Novedades

Los cambios del sendero.

Kellky

Lágrima de mago nerfeado
Registrado
28/2/17
Mensajes
369
LA TEMPLANZA

Freolaff se habia alejado hacia las afueras de Purskull buscando el aislamiento del exterior, donde el sol de la tarde caía con intensidad sobre la hierba humeda. Necesitaba enfriar el cuerpo, pero sobre todo, templar su energia que amenazaba con desbocarse tras las tensiones acumuladas en los caminos. Con parsimonia, se despojó de su prenda superior quedandose a pecho descubierto, permitiendo que la brisa golpeara directamente su piel y alborotara su cabello negro.

Cerrando los ojos el caballero respiro profundamente, buscando el centro de gravedad y concentrando el flujo de su ki. Al exhalar, desató una coreografía marcial de rafagas consecutivas. Sus brazos curtidos y sus hombros masivos se tensaron a presión mientras sus puños vendados y patadas empezaban a romper el viento con una precisión milimétrica. Se movia con tanta velocidad y fluidez que el aire parecia retener el eco de sus movimientos.

Cada flexión y cada impacto en el vacío hacian que la musculatura de su torso, marcada por el desgaste y el ejercicio constante, resaltara bajo una fina capa de sudor.

Deteniendo un puño a milimetros del aire, el pelinegro sacudió la cabeza, permitiendo que su rostro endurecido, cubierto por una barba incipiente de tres días, recuperara la concentración. Su mente se vació de cualquier distraccion externa, enfocándose unicamente en el ritmo de sus pulmones y en la fuerza de sus extremidades, puliendo su tecnica que las marchas forzadas habian esculpido en su cuerpo.

El entrenamiento continuó durante varios minutos en un bucle de fuerza y contención, exigiendo al maximo a sus articulaciones y moldeando la planta imponente de su espalda ancha bajo el cielo. Finalmente Freolaff terminó por apoyar las manos en la rodilla, jadeando de forma controlada mientras estabilizaba los latidos de su corazón y regresaba a ese estado que el siempre solia mantener, un estado de calma pura. Elevó la mirada hacia uno de los arcos de piedra, sintiendose renovado y listo para reacomodarse el ropaje antes de emprender el regreso hacia el interior de Purskull.

​
 
Última edición:

Kellky

Lágrima de mago nerfeado
Registrado
28/2/17
Mensajes
369
LA CORRIENTE DEL AGUA

Ahora que no había nadie ni nada que lo mirase en el aislamiento de la Posada Biju, el pelinegro procedió a cerrar sus ojos para buscar su centro. Elevó sus manos mientras tomaba aire, expulsándolo con lentitud a medida que sus palmas bajaban en el vacío. Trazo un circulo en el aire con un leve giro de sus muñecas vendadas y afinco un primero paso hacia delante sobre el tatami. Intento que sus movimientos fuesen suaves, buscando fluir con la ligereza del agua viva, pero al dar el segundo paso, la musculatura de su espalda ancha se tensó por pura inercia. Olaff frunció el ceño en mitad del trance, deteniéndose en seco al notar la rigidez en sus hombros. Se estaba equivocando. Estaba ejecutando la forma con la brusquedad tosca, aquella con la que había aprendido a defenderse. Respiró hondo, sacudió los brazos para liberar la tensión y rectificó la postura desde la base, Obligándose a vaciar la mente para recuperar el verdadero eje de su calma.

Se deslizó nuevamente por el tatami, barriendo el lugar con sus brazos en busca de un balance que se le escapaba entre los dedos. Intentaba imitar crear cada forma intentando hacer suyo cada movimiento, pero el recuerdo de todo lo que ha vivido en Amn nublaban su concentración, al lanzar un golpe de palma, extendió el brazo con demasiada violencia, perdiendo el equilibrio por un milímetro debido a la cicatriz abierta que aun le escocia por aquella venda que le cubría parte del abdomen . Olaff controló su respiración a la fuerza, mantuvo la espalda recta y fijó en su mente la primera imagen de su llegada a Amn, recordando la pureza de aquel novicio que no conocía el peso de sus propias acciones. Usando ese retrato mental como apoyo para templar el ki, canalizó la energía y elevo la rodilla con una parsimonia impecable, clavando pasos largos que recorriendo todo el escenario, transformando la brusquedad en una corriente invisible y armoniosa.

La danza continuaba en mitad de la estancia y su respiración empezó a entrecortarse debido al desgaste. Sus cabellos sudados se movían hacia atrás de manera alborotada por la velocidad que sus extremidades iban ganando, pero Freolaff no se permitió detenerse. Recreo un combate invisible en su fuero interno, desviando ataques fantasma en su mente; sin embargo, al intentar usar la fuerza del rival contra si mismo, su pierna izquierda flaqueó por la fatiga acumulada. Un jadeo pesado rompió el silencio de la posada Biju. Estaba forzando el ritmo de la corriente, olvidando la doctrina, no busca dañar ni someter, sino guiar. Con el sudor corriéndole cada centímetro del torso desnudo y goteando directamente sobre el suelo, el pelinegro cerró los ojos un instante para rectificar aquel flujo interno, acompasando los latidos de su corazón al balance del tatami antes de acelerar el movimiento de manera circular, convirtiéndose en una especie de remolino humano con la pura energía propia, con la propia energía marcial.

Al terminar de cerrar el circulo, abrió los ojos con total nitidez, dio un paso firme en diagonal y soltó una espectacular patada elevando la pierna hacia arriba en el aire, entrelazando un veloz paso para ejecutar combinaciones consecutivas de piernas. Sus movimientos se transformaron en un auténtico huracán tridimensional entre giro y giro, repartiendo rodillazos y patadas de arriba a abajo por todo el vacío, en el último movimiento arriesgado, Freolaff dio un gran brinco suspendiendo su cuerpo en el aire de manera desenfrenada para soltar un fuerte hachazo volador, pero al caer al suelo y apoyarse en la punta de sus dedos, la inercia casi le hace perder la verticalidad. Corrigió el eje en el último segundo, extendiendo la otra pierna por completo hacia arriba en vertical mientras tensaba los músculos para clavar el equilibrio exacto, bajándola centímetro a centímetro hasta apoyar con firmeza el pie en el suelo.

El caballero termino por respirar profundamente cerrando los ojos, elevando las manos al compás de sus pulmones exhaustos para bajarlas nuevamente, soltando a la vez todo el aire contenido en su cuerpo. Abrió los párpados de manera lenta y se dejó caer de espaldas por completo sobre el tatami, quedándose bocarriba con cansancio y con la mirada fija en las vigas del techo de manera profundamente pensativa.

Tras varios minutos Freolaff evocó en su mente el roce de las frentes, la tregua y la mancha de sangre que le recordaba lo delgada que es la línea entre la vida y la muerte. Sonrió débilmente en mitad de la fatiga sabiendo volvería al sendero del que se había desviado.

​
 
Última edición:

Conectados

Arriba