Distintas son las voces y rumores que corren por los lugares aledaños a Púrskull y Kalathyr. Nadie parece tener una versión completa de los hechos, pero todos coinciden en una misma certeza: la Llama Eterna no ha sido sofocada, y sus servidores continúan moviéndose entre los caminos, los campos y las sombras de Amn.
Las cercanías de Púrskull parecen algo más seguras, aunque no completamente. Las patrullas realizadas por distintos aventureros han conseguido contener parte del peligro, obligando a los cultistas a replegarse de ciertos caminos y zonas rurales. Algunas de estas partidas han sido encabezadas por
Fery Krill, devota de Sune y figura vinculada a la Liga del Cereal, cuya presencia ha dado algo de alivio a mercaderes, campesinos y carreteros.
También se habla con respeto de las patrullas dirigidas por
Kael Morvain, miembro de la Orden del Guantelete, en compañía del gremio de aventureros y de algunas de las bardos de la eterna melodía, como
Madeleine y Astrid. quienes habrían logrado frenar varias amenazas ligadas a los ya conocidos cultistas de la Llama Eterna. No se dice que el peligro haya desaparecido, pero sí que, donde antes había absoluto temor, ahora existe una vigilancia más firme.
Los enemigos, sin embargo, siguen siendo los mismos: fanáticos de la Llama Eterna, viles en sus métodos y crueles en sus propósitos. No buscan una guerra limpia ni un desafío honorable. Atacan donde el daño pesa más: los suministros, las granjas, los caminos y la moral de quienes todavía intentan sostener la vida común. Para ellos, el fuego no parece ser solo un arma, sino una doctrina.
En las tabernas de Púrskull se comenta que los campesinos duermen con cubos de agua junto a sus puertas, y que algunos graneros son vigilados durante la noche por hombres armados que apenas saben blandir una lanza. Otros aseguran que los mercaderes viajan con más escoltas que mercancías, pues nadie sabe cuándo una flecha encendida puede caer desde la oscuridad.
Mientras tanto, en la fortaleza de Kalathyr,
Roxanne, llamada la Rosa del Alba, ha levantado un hospital de campaña donde se trata a los heridos de las incursiones de la Llama Eterna. Allí llegan soldados, patrulleros, campesinos y viajeros marcados por el humo, las quemaduras y el miedo.
Por ahora, Púrskull vigila sus campos. Kalathyr atiende a sus heridos. Los caminos siguen abiertos, aunque bajo tensión.