La hermosa y dorada Dama,
cuyo brillo a la luz centella,
al pobre su dinero Alegra,
y al rico a su clero venera,
hizome su aparición en un sueño.
En oscuridad, todo vuelto de negro,
vi unos preciosos ojos dorados,
del comercio fui mortal enamorado,
y de oros fuimos todos colmados,
desde su onírico encuentro.
Señora virtuosa de la fortuna,
que aleja la pobreza y la hambruna,
en su magnánima bondad,
nos brindó oro como caridad.
Waukeen, Reina de Agujas de Oro,
a los comerciantes enseñáis un tesoro,
con cada paso bajo un comercio justo,
pillaje y argucia restan en un obtuso.
De vuestras ricas y vivaces telas,
vais con capa vuelta de monedas,
perlas por suela en vuestros zapatos,
y cercada toda en lienzos de seda,
mostráis una belleza fecunda,
amada Diosa, exquisita doncella.
Vuestra voz resta en los labios de la Moneda,
guía vuestras cánticos bajo su tutela,
cuyas acciones muestran a la diosa que venera,
su obediencia y su fervor allá donde quiera.
Que la riqueza por doquier se extienda,
que como un arrullo adormezca,
a las ansias de sangre y guerra,
pues en paz toda tierra prospera,
!Ayudadnos Sagrada Moneda!.
Vuestra es la grandeza dorada compañera,
hoy os honramos juntos en esta celebración,
sin vos, las ganancias no prosperan,
y todo con dinero Alegra más al corazón.