II. El sol
—Vaya, qué mala suerte tienes. No has visto el amanecer de hoy.
La voz era suave, casi cálida. Asmund abrió el ojo que aún podía abrir y vio una luz dorada. No era el sol. Era el reflejo del sol en una armadura de acero bruñido. Y en el centro de esa armadura, un símbolo: un sol...