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La hipocresía como Ley - Por Obara Alghul

Teiglin

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Este relato, puede estar al alcance de cualquier personaje con rasgo erudito en el servidor, ya que es un relato-tesis de Obara que puede ser público, cualquier duda, me podéis consultar por privado.


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Año 1.499 CV - Año de los Secretos del Mar Revelados - Enclave Thayino de Athkatla


He regresado una vez más a mirar Amn con otros ojos. Quizá porque durante demasiado tiempo observé estas tierras desde una posición que ya no me pertenece, quizá porque el tiempo termina enseñando aquello que la ambición se empeña en ocultar. Ya no soy Khazark, ni pretendo recuperar un pasado que pertenece a otro momento. Tampoco tengo interés en vestir mi nombre con una autoridad que no necesito, por el momento. Sigo siendo, sin embargo, un Mago Rojo de Thay, y eso no es un cargo que pueda abandonarse como se abandona una túnica. Es una condición. Una convicción. Una forma de entender el conocimiento y, sobre todo, de comprender el poder. Hoy, en Athkatla, mi posición es distinta. El Enclave dispone de otros intereses, otros hombres y otras necesidades, pero resulta difícil ignorar una evidencia, que mientras otros han desaparecido, marchado o preferido esconder sus ambiciones tras títulos vacíos, yo sigo aquí. Quizá por ello me corresponda ahora una tarea mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más importante; poner algo de cordura thayina en la Urdimbre de Amn.

Algo mucho más elemental. Amn posee talento, recursos y hombres capaces de hacer cosas extraordinarias con la Urdimbre, pero carece de dirección. Cada pequeño círculo protege sus secretos como si fueran tesoros, cada maestro se considera una autoridad por haber aprendido unos cuantos conjuros y aquellos que deberían custodiar el conocimiento han terminado preocupándose más por quién se sienta a su lado que por aquello que se está invocando delante de ellos.

He dedicado buena parte de mi vida a estudiar aquello que otros ni siquiera comprenden y no puedo contemplar semejante desperdicio sin intervenir. Si alguien desea aprender, estudiar, investigar o simplemente descubrir hasta dónde puede llegar la magia, encontrará en mí una puerta abierta. No prometo inocencia, porque sería una mentira. Tampoco prometo seguridad, porque la magia nunca ha sido segura. Lo que sí puedo ofrecer es conocimiento, criterio y la voluntad de llevar una investigación hasta sus últimas consecuencias, más allá de cualquier límite, de la hipocresía.

Y quizá sea precisamente eso lo que más molesta a quienes se han acostumbrado a decidir quién puede estudiar qué y bajo qué condiciones. Resulta curioso observar cómo algunos de los grandes adalides del bien hablan constantemente de principios, leyes y límites mientras miran hacia otro lado cuando esos mismos principios dejan de resultarles convenientes. En Amn he aprendido que la virtud es una mercancía extraordinariamente flexible. Se puede estirar, doblar y guardar en un bolsillo siempre que la ocasión lo requiera. Basta con cambiar el nombre de las cosas para que aquello que ayer era abominable se convierta mañana en una necesidad estratégica. Lo verdaderamente divertido es que quienes más gritan contra la corrupción suelen ser los primeros en aprender a convivir con ella cuando descubren que puede resultarles útil, o tienen miedo de afrontar las consecuencias de enfrentarse realmente a la verdad.

Los recientes hechos en Caravasar fueron, en ese sentido, una demostración particularmente instructiva. La Arcanum Schola, institución que debería representar precisamente aquello que pretende defender, terminó relacionada con individuos cuya naturaleza y lealtades no deberían haber dejado lugar a demasiadas dudas. No hablo de rumores vagos ni de aventureros de reputación dudosa, sino de enemigos conocidos de Murann, incluidos no-muertos y vampiros, Generales y Comandantes con nombres propios en la reciente capitulación de Imnescar, ahora en manos del Lord Brujo y convertida en un Yermo. Es posible, y no sería injusto admitirlo, que algunos de los miembros de la Arcanum que participaron en aquello ignorasen las consecuencias legales o políticas de lo que estaban haciendo.

Pero cuesta conceder la misma inocencia a quienes tienen la responsabilidad de dirigirlos. Resulta difícil sostener una posición de superioridad moral mientras se comparte mesa con aquello que, en otras circunstancias, se condenaría públicamente. Más difícil todavía es hacerlo mientras después se pretende señalar a otros por el simple hecho de practicar una magia que no encaja con sus gustos.
No me escandaliza que Jadzia haya cometido un error. Los errores son patrimonio de todos los mortales y yo mismo he cometido suficientes como para no perder el tiempo enumerando los ajenos. Lo que me resulta interesante es la facilidad con la que algunos son capaces de convertir un error en doctrina cuando les conviene y después exigir a los demás que respeten unas reglas que ellos mismos han demostrado no estar dispuestos a cumplir. Tal vez sea esa la verdadera enfermedad de Amn, no el miedo a la magia en si, sino la falta de honestidad para reconocer qué clase de magia se está practicando y para qué. La Urdimbre no tiene moral. Los hombres sí. Y precisamente por eso resulta tan sencillo corromper a los hombres y tan difícil corromper a la Urdimbre.

No pretendo corregir Amn con una espada ni con una horda de magos rojos, aunque le vendría inequívocamente bien. Tampoco tengo ya necesidad de demostrar a nadie cuánto poder puedo reunir. He pasado demasiado tiempo observando cómo quienes persiguen el poder terminan convirtiéndose en esclavos de aquello que pretendían dominar. Mi interés ahora es otro. El presente es siempre maleable.

Porque quizá el mayor error que han cometido quienes me conocieron en el pasado sea pensar que mi silencio significaba abandono. No lo era. Simplemente estaba esperando a que Amn volviera a mostrarme aquello que siempre ha sido. Una tierra donde todos hablan de orden y leyes mientras alguien, en alguna habitación cerrada, decide qué reglas pueden romperse y cuales no.

Y mientras ellos continúan discutiendo quién o qué tiene derecho a llamarse bueno u honesto, yo seguiré haciendo algo mucho más útil.

Estudiar aquello que los demás prefieren no mirar mientras señalo la hipocresía que me rodea.



Obara Alghul
Mago Rojo de Thay
Archimago y estudioso de la Urdimbre
 
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