Y se acostó con Dios, creyendo haber encontrado la paz, pero al despertar, fue el Diablo quien le susurró al oído, recordándole que a veces nuestros demonios conocen mejor nuestros deseos que nuestros propios sueños.
¿Y si al final, el Diablo no vino a tentarnos sino a mostrarnos quiénes somos en realidad?


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