La advertencia de un Guardián puso en marcha a un grupo de Muranníes, a quienes se les informó de la presencia de un individuo cojo que, según los testimonios llevaba un tiempo robando en distintas viviendas. Al parecer, el sospechoso residía en una pequeña aldea próxima a las granjas de Murann, por lo que el grupo decidió encaminarse hacia allí con la intención de esclarecer los hechos.
Mientras avanzaban por un sendero boscoso, los Muranníes se toparon con un grupo de cultistas que se encontraban corrompiendo los árboles de la zona. Aquella perturbadora visión no dejaba lugar a dudas de que algo estaba sucediendo y que una corrupción se extendía en los parajes más apartados del imperio de las bestias. El enfrentamiento que siguió interrumpió su marcha y añadió nuevas incógnitas al viaje que hasta entonces, parecía responder únicamente la búsqueda de un ladrón. ¿En qué tornará todo estos problemas, que harán los Muranníes con esta corrupción creciente?
Tras superar el incidente y continuar por los caminos que conducían a su destino, el grupo alcanzó finalmente la aldea. Allí les salió al paso un Gran Guardián que exigió el pago de unas monedas para permitirles cruzar hacia el pueblo. La pretensión no fue bien recibida por los recién llegados y
Rhylrom, un Drow que formaba parte del grupo, tomó la iniciativa y logró intimidar al guardián lo suficiente como para que este desistiera de sus exigencias y les permitiera continuar sin pagar ningún tipo de impuesto.
Una vez dentro de la aldea, los aventureros se dirigieron a la taberna local en busca de información. Allí fueron atendidos por una camarera Gnoll, quien tras escuchar sus preguntas, proporcionó el nombre del sospechoso al que buscaban: "Brulash". Según les explicó, el hombre cojo residía en una vivienda cercana a la Iglesia del lugar (Myrkulita) y que era un hombre callado y que no hablaba con nadie. Con aquella información, el grupo abandonó la taberna y se encaminó hacia el domicilio del ladrón.
Pero se toparon con una realidad desagradable, Brulash estaba fallecido. Su cuerpo yacía sin vida en el interior de la vivienda y, sobre una de las paredes, una inscripción dejaba constancia de un mensaje breve "CYRITA".
Urgat, un ogrillón semidesnudo, fue el único capaz de descifrar las escrituras de la pared y pudo deducir, con facilidad, que se trataba de una forma de llamar "Traidor" al ladrón. Aquello transformó como es natural la naturaleza del encargo, pues ya no era el ladrón alguien a quien pudiese llevarse ante la justicia, sino ahora tenían que buscar el origen de todo lo ocurrido.
La intervención rápida de Nabil, con ciertos hechizos de bardo pudieron hacer que el muerto pudiese hablar y contestar a cinco preguntas que el propio Nabil le hizo.
La noticia de la muerte de Brulash no tardó en extenderse. Cuando el grupo abandonó la vivienda, una muchedumbre de aldeanos se había congregado en los arededores, ansiosa por averiguar qué había sucedido. Las preguntas y los murmullos se sucedían entre los presentes, mientras que la inquietud comenzaba a apoderarse de los vecinos. Entre voces de los curiosos, algunos señalaron que quizás la sacerdotisa de la iglesia pudiera aportar alguna información relevante, pues era con ella con la única a la que Brulash le hablaba y le confesaba.
Con aquella posibilidad sobre la mesa, los muraníes se encontraron ante una nueva vía. El encargo que los había llevado hasta la aldea parecía haber terminado, pero el cadáver apuntaba a algo que deberían averiguar para cumplir con las labores del imperio.
¿Cómo terminará toda esta situación?
Offtopic :
La escena quedará atemporal hasta que termine el rol del grupo con la sacerdotisa. Se fechará próximamente la continuación de la escena (Podrá participar tanto los que estuvieron, como gente que quiera incorporarse) Gracias por la asistencia y el feedback recibido!