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"El sendero del Nigromante"

Alcachofa Frita

Vampiro buceador de lagos
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Capítulo 1: La llegada


Mi vida nunca fue complaciente para mi. Siempre fui alguien incomprendido, raro para algunos... pero nunca ven la mente prodigiosa que poseo.

Mis vivencias en Puerta de Baldur fueron secas, sin ánimo, sin emoción, algo difícil de tragar incluso. Por ello decidí tomar mi propio camino en búsqueda de aquello que anhelo: "Conocimiento" y "Poder".

Sabía que aquí no iba a encontrarlo, solo encontraría cadenas y obstáculos por aquellos que rehúsan comprender. Y por ello marché hacia el sur, tan al sur que tras mi viaje llegué al Reino de las Bestias, Murann.

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En mis primeros días al ver como no-muertos deambulaban por las calles supe que aquí tendría carta blanca a la hora de ejercer mis prácticas, supe que incluso podría llegar a ser bien visto... y tanto que lo fue.

Mis primeros días tuve el privilegio de encontrarme con una entidad Nigromántica, un Liche. Cuya presencia no pudo hacer más que provocar a mis huesos temblar de la emoción por el entusiasmo que aquél ser creado por la nigromancia se hallaba ante mi.

Sus primeras palabras, fueron secas y directas. Me leyó como si fuera un libro abierto y supo en primera instancia que podría ser alguien con potencial. Pero rápidamente, fue rodeado por otros aprendices suyos y me quedé al margen, donde esperé pacientemente a poder tratar personalmente con él hasta que se me otorgó una oportunidad para sorprenderle.

-"Traedme una urna de cenizas de huesos." *Comentó el liche a sus aprendices.*

Aquellas palabras fueron para sus aprendices, no para mi. Vi esa oportunidad y la tomé sin dar una sola duda. Una tarea tan sencilla ha de completarse sin protestas y sin cabida a las dudas o a las quejas.

Rápidamente supe a donde tenia que ir, fui al primer cementerio que tenia en mente y me adentré en aquellas catacumbas. Catacumbas donde en aquellos momentos podrían ser mi perdición por las criaturas que moraban. Pero, como cualquier ser o criatura se la puede obviar si sabes que conjuro has de realizar... no tardé ni cinco minutos en encontrar jarrones funerarios lleno de restos de aquellos desamparados y desgraciados que no tenían riquezas suficientes para descansar en un lecho de piedra, así que al tomar uno de esos jarrones volví mediante mis sortilegios a Murann.


-"¿Tan rápido? ¿Quién eres?".
*Diría el liche.*

Sin duda esa noche sorprendí al liche ya que sus aprendices aún seguian buscando aquel encargo, pero tras una brevedad nos presentemos mutuamente como debía de ser, su nombre: Mortuus. Sin prisas, sin molestias de por medio.

Él se complació y se sorprendió ante mi eficacia y conocimientos en dicho campo y no dudó en querer ofrecerme en ser su aprendiz, algo que rápidamente acepté.


Aquella parada en Murann se volvió más que gratificante para mi, encontré aquello que buscaba y decidí dedicar mi total tiempo a la institución que se me acontecía: La Torre, el Cónclave negro.

Para mi, esto fue el comienzo.
 

Alcachofa Frita

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Capítulo 2: El precio del reconocimiento


Poco a poco fui conociendo a los demás miembros de la Cábala. Llegué incluso conocer a otra entidad No-Muerta y Maestra de la Cábala, la Vampira Miruh.

Fui estrechando lazos con algunos miembros y Maestros de la Cábala. Dediqué mi tiempo y mi dedicación absoluta para sorprenderles. Les mostré mis artes, mis prácticas y mi entusiasmo con aquello que me muestran. Poco a poco fui ganándome su beneplácito.

Vieron en mi un humano con gran potencial, y no es algo que diga yo mismo. Pues, mi trabajo de campo incluso en Murann cada vez iba tomándose más visibles para otras entidades de fuera de la Torre. Incluso llegué en algunas ocasiones a espantar a algunos Amnianos que se adentraron en los bosques de dientecillos acompañado de otras bestias, tomándome como parte de ellos.

Y todo gracias a la "Campaña" que se realizó en Murann… el principio fue duro, la gente desconfiaba en mi por mi procedimiento.

-"Si queréis sanación de mi parte, tendréis que darme algo de vosotros. Un Órgano, tras tu verdadera muerte." *Siempre diría cuando alguien pide mi tratamiento.*

El arte de la nigromancia no se basa solamente en manifestar la Urdimbre o ser conocedor de las criaturas que surgen de ella. Mis mejores recuerdos en mis tiempos con mi anterior Maestro era cuando él mismo me traía cadáveres para que realizara mis prácticas con ellos.

Trinchar, mutilar, trocear, extraer... coser. Un nigromante de verdad ha de saber moldear la carne a su antojo y repararla cuando es necesario. Pues el arte de la lividez lo requería.

Fueron aquellas prácticas, mi conocimiento sobre lo arcano, mis procedimientos sin fallo alguno que fueron acompañados con una educación y entusiasmo claro los que hicieron que con el tiempo fuera reconocido, quien diría que podría encontrar amistades que comprendían y conocen la importancia de mis prácticas y métodos? Simplemente, sublime.

El reconocimiento es algo que todos deseamos dentro de nuestro ser, el sentirse valorado y útil para algo tan grande como un imperio... supe tras aquellos meses que Murann seria mi nuevo hogar.

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Así que no solamente me dediqué a mis estudios y prácticas, di mi sangre y casi di mi vida por el Imperio. Y decidí que no solamente ahora buscaría el conocimiento y el poder que pueda darme las artes oscuras.

Aquellas represalias que tuve tras las batallas y mis vivencias en la infraoscuridad enloquecieron mi mente, marchitaron mi privilegiado cerebro... y las heridas que cayeron en mi cuerpo dejaron de mi a alguien inútil e incapaz de usar el raciocinio.

No fue entonces por la ayuda de quienes me custodiaban y me protegían que tomé la decisión de parar en la campaña... era un peligro para quienes me acompañaban, y fue por ello que decidí marcharme. Tras tantas victorias por parte de nuestra gran labor supe que no me requerirán, sé que es cuestión de tiempo que logremos nuestro objetivo final.

Así que me recuperé, poco a poco. Me traté y me autoimpuse un tratamiento exigente hasta recuperarme al completo. Y con la mente ahora en su lugar y tras tantas semanas de dolencias conseguí sanar mi mente, pero no mi cuerpo. Pues aún se resiente. Y no puedo dejar de pensar en algo que deseo...

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La "Gloria". Ser reconocido y ser una entidad importante dentro de estos muros. Y será algo que conseguiré ya sea en esta vida, o en la otra "Vida". Pues, solamente la muerte verdadera será el obstáculo que tendré, y si consigo el favor del señor de la muerte, Myrkul, sé que no tendré límites.


Solo será cuestión de tiempo en que todos conozcan lo que puede llegar a hacer. He de ser paciente.
 

Alcachofa Frita

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Capítulo 3: La Forja

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Una noche, escuché los gritos de las bestias junto al sonido de los tambores de guerra. Sentí como mi corazón latía con intensidad, y algo se despertó en mí. Sentí la necesidad de volver a hacer aquello que decidí dejar atrás.

El miedo a la muerte ha de ser inexistente para alguien como yo, me negué. Me negué a sentirme como un cobarde que se refugia en su cámara a la espera de que todo pase. No podía permanecer allí mientras los demás marchaban hacia la batalla.

Así que marché hacia la fortaleza para reunirme a mis camaradas.

Descendí con ellos hacia aquella gran forja que me había prometido ver algún día. Atravesamos juntos diversas amenazas y entidades a las que tuvimos que enfrentarnos hasta que, finalmente, pudimos contemplar aquel lugar.

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Era inmenso, podía sentir el peso de los años en aquellas rocas y en aquellos muros. Todo pertenecía a épocas pasadas. El silencio, el polvo... la absoluta inexistencia de vida.

Aquello había dejado de ser algo importante, antes donde seguramente el sonido de la vida llenaría estas salas ahora solo pertenecía a la muerte de ese tiempo.

No perdimos más el tiempo, utilizamos la llave que abrió dichas puertas y las custodias mágicas que protegían el corazón de la forja, y tras abrirlas el olor nauseabundo llegó hasta nuestras fosas nasales.

El hedor de la muerte, del polvo y del hierro inundó nuestras fosas nasales como si fuera una propia advertencia que ignoremos, pues aún así avanzamos.

Y allí contemplemos la forja, inmensa, lleno de estructuras que no comprendíamos. Y en el centro, un trono. Un trono rodeado de calaveras envejecidas de distintos tamaños. Sobre él se encontraba un gigante de piedra, completamente inmóvil, carente de vida.

Analicé la situación y estudié con atención aquella figura, y no tardé en comprender qué era. Recordé en diversos escritos antiguos que había leído sobre seres como aquel: "Gigantes de piedra de una época pasada. Exiliados y derrotados por los enanos. Seres que, tras perderlo todo, tuvieron que abrazar la No-Muerte como única salida".

Supe que aquella criatura despertaría tarde o temprano, así que alerté a los demás y
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nos mantuvimos preparados, aunque no tuvimos que esperar demasiado.

Cuando el gigante sintió nuestra presencia, se escuchó un grito que retumbó por toda la cámara. Se presentó como Ghaurak, guardián de aquella cámara y eterno vigía de sus reliquias, y rápidamente su hostilidad se hizo presente. Alzó su espada contra nosotros mientras mencionaba una profecía.

Una profecía que dictaba que el "Rey Muerto" llegaría, pero no mencionó mucho más. Solo dejó ese mensaje, como si buscara que el temor de su "señor" se mantuviera presente a nosotros en caso que lográsemos sobrevivir y poco después empezó la batalla.

Todos nos enfrentamos a aquella criatura. Fue un enfrentamiento duro, y muchos de los nuestros cayeron, pero lo logramos, Ghaurak murió y su cuerpo explotó en mil pedazos, causando estragos por toda la cámara obligándonos a retirarnos.

Su final provocó un seísmo en la forja y la tierra comenzó a temblar, y trajo consigo el magma que empezó a brotar por la sala, dispuesto a llevarse consigo las reliquias y los recuerdos de aquella época pasada.

No tuvimos más remedio que tomar todo aquello que pudimos y escapar con rapidez, pero lo logramos, completamos aquello que nos habíamos dispuesto y la Gloria como nuestras recompensas y condecoraciones llegaron a nosotros.

Pero como pocos piensan, todo aquello ha de conservarse. No quiero convertirme en aquel que se vanagloria eternamente de viejas batallas y antiguos sucesos. Sé que el reconocimiento no se consigue una sola vez, ha de preservarse y ha de mantenerse.
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Ahora, las calles de Murann, tras la campaña, permanecen silenciosas en cierta medida. Poco a poco, la normalidad comienza a regresar.

Pero he escuchado cosas, palabras discretas. Algo se aproxima, y ese algo es la Guerra. La Guerra por Ímnescar dicen, pero no me importa.

Sea cual sea el lugar donde tengan lugar los acontecimientos, allí estaré. Estaré presente en el campo de batalla, donde podré hacerme oír tanto por mis aliados como por mis enemigos.



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Pero ellos ven la guerra de una forma distinta a la mía. Para mí, como seguidor de Myrkul, el Dios de la Muerte, aquella guerra no significaría únicamente una lucha por un territorio.


Sería mi campo de prácticas, un lugar donde estudiar una vez más la muerte y donde continuar mi ascenso en las artes oscuras.



Porque, cuando la guerra llegue, llenarán nuestras cámaras con los cadáveres y muestras de aquellos que fueron enviados a morir por un terreno que, dentro de unos siglos, no significará nada.
 
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