Vrounston
Enano sin acento ruso
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El dragón se acercaba. Rápido, con vuelo impredecible, y Kael no podía mover las piernas. Era una criatura temible con dientes afilados como espadas, que destilaba maldad por los ojos, escamas brillantes del tamaño de un hombre. Tenía un solo objetivo: devorar al joven escudero. Los compañeros de Kael yacían junto a él, uno boca abajo, otro emitiendo sollozos en posición fetal. Estaba completamente solo. Con el cuerpo temblando por el esfuerzo y sin fuerzas, Kael buscó la espada para alzarla, pero fue en vano: el arma se había perdido en la refriega, no alcanzaba a verla.
La criatura cada vez estaba más cerca. Kael podía sentir su malvado aliento mientras abría las fauces para derramar su incendiario aliento sobre él. Fue entonces cuando lamentó una vez más haberse separado de sir Erik. Malditos gnolls, les emboscaron de noche. Fue una situación demasiado caótica. Recordaba haberse caído de espaldas por un terraplén mientras se peleaba con uno de ellos a puñetazos, sin haber tenido oportunidad de sacar el arma. Después de eso, oscuridad, hambre y sed, vagando de un lado a otro hasta buscar la vuelta a la civilización. Después de eso, una vez más, una serie de malas decisiones siguiendo su forma habitual de tomar decisiones.
Apenas quedaba tiempo. El escudero alzó el escudo de uno de sus compañeros; también había perdido el suyo. Por si fuera poco, el dragón comenzó a brillar y, tras un destello... había dos dragones idénticos, con las mismas ganas de eliminar al intruso y desterrarlo fuera de este plano. Dígase una cosa de Kael Morvain: no era un hombre afortunado. Siendo consciente de que la pequeña rodela apenas iba a servir para nada, cerró los ojos, lamentando sus decisiones una vez más, así como haber fallado el juramento que le hizo a su mujer.
Los breves segundos antes de que el dragón lo aniquilase con su aliento se le hicieron eternos. Pero el momento no llegaba. Tras atreverse a abrir un ojo y después el otro, vio cómo el dragón se alejaba. Tras parpadear, observó que el dragón que se alejaba tenía un palo metido en la barriga. Palo que sostenía un niño mientras se alejaba con su globo con forma de dragón. Miró a sus compañeros de batalla: uno roncaba a pierna suelta, el otro gemía mientras seguía echando saliva por la boca por no tener ya nada más que vomitar. Desvió la mirada a su rodela, una cantimplora que, tras revisar que estaba vacía, desechó. Se miró las piernas y vio una caja encima. Por eso no podía moverse, tenía sentido. Tras apartarla y notar cómo el mundo no paraba de dar vueltas, metió la cabeza en un barril con agua de lluvia, buscando despejarse la cabeza.
Intentando centrarse en algo, divisó a un arcano a lo lejos, con uno de esos sombreros que solo un arcano demente es capaz de ponerse, instruyendo a su silencioso gólem de hierro sobre las aventuras que les esperaban en Maztica. Ambos custodiados por un guerrero silencioso, tan inmóvil que uno se preguntaría si seguía vivo.
Definitivamente, el barril de agua no iba a servir esta vez. Con paso tambaleante se dirigió al Castillo de la Orden del Guantelete. Una vez más, era momento de poner su vida en orden.
Offtopic :
Es mi primer relato, sean buenos y no me insulten mucho por privado ni en el general porfa