Kalganath
Vampiro que no usa azules
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En la oscuridad, un latido. Débil. Breve. Después vino el calor vivificante. Fluyó por todo su sistema circulatorio devolviendo la vida a su maltrecho cuerpo material y calentado su alma muerta de frio. Otro latido, breve también, pero con más fuerza. La sangre. Era su sangre lo que sentía correr por su cuerpo y reconfortaba su alma. La sangre… Aún no había pensamiento consciente, tan solo datos sensoriales cuyo dominio solo abracaban su cuerpo, pero de un modo intuitivo lo entendió. La sangre era el principio vital, el liquido elemento, el “Elan” original. Kael experimentó el éxtasis de una comunión total con su propio cuerpo. Una comunión entre cuerpo y alma posibilitada por el fluir de la sangre. La conciencia volvió a ese caparazón vació que hasta hacía unos instantes era su cuerpo sin vida. Uno a uno fue recuperando los sentidos. Había alguien junto a él. La luz volvió a su mundo lentamente. Notaba un calor agradable en la mano y se la miró. Estaba cubierta de su propia sangre. Su cuerpo entero yacía en un charco de varios litros de sangre. El olor era maravilloso. Ese olor a hierro que inundaba la atmosfera le embriagaba. La sensación era… placentera. Su boca sabía a sangre y por lo tanto, a vida. Su mascara de porcelana estaba bañada en el mismo liquido carmesí que él, mirándole con un bello e inexpresivo rostro. Llevó la mano a la mascara y vió que la sangre había teñido el cuarto izquierdo de la misma. Parecía porcelana pintada adrede con una simplicidad oriental. Se la colocó sobre la cara y cerró los ojos. Deseó permanecer en ese estado de iluminación, en el que los segundos se hacían eternos y cada latido de su corazón le brindaba una nueva razón para existir. El tiempo había perdido sentido a media que lo había ganado su sangre y su cuerpo. La voz de Drann, en su forma humana, le sacó del trance, muy a su pesar.
- ¿Kael? ¿me escuchas?
Alzó una mano parada indicarle que sí. No deseaba hablar.
- Creía que habías muerto – Parecía preocupado- El semiorco…
- ..el semiorco no importa – Kael le interrumpió en un tono místico, ausente. Drann guardó silencio unos segundos. El avariel debía de seguir en estado de shock, parecía ido.
- El semiorco logró escapar. Desapareció tras gritar una plegaría al Sol purpura. Debía de ser uno de sus favoritos. No le negó nada. Cuando me aseguré de que la pelea había acabado corrí hasta aquí y te vi muerto. Lo juro. No respirabas y tu pecho estaba abierto. Iba a cargar contigo para darte un entierro digno cuando me di cuenta de que tus tejidos estaban comenzando a repararse. Lentamente la hemorragia cesó, los órganos, los huesos, la carne…todo estaba regenerándose lentamente. Decidí esperar. Cuando tu pecho estuvo totalmente curado traté de reanimarte. Tu corazón volvió a latir y volviste a la vida como si solo hubieses caído dormido.
Kael escuchó en silencio, tras la mascara. La túnica regenerativa y el amuleto…claro…Habían seguido haciendo su trabajo sobre su cuerpo. El masaje cardiaco y el aire insuflado a la fuerza en sus pulmones hicieron el resto. El Avariel gira la cabeza para mirar a Drann.
- Gracias, Kuma. Te juro por mi honor de Ariltel-quessir que estaré en deuda contigo hasta el día en el que sea yo quien pueda salvarte la vida a ti – Pese a las limitaciones expresivas de Kael ,el juramento sonó intenso y solemne. Quizá solo fuera su mirada la que dio peso a las palabras, pero el humano no dudó de su veracidad.
Se llevaron una docena de grimorios, varias armas mágicas y una fortuna en gemas cuando salieron de allí, pero Kael portaba algo de mucho más valor. Su modo de ver el mundo y de entender la urdimbre había cambiado. Durante el camino de vuelta no dejó de ordenar todas las intuiciones que había tenido durante su resurrección en un conjunto ordenado de principios. Necesitaba experimentar y comprobar muchas cosas para hacer encajar la realidad de la sangre con su elaborado Arte, pero sabía que lo conseguiría. Solo era cuestión de paciencia, curiosidad, tesón y experimentación. Es el camino del Arte desde los tiempos de Mystril, el camino que había escogido Kael Ghar Khan cuando encontró la torre de Diofastos. Ahora solo tenía…que teñirlo de rojo.
- ¿Kael? ¿me escuchas?
Alzó una mano parada indicarle que sí. No deseaba hablar.
- Creía que habías muerto – Parecía preocupado- El semiorco…
- ..el semiorco no importa – Kael le interrumpió en un tono místico, ausente. Drann guardó silencio unos segundos. El avariel debía de seguir en estado de shock, parecía ido.
- El semiorco logró escapar. Desapareció tras gritar una plegaría al Sol purpura. Debía de ser uno de sus favoritos. No le negó nada. Cuando me aseguré de que la pelea había acabado corrí hasta aquí y te vi muerto. Lo juro. No respirabas y tu pecho estaba abierto. Iba a cargar contigo para darte un entierro digno cuando me di cuenta de que tus tejidos estaban comenzando a repararse. Lentamente la hemorragia cesó, los órganos, los huesos, la carne…todo estaba regenerándose lentamente. Decidí esperar. Cuando tu pecho estuvo totalmente curado traté de reanimarte. Tu corazón volvió a latir y volviste a la vida como si solo hubieses caído dormido.
Kael escuchó en silencio, tras la mascara. La túnica regenerativa y el amuleto…claro…Habían seguido haciendo su trabajo sobre su cuerpo. El masaje cardiaco y el aire insuflado a la fuerza en sus pulmones hicieron el resto. El Avariel gira la cabeza para mirar a Drann.
- Gracias, Kuma. Te juro por mi honor de Ariltel-quessir que estaré en deuda contigo hasta el día en el que sea yo quien pueda salvarte la vida a ti – Pese a las limitaciones expresivas de Kael ,el juramento sonó intenso y solemne. Quizá solo fuera su mirada la que dio peso a las palabras, pero el humano no dudó de su veracidad.
Se llevaron una docena de grimorios, varias armas mágicas y una fortuna en gemas cuando salieron de allí, pero Kael portaba algo de mucho más valor. Su modo de ver el mundo y de entender la urdimbre había cambiado. Durante el camino de vuelta no dejó de ordenar todas las intuiciones que había tenido durante su resurrección en un conjunto ordenado de principios. Necesitaba experimentar y comprobar muchas cosas para hacer encajar la realidad de la sangre con su elaborado Arte, pero sabía que lo conseguiría. Solo era cuestión de paciencia, curiosidad, tesón y experimentación. Es el camino del Arte desde los tiempos de Mystril, el camino que había escogido Kael Ghar Khan cuando encontró la torre de Diofastos. Ahora solo tenía…que teñirlo de rojo.