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Acto I - Incorporación a la Iglesia de la Supremacía

Itsurake

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21/8/23
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En la Ciudad de la Moneda, donde el bullicio y los gritos de distintos cleros se alzaban, en el renombrado distrito de los templos unas voces oscuras se entrelazaban en una sinfonía macabra, Mogrein llegó a la sede de la Iglesia de la Supremacía del Tirano. Era un joven sacerdote, cuya figura alta y atlética destacaba entre la multitud. Su piel morena, marcada por cicatrices que contaban historias de su niñez, brillaba bajo la tenue luz de los candelabros de hierro. Sus ojos, de un azul claro casi sobrenatural, reflejaban tanto determinación como un rayo de incertidumbre.

La ceremonia de iniciación no era para los débiles de corazón. Fue conducido a un recinto oscuro, donde las sombras danzaban con vida propia. Ante él, un consejo de sacerdotes, sus rostros enmascarados por el fanatismo, aguardaba. Cada uno de ellos era un guardián de la fe de Bane, y sus miradas escrutadoras parecían poder despojarlo de su esencia. A medida que avanzaba, Mogrein sintió el peso del destino que se cernía sobre él.

Las pruebas comenzaron con el rigor que se esperaba de la iglesia. Primero, se le sometió a una prueba de fe. Se le presentó una armadura desgastada, perteneciente a un sumo sacerdote caído en batalla. Debía tocar la armadura mientras recitaba oraciones de poder, un acto que simbolizaba su devoción a Bane y su disposición a asumir el legado de aquellos que habían caído en la lucha. Su voz, aunque firme, tembló levemente al enfrentar la mirada de los sacerdotes, pero la ferviente llama en su interior lo impulsó a continuar.

La siguiente prueba fue de lealtad. Fue llevado a un campo de batalla simulado, donde debía enfrentarse a otros aspirantes. Portando su bastarda y un escudo, cada golpe que intercambiaron resonaba como un eco de la lucha por la supremacía. Los gritos de dolor y esfuerzo llenaron el aire, pero Mogrein, guiado por una mezcla de fe y determinación, se mantuvo firme. Su guantelete de hierro relucía mientras bloqueaba ataques, cada movimiento una declaración de su compromiso con la causa. Sus cicatrices se agitaron en su memoria, recordándole el sufrimiento que había soportado, y eso lo hacía más fuerte.

Finalmente, se enfrentó a la prueba más temida: el uso de viles milagros en combate. En medio de un círculo de fuego, se invocaron sombras que danzaban a su alrededor, y Mogrein sintió el poder oscuro de Bane fluir a través de él. Alzó su mano, y en un instante de conexión divina, desató una tormenta de energía que hizo temblar a sus oponentes. La luz que emanaba de su ser fue suficiente para ahuyentar a las sombras y reclamar su lugar en la iglesia.

Al concluir las pruebas, los sacerdotes lo rodearon en un halo de reverencia. A pesar de su juventud, había demostrado ser digno del título. Uno de ellos, el más anciano, se acercó con un anillo de sacerdote, forjado con el metal más oscuro y adornado con el símbolo de Bane. Con un gesto solemne, le colocó el anillo en el dedo, marcando su nuevo destino como sacerdote de la guerra de la Supremacía.

Mogrein se sintió renacer en ese instante, como si las cicatrices de su pasado hubieran encontrado su propósito.
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