El altar de la luna olvidada
Los rumores sobre sombras y lobos esqueléticos en una cueva que albergaba un altar de Lurue se extendieron por todas partes, hasta llegar a oídos del Enclave Esmeralda. No tardamos en organizar una expedición para comprobar qué estaba ocurriendo. Nos reunimos Radix, Zentakor, el Oso Douglas y el gran guardián Boti. Por el camino nos encontramos con el lathanderita Tyberos y un kobold llamado Sniv, que se unieron a nosotros.
Poco antes de llegar a la cueva, nos detuvimos frente a una granja para preguntar si sus habitantes habían notado algo extraño. Como ya sabéis, se me da bastante bien eso de hablar con la gente, así que fui yo quien llamó a la puerta. Me recibió una ancianita muy amable que nos aseguró que no había tenido problemas con el ganado, aunque sí había oído ruidos extraños procedentes de la cueva. También nos advirtió de que, al acercarse, se sentía un frío fuera de lo normal. Le agradecimos la información y continuamos nuestro camino.
Al llegar, comprobamos que la mujer no exageraba. Un frío penetrante nos recibió en la entrada. Nos preparamos con algunos conjuros y nos adentramos en la cueva, que apenas tendría dos metros de altura. Radix tuvo que desmontar de su gran huargo negro y dejarlo vigilando fuera.
Avanzamos por la oscuridad hasta que empezamos a distinguir unos ojos rojos que nos observaban. Primero vimos unos pocos, luego más y más, hasta que una manada de lobos esqueléticos se abalanzó sobre nosotros. Por suerte, íbamos preparados y conseguimos hacerles frente sin que nos sorprendieran demasiado. Después examinamos sus restos, aunque no encontramos nada que nos revelara el origen de aquella aberración.
Continuamos hasta el altar de Lurue, del que emanaba una poderosa energía negativa. Zentakor realizó un primer rezo y, por un instante, el altar se iluminó. Aquello nos dio esperanzas, pero no fue suficiente para erradicar la corrupción. Tyberos y Sniv también intentaron ayudar con sus plegarias, cada uno a su manera.
Entonces escuchamos una risa en la oscuridad.
Fuimos a investigar y Boti entró en el círculo de piedra. De pronto, una sombra lo atacó y, casi al instante, comenzaron a aparecer muchas más. La situación se volvió peligrosa, pero Tyberos desató su magia de luz y destruyó a la mayoría de aquellas criaturas. Del resto nos ocupamos entre todos, luchando hasta que no quedó ninguna amenaza a la vista.
Con la cueva despejada, buscamos alguna pista que nos permitiera descubrir quién había provocado todo aquello, pero no encontramos nada. No queríamos marcharnos sin asegurarnos de que el mal había desaparecido, así que Zentakor y Boti realizaron un largo ritual, rogando a la naturaleza que los espíritus nos ofrecieran alguna respuesta.
Al final, la respuesta fue clara: el mal había sido erradicado y el altar estaba consagrado de nuevo. No supimos quién había profanado aquel lugar ni qué pretendía conseguir, pero al menos habíamos detenido aquella amenaza.
Para terminar, Sniv, clérigo de Selûne, colocó un grifo custodio que nos alertaría si el mal volvía a penetrar en la cueva.
Nos marchamos con más preguntas que respuestas, aunque con la tranquilidad de haber cumplido nuestra misión. A veces no podemos descubrir quién está detrás de la oscuridad, pero eso no significa que debamos permitirle avanzar.
Canción: La luz de Lurue
En la cueva dormía la sombra,
y la luna volvió a brillar.
Cayeron los lobos sin alma,
¡y el altar volvió a despertar!
Que la luz proteja la piedra,
que la noche no vuelva a entrar.
Aunque ignoremos quién trajo el mal,
¡hoy el bosque puede descansar!