Athkatla siempre fue cara. Carísima, incluso para los ricos.
Para los pobres era simplemente cruel.
A Gwenaëlle le dolían los pies desde el segundo día desde su regreso, y eso que sus botas, según dijo la zapatera con la que lidió en Imnescar, “eran de buena hechura, señora, piel de vaca...