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Relatos de una guerrera

Meivel

Minsorrano sin caminos
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GUSANOS EN LAS PROFUNDIDADES

Mi llegada a Amn podría definirse como intensa.

Me apenó mucho ver la cantidad de gente en desgracia que mendiga algunas monedas o pan rancio y, a pesar de mis buenas intenciones, me es imposible ayudarlos a todos.
El hombro todavía me duele así que busco encargos que no me obliguen demasiado a combatir. Aún siento pesado el escudo al cargarlo, pero es cierto que no tanto como al principio. Sé que la herida está sanando bien.

La cantidad de aventureros en estas tierras es increíble. En muy poco tiempo he conocido ya a unos cuantos que me han acogido con amabilidad y aceptado en sus incursiones con total naturalidad, sin duda acostumbrados las nuevas caras.
Se agradece, en realidad, me preocupaba un poco estar aquí sola.


La última incursión fue toda una experiencia. Hay un hombre a las puertas del Gremio de Aventureros que ofrece encargos peligrosos a grupos atrevidos. Nos encomendó derrotar a un inmenso gusano en las profundidades de la tierra… y cuando digo “inmenso” no le hago justicia.
Yo nunca me había adentrado en túneles tan profundos y largos… hubo incluso un momento que creí que jamás saldríamos de uno de ellos… ¿Cómo puede un túnel ser tan extenso?

Las criaturas que moran aquellas cuevas también me eran desconocidas, al principio quise ser precavida, enfrentarse a enemigos sin saber nada de ellos es sin duda peligroso, pero me tranquilizó la compenetración de aquellos a quienes acompañaba, acostumbrados ya, seguramente, a combatir juntos.

Los caballeros Talkir, Kraven y Alexander y la dama Cassandra golpeaban con fuerza y determinación a cualquier enemigo que surgía de entre las sombras.
Las damas Sariel y Gwenaelle nos guiaron por el laberinto de túneles y sanaban nuestras heridas cuando las criaturas de las profundidades nos alcanzaban.
Los medianos Miria y Groob disparaban proyectiles certeros desde lejos acertando con precisión envidiable.

Yo lograba defenderme, estaba claro que aquella contienda superaba mis capacidades actuales, pero me sentí orgullosa de poder llegar hasta el final con tan solo leves rasguños (sin contar, claro está, el brutal golpe que sufrí por parte de Kraven… aunque no le daremos mucha importancia ya que todo terminó bien)

Al final, regresamos triunfantes, enteros y satisfechos por el buen trabajo. Fue una grata experiencia que espero pueda repetirse.​

cuevas.jpg




¿Sabes Dhalia…?

Hoy me han preguntado por el tatuaje… siento como si fuera un secreto demasiado importante. Ha pasado un año, pero duele como el primer día.
Paseo por las calles que te vieron crecer y me pregunto si será aquí donde, finalmente, podamos despedirnos.




Offtopic :
Fotito hecha por Gwenaelle
Gracias por el rol, me lo pasé genial ^_^
 
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Meivel

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LAS MINAS DE KHAZAD

Si de algo sirven las expediciones a lugares desconocidos es para explorar y descubrir... pero también para aprender de los errores.
Siempre me ha preocupado mucho que mi cimitarra no fuese lo suficientemente eficaz en la batalla o mi escudo lo suficientemente consistente... pero al final de una larga travesía resulta que mi mayor problema es la falta de cordura.

Aquella tarde el viaje surgió inesperado, una simple frase casual que alimentó las ganas de aventuras de los que estaban allí presentes en el campamento. Viajaríamos hasta Khazad Gromdal, la ciudad enana del norte, para adentrarnos en sus oscuras y húmedas minas y extraer cobre y otros minerales.

En viaje, como tantos otros, no estuvo exento de bandidos, alimañas u otra clase de criaturas que nos deseaban cualquier cosa menos paz y bienestar, y sin embargo llegamos de una pieza y sin apenas despeinarnos.

Khazad era un lugar blanco, la nieve lo envolvía todo, lo que se encontraba a medio metro de nosotros y lo que había en el horizonte. Era hermoso, un paisaje solo estropeado por el intenso frío que se calaba hasta los huesos. La entrada a la mina todavía desprendía un aire helado, pero a medida que nos íbamos adentrando el calor de las paredes, de nuestra mismo presencia o de las criaturas que allí habitaban, empezó a hacerse notar. Y claro, una vez llegamos a los pisos inferiores donde el propio corazón de la montaña escupía magma allá por donde encontrara una grieta ya nada quedaba del recuerdo del frío.

Balus, Miria y Groob se encargaron de los minerales que íbamos encontrando, desde el cobre, pasando por la plata e incluso el mithril. Mientras picaban las vetas, el olor a metal invadía el entorno y me traía recuerdos pasados de la forja familiar.
Alexander, Zyon, Vaendras, Kharram, Rokwen, Sofira y yo controlábamos que nada nos emboscase.

En algunas ocasiones la tierra temblaba, a veces de forma sutil y otra con fuerza haciendo que nuestros pies se tambaleasen y que algunas piedras del techo se desprendiesen. Cuando eso sucedía, me aseguraba de poner mi escudo sobre la cabeza de Balus, protegiéndole. En un momento dado, la caverna por completo tembló con una fuerza descomunal, varias paredes cercanas se vinieron abajo y, cuando creíamos que íbamos a tener que salir corriendo, una manada de terrarones pasó frente a nosotros, con paso firme, fuerte y tranquilo. Todos nos pusimos alerta, pero las bestias ni nos miraron. Pasaron de largo como si nosotros solo fuéramos meros mosquitos. Sofira nos contó después que era su viaje de apareamiento. Mejor no molestarlos o podrían enfadarse mucho.

Al final del último túnel que transitamos, los terrarones, los gusanos y otras criaturas desaparecieron, el ambiente se volvió más cargado y un aura desagradable comenzó a sentirse. Hubo un pequeño puente natural por el que tuvimos que cruzar y antes de darnos cuenta un buen número de alzados se abalanzó sobre nosotros. Uno a uno fueron cayendo y nosotros, sin darnos mucha cuenta, nos fuimos adentrando más por aquel pasillo hasta entrar en una gran caverna, de esas en las que no alcanzas a ver el techo. Allí fue donde mi inteligencia se vio nublada por la estupidez.

No me siento orgullosa de lo que pasó, pero no tanto por lo que hice sino más por las consecuencias que hubo. El trono, las banderas en honor al Sol Oscuro, los símbolos en el suelo seguramente dedicados a rituales... quizá podría haber ignorado todo aquello... pero el altar... ufff el altar... todavía recuerdo el escalofrío que sentí al verlo.
No lo pensé, lo admito, tan solo me acerqué y lo pateé con todas mis fuerzas hasta tumbarlo.​

altar.jpg

"¿Quién perturba mis dominios?"

Fue casi instantáneo, y aunque no creí que nos fuese a dar problemas, lo cierto es que salimos con vida de puro milagro. Si no llega a estar la dama Sofira entre nosotros, probablemente nuestros cuerpos se hubiesen quedado allí para pudrirse y ser olvidados.
La marabunta de alzados que aparecieron fue descomunal. Un fuerte murmullo fue el único aviso que tuvimos antes del ataque. Nos defendimos como pudimos, pero eran demasiados, fuertes y descontrolados. Balus, Sofira y yo fuimos los únicos que quedamos en pie y los únicos que pudimos defender a los caídos antes el caballero oscuro que reía irónico, confiado. Nos dio una salida, dejar los cuerpos de nuestros compañeros y así poder vivir... pero esa no era una opción para ninguno de nosotros.

Seguramente aquel bastardo creyó que, habiendo mermado nuestro número, su victoria estaba garantizada, pero no contaba con la brutalidad de la transformación de Sofira, convirtiéndose en una criatura de piedra, aplastándolo sin piedad alguna.

Mientras su sangre cubría el suelo, poco a poco aquellos a los que acompañaba fueron recuperándose. La reprimenda no tardó en llegarme, con razón y yo solo pude sentir vergüenza por mis actos. Sin embargo, estábamos vivos y de una pieza así que, aunque mi insensatez había causado estragos, al menos no había que lamentar pérdidas por mi culpa.

Y desde luego mi corazón no estaba preparado para cargar con otra más.

La vuelta fue silenciosa, calmada aunque directa. Dejamos los rodeos, las vetas y las exploraciones y mientras caminábamos ascendiendo hasta la superficie hubo un fugaz pensamiento que apareció en mi mente: De todos los allí presentes, creo que el que mejor lo pasó fue el buey.


Sabes Dhalia...?

Cuando vi a mis compañeros en el suelo recordé el día que te encontramos... allí tirada en el fondo de aquel precipicio... Todavía sigo pensando que podría haberte protegido mejor.
 
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Meivel

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CIUDADANIA

110 monedas de oro... eso era lo que me costaría comprar el documento de ciudadanía.

Cuando llegué a Amn no me planteé "ser" Amniana, pero una vez aquí ya han sido varios los que me han recomendado tener ese papelito.
Pero, enserio, 110 oros? De dónde iba yo a sacar todo ese dineral? Con la puñetera manía encima que tengo de no cobrar por nada...

El funcionario que me dio la cifra me miró por encima del hombro al ver mi expresión desencajada y yo, intentando mantener toda la dignidad que pude, me di la vuelta y salí del edificio. Atravesé la ciudad pensando es mis opciones hasta que el ruido y el alboroto desapareció al salir por completo de las murallas.
Lo llanos estaban tranquilos aquella tarde asi que me acerqué al campamento para poder pensar con tranquilidad. Allí el fuego de la pequeña fogata crepitaba chispeante, el caravanero se escondía detrás de un árbol huyendo de los incansables aventureros, Dos Pflechas organizaba su munición en el carcaj y Akra contaba las monedas que iba a darle a un intrépido visitante que había acudido a ella.

Sonreí al reconocer la figura.

Zyon Asbhy.

Ya habíamos compartido camino en varias ocasiones. Un par de viajes y alguna buena aventura para recordar. Además ahora éramos compañeros del Baluarte... me ayudaría si le ponía ojitos?

Me acerqué y le conté la situación. Él ya tenía su ciudadanía desde hacía tiempo y entendió enseguida mi frustración. Sin embargo, Zyon conocía bien los alrededores y recordó varios sitios en los que algunas bestias acostumbraban a coleccionar tesoros.
Sería un buen viaje, una aventura mejor y una oportunidad de conocernos un poco más. La verdad era que no sabía casi nada de aquel muchacho. Era arquero, estaba loco y en sus frases habían más tacos que palabras... aunque no sería yo precisamente quien juzgase eso.

Recorrimos varias zonas cercanas a la ciudad.
Una visita al cementerio y una de sus criptas más problemáticas...
Un paseito por la playa hasta una cueva llena de esqueletos y una criatura que pretendía ser un pulpo pero sin serlo...
Caminata atravesando la zona boscosa cerquita del territorio gnoll (Zyon hizo especial hincapié en que no me acercase a esa parte, al menos no sola y sin estar bien preparada)...

Todo mientras conversábamos, gastábamos bromas y nos reíamos. La verdad, se sentía bien.

Nuestros pasos nos llevaron finalmente a los humedales, un lugar pegajoso, húmedo (aunque con ese nombre no tendría sentido otra cosa) y con el aire cargado. Olía a musgo, moho y barro... y después de aquella expedición tuve que tirar toda mi ropa a la basura.
Después de la quinta caída dejé de contar las veces que me resbalaba. Ya llevaba un tiempo planteándome cambiar la armadura, aquellas placas me hacían el avance casi imposible y el peso aumentaba a medida que la ropa bajo ellas se iba empapando... Tendría que tomar una decisión al respecto cuando regresáramos.

A pesar de la incomodidad del lugar, de los bandidos, los bichos, los trasgos, las hormigas gigantes, más bichos, algún gnoll explorando, animales salvajes y más bichos, logramos recorrerlos sin mayor inconveniente que mi trasero dolorido. Todavía me dolía el hombro de la lesión, pero aquellas excursiones me servían para volver a fortalecerlo.

Zyon era divertido, por lo general yo siempre trataba de mantener la compostura, ser educada, cordial y socialmente correcta. Pero él era tan natural, tan espontáneo que hacía que me olvidase de tener que mantener las apariencias y fuese un poquito más yo misma.​

humedales.jpg


Al final del viaje conseguí reunir prácticamente todas las monedas que necesitaba para el documento. Fue una suerte encontrarme con el arquero, eso debía admitirlo.
Se encendió un cigarro mientras yo guardaba las monedas en una de mis bolsitas mágicas, sonriendo, satisfecho por el trabajo hecho. Le miré y arrugué un poco el gesto, no era muy fan del tabaco aunque el fuerte aroma me recordaba a Dhalia... ella también fumaba, aunque mezclaba el tabaco con hiervas aromáticas para mitigar el olor.
Por alguna razón se lo dije, un comentario despreocupado que quizá ocultaba el deseo de volver a sentir por mi misma ese olor tan especial... y tan lejano.

A Zyon le pareció curiosa la idea, nunca había probado a mezclarlo. Quizá lo hiciese...



Un par de horas después volví al mostrador de aquel funcionario pretencioso y le planté la bolsa con los 110 oros en la cara, sonriendo con desdén como si no me hubiese costado la salud, el cansancio y el trasero conseguirlo. El hombre volvió a mirarme por encima del hombro, sacó unos papeles, los firmó y me los tendió sin inmutarse.. pero ah! sí que le brillaron los ojillos al recoger la bolsa.

Y ya estaba. Era, oficialmente, Amniana. Ignoraba si eso sería algo bueno o malo para el futuro pero, por el momento, me quedaría con la sensación de haber consigo un pequeño logro.​




Sabes Dhalia?
Mientras recorria los caminos y senderos por los que Zyon me llevaba, mi mente no pudo evitar rememorar nuestros largos paseos. Nos reíamos y nos gastábamos bromas aunque la situación fuera un asco... Siempre sabías cómo hacerme sonreír o el punto exacto en el que soltar una fresca para aligerar una conversación que se volvía tensa...

Me sentí a gusto con él... fue casi como volver a estar contigo...
 

Meivel

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CRIATURAS

Incluso en estas tierras de intriga, donde cada día hay un acontecimiento memorable, donde siempre hay actividades para distraerse, cementerios que custodiar o brumas que evitar, existe el aburrimiento. Parece increíble, pero en ocasiones sucede.

Aquella noche el campamento de los llanos estaba silencioso, vacío, en paz. Las mesitas fuera de la posaba estaban desocupadas y su interior más vacío de lo que acostumbraba. ¿Dónde se había metido todo el mundo? Cierto era que hacía varias horas que había anochecido. Cualquier trabajo, aventura o locura improvisada habría dado comienzo hacía un buen rato y me los había perdido todos.

La única opción que me quedaba era deambular sin rumbo por las cercanías, esperando cruzarme con alguien que, al menos, quisiera charlar un rato. Curioso destino caprichoso que, tal y como aquel pensamiento abrumaba mi mente, dos figuras de negro se dejaron ver frente a mí, atravesando mi mismo camino en dirección contraria.

A uno ya lo conocía. Sonreí al verle, me alegré de comprobar que estaba bien pues ya hacía quizá una dekhana entera sin tener noticias suyas. Me detuve a varios metros de ambos, que frenaron sus pasos de igual manera al ver que los enfrentaba.

Kraven me sonrió y su compañero entornó los ojos, alerta. A su lado parecía una chiquilla, me sacaban más de una cabeza en altura y en tamaño, pero su amigo no parecía fiarse por las apariencias.

Kraven… cuanto tiempo.

Saravel, ¿cómo estás, querida?

¿Os conocéis?

Su amigo, al que Kraven llamó Liam, pareció relajarse entonces y el ambiente se volvió más cálido. Kraven afiló una sonrisa mientras me miraba… cómo detestaba cuando me miraba así… me entraban ganas de atizarle con algo en esa perfecta cara suya. Helm bendito, qué guapo era.

Conversamos un rato frente al Hospicio, les conté que tan sólo andaba paseando, pensando en mis cosas y por supuesto obvié que estaba aburrida para no parecer desesperada por hacer algo. Cuando me invitaron a acompañarlos, acepté fingiendo indiferencia. Kraven sonrió, seguro que me había leído nada más verme.

La pareja tenia pensado avanzar hacia el sur, más allá del cementerio. Tenía una cuenta pendiente con un gnoll cerca de los humedales. Recordé que Zyon me había recomendado no ir allí, pero al mirarlos a ambos espachurrar esqueletos como quien espanta mosquitos pensé que iba bien acompañada.

Liam era serio, mucho más serio que Kraven. Me llamó la atención el color blanco tan puro de su cabello a pesar de que no parecía mucho mayor que yo. Mi madre decía que cuando alguien tenía muchas preocupaciones le salían canas… ¿qué carga tan grande estaría soportando aquel hombre entonces?

Apenas habíamos podido hablar un poco cuando se escuchó un murmullo en el aire, un susurro acompañado de un suave destello y una criatura absurdamente gigantesca que se abalanzó contra los tres. Saqué mi escudo y a duras penas pude contener la primera… ¿pinza? Alcé un poco mi cabeza y entonces lo vi, era un cangrejo… un puñetero cangrejo más grande que el campamento entero de los llanos.

Me golpeó varias veces, pero pronto su atención se desvió hacia los dos que me acompañaban porque ellos sí le hacían daño. Kraven y Liam comenzaron a luchar como si fueran uno solo, cuando uno golpeaba, el otro protegía, cuando uno desaparecía esquivando un golpe, el otro aparecía a espaldas del cangrejo y clavaba alguno de los kukris en las patas o en zonas de carne descubiertas. Cuando uno retiraba su arma, el arma del otro ya estaba en el mismo sitio. Era todo un baile.

El caparazón era duro, y las pinzas delanteras también. Era imposible dañarle así, por lo que ambos se centraron en golpearle en el vientre… y siendo tan grande no era difícil lograr que lo dejase al descubierto.

Yo poco pude hacer salvo aguantar algún que otro golpe cuando ellos necesitaban un aliento, aunque solo fuese un leve suspiro. No soy idiota, sé cuando un enemigo me supera, mis capacidades y mi entrenamiento no harían nada contra él, pero al menos aguantas porrazos podía hacerlo para darles a ellos la oportunidad de encontrar el golpe certero.

No fue fácil, ni rápido, pero al final el monstruo cayó. Kraven se relamió los labios, complacido… ¿se podía ser más sádico? Liam limpió sus armas sin inmutarse mucho, a pesar de todo el hombre ni se había despeinado, por su comportamiento parecía que se enfrentaba a esas cosas todas las mañanas antes de tomarse el café.

Vendé mis heridas y vertí sobre ellas un líquido regenerativo para ayudar a sanarlas mientras ellos proseguían el camino. Quizá hubiese sido sensato descansar, pero sin duda yo era la única que parecía necesitarlo. Con menudo par de tanques me había encontrado…

Sonreí mientras los miraba caminar, observando en silencio los alrededores. Liam se desvanecía entre la maleza de los humedales y aparecía al otro lado en un pestañeo. Los dos se mantenían alerta todo el tiempo y yo, que seguramente debía de estar más centrada en lo que me rodeaba, no podía dejar de mirarlos.

Cuando llegamos a la cueva Liam se puso más serio todavía. Me dejaron claro que allí dentro no había segundas oportunidades y que el líder de aquel clan no era ningún juego. A mi todavía me dolía el hombro, más aún después de los pinzazos del cangrejo, pero asentí consciente de que me habían llevado a un lugar en el que debíamos de ser sensatos.

Kraven_Sara_Liam.jpg


¡Retrocede loca!

La voz de Liam retumbó en el interior de la cueva mientras yo me lanzaba contra el líder. Desde la entrada, la única decoración que había quedado en el camino eran los cuerpos caídos de los gnolls y la sangre que teñía el suelo. Supongo que me vine arriba, por un momento nos creí invencibles. El líder era como tres veces más grande que el resto de los gnolls que nos habíamos estado encontrando, me vio venir y golpeó con fuerza el escudo (bendito escudo). El golpe me hizo retroceder y el eco del grito de Liam me llegó hasta las entrañas. Di la vuelta y me moví hacia ellos, que ya me habían alcanzado y se lanzaban hacia el gnoll. El monstruo, cabreado por nuestra impertinente visita, no dudó en arremeter contra ellos con todo lo que tenía. Sin embargo, él se había quedado solo y nosotros éramos tres, y aunque yo solo servía para distraerle o aguantar algún que otro golpe, al final Liam y Kraven lo destrozaron.


Pensé, cuando todo se calmó, el aire dejó de ser denso y el eco de la pelea se difuminó del todo, que Liam me atizaría con algo por mi imprudencia. En lugar de eso me miró serio mientras Kraven afilaba una de esas sonrisas suyas y me palmeaba el hombro.

Al regresar, incluso nos permitimos bromear un poco. Fueron un par de veces las que golpeé a Kraven aturdida mientras el gigante gnoll nos enfrentaba. Ahora él reía recordando cuando me tumbó en aquella cueva frente al gusano descomunal.

Estaba todo pensando ¿qué te crees? Ha sido una venganza perfecta.


Sonreí sintiéndome más relajada. Me hablaron de los Thalvarne, su familia, de cómo eran “hermanos”, quizá no de sangre pero sí por lazos más fuertes… y durante el camino de vuelta, con ellos cada uno a un lado mío, sentí un cálido recuerdo que invadió mi corazón.


Sabes Daliah...?
No podía dejar de mirar cómo Liam y Kraven peleaban juntos, tan equilibrados, tan compenetrados... me recordó tanto a nosotras... Esa conexión casi perfecta es difícil crearla con cualquiera...
Te hubiesen caído bien.
 

Meivel

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DOCUMENTOS EXTRAVIADOS

Me asomé al pozo. La cuerda atada en la parte más alta caía en la profundidad oscura hasta perderse a la vista. Torcí el gesto y desvié la mirada hacia mi acompañante.
¿Estás seguro de que es aquí, Saren?
Él asintió, no era un hombre de muchas palabras ni se expresaba en demasía, aún así sabía que podía confiar en él.

Descendimos hacia los túneles, allí abajo olía a agua estancada y tuve que cubrirme la boca durante los primeros pasos para no marearme. Saren encendió un farolillo y alumbró los oscuros pasillos. El suelo y algunas paredes estaban llenas de trampas tan cutres que incluso yo las veía, así que evitarlas fue sencillo.

Avanzamos en silencio, comentando tan solo en alguna ocasión qué camino seguir. Al torcer una esquina dimos con una caverna amplia llena de agua y una barquita medio destartalada que estaba amarrada a un poste improvisado.
Sin duda acceden por aquí.
Asentí mientras miraba la embarcación no muy convencida. La idea de subirme y navegar por aquellas cuevas no me tentaba en absoluto así que decidimos buscar otra forma de avanzar.​

SaravelySaren.jpg

Encontramos algunos tramos derruidos y otros tantos cortados por el paso del agua que corría en dirección distinta cada vez.
Saren rebuscó en sus bolsas y sacó un gancho. Le ató una cuerda en un extremo y empezó a lanzarla al techo, buscando engancharla para que pudiéramos, de alguna manera, cruzar. No había otra manera, los dos lo sabíamos, o saltábamos por ahí o nos dábamos la vuelta. Yo no era muy dada a darme por vencida, y sin duda por el esmero con el que Saren trataba de enganchar el gancho, él tampoco.

Al final lo logró. Tiró con fuerza de la cuerda asegurándose y luego me la tendió.
Las damas primero.

Reí, de esa forma que, al parecer, tanto le molestaba. Ya me había preguntado antes por qué siempre estaba de buen humor, por qué siempre sonreía, por qué era así... Saren era callado y un poco hosco (por no decir mucho), pero había algo en él que me transmitía tranquilidad. Aunque fuese silencioso, aunque fuese distante, sabía que no me dejaría tirada... Ni me daría una cuerda para saltar un río si no estaba seguro de que iba a aguantar.​

Las trampas dejaron de ser un problema cuando el primer trasgo apareció. Nos defendimos en condiciones, Saren combatía bien y yo estaba acostumbrada a pelear con alguien a su lado.
Uno a uno fuimos abatiendo a los trasgos que habían invadido aquellos túneles hasta llegar a un pequeño campamento improvisado donde habían ido acumulando trastos. Había uno más grande que el resto, era corpulento y tenía cara de pocos amigos. Se giró cuando el trasgo a su lado alertó de nuestra presencia y, tras ver que sus secuaces comían tierra, vino a por nosotros con todo lo que tenía.

Pero Saren y yo ya habíamos encontrado el punto de compenetración y entre los dos, sin mucho esfuerzo, le dimos muerte.

Dentro de una de las tiendas de campaña había una vieja mochila, rota y sucia seguramente por el poco cuidado. Saren la abrió y sacó unos papeles de su interior. Milagrosamente los documentos estaban intactos.
Sonreí, otro trabajo terminado con éxito y un pesar menos en el corazón de alguien.​

SarenySaravel2.jpg


Salir de aquel pasadizo fue más fácil, tuvimos que volver a saltar el río y volver a esquivar las trampas. Por suerte, los golpes y el fuerte ruido del combate no llamó la atención de ninguna otra criatura, y pronto los dos volvimos a respirar el aire fresco del exterior.

El hombre que nos había pedido el favor se deshizo en agradecimientos cuando le devolvimos el cuadernos con los papeles. Traté de frenarlo pero estaba demasiado contento. Saren permaneció en silencio algo más atrasado, alejado de la euforia que aquel hombre desprendía.
Y viéndole tan feliz no pude evitar sentir que fue, sin duda, una buena idea bajar a aquel pozo.



Sabes Dhalia...?
Recuerdo que odiabas las cuevas. Siempre te quejabas cuando nos contrataban para explorarlas o cuando teníamos que atravesarlas para llegar a otro destino. El eco de tu voz resonaba en las paredes constantemente, envolviéndome en tus quejas y tu mal humor.
Con Saren todo fue silencio, sin duda un choque de sensaciones que no me pasó desapercibido. Y aún así, aunque su compañía fue bien grata, estuve todo el camino esperando oir tu voz traída por el viento.




 
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Meivel

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LA ALIANZA DEL BALUARTE ÍGNEO


Hacía tiempo que llevaba escuchando de esta organización. Muchos eran los rumores sobre su procedencia y muchos eran los nombres que alguna vez formaron parte. Sin embargo, el tiempo había sido duro con ellos y, cuando empecé a mostrar un interés real, apenas quedaban tres en sus filas.

Tark, Zyon y Groob.

Mi intención había sido, en un principio, hablar con Tark sobre el asunto, pero al final fue a Zyon a quien me encontré y con quien compartí mis inquietudes sobre la organización.
El arquero fue muy paciente y respondió todas mis dudas, me habló de los principios que seguían, de los valores que les impulsaban, de los deseos que guardaban para el futuro… Al final de una larga y extensa charla, le dije que deseaban unirme y él, contento por la noticia, me dijo que lo comunicaría al resto.



Unos días más tarde, me invitaron a una patrulla por los humedales. Supuse que sería para comprobar mis capacidades y ver de qué pasta estaba hecha. Pensé que recorreríamos los pantanos y conversaríamos con tranquilidad, pero Tark nos llevó de lleno a un asentamiento orco donde casi me arrancan la cabeza.
Por suerte, controlo muy bien mis caras de pánico.
Los orcos eran duros, fuertes y organizados. No estaban allí ni por casualidad ni de paso, se habían montado todo un cuartelillo bien preparado con todo lo necesario para sobrevivir de manera bastante cómoda en aquel ambiente pantanoso.


Evelyn nos acompañó en aquella ocasión. Era una mujer hermosa, serena, calmada, madura… mantenía siempre la compostura y en el combate era elegante y precisa. Sin duda yo estaba muy lejos de parecerme a ella. Descubrí en aquella “aventura” que Tark y ella tenían una relación y, por algún motivo, me sorprendió. No porque no hicieran buena pareja, sino por lo diferentes que eran. Es cierto que Tark también es calmado y sereno, aunque combatiendo es una mole de destrucción… Los observaba de vez en cuando susurrarse cosas y pensé que era hermoso que, a pesar de las desgracias que traía el mundo, hubiese espacio para el amor.


Los humedales escondían también trasgos, bandidos, animales extraños… el suelo era resbaladizo por el musgo y, a pesar de haber cambiado mis placas por una armadura más ligera, no evité las caídas desafortunadas. Zyon miraba para otro lado cada vez que me golpeaba contra el suelo, pero yo sabía que se reía el muy asqueroso…
Todavía me dolía el hombro... la sensación de no estar avanzando con la recuperación comenzaba a ser desesperante, y el hecho de no ser capaz de concentrarme en mi energía para canalizarla en el arma tampoco ayudaba a sentirme mejor.
No había vuelto a ver a aquel monje que me acompañó durante el viaje a Amn, sus enseñanzas fueron demasiado básicas... demasiado pobres... y yo no tenía la cabeza en ese momento para interiorizarlas demasiado. Me había quedado con una teoría sencilla y debía descubrir el resto por mi misma.

El paseo, por llamarlo de alguna forma, duró un par de horas. Los combates fueron intensos, alguno se complicó más de lo que nos hubiese gustado, pero salimos victoriosos. La bruma que acechaba el reino no pareció percatarse de nuestra presencia o, si lo hizo, no suscitamos su interés.
No iba a quejarme, desde luego. Prefería no decirlo muy alto, pero hasta el momento yo había tenido la tremenda suerte de no tener que sufrir sus consecuencias.

El camino volvió a ensancharse, el pantano fue fusionándose con la tierra y la vegetación y, finalmente, los adoquines del puente de Purskul volvieron a hacerse visibles. Regresamos al punto de partida, cansados aunque de buen humor.
Evelyn y yo aprovechamos para hacer unas pequeñas compras, aunque en realidad poco gastamos ya que usamos más el tiempo para conversar un poco y hacer esperar a Tark y Zyon deliberadamente. Ellos, por el contrario, levantaron un pequeño camping para que pudiéramos descansar más cómodamente y pasar el resto de la noche conversando.

Mi trasero todavía estaba dolorido de tantos resbalones, pero allí sentada frente al fuego, con ellos tres a mi lado hablando y riendo, compartiendo pensamientos íntimos o anécdotas fugaces sentí que, quizá, podría hacerme un hueco en Amn.


camping2.jpg


Sabes Dhalia...?
Sentada junto al fuego, riendo con las bromas de los que me acompañaban, escuchando sus historias, sus sueños... se creó en mi interior una pequeña luz.
Recordé los campamentos improvisados que construíamos en nuestros viajes, cómo exagerabas las aventuras para impresionar a los que paraban a conversar o las tomaduras de pelo al resto de nuestros camaradas mientras bebíamos y apostábamos.

Tark, Zyon o Evelyn no podrán sustituirte nunca, pero este viaje no consiste en ocupar tu lugar, si no de encontrar la forma de que el vacío que has dejado conviva con todo lo demás.
 

Meivel

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PENSAMIENTOS MAS PROFUNDOS

¿Y tú? ¿Qué sientes por Zyon? Él nunca se había interesado por nadie... hasta que te conoció. Pero lo que debe importante no es eso sino... ¿Qué sientes tú por él?

Aquella conversación se había quedado grabada en mi cabeza y llevaba todo el día acompañándome. Paseaba por las calles de la capital con esa extraña presión en el pecho, una que no había sentido nunca antes.
¿Qué era Zyon para mi?

Me gustaba su compañía, eso no podía negarlo. Me reía con su forma de ser y con él podía ser un poco más yo misma, sin tanta apariencia ni protocolos. Me gustaban sus ojos, y no por el suave verdor que escondían sino por la profundidad con la que miraba, siempre atento a todo. Me había sorprendido a mi misma ya más de una vez buscándole entre los presentes cuando nos íbamos de aventuras, pensando en él cuando encontraba buenas flechas en alguna tienda o preguntándome si los licores nuevos que estaba descubriendo en Amn le gustarían a él también.

Un regalo había sido el desencadenante de aquella realidad que comenzaba a abrumarme, un suave licor dulce que le había obsequiado como agradecimiento por su ayuda y su compañía en días pasados. Un detalle insulso que había desencadenado en un beso fugaz en medio de los llanos que me había dejado descolocada. Aquel gesto había sido eclipsado por la aparición de Kharmin como su madre lo trajo al mundo y se había convertido en una tenue y efímera anécdota.
Pero mi mente no dejaba de revivirlo desde entonces cada vez que cerraba los ojos. Un beso casto en la frente, escueto, sencillo y ligero.

¿Por qué aquello se había colado en mis pensamientos más profundos de aquella manera?
"¿Qué sientes tú por él?"


¿Acaso sentía algo de verdad? Los hombres con los que había intimado en Aguas Profundas habían sido descarados y caraduras... Nada que me sorprendiese pues al final era lo que yo miSma buscaba. Una rápida aventura terminada con desdén para intentar entender qué veía Dhalia en ellos... para intentar entender por qué se había enamorado... pero yo no quería implicarme con ninguno de aquella manera, no deseaba entregar mi corazón, no quería sufrir...
Había ido a Amn para pasar un duelo... y ahora parecía que mi corazón hubiera decidido por su cuenta aferrarse, por primera vez, a alguien.

Repasé, mientras salía de la ciudad, los días que habíamos compartido. Las conversaciones junto al campamento, los paseos por el Álandor buscando el Claro del Eldath, las criptas, las cuevas, las charlas en las caravanas viajando... Recordé el día fatídico del altar de Cyric... ese día una horda de esqueletos le hizo morder el polvo y aquella insensatez se me antojaba ahora más dura al pensar que podría haberle pasado algo más grave por mi culpa...

Tan inmersa estaba pensando en él que no me di cuenta de su presencia hasta casi chocarnos. Me sonrió, de esa forma tan abierta que expresaba siempre, sin tener ni idea de lo mucho que estaba revolviendo mi mundo.
Evelyn y Tark acostumbraban a decir maravillas de él. Groob y Miria lo ponían en un pedestal, para ellos era, sin duda, el hombre perfecto.
¿Lo era, entonces?

Resoplé mentalmente, quizá la solución era acercarme y ver cómo me sentía a su lado, a solas una vez más. Le conté que quería ir a Purskul, algunos granjeros tenían problemas con una manada de jabalís y necesitaban ayuda. Se ofreció una vez más a acompañarme de buena gana. Durante el camino hablamos mucho, era fácil conversar con él, todo era natural y sencillo. Sin máscaras ni apariencias. Zyon era así, lo que se veía de él, ni más ni menos. Temerario, divertido, mal hablado y sin tapujos. Decía que era un asocial pero me costaba creerlo con todo lo que me hacía reír.


Y yo llevaba mucho tiempo sin reírme...​


zyonysara3.jpg


De camino tomamos un desvío, Zyon quería echar un vistazo a una zona cercana llena de alzados. Cada poco tiempo invadían el lugar así que nos acercamos para controlar la situación. Ya me había enfrentado a no muertos antes, pero aquellos eran diferentes. Me llevé algún que otro mordisco y arañazo y, cuando quise darme cuenta, mi cuerpo pesaba el doble, me costaba respirar y mis pasos eran más lentos.

Zyon supo enseguida lo que me pasaba. Bromeó un par de veces con que, igual, me convertía en una de esas criaturas así que yo, para vengarme, fingí desmayarme.
Me apoyé en él cuando se acercó preocupado, me sujetó con cuidado creyendo que realmente perdía el conocimiento y, cuando sentí que sus ojos estaban fijos en mí, le miré y le saqué la lengua.
Te pillé —le dije y me alejé riendo. Fue un gusto ver su cara.

Me llevó al templo cerca de Crimmor, allí el sacerdote de Chauntea conjuró sobre mí para aliviar el mal que se había aferrado a mis entrañas y, tras sus palabras, me sentí mejor.

Zyon permaneció callado mirándome, preocupado todavía. Cuando me acerqué a él le mantuve la mirada, pensativa. En verdad se había asustado, me había estado cubriendo en cada ataque, se había preocupado por mis heridas y no había dudado en coger mi mano cuando fingía desplomarme...
Era un encanto.

¿Por qué me diste aquel beso en los llanos?
Su cara fue un poema. Se quedó perplejo mirándome, sin duda aquella pregunta era lo último que se esperaba. Desvió la mirada buscando una salida, como quien desea que se lo trague la tierra. Sonreí... era tan mono...
Simplemente me salió así... —fue la única respuesta que obtuve.
Oh... y... ¿te salen de normal esas cosas con la gente? —volvió a mirarme algo avergonzado y negó sutilmente.
La verdad es que no soy muy dado a las muestras de afecto...

El sacerdote carraspeó sutilmente, un gesto discreto que nos hizo comprender a ambos que no era el mejor lugar para hablar. Pensé en volver a preguntarle una vez estuvimos fuera, pero sin duda el "momento" se había esfumado y él no parecía tener intención de añadir nada más.

Seguimos el camino hacia la ciudad del grano mientras en mi cabeza se repetía una y otra vez la misma pregunta.
"¿Qué sientes tú por él?"


Sabes Dhalia...?
Zyon no se parece en nada a ningún hombre que haya conocido antes. Su aura es distinta... su sonrisa es sincera...
Aquel sencillo beso fue tan inocente y tan despreocupado que creo que eso fue precisamente lo que lo convirtió en importante.
Si estuvieras aquí estarías riéndote de mí con todas tus fuerzas. Mírame ahora, la que siempre dijo que nunca se enamoraría, perdiendo horas de sueño por no poder sacarme a un muchacho de la cabeza...

Contigo esta tortura hubiese sido mucho más llevadera...
 
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Meivel

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EL BESO ROBADO

......

Cuando llegamos a Purskul fuimos directamente a la cueva que me habían indicado. Enfrentarnos a los jabalís fue complicado, y no porque supusieran un reto grande (Zyon es un excelente tirador) sino porque, en el fondo, a los dos nos daba lástima acabar con ellos. Era duro, sobre todo con las crías, pero sabíamos que se habían convertido en una plaga y estaban causando estragos en los alrededores... era importante solucionar aquel problema.

Fuimos adentrándonos por los pasadizos enfrentando a los incautos animales que decidían hacernos frente hasta llegar a una amplia sala donde nos encontramos con aquel que los lideraba. Un cerdo gigante de colmillos tan grandes como el arco de l hombre que me acompañaba. Se lanzó contra nosotros en cuando nos vio aparecer.

Aquel animal sí supuso un problema real para ambos, a pesar de que mi escudo lo bloqueaba con frecuencia y las flechas de Zyon se clavaban certeras en su carne. Nos costó sudor y sangre, pero al final cayó vencido.

Busqué algo que pudiese servir como prueba de su muerte sin tener que recurrir a cortarle el cabezón enorme... sinceramente, no me apetecía nada cargar con eso todo el camino de vuelta...

Cuando el granjero nos vio regresar, su mirada se llenó de esperanza. Dejé el colmillo de proporciones absurdamente grandes que había arrancado del jabalí y le conté lo sucedido... Quizá exageré un poco nuestra aventurilla, quería darle algo de emoción al relato y evitar que el granjero creyese que había sido pan comido. Zyon me observaba desde el muro, con una media sonrisa en su rostros escuchando cómo adornaba lo que habíamos hecho. Pareció hacerle gracia mis palabras y negaba con la cabeza ante el asombro del granjero, que me escuchaba con tremenda atención.

En Amn, el altruismo es extraño. Al hombre le costó entender que no hacía falta darnos una recompensa, que no buscábamos fama ni gloria... yo al menos... solo quería ayudarles. Me miró extrañado, con recelo. Obviamente no quería problemas ni empezar una discusión de acusaciones infundadas (y tampoco vamos a engañarnos, las posadas y la comida no las paga el aire), así que terminé por tomar lo que me ofrecía y le sonreí con encanto. Pareció estar satisfecho entonces y regresó a sus tareas. Yo volví con Zyon junto al muro.

Bueno, parece que por fin podrán cosechar tranquilos, al menos durante una temporada. Con lo que me ha dado podemos pagarnos un par de buenas cervezas —le sonreí mientras guardaba la bolsita de oro en uno de mis zurrones.

Él asintió, sonriendo, pero no dijo nada. Le miré extrañada por su silencio, por lo general la idea de una buena cerveza servía para sacarle alguna frase ingeniosa, pero se quedó callado, mirándome. Tras algunos segundos callados, la situación se volvió rara, tanto que decidí desviar la mirada y decir lo primero que me vino a la mente.
Quiero ir a Caravasar... Pero otro día, que ahora estoy cansada. Te aviso, si quieres, mh?
Claro —contestó por fin— Yo... iré a zurrarle a algo.

Sonreí, era increíble que, a pesar de todo, no estuviera cansado. Quise despedirme, decirle que tuviera cuidado, que no fuese temerario... pero él frenó cualquier palabra que pudiera salir de mi boca.

Fue rápido, fue discreto, pero sobre todo fue inesperado.​

Beso robado.jpg


Zyon se movió tan rápido que no me dio tiempo ni de reaccionar, tan solo pude sentir sus labios sobre los míos durante un par de segundos, suaves y firmes. Cuando quise darme cuenta el arquero caminaba a toda velocidad hacia Purskul, sin mirar atrás, sin esperar mi reacción. ¡El muy cabrón huía!
Me quedé perpleja mirando su estela, la sutil nieblilla de polvo que su paso acelerado había levantado en el camino... ¿Qué cojones?
Mi corazón se aceleró tanto que creí que el pecho me estallaría...

No sé cuánto tiempo me quedé ahí parada, mirando las calles a lo lejos por donde había desaparecido pero, si el beso en la frente me había descolocado... sin duda aquel me había desmontado por completo.​



Sabes Dhalia...?

Cuando quise darme cuenta se había hecho de noche. La mujer del granjero me trajo un cuenco de sopa y me miró preocupada. "Llevas horas ahí de pie, hija" Aquella buena mujer fue lo único que me sacó de la incredulidad que sentía...

Esa noche no dormí... ¿Quién lo hubiera hecho? Estuve moviéndome inquieta en la cama dándole vueltas a todo. A todas las conversaciones que había tenido... a todas las miradas... a todas las sonrisas...

Y una única pregunta se había mantenido intacta en mi mente: ¿Por qué cojones se había ido?
 

Meivel

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VAEL

vael.jpg


Inspira... Expira...
Resoplé mientras me despeinaba, frustrada por los pensamientos que me nublaban la mente.

Inspira... Expira...
Me froté la cara con ganas y golpeé las mejillas. (Concéntrate!!)

Inspira... Expira...


Mi pecho subía y bajaba con cada respiración. Sentía el aire entrar en mi cuerpo, lo aguantaba unos segundos y después dejaba que saliese, despacio, sin prisa...
Deslicé las yemas de los dedos sobre el filo de la cimitarra. Mantuve los ojos cerrados, concentrada todo el tiempo en mi respiración y en el tacto suave del metal del arma.

Ya hacía algunos meses que había llegado a Amn y todavía recordaba como si fuese ayer mi encuentro con aquel guerrero durante el viaje en caravana. Aquel hombre era serio y misterioso, sus palabras eran lentas aunque sonaban profundas y llenas de sabiduría. Me observaba con curiosidad mientras afilaba mi arma, siguiendo los movimientos de mi mano con sus ojos.
Durante una de las paradas que hicimos en el viaje, se acercó a mí mientras entrenaba. Me sonrió con calidez y extendió sus manos.
Alimentas el filo de tu arma... pero no su espíritu.

Fue él quien me habló del flujo de energía que nos recorre por completo. Todos la tenemos pero sólo unos pocos son capaces de conectar con ella. Algunos dedican toda su vida a esa energía, trabajan la armonía, fortalecen el espíritu y encuentran la manera de que todo fluya de manera natural.
El "ki", como él lo llamó, forma parte de ellos como uno solo. Está en su interior y viven a través de él.

Para llegar a ese nivel de conexión se necesitan años y años de dedicación, pero él me habló de otro tipo de sensación, una más tenue y algo más sencilla de lograr si uno se esfuerza desde el corazón, pero igual de intensa y duradera. Una que consistía en canalizar esa energía hacia el arma, para que el golpe fuese más profundo, no a niveles de carne y hueso, sino un golpe dirigido directamente al alma.


Recordé cómo me estuvo enseñando durante el resto del viaje. Me esforcé mucho por lograrlo, pero mi concentración era mala, me distraía con facilidad y me costaba mucho encontrar ese punto de unión entre mi fuerza y mi espíritu.
Tu corazón está roto, muchacha. Caminas entre sombras luchando por encontrar alguna luz. Crea un ancla, algo que haga a tu ki más "real", algo que te ayude a darle forma física en tu mente para poder encontrarlo y aferrarte a él.
Lo llamé "Vael". A cualquiera podría entrarle la risa al saber que le había puesto nombre a mi ki, pero hacer eso me facilitó muchísimo todo el resto del proceso.
Cuando quería sentirlo, lo llamaba. Repetía ese nombre en silencio una y otra vez, dejando que mi mente le diese forma, una suave nieblilla de energía que vibraba cada vez que escuchaba mi voz interior susurrándole. Unos ojos brillantes que me observaban desde dentro, curiosos y extrañados al mismo tiempo.

Vael...

Tuve que esperar hasta casi haber llegado a Azkathla para que funcionase, y solo lo logré cuando dejé de llamarlo en mi mente y empecé a hacerlo en voz alta. Esa vez, cuando su nombre surgió de mis labios, la cimitarra vibró entre mis manos y su filo se envolvió, durante un breve instante, en una tenue luz blanquecina.

El guerrero asintió satisfecho. Nuestros caminos se separarían a partir de ese momento y todo lo que me faltaba por aprender debería de hacerlo sola.



Mis dedos rozaban ahora de nuevo el filo de la cimitarra, pronunciando su nombre en voz baja, buscándolo en mi interior, tratando de concentrarme, de sentirlo, de conectar...


Pero quién cojones iba a concentrarse en eso si cada vez que cerraba los ojos mi mente regresaba a Purskul y volvía a sentir los labios de Zyon sobre los míos...


Sabes Dhalia...?
Las palabras de aquel guerrero todavía retumban en mi mente.

"Estás rota muchacha"

Sé que lo estoy, desde que te fuiste no he sabido recomponer los pedazos destrozados que dejaste... la tristeza, la culpa, los remordimientos... todo impide que mi corazón sane y vuelva a encajar.

Quizá Vael lo sienta también, esta tristeza que a veces me ahoga...

¿Quién querría conectar con alguien así?
 
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Meivel

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SENTIMIENTOS

Habían pasado solo un par de días desde la última vez que le había visto, en Purskul, cuando había salido corriendo después de besarme. Mi cabeza no había parado de dar vueltas desde entonces y mi corazón latía con más nervios.
A cada esquina que giraba me asustaba la idea de encontrármelo, me preocupaba qué decir o qué hacer... ¿Qué se suponía que se esperaba de mí ahora? ¿Qué debía decirle cuando volviese a verle? ¿Pedirle explicaciones? ¿Darle algún tipo de respuesta?

Pero... ¿Qué respuesta quería darle?
Zyon no se parecía en nada a los chicos en los que me había fijado durante los últimos años. Como mucho, me recordaba a aquel niño travieso que había en el barrio donde crecí, un pilluelo con tirachinas que se dedicaba a fastidiar a los viajeros, que construía cosas con palos y que siempre, siempre, tenía tiempo para traerme alguna florecilla que encontraba en el campo.
A mi madre le caía bien... decía que era un pillo pero de buen corazón.

Y así era Zyon, podía ser un bruto hablando, un loco combatiendo, orgulloso, borde o sarcástico cuando se lo proponía... pero tenía un corazón que no le cabía en el pecho. Y quizá eso era lo que más me asustaba. Sus sonrisas sinceras, sus manos tendidas, su gentileza... Su afecto era tan real que abrumaba.

Yo también era orgullosa, no iba a negarlo. Quizá por eso me había enfadado tanto en la Universidad, cuando lo encontré y se puso a hablar con Balus de mí como si yo no estuviese. Menudo memo...
Nos peleamos después de eso, porque a veces el orgullo es una mierda y vale más mantener la compostura y la razón que agachar la cabeza y sincerarse. Ahora mismo no recuerdo lo que le dije, pero sé que le dolió, y aún así se vino conmigo a Caravasar a ayudarme con el problema del bloqueo de comercio.
Balus también nos acompañó y posiblemente fue el viaje más incómodo que el gnomo pudo haber tenido en meses. No hablábamos, y si lo hacíamos era para lanzarnos cuchillos verbales mientras el pobre Balus no entendía nada y pedía que nos explicásemos.

A pesar de que mi relación con el gnomo era maravillosa, no tenía ningunas ganas de abrir mi corazón frente a él, y por cómo se estaba desarrollando la conversación estaba claro que Zyon cada vez iba cerrando más el suyo.

Aquello era nuevo para mí, tener delante a alguien a quien de verdad le importaba sufriendo mi desdén, pero era la única forma que yo conocía de protegerme, de evitar que me hicieran daño. Sin embargo, una suave vocecilla se alzaba de vez en cuando en mi cabeza entre tanta arrogancia. Una voz tenue que preguntaba al aire con disimulo "¿Y si es él?"

¿Y si por primera vez tenía delante a una persona decente, implicada y dispuesta a compartir su camino conmigo? No una noche, ni un rato... el camino al completo...


En Caravasar había un mirador. Siempre que iba a la ciudad lo observaba desde abajo, preguntándome cómo se vería todo desde allí. Una perspectiva amplia y más certera de todo cuanto me rodeaba... más real.
Me pareció buena idea ir allí con Zyon para hablar, un sitio apartado de los ojos de las decenas de transeúntes, del ruido del mercado, del olor a aglomeración... un lugar para hablar tranquilos, dejar el orgullo a un lado y ser sincera.
Decidí hacerlo y, si tenía que salir mal, pues que lo hiciese. Pero permanecer sumergidos en aquel ambiente de reproche se me estaba enquistando. Por primera vez desde que le conocía supe que no era así como quería estar con él.

Abrí mi corazón de la mejor forma que supe, le expliqué con sinceridad las locuras que pasaban por mi cabeza, mis miedos y mis dudas. Él lo recogió todo con cariño y me entregó su afecto sin vacilar. Sus palabras fueron sinceras y calentaron mi corazón como nunca nadie lo había hecho antes.
Tenía miedo, no iba a negarlo. Nunca me había entregado por completo antes a nadie y Zyon no buscaba medias tintas. Quería que lo nuestro fuera real, especial, único.

En lo alto del mirador, mientras sus brazos me rodeaban y volvía a besarme (sin huir esta vez), mientras mi piel se estremecía al sentir sus manos y mi corazón se aceleraba desbocado, descubrí que, al final, sí merecía la pena arriesgar mi corazón por alguien como él.​

kiss.jpg



Sabes Dhalia...?
Si hubieras estado aqui me habrías tirado a sus brazos hace tiempo... a ti te volvían loca los tios malos, pero siempre quisiste un buen hombre para mi...

Te hubiese caído bien...
 

Meivel

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NOCHES EN VELA

La muerte es un hecho que todos conocemos. Es la única certeza que tenemos desde el mismo instante en el que llegamos al mundo y, sin embargo, nunca estamos preparados cuando llega.
Vivimos la vida como si fuese infinita, como si tuviéramos todo el tiempo. Vivimos con calma, con paciencia, sin prisa en tomar decisiones o en hacer cambios. Vivimos intensamente, eso sí, saboreando cada logro o cada momento de satisfacción, sufriendo en las derrotas o en las decepciones... "Ya se pasará", "ya lo haré", "ya solucionaré el problema".

IMG_20260521_180507.jpgEntonces, un día, la muerte se lleva a alguien cercano. Alguien que te importaba, alguien que te hacía reír, que alegraba tus días y salvaba tus noches... Alguien a quien nunca le dijiste todas las cosas que deseabas que escuchase por el simple hecho del "ya se lo diré..." o ese triste "si ya lo sabe".
La muerte no entiende de tiempos, ni de edades, ni de razas... no entiende de "el mejor momento". La muerte llega, sin más. Silenciosa, tajante e inamovible.
Así se fue Dhalia... Sin más. Mi ultimo recuerdo es su mirada decepcionada y la estela que dejó mientras corría alejándose de mi.


Y así se fue Kharram... Sin más. Luchando contra unas heridas que lo desgarraban por dentro. Salvó el Norte, salvó a sus amigos... Pero la muerte tampoco entiende de actos heroicos...
La muerte es injusta, se lleva siempre a los que menos lo merecen... Y no es que alguien merezca morir pero... Es injusto.
Kharram era un buen enano, un buen compañero que solo quería hacerse un hueco en este reino... Un reino que lo aplastó sin miramientos como si solo fuera un bicho.
Y dónde están los dioses cuando estas cosas pasan?
Dónde estaba el dios de Kharram cuando se sacrificó?
Dónde estaba Helm cuando Dhalia murió...?


Mis manos están frías desde hace días... No consigo calentarlas, no sé por qué...
Vael no me escucha... O directamente me ignora...
Siento que algo se ha asentado en mi pecho... Algo que me está cambiando...​



Sabes Dhalia...? Ya no tengo ganas de seguir hablando contigo...

Para qué? Hace tiempo que dejaste de contestar...
 
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Meivel

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FASE DE CONFLICTO

meditando.jpg


Cerré los ojos y respiré profundamente.
La meditación no era un desconocido para mi, lo hacía casi a diario tratando de encontrar la calma en mi interior, tratando de conectar las piezas que se habían soltado dentro de mi. Tratando de unir la fuerza que había surgido en un susurro interno.

Me centré en las palabras que Tark había pronunciado dos días antes. El guerrero nos había reunido a Evelyn y a mi para ayudarnos en aquel cometido. Le conté, hace tiempo, que tenía problemas para vincularme al ki. Estaba ahí, podía sentirlo, podía incluso escucharlo muchas veces, pero al final siempre terminaba siendo una sombra en mi cabeza, una bruma que observaba en silencio y que rara vez tomaba mi mano.

Nos pidió que reflexionásemos sobre lo que dijo, sus preguntas, sus comentarios... aquella reunión me dejó un dolor en el pecho extraño, un dolor que llevaba tiempo sintiendo y que se incrementó sutilmente, silencioso, despiadado.

"Vuestra arma no es un palo de hierro. No es un objeto inerte. Le habéis confiado un deseo grande. ¿Por qué la tomasteis? ¿Para proteger a alguien? ¿Para protegeros a vosotras? ¿Para asesinar villanos... o quizá héroes? ¿Qué esperáis de ella?"
Al principio la respuesta llegó clara. Siempre había sabido cuál era mi objetivo, el cometido que deseaba en la vida. Seguir los pasos de mi padre, demostrar mi valía, ser de ayuda para los demás...
Después, en el tiempo que dura un parpadeo, aquella respuesta se quebró.
¿Era eso realmente lo que deseaba? ¿Era eso por lo que había empuñado un arma la primera vez? Podría haber vivido tranquila en la herrería, podría haber buscado a un mozo de los barrios, el hijo del panadero o el del puesto de verduras... Las historias de padre no eran siempre buenas, sus años en Calimshan habían sido duros también, llenos de guerras, de sangre y de muerte.
¿Por qué había decidido entonces empuñar mi arma? ¿Por qué elegir este tipo de vida?



"Ahora la respuesta está en vuestra cabeza. Ha brotado como agua de manantial. No hay que buscarla. Está ahí, Es parte de vosotras. Pero... ¿Por qué le disteis esa misión? ¿El dolor de una pérdida? ¿La promesa de un ser querido? ¿El odio por una injusticia hacia vosotros...?"
Recordé el asalto. Yo era muy niña pero la imagen de la herrería destrozada todavía perduraba en mi memoria. Recordé la rabia y la impotencia.

Recordé la paliza. Aquel día recibí tantos golpes que me dolía hasta respirar. Todo por defender a una chiquilla que estaba siendo acosada por los pandilleros del barrio... La iniciativa fue buena, pero el rencor fue lo que se quedó marcado.

Recordé el silencio. Las veces que había decidido mirar para otro lado, no por miedo, sino por desidia.

Recordé a Dhalia... su muerte me arrancó la poca felicidad que me quedaba en ese reino, y a pesar de que guardé luto hasta el mismo día de mi partida, lo que se había aferrado en mi corazón no era el dolor de la pérdida... era el desprecio, el asco y el deseo de venganza.


"¿Os traicionaros? ¿Os hirieron? O quizá os prometisteis a vosotras mismas una cima inexistente y eso... ¿os frustró? ¿Os ansió, os causó deshonor? Pensad... ¿Qué sentimiento os nace? ¿Es odio, es ira, es amor? Detrás de ese sentimiento está el momento exacto."
Respiré profundamente de nuevo. Vael era, como quien dice, un amigo muy reciente. Uno al que apenas había empezado a conocer, uno del que realmente no sabía nada. Pero él lo sabía todo de mi, porque era parte de mi. Había surgido de mi interior, de lo más profundo de mis emociones, de mi fuerza, de mi ímpetu. Yo debía ser suya y él debía ser mío.
Y sin embargo... ¿por qué no se sentía así?

¿Qué sentimiento surgía dentro de mi? La respuesta estaba casi automatizada. Ya no la pensaba nunca. Las sonrisas salían solas. Los gesto de cariño salían solos. Las buenas intenciones salían solas.
Pero... ¿y si había algo más? ¿Algo que el paso del tiempo había ido enterrando en lo profundo? ¿Algo que chocaba de lleno con la mujer que pretendía ser?

"Qué sentimiento os nace?"
Rabia... frustración... inquina...
Algo dentro de mí vibró sutilmente. Una tenue y parpadeante calidez. Su sombra emergió en mi oscuridad y sus ojos brillantes se hicieron eco en aquella ilusión. Vael... Estaba ahí, mirándome, observándome como siempre... pero ahora la expresión de aquellas esferas blanquecinas era diferente. ¿Curiosidad? ¿Esperanza?

"Profundizad ahí. Abrazadlo. Dejad la mente en blanco ahora y sólo regocijaos en esto que habéis descubierto. Es vuestro. Tenéis que aceptar el por qué."

Abrí los ojos y me quedé mirando la cimitarra. Había muchas verdades sobre mí misma que todavía debía descubrir, y muchas otras que, en el fondo, ya sabía y debía de aceptar.
El dolor por perder a Dhalia se me había estado atragantando durante el último año... las dudas sobre mi fe... el miedo a fracasar...
Ahora sabía que Vael nunca se comprometería conmigo hasta que yo no me aceptase de verdad. Por completo. Sin mentiras. Sin adornos. Sin apariencias.


Alguien una vez me dijo que debía endurecer mi corazón.
Ahora sé que tenía razón.


Offtopic :
Muchas gracias a @Brokilon por el rolcillo. Sarita ya está preparada para la siguiente fase :)
 
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Meivel

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FE

Hay hilos que se rompen.

Quizá es el destino, haberlos forzado hasta el límite o simplemente sucede "porque sí". Pero se rompen. Y una vez rotos ya no pueden recomponerse.
Hay preguntas que se quedan en el aire, rezos que nunca obtienen respuesta, súplicas que se ahogan en lágrimas silenciosas...​

minisarita.jpg

De jovencita solía rezar mucho. Pedía por mis padres, por la herrería, por el mundo... Creía que la fe era algo importante, lo que me sostendría en el futuro, lo que me daría fuerzas para seguir, determinación...
Cuando me hice adulta ya era habitual verme en el pequeño templo de Helm del barrio contiguo, con las manos unidas y los ojos cerrados. Todo lo que sentía, lo que albergaba en mi corazón era puesto en manos del Vigilante, en su juicio... nunca obtuve respuesta pero aquel desfogue hacía que me sintiese bien, hacía que mi cuerpo y mi mente se reiniciase.

Entonces Dhalia murió y por más que volqué mi tristeza y mi angustia en aquel templo, por más que dejé salir las lágrimas ante sus sacerdotes, por más que luché por no romperme, el reinicio no llegó.
Ese día, la tristeza, la rabia y las dudas no se fueron y el dolor en el pecho y la sensación de vértigo no se desvanecieron.
Ese día, necesité de verdad que llegase una respuesta... pero lo único que obtuve fue silencio.

Pensé, entonces ¿Qué hacía allí en realidad?
Mi fe nunca había sido mía. Mi padre era Helmita, mi madre era Helmita... tenía sentido que yo también lo fuera. Era, sin duda, lo que se esperaba de mí y por eso acogí su dogma, sus valores, sus principios y los hice míos. Crecí, maduré y viví bajo aquellas creencias. Sin dudas, sin preguntas.

Pero traicioné a Dhalia... lo hice porque en ese momento creí firmemente que había que ser fiel a lo que éramos, había que proteger a los heridos, a aquellos niños que lloraban llamando a sus padres... Traicioné su confianza y la perdí.
¿Qué consuelo iba a encontrar en ese templo?​

saratemplo2.jpg


Ahora ya no rezo. Llevo casi dos años sin hacerlo.
Al principio, cuando llegué a Amn, me acercaba a la capilla de la Orden del Guantelete. Allí tienen un discreto altar. Me sentaba en los bancos y dejaba la mirada perdida en algún punto a lo lejos. Quizá por costumbre, quizá porque creía que allí se sentiría distinto, quizá porque pensaba que así podría volver a conectar con ella.
Pero el silencio seguía allí, constante, perpetuo, rotundo.

Cuando Kharram murió, dejé de ir. Ese estúpido enano se había entregado a la muerte por una causa que ni si quiera era suya... Tenía tanto por vivir, tanto por descubrir... pero su Dios decidió que había llegado su hora... a Clangeddin no le importó su energía y su vitalidad, su coraje, su felicidad...
Igual que a Helm no le había importado la vida de Dhalia...
Igual que no le importaba yo...

No he vuelto a ir a esa capilla... de algún modo siento que ya no pertenezco ahí. Mi pecho se siente pesado, frío y, sin embargo, la bruma en mi mente parece ir diluyéndose.​
 
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Meivel

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LOS THALVARNE


- Ahora, te ofrezco algo.

La voz de Liam sonó como un susurro en medio del Alandor, pero yo la sentí intensa, profunda.
Me habló de los Thalvarne. No es que el nombre me resultara ajeno, Kraven y él los mencionaban a cada poco, pero aquella vez fue distinto.

Me habló de algo más que una simple cofradía de mercenarios, algo más que un grupo de compañeros de armas. Eran una familia. Viajaban juntos, luchaban juntos, se fortalecían juntos... forjando un vínculo tan ciego y estrecho que incluso en los silencios se entendían.

De pronto, sin darme cuenta, el pomo de esa puerta acababa de girarse.
Nunca me había considerado una mercenaria. Cobrar por ayudar a los demás se me antojaba extraño, distante... Desde que era joven mi mano se había tendido sin reparo a cualquier causa que entendiese justa. Mi escudo protegía sin condiciones y mi arma era blandida para defender y derrotar a aquellos que iban en contra de lo que creía.

Pero en ese momento, con todo lo que se me venía encima, los dolores de cabeza, las noches en vela, el torbellino de pensamientos intrusivos, la opresión en el pecho y esa falta de aire que llevaba dekhanas torturándome... ver la mano de Liam tendida hacia mí lo cambió todo. Una sola pregunta quedó flotando en el aire: ¿por qué no?
Eran tiempos de cambio, lo sabía. Estaba redescubriéndome, mirándome en lo más hondo, dejando que mis sentimientos más sinceros saliesen, tratando de encontrarme a mí misma sin expectativas.
Solo había alguien que siempre me observaba, dispuesto a retirar su lazo si volvía a mentirme a mi misma... Vael...

Mientras Liam esperaba mi respuesta le busqué dentro de mí. Vael se había convertido en mi voz interior, en la máxima representación de quién era yo en realidad. Ya no sólo era mi ki, no solo era mi energía, se había convertido en mi alma, en mi espíritu, en mi ser.
Sentí que esa parte de mí que le correspondía vibraba con intensidad. Vael lo deseaba. No porque convertirme en mercenaria fuese algo bueno o ideal, sino porque suponía un reto, un cambio más intenso, un giro inesperado en mi acostumbrada rutina.
-Nunca me he considerado una mercenaria... pero son tiempos de cambio... Ser una Thalvarne será toda una aventura -Liam sonrió, de esa forma afilada que acostumbraba, mirándome a los ojos midiendo mis palabras.
- Hablaré con Kraven, entonces. Le diré que estás dispuesta.


Kraven apareció un par de días más tarde. No nos habíamos visto desde la Fiesta de la Alegría, pero él tiene ese don, da igual la distancia o los meses, cuando reaparece es como si solo hubieran pasado unas horas desde la última cerveza compartida y aquella charla despreocupada.
Ser una Thalvarne no sería tan fácil como que me dieran un broche o una palmadita en la espalda. La cofradía era realmente importante para Kraven y, a pesar de que hacía ya tiempo que nos conocíamos, necesitaba estar seguro.
Seguro de mí, de mi compromiso, de mis intenciones. Seguro de que podía convertirme en un pilar importante, en alguien de valía para ellos y no en alguien que terminase por quebrarse y arriesgar la estabilidad de lo que había construido.

Hablamos largo y tendido. Hablar con él siempre era fácil.
Kraven era cercano, pausado y discreto. Nunca me decía las cosas de forma directa, le gustaba hacerme pensar, hacerme meditar, sembrar la semilla para que fuese yo quien la hiciese crecer.
Me gustaba estar con él, el ambiente se relajaba. No había tensión, ni expectativas, ni respuestas correctas o incorrectas. Con él todo fluía.

Sé que sigue evaluándome. Me ha medido en palabras y en combate. Sabe que estoy dispuesta a cruzar esa puerta, pero abrirla por completo le corresponde a él. Así que mientras espero, paciente y calmada, a que tome una decisión definitiva, me limitaré simplemente a disfrutar de su compañía.

Los Thalvarne.jpg
 
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Meivel

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VERDADES
Sin título2.jpg


-Dime Sara... de qué sirve obedecer si te estás rompiendo?

El aire volvía a faltarme.
Desde que había empezado a recorrer aquel camino de cambios y decisiones me costaba más esfuerzo respirar. El hormigueo en los dedos que Vael me provocaba se desvanecía cada vez que mi mente o mi corazón dudaba. Cada vez que me quebraba, cada vez que la incertidumbre se apoderaba de mis pensamientos, cada vez que no era sincera.

Ya era capaz de percibirlo y, por eso, cuando Kaelyra formuló aquella pregunta, las palabras que obtuvo como respuesta hicieron que el cosquilleo desapareciese. Quizá se dio cuenta del cambio en mi expresión, o quizá no, pero continuó hablando y lanzando preguntas al aire. Sus creencias eran firmes, ella tenía claro lo que albergaba en su interior. No hablaba altiva ni superior, tan solo seria... más seria de lo que nunca la hubiese visto.
Al final, toda conversación terminaba en el mismo sitio... Dhalia. Mi tara, mi fracaso... mi lastre.

-Dudas... y aún así finges firmeza... pero te rompes. Eso te hace débil, Sara.

Débil. En las últimas dekhanas no eran pocos los que habían utilizado esa palabra.
¿De qué servía la fuerza bruta, de qué servía tener buenas piernas para aguantar los golpes en el escudo, buenos brazos para sesgar una vida con la cimitarra, si luego el corazón era frágil?
Recordé las palabras de Liam, tiempo atrás... "Debes fortalecer tu corazón". Tenía razón entonces y la seguía teniendo ahora. Era débil porque mi mente estaba atiborrada de dudas.
Dudas sobre quién era yo. Dudas sobre qué quería en el futuro. Dudas sobre qué esperaba conseguir.... Pero ¿eran dudas o era miedo?
Miedo a fracasar... a volver a fallarle a alguien... al dolor... a la pérdida...

Dhalia... todo volvía siempre a ella.

-Estás atada, Sara... deshazte de esas cadenas y verás quién eres de verdad.

Sabía lo que Kaelyra buscaba. Una brecha, una fisura, por pequeña que fuera. Algo lo suficientemente palpable para aferrarse a ello y atacar. Mi fe se había quebrado, mi corazón estaba obstruido y mi mente bloqueada. ¿Cómo podría salir de ese estado sin despedazarme a mi misma?

- Podrías ser algo más que una guardiana cansada...

Si... estaba cansada, ahí tenía razón. Me esforcé mucho por no derrumbarme al escucharla. Tan segura, tan consciente. ¿Cómo podía ser que una muchacha tan joven hablase con aquella serenidad? ¿Cómo podía ser, la mujer que tenía delante, la misma jovencita loca y alborotada de cada día?
Kaelyra era realmente madura, aunque ahora comprendía que esa madurez, esa seriedad en sus ojos, esa entereza que desprendía sólo la dejaba mostrar cuando ella quería.
Ahora era uno de esos momentos, quizá porque, después de todo, deseaba que yo dejase de sufrir... o de engañarme a mí misma.

- No tienes que estar siempre vigilando, hay otros caminos. Libérate de las cadenas, libérate de esa carga. Siente lo que realmente eres.


Horas más tarde mis ojos estaban clavados en el techo de mi habitación. Yo solo quería ir a por resina y la voz de Kaelyra se había clavado profundamente en mi mente.
¿Quién era yo? Saravel Quora...
La hija de un herrero, que no había querido seguir el negocio familiar;
La hija de dos Helmitas, que no había querido negarse a rezar;
La pupila de un guerrero, que no se había atrevido a decir que quería ser algo más que escolta;
La amiga para siempre, que fracasó.

Esa noche el sueño no vendría. Demasiadas palabras, demasiadas promesas, demasiados golpes... esa noche incluso la bruma en mi interior se sintió vacía, sin ganas, sin fuerzas... y el hormigueo volvió a desaparecer.​
 

Meivel

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FASE DE CONOCIMIENTO

fase2.jpg

El sonido de los golpes contra el estafermo resonaba en el bosque junto a la entrada al Claro del Eldath. Tark se apartó para dejarnos sitio a Evelyn y a mí. El primer día habíamos descubierto el origen de nuestro ki, pero hoy nos preguntaba si nos costaba llegar a él.
Depende del momento –contesté–, si estoy en pleno combate me cuesta concentrarme.
No necesariamente –respondió Evelyn–. Aunque dependiendo de la situación es más difícil de hacerlo fluctuar.

Tark, con su voz callada y profunda, nos explicó que era normal confundir los sentimientos habituales del combate con la energía que queríamos usar a nuestro favor. Nervios, miedo, expectación, coraje, ira... esos eran sentimientos de los guerreros sencillos. Pero nosotros, nos dijo, éramos mucho más. Esos sentimientos tenían que estar controlados y lejos de nuestra cabeza.

Nos ordenó enfilar el estafermo. Me puse frente al muñeco, concentrada, respirando profundamente, tratando de ignorar la lluvia o la temperatura que pudiera haber en aquel momento. Evelyn se acercó, tomando el estoque con una naturalidad pasmosa. Alzó el escudo y se puso en posición.
Enseñadme como dais luz al Ki.
Evelyn se movió con rapidez, dando estocadas al aire y susurrando unas palabras. Luego golpeó el estafermo, no fue un golpe contundente, pero logró rasgar la tela del mismo. Yo cerré los ojos por un momento, concentrándome. Inspiré por la nariz y busqué en mi interior esa sombra que me observa en silencio. Al sentirme preparada moví la cimitarra en un gesto elegante, suave, golpeando el estafermo en un golpe lateral ascendente.

Vael... – susurré antes de golpear, una tenue palabra que ya tengo interiorizada desde hace tiempo. La cimitarra vibró y se sacudió con una leve luz blanquecina justo cuando tocaba el estafermo.
Había logrado conectar, pero la sensación fue efímera, como una chispa que se apaga enseguida. Tark nos recordó la importancia de calentar antes del ejercicio. Cuando estuviéramos listas, debíamos hacer lo que nos pedía. Se giró para apoyarse en la piedra, observándonos.

Evelyn, con una orgullosa sonrisa, volvió a atacar al maniquí con un ataque ascendente, dejando fluir el ki por su cuerpo. Yo volví a hacer el mismo ritual, inspiré, me concentré y cuando me sentí lista moví la cimitarra. Esta vez el golpe vino acompañado de un giro de muñeca que hizo girar el arma de forma natural, suave y precisa. Sin embargo, el arma no vibró ni emitió destello alguno.

Sentí la mirada intensa de Vael en mi cabeza, aquella bruma que me observaba y me juzgaba en silencio, decepcionado. Mi mente me traicionaba, seguía luchando contra mí misma, contra mis propias mentiras, mis malas decisiones, mis miedos, mis penas... Había perdido mi fe, la guía que toda una vida me había conducido por la misma senda. Había perdido al amor de mi vida, alejado por mis propias manos en un acto de cobardía. Me había perdido a mí misma, mis deseos, mis ilusiones, mis perspectivas... Me había convertido en una sombra que daba tumbos desorientada sin rumbo.
Podía fingir, podía sonreír, podía decir que todo estaba bien... pero Vael sabía la verdad. Siempre. Y por eso me castigaba sin su poder, no se entregaría a una farsa.

Evelyn cerró los ojos, tomándose unos instantes para enfocarse en el ki de su cuerpo. Alzó el estoque delante de su rostro en una guardia para concentrarse.
Yo me quedé mirando la cimitarra, pensativa. Apreté la empuñadura y volví a cerrar los ojos. Busqué a Vael en mi interior, me guió la primera vez a las respuestas que necesitaba y le pedí que volviera a hacerlo.
Golpeé el estafermo una vez más, musitando su nombre. No invertí tiempo en prepararme, tan sólo me moví y lancé el ataque contra aquel muñeco.
Vael... - pero él siguió en silencio, observándome desde lo más profundo de mi mente.

Ven aquí – dijo Tark entonces, consciente seguramente de mi lucha interna -. Quizá si lo haces contra mí sea más fácil que brote algún sentimiento que contra un saco. La energía fluye a través de sentimientos dominantes. Tienes que transformar la ira, la rabia, la furia del combate en el conductor que libere tu energía. Pareces triste, insegura, ¿desconfiada? Todo eso encierra lo que buscamos. Voy a intentar enfurecerte. Y cuando te hierva la sangre, intentas sacar a "Vael". ¿Bien?

Asentí no sin cierta vergüenza. ¿Tan transparente era? Evelyn nos observaba con una sonrisa. Entonces Tark comenzó a hacerme preguntas sobre KAelyra y mi relación con ella. Me hizo gracia que pensase que había algo entre nosotras. Apreciaba mucho a Kaely, se había convertido en poco tiempo en alguien a quien tenía cariño real. Pero de ahi a tener una aventura... eso era imaginar demasiado.
Evelyn lo sabía, ella me conocía algo mejor.
¿Me permites provocarla a mi, querido?

Evelyn y Sara.jpgEntorné los ojos, aquella sencilla pregunta me hizo ver en su mirada el torrente de agua que se me venía encima. Evelyn no era de las que tenía pelos en la lengua, no se andaría con rodeos, iría de lleno a la peor herida.
Y vaya si lo hizo. Me echó en cara mi indiferencia hacia Zyon, el haberle dejado solo en un mometo terrible, el haberme ido sin darle explicaciones. Me ataca una y otra vez con palabras envenenadas que esconden, posiblemente, un resquemor real. Al fin y al cabo, son sus padres y yo he roto el corazón de su hijo.

Pero ellos no lo entienden. Ellos no lo saben. Nadie sufre más que yo el haberle traicionado de aquella forma. El haber sido egoísta y cruel... A pesar de todo trato de mantener la compostura, de defenderme, de no venirme abajo. Tark lo nota, y quizá por eso lanza su última carta.
Me señala mi tatuaje, el símbolo de la eternidad de mi muñeca.
El tatuaje es una promesa – respondí sin dejar de mirar a Evelyn -, de mi fracaso y mi penitencia eterna.
¿Por tu amiga muerta...? – me espeta Evelyn, sabiendo exactamente qué tecla pulsar.
No hay tiempo, no hay control. Me lanzo a por ella sin miramientos. Suelto el arma, el escudo y trato de atraparla por la pechera. Evelyn esquiva mi movimiento, rasgándome la cara con su estoque. No me importa el dolor. El arranque de ira que me consume me hace olvidar todo lo demás. Mis ojos se han endurecido y busco golpearla.

Tark interviene, sujetándome lo suficiente para impedir que golpee libremente, pero no me detiene por completo, dejando que aquel sentimiento que tan fuertemente florece vivo. Evelyn, al ver mi estado, me provoca aún más:
¡Toma tus armas! ¿Qué piensas hacerme a puño descubierto, doncella de seda...?!

Empujo a Tark, cabreada. Me agacho a recoger mi arma y me lanzo de nuevo a por ella. Golpeo, apunto, esquivo, rabiosa. La rabia en mi interior toma forma, siento algo que no he sentido antes. No hay concentración ni tiempo, tan solo grito:
¡Vael!

Un poderoso estallido de energía fluye a través de mí, canalizándose en mi cimitarra. La luz blanquecina ilumina la escena, vibrando con intensidad. Ella también golpea aprovechando mi descuidos, no busca hacerme daño pero sí mantenerme rabiosa. Nos peleamos durante algunos minutos, quizá horas, quizá una vida entera... sólo Tark sabe el tiempo que nos permitió combatir hasta detenernos.
Solo cuando el aire cargado a mi alrededor se redujo y mi corazón dejó de latir con fuerza, fui consciente de lo que había sucedido. Mis ojos se clavaron en Evelyn durante unos segundos y, entonces, se llenaron de lágrimas. No había llanto, solo rabia y culpabilidad. La miré dolida por sus palabras, por sus reproches, por su veneno afilado... aunque también agradecida, consciente de que, aunque sus preguntas habían sido crueles y buscaban herirme, de alguna forma su mirada me hacía saber que no las pensaba.

Esta es la fase del conocimiento – sentenció Tark -. Ahora ya sabéis cómo exteriorizar vuestra energía. Practicad, entrenad y meditad. Nos veremos en la fase de guía.





Horas más tarde, tirada en la cama de la posada, sentí que mi corazón se apagaba. Vael seguía ahí, observándome en silencio, resignado. Sentía mi dolor, sentía mi angustia, pero también sentía mi deseo de volver a brillar, de recuperar lo que había sido. Aquella chica sencilla, loca y sonriente que pateaba altares en las profundidades de las montañas.
¿Qué me había ensombrecido? ¿Qué me ataba a aquella tristeza constante? ¿Qué me hacía incapaz de avanzar?


Dhalia...


Siempre era ella...


Alcé el brazo y miré mi muñeca. El tatuaje seguía perfecto, como si los años no hubiesen pasado. Una marca que me recordaba día tras día mi fracaso, mi penitencia, mi dolor...
Vael se removió en mi interior y entonces lo vi. Lo supe.
Mi carga era ella. El peso que me oprimía, que no me dejaba avanzar, que no me permitía ser feliz.

Debía pasar página. Debía liberarme de aquella marca y dejar que Dhalia se fuese. Para bien o para mal.​
 

Meivel

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LAS ASCUAS QUE RESURGEN

El silencio de Nashkel comenzaba a romperse con los primeros rayos de sol. Me desperté despacio, con el roce de la sábana sobre mi piel desnuda y el peso de una realidad que todavía me parecía un sueño. Al intentar buscar el calor de Zyon a mi lado, mi mano solo encontró el hueco vacío y las sábanas revueltas, todavía templadas.

Me quedé quieta, de costado, mirando ese otro lado. En esa cama se había quedado grabada la última noche, una tormenta de pasión, deseo y una añoranza que nos había desbordado a los dos. Había sido la necesidad desesperada de recuperar el tiempo perdido, de borrarnos mutuamente el frío de los meses de distancia. Había sido real y dolorosamente hermoso.

Sonreí sin poder evitar que el rubor sonrojase mis mejillas. Recordar las manos de Zyon recorrer de nuevo mi cuerpo hizo que me estremeciese y la carne se erizase una vez más. Sin embargo, a pesar de que el recuerdo de lo vivido durante la noche estaba aún latiendo con fuerza en mi interior, un torrente de emociones desalentadoras me golpeó el pecho sin previo aviso.

Me invadió una culpa asfixiante. Recordé el día en que me marché, el sonido de mis propios pasos alejándose y los remordimientos por haberle roto el corazón a la única persona que siempre había estado ahí. Durante mucho tiempo arrastré el miedo atroz de haber tirado aquella vida por la borda, la duda de si ya era demasiado tarde. Cuando me di cuenta de mi error, el temor a que él no quisiera darme otra oportunidad casi me paralizó.

No me habría extrañado que me hubiera cerrado la puerta. Tenía todo el derecho a hacerlo.

Pero no lo hizo. A pesar de que su rostro estaba marcado por el dolor y la desconfianza, me tendió la mano y eligió apostar una vez más por nosotros.

Hundí los dedos en su lado de la cama. Al recordar la calidez de sus manos, la urgencia de sus besos y la verdad en su mirada, una oleada de felicidad pura me llenó los ojos de lágrimas. Había recuperado ese amor limpio, ese refugio al que nunca debí darle la espalda.

Zyon se había vuelto a entregar por completo, lo sabía, lo había sentido en cada caricia. Pero no era tonta. Sabía perfectamente el daño que le había hecho, y era consciente de que las heridas del alma no se cierran solo con una noche de pasión. Tardarían en sanar.
Me prometí a mí misma, en la intimidad de ese amanecer, que me esforzaría cada día de mi vida por demostrarle lo terriblemente importante que era para mí. Ya no habría más dudas ni más huidas.


El olor a tabaco me llegó flotando desde el balcón. Me destapé y cubrí mi cuerpo desnudo con un camisón ligero. El frío de Naskhel se calaba a través de él pero mi corazón ardía con tanta euforia que no me importó. Me vestí despacio, sin prisa, saboreando la calma que empezaba a ganarle terreno a la culpa. Caminé descalza hacia el balcón y empujé la puerta de madera.

Allí estaba él, de espaldas, fumando en silencio mientras observaba el despertar de la ciudad. Me acerqué por detrás, rodeé su cintura con mis brazos y apoyé la mejilla en su espalda, respirando su olor. Cuando Zyon se giró, con esa mirada que solo me dedicaba a mí, me puse de puntillas y lo besé. Rodeó mi cintura apretándome contra él, respondiendo a aquel sencillo beso, pausado, sincero, lleno de promesas mudas y de un amor que ya no volvería a quebrarse.​

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Meivel

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FASE DE GUIA

La noche ya se había instalado por completo cuando finalmente alcancé Agujas de Oro. A lo lejos las figuras de Tark y Evelyn esperaban sobre la estructura del puente. Sabía perfectamente lo que significaba aquel momento, era la última prueba, la última fase. Si lograba superar este obstáculo y dominar la técnica, el vínculo con Vael se consolidaría de forma definitiva, permitiendo que el ki fluyera por todo mi cuerpo de manera limpia y sin ningún tipo de resistencia.

A diferencia de ocasiones anteriores, la ansiedad no hizo acto de presencia. Durante las últimas dekhanas, las constantes inquietudes que solían turbar mi mente habían terminado por asentarse sobre una base firme. Había aceptado los cambios y estaba dispuesta a enfrentarme a ellos sin remordimientos.

Recordemos las fases —declaró Tark con voz firme cuando los tres nos sometimos a la arena—. La fase de conflicto, la primera de todas, fue una fase de introspección, de aprendizaje personal, de recorrernos por dentro y conocer algo que no sabíamos que vivía en nosotros.

Reviví aquella clase en un parpadeo. Todo comenzó en aquel acantilado. Los miedos, las dudas, el dolor. Descubrir el motivo de mi estancamiento, de mi bloqueo mental y emocional fue más duro de lo que hubiese pensado. Me sentí débil. Me sentí indefensa... porque comprendí que por muy entrenado que esté tu brazo, si tu corazón tiembla, caerás.

La fase de sabiduría —continuó Tark—. La fase del conocimiento. En esta fase no solo fuimos conscientes de aquello que había en nuestro interior. Fuimos capaces de reconocerlo y de aceptarlo.

El tiempo entre clases se me antojaba largo, pero ahora comprendía que ese espacio entre una fase y otra era necesario para poder interiorizar lo aprendido y asimilar los descubrimientos. Durante los días que practiqué la fase de sabiduría, percibí a Vael con mayor intensidad, no en mi arma sino en mi corazón. Él deseaba que fuésemos uno, podía sentirlo. No era simple fuerza bruta, no era músculo... era la energía que me recorría de pies a cabeza, lo que me impulsaba, lo que me ayudaba a respirar, a moverme, a pensar, a ser quién era... Vael era yo y yo era él.

Hoy recorremos la fase de guía. Ya conocéis vuestro ki y deberíais de haberlo hecho parte de vosotras. Debéis de poder evocar esa energía hacia vuestros combates, aunque sea de manera torpe —Tark desenfundó la espada y el escudo y clavó su serena mirada en mi—. Ahora quiero que te concentres, Saravel, y la saques contra mi. Evelyn te ayudará a extraerla cuando tengas dudas. Quiero que seas capaz de hacer fluir el ki por tu cuerpo y que, al menos, tres veces se manifiesten en tu cimitarra.

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Acepté el desafío de inmediato y sin vacilar, plenamente consciente de que mis ataques difícilmente lograrían vulnerar su defensa. Tark era un combatiente excepcional, un veterano curtido en innumerables batallas que habían moldeado su carácter hasta volverlo tan pragmático como impenetrable. Cada uno de mis movimientos eran anticipados por su mirada atenta antes siquiera de ejecutarlos pero, a pesar de la abismal diferencia de nivel, la satisfacción se dibujó en su rostro al comprobar cómo Vael acompañaba con precisión el impacto de aquellos tres golpes que pedía.

Ha llegado el momento de poner todo esto a prueba en una situación de combate real —concluyó Tark al dar por finalizada la sesión, satisfecho por los resultados.


Zarpamos con las primeras luces del amanecer. La suerte nos sonrió durante la navegación, regalándonos un trayecto apacible sobre aguas tranquilas. Sin embargo, aquella serenidad demostró ser solo un espejismo que se quebró de forma violenta en cuanto desembarcamos en la isla. Aunque había escuchado multitud de historias sobre los descomunales gorilas blancos que habitaban la zona, la teoría quedaba totalmente desbordada al contemplar su envergadura en persona, encajar la fuerza bruta de sus arremetidas y resistir la presión del choque directo.

Durante las intensas horas que permanecimos en aquel territorio hostil, no hubo el menor margen para el titubeo. Aquellas bestias atacaban con una determinación implacable. Si bien el primer grupo de simios fue pillado por sorpresa, nuestra irrupción no tardó en resonar por toda la vegetación. El rastro del sudor y la sangre no tardó en propagarse hasta la parte más profunda de la jungla, atrayendo al líder de la manada, que aguardaba en el corazón de la isla impulsado por un ferviente deseo de venganza.

En medio del caos del combate, la energía de Vael se sintonizó a la perfección con mis movimientos. Al mismo tiempo, Tark y Evelyn desplegaron una maestría impecable en el manejo de su propio ki. Combinando la efectividad de nuestras armas, logramos asestar los golpes definitivos para derribar al simio gigante, dando por concluida la amenaza y la evaluación.

Has superado con éxito la fase de guía —afirmó Tark mientras recuperaba el aliento—. Tu ki fluye ahora en perfecta armonía contigo. Has dejado de verlo como algo ajeno y has pasado a controlarlo. Mantén la disciplina, sigue entrenando y perfeccionando tu técnica. Por mi parte, mi labor como instructor ha concluido.

isla.jpg


Offtopic :
Mil gracias @Brokilon por ayudarme a enriquecer el rol de Maestro de Armas. Han sido una sesiones muy chulas que han hecho evolucionar mucho a Saravel.
Y gracias @Sacredlilium también por estar siempre dispuesta al rol y ayudar a Sarita a dar lo mejor de ella.
💗💗💗💗
 
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Meivel

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PROMESAS

El viaje de vuelta a Aguas Profundas se me hizo eterno. Hacía demasiado tiempo que no pisaba la Ciudad de Esplendores, pero al cruzar el umbral de mi antigua casa sentí como si nunca me hubiera ido. El abrazo de mi madre fue apretado, lleno de ese reproche cariñoso que solo ella sabe darme cuando paso demasiado tiempo lejos.

Entre cenas familiares y reencuentros con mis amigos de toda la vida, las conversaciones fluían entre risas y nostalgias. Pero cada vez que me preguntaban por mi vida, mis ojos terminaban buscando el sur. Les hablé de Amn, de los caminos polvorientos, de las aventuras y, sobre todo, de Zyon. Les hablé de él no solo con palabras, sino con la forma en que mi mano buscaba instintivamente mi muñeca izquierda cada vez que pronunciaba su nombre.

PULSERA_SARAVEL.jpgAhí estaba siempre su brazalete. Esa pulsera de cuero grabada con una V y escamas rojizas incrustadas que brillaban si les daba la luz del sol.
Hace muchos meses, me regaló una pulsera sencilla. La guardé con cariño y con cautela, incluso en los tiempos más oscuros entre nosotros. Cuando se marchó a enfrentarse al apóstol Vaprak se la entregué como símbolo, para que, de alguna forma, me llevase con él.

Al regresar, había modificado la sencilla pulsera, creando la maravilla que me devolvió. Una prenda modesta en apariencia pero cargada de aquella promesa que tanto nos fortalecía. La promesa de que siempre volvería a mi.

Se había convertido en mi bien más preciado, en mi amuleto. El ancla invisible que me mantenía unida a él ahora a pesar de los cientos de millas que nos separaban.


Mi primo se casó en un claro a las afueras de la ciudad. Estaba precioso decorado, repleto de flores frescas y con la luz del sol filtrándose por los árboles. Ilenya, la elfa con la que se casaba, estaba preciosa. Mientras los veía intercambiar sus votos frente al altar y escuchaba el murmullo emocionado de los invitados, sentí un nudo extraño en el estómago.
Fue una mezcla dulce e intensa, una ráfaga de envidia sana, un pellizco de nervios y una ilusión desbordante que me encendió por dentro. Casi sin darme cuenta, me descubrí acariciando suavemente la pulsera de Zyon.
En ese preciso instante, supe que el deseo de regresar ya no era solo un plan, sino una necesidad imperiosa.


El camino de regreso a Amn se me hizo infinitamente más corto. Cada milla recorrida era una cuenta atrás para volver a ver sus ojos.
El reencuentro con Zyon fue todo lo que me había sostenido durante las noches en Aguas Profundas, cálido, sincero y lleno de esa complicidad que solo nosotros entendemos. Pero noté en él un brillo juguetón en la mirada, una inquietud contenida que no pudo disimular por mucho tiempo.
Tengo algo que enseñarte —me dijo, tomándome de la mano.

Me guio pacientemente hacia las afueras del campamento Verdelinde, hacia el norte, siguiendo el camino. Nos desviamos tras cruzar la zona boscosa y entonces la vi. Una caravana de madera firme, bellamente ensamblada, con detalles pulidos a mano y ese aroma fresco a madera trabajada con esmero. Mientras yo estaba de viaje, Zyon no había descansado ni un solo día. Había convertido en realidad el sueño del que hablamos aquella noche en la playa, mientras bebíamos, reíamos y el dolor de habernos separado quedaba relegado al olvido.

Me quedé sin aliento. Pasé los dedos por la superficie de la madera, sintiendo la solidez de lo que sus manos habían construido. Era modesta, pequeña y acogedora. Era perfecta.

Dijimos que construiríamos un hogar —escuché que musitaba detrás de mí mientras me abrazaba.

Me giré hacia él y sentí una felicidad tan pura y especial que creí estar en un sueño. Ya no necesitaba mirar hacia Aguas Profundas ni soñar despierta con altares lejanos. Por fin teníamos un techo propio sobre ruedas: nuestro hogar para resguardarnos de cualquier tormenta, seguir fortaleciendo nuestro amor y empezar, al fin, a crear nuestra vida juntos.​

caravana.jpg
 

Meivel

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LUNA LLENA

Vuelvo a estar aquí. Es el mismo sueño, el que se repite como una marea silenciosa desde hace noches, justo cuando mi mente se rinde al cansancio.

Me "despierto" en mitad del bosque Alandor. No recuerdo cómo he llegado, ni qué hora es. El aire está cargado y me cuesta respirar. Sobre mí, las copas de los árboles se agitan con violencia bajo un cielo completamente encapotado, amenazando con una tormenta que nunca llega a descargar del todo. Estoy descalza, vestida solo con la ropa ligera con la que me acosté. Siento la tierra húmeda bajo mis pies, y el aire frío que se cuela por el camisón... una sensación extrañamente real para un sueño.
La negrura a mi alrededor es más densa que cualquier noche, oscura y silenciosa, de esas en las que da miedo adentrarse porque sabes que no vas a discernir nada una vez dentro. Es el reflejo exacto de lo que llevo dentro.

Camino sin un rumbo fijo entre los árboles viejos cuando la lluvia comienza a caer sin tregua. No es pausado, ni progresivo... el agua se desploma sobre mí como un cubo a rebosar. Con cada paso, como si el movimiento abriera las compuertas de mi memoria, me asaltan las dudas que me carcomen cuando estoy despierta.
Pienso en Zyon, en el amor limpio y generoso que me ofrece, y un nudo me aprieta la garganta. ¿De verdad soy digna de él? El futuro del que tanto hablamos, la idea de formar una familia y de los hijos que vendrán, me genera una presión asfixiante. Me aterra la imagen que ellos tendrán de mí... frágil, asustada, indecisa...
Pienso en Dhalia, la culpa por haberla fallado me ahoga y el dolor de saber que no puedo hacer nada para enmendarlo es tan intenso como una herida sangrante.
Pienso en las veces que he empuñado la cimitarra y el golpe enemigo ha sido más fuerte, más contundente. En las veces que he tenido que depender de otros para salir con vida de un encargo...
Pienso en Vael, en su mirada fría llena de reproches...

Hubo un tiempo en el que todos mis esfuerzos se dirigían hacia convertirme en un refugio. Alguien de confianza a quien la gente pudiera acudir al sentirse sola, triste o vulnerable. Alguien en quien buscar una palabra de consuelo o un abrazo. Pero aquí, en esta negrura, siento que sigo caminando a tientas, sin norte, sin rumbo, cargando con el peso de mis propios fracasos.

¿Cómo voy a cuidar de otros si aún me pesa mi propio camino? —susurro al viento buscando únicamente un momento de paz.

Y entonces, el entorno cambia de forma imprevista.

A pocos pasos de mí, entre la maraña de árboles, aparece una chispa. No es un fulgor mágico ni cegador, sino una especie de fuego fatuo, pequeñito y azulado, que flota a la altura de mis ojos. Su luz es tenue pero constante, como una invitación silenciosa en mitad de la penumbra. Me detengo, contemplándolo. No siento miedo, sino una extraña curiosidad que me empuja a seguirlo.

El fuego fatuo azulado comienza a alejarse, flotando suavemente entre los troncos. Lo sigo con los pies descalzos sobre la maleza, sintiendo que su pálido destello me marca un sendero sutil entre la oscuridad. A medida que avanzo tras él, el frío de mis dudas parece templarse. El temor a no ser suficiente para Zyon, el miedo a no poder proteger a los míos, la angustia por quedarme sola...todo comienza poco a poco a diluirse en la quietud que empieza a rodearme.

Guiada por la inercia de ese pequeño faro, llego a la linde del bosque. Frente a mí se abre un lago sereno, cuyas aguas oscuras permanecen ajenas al viento de la tormenta que agita los árboles. Cerca de la orilla, una pequeña embarcación flota en calma, meciéndose apenas con el rítmico vaivén del agua.

El fuego fatuo se detiene sobre la orilla por un instante. Me mira, o eso siento yo, y luego, con un movimiento grácil, se sumerge en las aguas oscuras del lago. Me quedo inmóvil, observando cómo las ondas se expanden en círculos perfectos sobre la superficie negra.

Espero a que el agua se calme, a que las últimas ondas se desvanezcan. Y entonces, allí mismo, en el punto exacto donde desapareció el fuego fatuo azulado, aparece algo más, un reflejo de algo que brilla en el cielo. Las nubes de la tormenta parecen haberse abierto en un quiebro fortuito del viento justo encima del agua. Desde lo alto, una luna llena, inmensa y blanca, se corona en el firmamento.

Su brillo plateado desciende sobre el lago y baña mis manos tendidas, rompiendo la oscuridad por unos instantes. Me quedo allí, inmóvil mientras la brisa trae consigo una voz melodiosa que susurra mi nombre. En la inmensidad de aquella noche, mojada todavía por la lluvia que me había azotado en la espesura, miro fijamente la luna llena y siento, por primera vez en mucho tiempo, una paz real. Una calma extraña, sin respuestas ni certezas, pero absoluta.​

lago.jpg




Me despierto de golpe.

La habitación está en penumbra y el aire está quieto, lejos de la tormenta del Alandor. Noto el peso cálido de unas sábanas de verdad y, al intentar moverme, me doy cuenta de que no estoy sola. Zyon está a mi lado, con un brazo rodeándome la cintura, pegado a mí en un abrazo silencioso y protector que ahuyenta cualquier resto de negrura.

El olor a tierra mojada empieza a desvanecerse, sustituido por el calor de nuestro hogar. Me quedo muy quieta, mirándole, escuchando su respiración acompasada en la oscuridad del cuarto. Le acaricio el pelo, un gesto que le hace sonreír en sueños. Me acurruco contra él y aspiro su aroma, su cuerpo apacigua el mío y mi corazón se tranquiliza.

Sigo sin saber qué me depara el futuro, ni por qué este sueño se repite desde hace tantas noches... lo único que sé con seguridad es la calma que emerge cuando me despierto, mientras la imagen de la luna llena permanece intacta en mi mente.​
 
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