningún rastro quedaba del nigromante responsable de aquella atrocidad. Por un momento me pareció ver los fantasmas de la familia cuando enterraba el cuerpo de la madre y esto me trajo un sentimiento de triste alegría. Cuan crueldad que tantas vidas se pierdan por el odio de una única persona, y aquella que ha de ser castigada desaparezca en la niebla… mas el tiempo llegara y cuando encuentre a este nigromante pagara por sus crímenes.



Hace varios meses que no se sabe nada de Velthael, mi hermano de sangre celestial. El Ordenado partió en una misión y desde entonces no supimos de él, por lo que las noticias de un humano alado encontrado herido en las cercanías de Purskul me llamo rápidamente la atención.

Al llegar a la casa del señor Thayen, un buen samaritano conocido en la ciudad del grano por su caridad entre los necesitados, me tope con múltiples curiosos mientras que un guardia mestizo protegía la entrada. Presentandome ante el guardia como miembro de la Orden y ofreciendo mis dotes curativas, el guardia me accedió paso, permitiéndome finalmente ver al alado y a su cuidador.

No era Velthael si no otro individuo con sangre celestial, no un mestizo como yo si no un ente procedente de los planes superiores, aquellas criaturas conocidas como Protectares entre los estudiosos de los planos. El celestial de nombre Asiah de brillantes ojos dorados y alas de inmaculadas plumas blancas nos dio la bienvenida aun débil y dolorido y nos contó su historia.

Se encontraba en nuestro plano por su deber divino de cazar a una criatura malévola una rakshasa hechicera que había tomado múltiples almas y ahora estaba en el plano material cazando a aquellos desdichados que se cruzaran con ella. Por desgracia el protectar no había sido suficientemente fuerte como para enfrentarse a ella en combate singular y lo había maldito con un embrujo que lo estaba matando lentamente. Fue entonces cuando Thayen y sus hijos lo encontraron y lo llevaron a su hogar para cuidarlo.

Si bien las dotes del pater Karren no fueron suficientes para romper la maldición, acudimos en busca de la malévola criatura para desterrarla y romper su conexión con el celestial. En el camino encontramos múltiples criaturas, trolls y minotauros en su mayoría que estaban cubierto de tatuajes rituales. El celestial nos informo que la rakshasa contaba con esbirros y estos parecían cumplir con el perfil. Intentamos interrogar a uno de los minotauros que se rindió a nosotros pero no logramos comunicarnos con la bestia por lo que le permití vivir, mas por desgracia uno de los aventureros que nos acompañaba tomo la iniciativa matando a la bestia, un acto que no puedo aprobar o condenar pues de seguro la criatura habría sucumbido a su maligna naturaleza para dañar los caminos una vez mas.

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Fue entonces cuando logramos dar con la criatura, siguiendo el rastro de monstruos que le rendían pleitesía. Tras una breve conversación exigiéndole su rendición, la criatura y sus esbirros se lanzaron contra nosotros. Karren y otros tantos aventureros cayeron bajo la magia y filo de la criatura demoníaca y sus esbirros más me mantuve firme, luchando contra la criatura e hiriéndola gravemente. Mas la batalla se torció en nuestra contra y los aventureros no pudieron detener a los aliados de la bruja que cayeron sobre mi noqueándome y dejándome a su merced.

Los que quedaron en pie tras el combate, las damas Ariel, Ishtar y Karan, negociaron con la criatura para salvarnos a cambio de un fragmento del alma de las damas, a lo cual no tuvieron mas opción que aceptar pues quedaron a merced de la criatura. Esta a cambio rompería el ritual que lo conectaba con el celestial y nos permitirá marchar.

Al regresar derrotados nos recibió el protectar jurando que la ofensa quedaría saldada y esta vez, con sus fuerzas recuperadas, nos acompañaría para romper que la rakshasa le había sustraído con lo que había vuelto mas poderosa a la criatura y a sus esbirros.

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Codo con codo con el celestial, y contando con la ayuda de nuevos aventureros entre ellos la dama Aitana y la dama Renatha, acudimos de nuevo en busca de la criatura a un refugio donde Asiah sentía su presencia. Allí dimos nuevamente con la criatura en medio de un ritual para canalizar las almas que había tomado y el poder del celestial.

Siguiendo el plan, los aventureros y yo mismo cargamos contra los engendros sirvientes del demonio. Asiah logro debilitar a la criatura y nos indico el momento de atacarla y si bien seguía siendo un engendro poderoso, esta vez no contaría con la ayuda del ultimo combate. Cruzamos aceros y magia con la criatura, de nuevo hiriéndola hasta el borde de la muerte antes de derribarme a un lado, mas consumida por la pérdida de poder que le había ocasionado el celestial hasta que finalmente la criatura callo al suelo, consumida por un ultimo hechizo de la dama Ishtar.

Con la criatura muerta, Asiah se encomienda a Sune, su deidad patrona, habiendo cumplido con su deber y tras pedirnos que nos despidiéramos de su querido amigo Thayen, libera las almas capturadas por la Rakshasa, acabando en el proceso con sus ultimas fuerzas y desapareciendo de la existencia.

Tal fue el triste final de este seguidor de los altos cielos que encontró su final para unirse a la Luz eterna, como tal es el destino de todos al final de todas las cosas. Fue triste dar despedida a tan noble aliado y hermano, el único que he conocido de sangre pura de los planos superiores, si bien no fuera originario del reino de Celestia. ¿Habrá de ser este mi destino algún día? Si por un gran sacrificio logro traer la paz a incontables almas y salvar a tantas futuras, rezo por que un día logre alcanzar tal nobleza. Mas hasta entonces seguiré mi camino, recordando esta lección… todo ha de terminar, y solo en la Luz nos volveremos a encontrar, mas allá de la existencia.
 

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Año 1482 C.V. 14 de la garra del Invierno.

Es la naturaleza del mal ser su pero enemigo, condenando a aquellos que siguen ciegamente los dictámenes de los dioses oscuros, guiados por sus mentiras y vanas promesas de un poder que jamás concederán más que para sí mismos. Aun con su máscara ante todos los demás al final terminan revelándose a sí mismos, incapaces de desoír su naturaleza corrupta.

Fue durante la incursión de la Orden a las islas Nethlander cuando se dio este inevitable paso con el banita Teodoro y su títere en las cortes, la antigua senescal Wendelin. Pues tras el asalto a la guarida de la dragona roja que guardaba la isla y que había asesinado al antiguo miembro de la Orden Ezekhiel, mis hermanos se toparon con estos traidores, acompañados de no muertos y vampiros, a los que finalmente derrotaron y llevando a los traidores de vuelta a Amn.

Mas vergüenza ante los ojos del Justo, que la ley no pudo cumplirse en su totalidad y ambos antiguos oficiales de Amn fueron retirados de sus cargos y penados solo por las agresiones a mis hermanos. Tristemente no pude estar presente en todos estos hechos, y con ello la justicia de Amn ha dejado un sabor amargo que hiede a incompetencia y corrupción.

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Pude comprobar como al menos parte de la sentencia se cumplió, cuando el látigo restallo en la espalda del exmagistrado. Impasible, mire como apenas sujetado por un guardia, pedía clemencia en un intento por martirizarse, y como su defensor Siegfried fue a ayudarlo. Mas tras terminar de confortar a mi acompañante, cuando fui a ayudarlo como un ciudadano que habia cumplido con su castigo y terminada definitivamente la sentencia, me dieron de lado. ¿Qué otra cosa podría esperar? Soy consciente de que ambos juegan al mismo juego, hacerse con la fama en el momento y ganar un prestigio que ambos han visto disminuir. Y por supuesto, el exsenescal no ayudo por piedad al hombre, pues ¿no fueron sus palabras durante la Morgue Negra que estaba dispuesto a sacrificar docenas de vidas con tal de salvar unas monedas?. No, la piedad no forma parte de las aspiraciones de estos individuos.

Sus mascaras caen, pero su amenaza perdura. Habré de vigilarlos a ambos, aguardar a que su mentira quede descubierta. No importa el tiempo pues al final de todas las cosas la justicia encuentra a todos, y aquellos que la vulneran verán llegar su caída al abismo por su necedad.



Por largo tiempo he sido enseñado que “el amor es la muerte del deber”, el apego hacia lo material, lo personal o a otros es una distracción que te impide alcanzar tu potencial, y compartir el espíritu con otra persona termina irremediablemente en la obligación de elegir entre esta persona y tu misión.

En los tres años que llevo en Amn, y desde mi adolescencia, he disfrutado de múltiples compañías dentro y fuera del lecho, mas jamás he permitido que mi apego me cegara, incluso con aquellos amigo más cercanos a mí. Sin embargo esto cambio durante el Torneo de Misnor.

La recuerdo en las gradas, radiante y ofreciéndome su pañuelo como gesto de fortuna en mi liza. La dama elfa de cabellos níveos que conocía desde hacía ya varios meses. Y si bien ciertamente me resultaba atractiva, jamás me había planteado que me viera de igual modo.

Atando su pañuelo en mi brazo izquierdo derribe a un contendiente tras otro en liza, incluyendo a mi maestro, Sir Erik. Y solo en la liza final fui derrotado, rompiendo tres lanzas pero sin llegar a derribar a mi adversario o ser derribado de mi montura.

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Tras el evento y en los meses siguientes mi afinidad con la dama se incremento. Un apego inesperado por alguien prácticamente desconocido, tanto que en algunos instantes me trajo dudas pues ¿quizás me estaría perdiendo a mi mismo?. Decidí enfocarme en mi deber y ayudar a la dama con sus múltiples problemas con los esclavistas de Thay y su relación con oscuras calañas, y esto una vez más nos volvió mas cercanos, aunque ella se negara a confiar en mi tanto como yo en ella.

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Estoy hechizado por su belleza y cautivado por su voz, me doy cuenta de ello. La deseo para mí con egoísmo y temo que mi propia oscuridad me consuma en mi pasión… débil. Más a la vez, a su lado me siento más fuerte, creo que puedo ayudarla a enmendar sus errores y caminar juntos por un mismo camino. La conforto y la protejo, y ella ansia prestarme su ayuda.

Desconozco el futuro que nos aguarda, será ella mi salvación o mi perdición, seré yo su condena o su redención. Seremos todo, o nada.



Un grito recorre la norteña ciudad de Nashkel, sus adoquines nevados se calientan con la sangre recién derramada. La ciudad moviliza a sus guardias pero no dan con el asesino, haciéndoles lanzar el grito de auxilio, que raudo llega a la Orden. Y desde la Orden soy enviado a investigar el rastro del asesino.

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Acompañado por otros aventureros como la dama Madeleine y la dama Alys, llego ante la presencia de Lord Matanecrarios. Al parecer no soy el primero que viene a investigar los sucesos, pues el maese Boignar del clan enano y una mestiza elfa se adalentaros irrumpiendo en el hogar de una noble, haciendo que sobre sus cabezas recaiga la acusación de los asesinatos. Mas una carta en la casa de la dama noble aleja las sospechas, dirigiéndolas a una hacienda en ruinas y olvidada.

Prometiendo mantener vigilados a los acusados, nos encaminamos a la casa ruinosa, donde descubrimos un altar a la oscura deidad no muerta Velsharun, asi como el cuerpo de otra víctima, solo que esta vez el cuerpo totalmente troceado parecía compuesto de múltiples cuerpos distintos. Tamaña aberración fue informada a Lord que a su vez había encontrado sus propios culpables, esta vez en un arcano de Thezyr, acusado por su relación con la dama noble y por la circunstancia de su llegada a Nashkel. Mas si bien era posible su culpabilidad pedí paciencia al señor de Nashkel y no convertir la justicia en venganza ciega. Usando una carta encontrada junto al altar, sin duda escrita por el asesino, descubrimos como el acusado del Lord no está demasiado desencaminada, pues al escribir de nuevo las palabras del pergamino, el thezyrano cae convulsionándose bajo los efectos de algún tipo de maleficio. Alguien ha debido de controlar a este hombre y al liberarlo del malicioso influjo, nos dio una ultima pista. Su guarida era próxima al afluente de la villa.

En noche cerrada, salimos a continuar la búsqueda, caminamos hasta el canal donde vimos al asesino hundir un puñal en una dama. Fuera un asalto fortuito o al que estábamos buscando, saltamos al canal y perseguimos por las cloacas al fugitivo mientras la dama Alys atendía a la herida, que finalmente resulto difunta.

Atrapado como una rata, encontramos al asesino en su escondrijo junto al canal, que con voz maniática reclamaba lo que era suyo. No llege a comprender las razones en su locura, pero el asesino resulto ser un arcano y efectivamente mostro relación con las anteriores victimas. Y tras negarse a rendirse pacíficamente, entablamos combate, derribándolo entre el maese Boignar y mi persona y dejándolo inconsciente.

Así cayó el carnicero de Nashkel, del cual me asegure de llegar de una pieza y vivo ante Lord Edwing Matanecrarios. A los pocos días escuche que tal y como anuncio en señor de Nashkel, el asesino fue interrogado y ejecutado, por la gracia de Tyr y su justicia, culminando con ello mi labor.
 

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Año 1482 C.V. 29 del deshielo

El invierno se alarga en las noches frías, donde la oscuridad repta por la tierra marchita y helada. Y al igual que Lathander batalla cada mañana por llevar su luz donde se encuentra la oscuridad, lucho contra los seres tenebrosos que la adoran.

Una vez mas la presencia no muerta se hace notar con encuentros ocasionales de los esbirros de los vampiros, los llamados caballeros de la muerte, que como almas condenadas que son buscan traer el desasosiego y devorar la paz que les ha sido negada en la no muerte. Junto a la Orden y las fuerzas de Amn dedico mis esfuerzos contra esta amenaza patrullando los cementerios en los grupos entrenados por el maestro Shamaelthalar y bajo la comandancia del cabo Roxx como oficial al mando.

Fue en una de estas patrullas por el camposanto de Athkatla, cuando en la noche nos topamos una vez más con Vrahre, el enemigo al que tantas veces me había enfrentado. Mas esta vez habría de ser diferente pues el engendro se encontró sin más apoyo que un puñado de no muertos mayores, mientras que el Cabo Roxx, el páter Karren y yo lo superábamos en fuerzas y armamento.

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No dimos cuartel a la criatura, y si bien uso sus artes oscuras para intentar huir no pudo esta vez librarse de nosotros como sus perseguidores. Mientras que el cabo Roxx bloqueo su camino a las catacumbas, el páter Karren lanzo una poderosa bendición que incinero su cuerpo en energía sagrada. Debilitado por el ataque, el caballero de la muerte no pudo evitar que canalizara la furia de Tyr sobre el no muerto, convirtiendo en cenizas buena parte de su ser, hasta quedar reducido a un amasijo desprovisto de la fuerza nigromántica que lo sustentaba.

La victoria resulto dulce, pero incompleta, pues si bien deseaba incinerar los restos hasta que no quedaran mas que cenizas en el viento, una figura femenina y embozada apareció de las criptas, rodeada de un aura terrible. Con un gesto la arcana invoco a una criatura demoníaca mayor, y si bien me dispuse al combate, el cabo ordeno la retirada ante el peligroso enfrentamiento.

Rezo por que finalmente nuestro poder haya podido darle el descanso eterno al no muerto, mas tras regresar al alba no había rastros de la hechicera embozada, ni de los restos cenicientos de la criatura condenada. El tiempo dirá si vuelvo a enfrentarme a él o su historia ha terminado.



Khalsembir. Cuentan las leyendas que mucho antes de la Era de los Trastornos, Torm el leal era un caballero al servicio del rey, cuya incuestionable lealtad, fuerza y valor lo elevaron entre las demás divinidades. Su clero aun busca la sabiduría perdida de aquellos tiempos, y de quien fue su dios antes de ascender, de donde vino. Khalsembir era este hogar ancestral y Karren de Tantras fue enviado a estas tierras en busca de esta cuna para su fe. Su investigación lo llevo a orillas del Weng, donde tanto yo como otros lo acompañamos en búsqueda de respuestas, usando los dones del elfo Aravae, en sus dones para la adivinación en las leyendas las ocultas.

Si bien el elfo no halló pruebas absolutas, en sus ensueños vio algo en el fondo del lago, de un momento en que el fuego y el hielo eran parte del caído valle de Misnor. Si bien la esperanza era exigua Karren estaba determinado a explorar el fondo del Weng y buscar lo que el elfo había encontrado en su visión.

Usando la ayuda de un pesquero de Misnor, y bendiciones para respirar bajo el agua, nos sumergimos en las profundidades del Weng, una distancia que me parecía incluso mayor que la de la Cumbre de la Lanza, en aguas ricas en truchas, barbos y unos impresionantes siluros de gran tamaño.

Los misterios se sucedieron cuando encontramos formaciones de hielo bajo el agua, un hielo que no flotaba aunque frió al tacto, quizás el mismo que hablaba el elfo peliazul en sus visiones. El fondo del lago resulto ser mas placido de lo esperado, con pequeñas maravillas como una piedra redondeada de brillante nácar pulido que guarde de recuerdo. Y si bien algunos de nuestros compañeros se mostraban temerosos de los siluros, estos no dieron mayor problema.

Finalmente nos acercamos a una extraña estructura, los restos de una torre, sumergida y medio derruido. Mas lo más preocupante del lugar fue una enorme criatura similar a algún tipo de pez viscoso, mas de múltiples ojos y tentáculos. Me avergüenza decir que el aboleth, como mas tarde sabría que se llamaba esa criatura, pudo hechizar nuestras mentes con sus extraños poderes, especialmente a Anhol, que fue tocado por la baba viscosa que dejaba la criatura al moverse

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Por suerte no todos los miembros de nuestra comitiva sufrieron de sus efectos y la criatura, rodeada de esbirros similares a humanos de piel escamosa, branquias y cabezas similares a los de un anfibio dentudo, no se mostró hostil.

En cambio, propuso ayudarnos a entrar en la torre, pues deseaba entrar también pero no podría a no ser que fuera inundada. El grupo, dividido por el hechizo de la aberración discutió unos instantes, mas decidió no tomar la oferta y entrar por su cuenta. Y para suerte de todos el aboleth decidió no hacer más que observarnos.

Hayamos la entrada a la torre, que por dentro estaba seca… o al menos no inundada totalmente. Durante larguísimas horas la exploramos encontrándonos con un enorme lagarto parlante que cuidaba un jardín marchito.

Según nos contó Ibis, como se llamaba el reptil, era el familiar del mago que vivió en aquella torre hacia siglos, mas seguía seguro de que su amo seguía allí, en algún lugar. Exploramos de arriba abajo la torre, encontrando algunos cuerpos de aventureros muertos, engañados por el aboleth, petrificados por basiliscos o desgarrados por constructos y reptiles acuáticos de grandes fauces. El laberinto nos deparo muchas sorpresas, como un cofre que cada vez que se abría mostraba un lugar diferente, portales mágicos que te llevaban en diferentes direcciones hasta perderte, pasillos sobre el agua llena de siluros gigantes y acertijos cada cual mas extraño que el anterior.

Tal fue el tiempo en esos pasillos que el efecto de nuestro conjuro de respiración se agoto, atrapándonos en la torre inundada. Mas una cosa estaba clara, esa torre no era parte de Khalsembir, ni tenia relación alguna con el Leal.

Solo tras volver a hablar con Ibis y adentrarme un foso de brumas ácidas que resulto ser una ilusión, pudimos adentrarnos en el núcleo de la torre y llegar a las habitaciones del arcano… mas no hubo rastro de este, y al derrotar al ultimo golem que protegía el sanctasanctórum, la magia que mantenía la torre empezó a fallar.

Finalmente escapamos gracias a las plegarias divinas de Karren y la magia de Madeleine, llevándonos con nosotros a Ibis de vuelta a Misnor, huyendo de la torre antes de que colapsara.

El agotador viaje había sido un fracaso, y si bien habíamos encontrado algunos tesoros y salvado al familiar del arcano de una eternidad encerrada en soledad, Khalsembir seguiría permaneciendo un misterio junto a lo que llevo aquella torre al fondo del lago Weng.



La villa de Purskul ha sido siempre objeto de muchos misterios e historias tanto dentro como fuera de la villa y los caminos que llevan a ella.

Mis deberes como Ordenado me llevaron allí una vez mas al escuchar sobre una reciente desaparición. Una aldeana de una granja de la zona había alertado de la desaparición de su marido e hijo, que transportaban su cosecha de trigo a la ciudad del grano. Estos jamás habían pasado los muros y la guardia no había dado con rastros.

En aquel momento se corría el rumor de que los ganaderos habían perdido muchas más cabezas de ganado de lo normal por las bestias de la espesura. Y temiendo que pudiera estar relacionado, me uní a un grupo de aventureros en búsqueda de los desaparecidos.

Gracias a una rastreadora elfa, pudimos viajar por los caminos de los bosques sin mayores problemas, si bien nuestra ruta cambio cuando le pareció percibir una zona por el que parecía haberse desviado una carreta de forma apresurada. Seguimos el rastro hasta encontrarla, cargada de trigo, pero la bestia de carga y los pasajeros estaban desaparecidos y solo quedaban algunas telas y rastros de sangre.

La rastreadora nos llevo hasta la zona mas profunda del bosque donde tuvimos un encuentro con la criatura causante de las desapariciones. Tal y como menciono al guardia, era algún tipo de bestia felina de pelaje negro, pero esta distaba mucho de ser una criatura normal.

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La criatura de seis pares de extremidades y extraños tentáculos plagados de púas se lanzo sobre nosotros, defendiéndonos difícilmente de su ferocidad e hiriendo a Ariel. Derrotamos a la bestia y sane las heridas de la elfa, mas esta no seria la única de esas bestias que encontraríamos.

Una manada entera se había asentado en la zona y luchaban por el control con los ogros que vivían en aquellos bosques. Si bien enfrentamos a ambos grupos supimos de uno de aquellos ogros que era capaz de hablar común y que las bestias tenían un líder en su manada.

Dejamos a los ogros marchar y buscamos al esposo y al hijo para encontrar al primero desmembrado por el camino. Las bestias lo habían destrozado y despedazado. Mas gracias a los dioses uno de los componentes del grupo era un sacerdote de Tempus, y con sus plegarias pudo juntar el cuerpo del herido y resucitarlo mientras yo usaba mis dones para sanar su cuerpo.

El camino hasta la matriarca fue difícil y despache una bestia tras otra hasta llegar a una mucho más grande y rodeada de un aura maliciosa. Un niño asustado estaba herido y sujeto por las garras de la bestia, la cual hablo en la lengua común para sorpresa del grupo. Usando al niño de carnada para atraer nuevas presas como nosotros. Más no nos amedrentamos por su presencia y nos lanzamos en combate, a garra y diente contra acero y fuego.

Derrotamos a la bestia y sane las heridas del pequeño imponiéndole las manos por la gracia del Justo. Nuestra misión había terminado y habíamos derrotado al mal responsable, llevando personalmente la cabeza de la bestia ante las autoridades de Purskul, que una vez más volvía a estar en paz.



Aun con la victoria parcial en Athkatla, otros cementerios de Amn han sido centro de atención de nuestras patrullas. La más reciente en el cementerio de Imnescar donde el numero de no muertos ha aumentado y los misterios se suceden.

Al descubrir una tumba abierta de una aldeana llamada Mary Ane Johnson, y sobre esta la fantasmal representación de la dama, en alma en pena, solo flotando en el aire, mirando al infinito. Decidimos seguir el rastro de la tumba abierta y nos adentramos en la niebla del cementerio hasta visualizar una extraña escena. Varias figuras femeninas en túnicas blancas y encapuchadas, en torno al cadáver putrefacto de la que algún día fue Mary Ane, y tras ellos el cuerpo ahorcado de un joven aldeano desaparecido desde hacía un día.

Corrimos a enfrentarnos a las cultistas de blanco que parecían cantar en torno a un circulo arcano de magia oscura “¡la oscuridad se cierne en los caminos... de Amn a Tethyr el mal acecha, y el horror nacerá de una zanja que antaño albergo el cuerpo de una doncella!”. Multitud de no muertos se alzaron a proteger el ritual pero nuestras fuerzas los superaron y se lanzaron sobre las cultistas… que al caer al suelo, derrotados se convirtieron en cenizas al viento y la niebla.

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Devolvimos el cuerpo a la tumba, permitiendo al espectro volver a su eterno descanso, pronunciando las palabras “No era yo la doncella que ansían...” El chico ahorcado fue llevado al templo donde sus padres pudieron despedirse de él. Y el circulo del ritual, si bien aparentemente fallido, se mantuvo allí dejando un aura de oscuridad y malignidad en el ambiente.

Con el paso de los días otros de estos rituales serian realizados y pronto todos comprenderíamos que la amenaza era más grande…
 

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Unidos contra el mal de los extraños rituales y su influencia oscura, la Orden junto a las fuerzas de la ley, fes, organizaciones y aventureros planeamos como enfrentar los extraños sucesos. El último de estos también cerca de Inmescar, donde descubrimos un carruaje abandonado junto a los restos del ritual. Allí hallamos a una mujer la cual fue llevada a la Fortaleza de la Cicatriz para ser interrogada, no sin antes toparnos con una poderosa criatura de sombras en el lugar. Si bien el primer problema era el efecto que dejaban los rituales, los cuales requerían de una sacralización de la zona para llegar a contrarrestar su impío efecto.

Junto a la Orden fui asignado al grupo encargado de sacralizar estas zonas donde la no muerte se había arraigado y los extraños círculos atraían una siniestra fuerza capaz de enloquecer de pavor incluso al guerrero mas valeroso. Esperando la presencia de no muertos, mis hermanos y yo nos aprestamos para enfrentar mas criaturas alzadas, pues en nuestra ultima cercanía a uno de los focos afectados. Si bien nos vimos sorprendidos al ver que la niebla que se arremolinaba a nuestro alrededor nos llevo a un lugar diferente, otro plano donde fuimos recibidos por una extraña adivina, la cual haciéndose llamar Rauni Thssavani y si bien este podría ser más un titulo que un nombre, nos profetizo algunos de nuestros futuros y nos dio algunas respuestas, si bien estas originaban mas preguntas. Solo supimos que esa niebla era una puerta entre ambos planos, y que un señor oscuro era responsable de los extraños sucesos en el camino del comercio.

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Mas tras este suceso todas las zonas fueran sacralizadas unas tras otras mientras otros grupos realizaban investigaciones que apuntaban a Riatavin, lugar de procedencia de la mujer encontrada cerca de Imnescar. Por nuestra parte, finalizados los rituales acudimos a investigar una cabaña que fue hallada poco antes de nuestro encuentro con la Ruani. Allí encontramos que la cabaña estaba rodeada de una maliciosa foresta afectada por la oscura nigromancia de los rituales o bien traída de otro plano por la niebla.

Dentro de la casa vimos como una muchacha llamada Giana Meyer era asesinada por tres nobles, a través de espectros que reflejaban este eco de su vida pasada. La mujer, noble también, enamorada de un hombre de baja cuna atraía los celos de los otros tres nobles, y estos culparon al amante del crimen El joven llamado Xevom intento hacer entrar en razón al padre de la difunta noble, mas este lo lanzo a una cripta para morir allí como castigo. El espectro de la doncella pudo hablar con nosotros y nos contó sobre lo sucedido, así como que
era finalmente este Xevom el que se había convertido en el responsables de los males que habían sucedido en la actualidad, tras más de siglo y medio desde que fue injustamente condenado, habiendo perdido aquello que mas quería en su amada.

Mas si bien resulto esclarecedor, aun quedan muchas incógnitas, como el paradero de este responsable, y su autentico papel durante los rituales o su objetivo. Rezo por que pronto encontremos estas respuestas.

...

Durante los últimos meses, la Orden ha discutido sobre nuestro futuro con el pueblo enano. Si bien aun se aguarda a que se confirme el tratado defensivo que fue propuesto a sus consejos, la petición de los enanos en ayuda resulto especialmente complicada.

Atacados en el pasado, el pueblo de Kazad Gromdal deseaba luchar en la infraoscuridad contra aquellos trasgos que los atacaron en su morada y cuyo ataque habían logrado repeler el solitario. Si bien había cierta reticencia por parte de los Ordenados mas conservadores, la nueva ofensiva habría servido para mantener más seguro a nuestros futuros aliados. Poco a poco se acepto la propuesta.

Por desgracia, los robustos son un pueblo reservado, y al anunciarnos que la expedición tenía motivos expansionistas con la recuperación de un antiguo territorio que perteneció a su raza, muchos de nosotros vimos tal acto de desconfianza con malos ojos. Una actitud ofensiva contra un territorio a fin de ampliar dominios se aleja mucho de los posibles tratados que la Orden esperaba establecer y una campaña de tal tamaño resultaría demasiado para las escasas fuerzas con las que cuenta la Orden, encargada de defender Misnor y de realizar sus labores sagradas por todas las tierras.

Finalmente el maestre Erik, recientemente casado con la dama Roxanne, denegó la petición. Rezo por que el pueblo enano comprenda nuestra posición, pues si bien sus deberes sagrados los obligan a recuperar estos territorios y en mi persona les deseo la mayor de las fortunas en tal empresa, nuestro deber esta en proteger la paz de las gentes, no en hacer la guerra por otros que no sean los mismos dioses.

Buscando aliviar un poco las relaciones con respecto a este tema, la Orden se ofreció a ayudar a escoltar una caravana de Kazad Gromdal. Esta expedición que transportaba armas y armaduras para la guardia de Athkatla paso por las escarpados pasos nevados del paso de los colmillos.

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La caravana resulto tranquila hasta que una figura embozada se paro en uno de los puentes que cruzan el camino. Enanos, ordenados y los guardias de Athkatla que se ofrecieron también en la escolta, nos preparamos para una posible hostilidad cuando las cumbres retumbaron y una avalancha se lanzo sobre nosotros. Prevenidos al verla llegar, nos apartamos de su camino subiendo por una colina rocosa, mas la avalancha se llevo por delante el puente, ahora totalmente destruido.

Con el camino cortado, nos encaminamos al este por una ruta conocida por los enanos, menos transitada y mas peligrosa, mas esta era mejor que las alternativas. La caravana se abrió paso por las montañas congeladas encontrando manadas de lobos invernales y alguna partida de trasgos.

En cierto punto encontramos un campamento trasgo destruido y un rastro de sangre, el cual nos condujo al campo de batalla donde los trasgos habían muerto intentando derrotar a un gigantesco oso blanco.

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La enorme bestia nos miró con las fauces chorreantes de sangre trasga y nos ataco. Los enanos utilizaron la poderosa ballesta que portaban en una de las caravanas, pero esta fallo el disparo por poco arrancándole la cabeza a Sir Erik. Nos lanzamos contra el enorme animal, rodeándola y acosándola por sus flancos hasta que finalmente el cabo Roxx consiguió asestarle un golpe letal que acabo con la magnífica criatura.

Finalmente la comitiva consiguió bajar de las montañas regresando al paso principal y viajo sin problemas a Athkatla, mas el paso principal de las montañas esta bloqueado, atrayendo la atención de gentes dispuestas a ayudar a repararlo, y otras mas oscuras que buscan aprovecharse de este suceso.

...

Los caminos se vuelven mas oscuros, los fantasmas del pasado parecen observar desde las sombras del linde del camino, y en lo mas alto, durante la noche, la luna brilla con un fulgor frío y tenebroso.

Fuera cual fuera la razón de la poca quietud de los últimos días, era tan buen motivo como cualquiera para continuar las patrullas por estos lares, mas ahora que el nombramiento de Arthur Singh estaba próximo y su temple había de ser puesto a prueba tal y como se me probo a mi en mis tiempos como paje de la Orden.

Nuestros pasos nos llevaron a la aldea de Claro Feliz, una villa próxima a Athkatla, si bien en estos momentos su nombre dejaba mucho que desear. Algunas desapariciones habían sucedido en este lugar en la ultima dekanna, llegamos a media tarde, con el sol pasado si cenit, cuando nos cruzamos con otros aventureros incluyendo a una criatura kobold curiosa y de escamas claras. Si bien la pequeña criatura resultaba una molestia en su mayor medida, no note perversas intenciones en ella y la permití acompañarnos, siempre atento a cualquier gesto en falso.

Nos acercamos a la villa que si acaso eran un puñado de casas dispersas para atender los pastos cercanos. Una mediana diciendo ser la responsable de la aldea, nos dios una fría bienvenida sin esperar que viniéramos a ayudarla, mas pronto dejo de lado sus preocupaciones y nos contó como en los últimos días habían desaparecido cuatro personas. Los primeras en desaparecer fueron una pareja de leñadores que se internaron en el bosque próximo y no regresaron. Después desapareció la esposa de uno de los granjeros y por ultimo un hombre encapuchado que se hacía llamar "vengador", el cual protegía la aldea.

Inquiriendo mas información, hablamos con el esposo de la aldeana desaparecida, que se encontraba arreglando un techo. El sol se ponía en esos momentos, ocultándose lentamente tras el bosque, cuando unas sombras captaron mi atención. Algo se acercaba volando y rápido.

"Guareceos en vuestros hogares" avisamos, cuando extrañas cabezas con alas similares a las de murciélagos descendieron sobre nosotros.

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Vargouille. Si bien mis conocimientos sobre los planos son limitados reconocí a las extrañas criaturas abisales de mis estudios en los archivos de la Orden. Los demonios se lanzaron sobre nosotros para ser recibidos por nuestras armas, mas si bien podíamos contenerlas algunas entraron al hogar del aldeano con el que hablamos. Arthur y la criatura kobold entraron a la casa mientras la dama Grace, la dama Guyneth y mi persona defendíamos el exterior de las bestias restantes.

Si bien las criaturas fueron eliminadas el aldeano había sido atacado y besado por una de las que entraron en su hogar. Conocedor de que el beso de estas criaturas convertiría al aldeano en otro de esos engendros abisales, llame el poder divino de mi sangre para sanar la extraña enfermedad que provoca el cambio.

Entendiendo ahora la razón de la desaparición y con el sol recién oculto, nos internamos a toda prisa al bosque. Si bien no fueron demonios los que encontramos si no una pareja de ogros que tenían acorralados a la aldeana desaparecida y a la figura encapuchada que encajaba con la descripción del "vengador". Derrotamos al ogro y pudimos salvar de sus terribles heridas al protector de la villa, mas la mujer había sido besada por una de las criaturas Vargouille y sus orejas se habían tornado ya en alas. Esta vez fuer Arthur el que, recurriendo a la piedad de Torm, sano la enfermedad de la mujer, si bien sus efectos tardarían en revertir en la normalidad.

Finalmente identificamos al vengador como un guardabosques, un seguidor de la diosa de los bosques, Mielikki. Este nos indico la guarida de los Vargouille y de una criatura similar a una mujer, encorvada y retorcida que se decía habitaba en lo profundo de ese bosque. Llevándose a la mujer de vuelta a la villa mientras terminábamos con la infestación, deduje por la descripción del guardabosques que la extraña mujer seria una naga, y posiblemente esta había sido la que había invocado a las criaturas abisales.

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En efecto, dimos con la guarida, y tras abrirnos paso entre los esbirros de la monstruosa bruja, entablamos combate con esta, sin darle oportunidad a que realizara sus sortilegios sobre nosotros. Su magia en cambio resulto poderosa, y fue gracias a una flecha certera de la dama Grace, que logro atravesar las defensas mágicas del engendro y acabar con ella.

Los cuerpos de los leñadores habían sido usados para invocar a los Vargouille y sus almas atrapadas en el ritual aun seguían aprisionadas hasta que el circulo pudo ser disipado con medios mágicos. Los tesoros de la bruja fueron llevados de vuelta a la aldea, terminando asi con la maldad que acechaba en Claro Feliz, ahora llorando la muerte de la pareja de leñadores, pero en paz.

...

Las noticias de una cripta redescubierta en el valle de Misnor por los aventureros Aitana y Boris trajeron la atención de la Orden, mas por el hecho de que regresaron gravemente heridos de esta y con relatos de no muertos. La Orden junto con varios aventureros se interno en estas criptas, investigando sala por sala en lo que parecía el lugar de reposo de una criatura en honor a la pérfida deidad de la no muerte, Velsharún. Poderosos esqueletos y criaturas vampíricas guardaban este lugar, además de diversas trampas y puentes sobre peligrosos abismos.

Yo mismo me vi en alguna situación difícil al pasar entre estos puentes, mas por suerte el grupo pudo evitar que me desplomara a lo profundo de aquel foso.

Poco a poco la historia de la cripta se fue desvelando ante nuestros ojos, sobre un hombre que invoco a una criatura oscura y como antiguos guardianes del bien los sellaron en aquella cripta. Si bien ahora este mal había despertado, posiblemente por la intrusión de aventureros previos a nosotros mismos.

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Finalmente llegamos a lo profundo de la cripta y tras derrotar al espíritu de aquel que invoco a la criatura, descubrimos que esta se trataba de un noctambulo, un tipo de criatura de sombras que ya había enfrentado en el pasado. El grupo lucho con ahínco derrotando a la criatura con acero, magia y fuego, hasta que cayo derrotada. Junto con ella las demás presencias no muertas fueron destruidas. La Orden acudió a los días siguientes para purificar el lugar y sellarlo nuevamente en las profundidades de la tierra, tal y como fue.

...

Durante los tres años que llevo en Amn, he intentado no añorar mi pasado, honrar mi naturaleza pero no permitir que esta me altere. Sin embargo el tiempo de mi infancia se ha terminado, y siento que el futuro está cerrado para mi, a no ser que pueda encarar mi propio pasado. Necesito saber de dónde vengo para saber a dónde voy.

Fue hace unas dekannas, mientras revisaba junto a Arthur una cripta en el camino del lago, donde una mujer había desaparecido tras ser atacada por muertos vivientes. De la caravana de artistas en la que viajaba solo un par de medianos quedaron para contarnos lo sucedido. La mujer estaba siendo buscada por otros aventureros cuando su hija les pidió hallarla, mas se sospechaba que esta desaparecida había abandonado a la familia voluntariamente y que la cripta donde había desaparecido fue en el pasado un templo del maldito dios loco, Cyric.

Sala por sala, pasillo por pasillo eliminamos cuantos no muertos nos topamos, de animales esqueléticos a criaturas vampiro. Forzamos los accesos con ayuda de la dama Anne, que actuando de batidora aseguraba que no hubiera trampas que pudiéramos activar. Mas fue en ese momento en pleno combate cuando una de estas trampas salto hacia mi persona, golpeándome con un poderoso rayo.

Mi mente vago por unos instantes, parpadee ante la intensa luz obligándome a alzar mi mano hacia la luz. Una figura caminaba ante mi hacia las escalinatas de una montaña, tan alta como el cielo, imponente, brillante y majestuosa, palacios en sus lomas con torres blancas y destellantes como si fueran de plata.

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La figura ante mí, masculina y de largos cabellos blancos se giro levemente, dirigiéndome unas palabras que no logree oír y sin que pudiera ver su rostro por la luz, haciéndome un gesto para seguirlo. Al darme la espalda y echar a andar, descalzo sobre el camino de puro mármol perlado, vi sus dos alas de plumas níveas como la nieve recién caída extenderse desde su espalda. Confuso y alertado al verlo alejarse rápidamente, corrí hasta la figura sin alcanzarlo, la montaña y el mismo se alejaban a cada paso que daba, hasta que solo la luz de la montaña me cegaba.

Vi a Arthur en ese momento, en un segundo me pareció ver en él la misma luz que en mi visión, mas allí estaba en esa oscura sala, atendiendo mi herida tras el combate que se había dado a mi alrededor en mi trance. Aun adolorido y confuso me incorpore, pues podía entender lo que había visto.

Tras vencer a múltiples vampiros atravesamos un profundo abismo usando pócimas para volar, mas al otro lado nos encontramos con la mujer que vieron los medianos antes del ataque, una bruja quizás o la líder de aquellos vampiros, cuya mirada resultaba aterradora y su sonrisa cruel, mas esta desapareció cuando nos dirigimos hacia su lado del abismo.

Llegamos a la ultima sala, un altar oscuro rodeado de sarcófagos. De estos surgieron mas vampiros, los cuales fuimos derrotando uno tras otro hasta que solo quedo uno en lo alto del altar, mas sin que la mujer desaparecida llegara a aparecer. Sentí la presencia de la no muerte en el ultimo sarcófago y mientras Arthur alzo la tapa, descargue con toda la fuerza que me concedió el Justo una estaca en el corazón de la criatura necromantica... una mujer, cuya descripción coincidía con la que habíamos venido a buscar, justo antes de volverse cenizas.

Tal y como tenia, había llegado demasiado tarde, Arthur y los demás se lamentaron por lo sucedido, mas no podemos ignorar nuestra misión. La mujer había muerto antes de que pudiéramos alcanzarla, y librarla de la maldición del vampiro era la mayor piedad que podíamos mostrar en tan triste suceso.

Con fuego y fe, destruimos al resto de los no muertos, más la mujer malévola no apareció. Fue en estos sucesos que mi poder empezó a flaquear, las bendiciones del Justo se truncan vacías ante las dudas que pueblan mi corazón. Pues no tengo duda, de que aquella montaña era Celestia, y el hombre que caminaba ante mi era mi padre. Aquel al que nunca conocí ¿qué derecho tenia a volver? ¿a dejarnos a mi y a madre solos?. "Fuerza, hijo mío" fueron sus palabras, finalmente pude oírlas en mi mente. Mas su llegada solo me trae dolor y dudas de un pasado incierto, de una herencia de la cual no se que se espera de mi, y de un destino que permanece sellado en un pasado al que no puedo regresar.

Ahora me sumo en la meditación y la reflexión. Buscando cual ha de ser mi siguiente paso, y que significara el mero hecho de darlo, para mí, para los demás...
 
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