Sam
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Ciega ira
Relatos de Ayrin de Rashemen
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Quiero matarla. Has de matarla. Me beberé su sangre. ¿Quieres, Ayrin? ¡No! No quiero, no debo. Les haré daño a todos si lo hago. Deseas muerte, ajusticiarla por tu retorcido sentido de la justicia. No, ya no, eso acabó. ¿Acabó? Olvidas, niña del diablo lo que eres. Maldita. Una por generación. Yo te controlo, no al revés. ¿De verás, hija de Rashemen? ¿Qué te hace estar tan segura? ¿No seré yo que dejo que me manejes? Estás ciega, Ayrin. Me usas como un arma que se empuña cuando gustas. Pues bien, el arma esta noche quiere empuñarse a si misma. No vas a hacerlo, frenaré. Demasiado tarde. Huelo a nuestra presa.
―Inus yo...
Entran todos en el Salón del Juez. Minerva, Iria, Ada y Rob. No hay nadie entre mi presa y yo. Solo el pasillo, largo y oscuro, como una invitación al abismo. Me vuelvo con discreción, nadie me ve, nadie me oye. No existo, pero sí para alguien. Me choco con Muriel, me mira, yo rehuyó la mirada. Es mi único acto de rebeldía contra mi misma, mis ojos han perdido el jade y son ámbar. No me mires, Muriel, no mires a quien te va a hacer daño. No lo soportaré.
Sigo adelante, a grandes zancadas. Nadie me sigue, nadie se percata. Perfecto, huelo a mi presa, cerca. No su olor, su hedor. Le haré pagar, todo. Por mi, por el Azote, por Muriel, por mi. ¡Yo soy la que importa! ¡Mi dolor! ¡Sólo me pertenece a mi! Mientras ella exista me recordará lo repugnante que es mi alma. Me doy de bruces con un caballero, vigila su puerta. Miro la puerta, luego le miro a él. Me interpela.
―Sólo los oficiales del Azote pueden acceder a la prisionera.
―Quiero verla.
No le doy tiempo a responder. Me libero como ya no recuerdo. Busco la abertura entre su casco y su armadura, su garganta, su deliciosa garganta. ¡Basta! Él no tiene culpa. Le hago tragar la nuez, el hombre cae derrumbado y vivo. Estoy libre, mi presa me espera. Abro al puerta, esta ahí. Libre, desatada. Dijeron que estaría atada y amordazada. ¡Ha escapado! ¡Planea algo! Levanta la mano contra mi, no le voy a dar oportunidad de nada. ¡De nada!
Primero al estómago, no me contengo. Un puñetazo, la agarro de la garganta.
―¿¡POR QUÉ LO HICISTE!? ¿¡POR QUÉ LOS TRACIONASTES!? ¿¡POR MI!?
Grito como nunca lo he hecho, desesperada, el miedo tiñe mis palabras. El miedo y la vergüenza. No pares ahora. Ella no responde, esconde su mano bajo la cama. Busca algo, busca algo. ¡Planea algo!
―¡No vas a hacer nada!
Descargo el peor de todos mis golpes, no el de mayor fuerza, ni más intensidad. Sí el más doloroso, le rompo el brazo por el codo. Ella suelta un alarido de dolor y yo sonrío demente, recuerdo ese sonido, el placentero sonido de los huesos partirse.
―Te mataré, ¿me oyes? Ya no vas a hacerle daño a nadie. ¡A NADIE!
Pasos, muchos vienen, he de acabar ya ahora mismo. Pongo mi mano sobre la espada, le voy a cortar el cuello y mi venganza se habrá completado. ¿Te oyes? ¿Tú venganza? ¿Haces esto por ti? ¿O por otros? Podrás intentar mentirme, pero las dos sabemos la verdad. Maldición y Portadora, no tenemos secretos. Me has usado, he traicionado a su confianza. ¡La de todos! ¿Estás contenta? ¿Eh? Es nuestro destino, Ayrin. Solas, penitentes, nada en este mundo nos podrá perdonar por lo que hemos hecho. ¡Por lo que has hecho tú! Sí, querida Ayrin. No siempre fui yo, ¿recuerdas? No toda la sangre es mía. Tú, por encima de mi, eres la que desea más intensamente la soledad y el desprecio, porque no conoces nada más y no deseas conocer nada más. Esa es tu verdad, Ayrin. ¿Monstruo? Lo eres, porque no quieres aceptar que tú y yo somos lo mismo.
Freno mi mano, no desenvaino la espada, no lo haré, no le daré esa satisfacción. No debo hacer esto, nunca debí acercarme. He marcado el límite, lo he sobrepasado, ya nada volverá a ser igual. Mi mirada se congela sobre Anharia, que huye de mi. No veo sus tretas, ni su magia, solo a una mujer que huye de mi. Todo estuvo en mi cabeza, todo fue una retorcida fantasía para justificar mi venganza. Es la imagen que quedará en la retina de mis ojos, para toda mi vida. Porque el tiempo se para en ese instante, las luces se apagan. Siento como cuerpo estalla en mi pedazos.
―Te dimos nuestra confianza. Te abrimos los brazos como una de nosotros. Has traicionado nuestra confianza. Mi confianza. ¡NO! En mi casa. ¡No entiendes nada! No quieres aprender. No quieres mejorar. Solo te importa tu ciego dolor, tu ciega ira. Desaparece, no vuelvas a entrar en esta casa. Te lo prohíbo. No vuelvas a entrar en la Espiral, nunca más. ¡Nunca!
―¿Por qué lo hiciste? No quiero que vuelvas a hacer daño a los que me importan, Ayrin. Mientras sigas obsesionada con tu dolor, volverás a hacer daño a los que me importan, a mi familia. El Azote y tú. ¿Es qué no lo entiendes? ¡No quiero sufrir más!
―Tu dolor es mi dolor, mi niña. Estaré junto a ti, hasta que sea necesario. Cuidaré de ti. Puedes vencer, controlar lo que tienes dentro. No sientas miedo, estaremos a tu lado. Para siempre.
He fracasado. Tienen razón. Mi obsesión por fustigarme, por obligarme a aceptar todo el dolor que infringí a mi misma. No acabará. He vuelto a hacer daño a los que quiero, como lo hice con Werz. Me quiero morir otra vez. La historia se repite, quiero acabar con esto y miro al río. No sé nadar, me ahogaré. El agua me cubre la cintura, está fría. Un paso más.
Respiro profundamente, el agua me cubre el pecho, algo me roza el tobillo. ¿Esto es lo qué quiero? Lo intenté una vez, no funcionó. Fue la opción fácil, la cobarde. ¿Que pasará si me quito de en medio? ¿Quién cuidará de Zaia? ¿Me perdonará Muriel? ¿Lo hará Niennor? Miro atrás, a la orilla. Hay otra opción, una que me da miedo, pero si huyo habrá sido el acto final de la tragedia. Habré llevado mi odio hacia mi misma al nivel del que sentía por los demás, seré el monstruo que tanto temo ser. Vuelvo atrás.
Solo queda una opción. Ha de acabar. Todo. Poner fin a la maldición. Ser libre. No volver a hacer daño a los que quiero, a mi familia. Zaida, Muriel, Mada, Lion, Niennor, Inus, todos los que alguna vez me han sonreído y me han dado su confianza. Vieron a alguien que podía ser mejor antes de que yo misma pudiera hacerlo. Estoy ciega, siempre lo he estado y por ella he vuelto a ser quien más odio.
Llego a la orilla y miro al cielo, porque sé que desde algún lugar tú aun me observas y velas por mi.
―Werz, nunca fuimos buenas personas, siempre nos quedó hacer algo decente antes de morir. Yo no quiero hacer algo decente antes de morir, quiero ser decente mientras viva.
Relatos de Ayrin de Rashemen
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Quiero matarla. Has de matarla. Me beberé su sangre. ¿Quieres, Ayrin? ¡No! No quiero, no debo. Les haré daño a todos si lo hago. Deseas muerte, ajusticiarla por tu retorcido sentido de la justicia. No, ya no, eso acabó. ¿Acabó? Olvidas, niña del diablo lo que eres. Maldita. Una por generación. Yo te controlo, no al revés. ¿De verás, hija de Rashemen? ¿Qué te hace estar tan segura? ¿No seré yo que dejo que me manejes? Estás ciega, Ayrin. Me usas como un arma que se empuña cuando gustas. Pues bien, el arma esta noche quiere empuñarse a si misma. No vas a hacerlo, frenaré. Demasiado tarde. Huelo a nuestra presa.
―Inus yo...
Entran todos en el Salón del Juez. Minerva, Iria, Ada y Rob. No hay nadie entre mi presa y yo. Solo el pasillo, largo y oscuro, como una invitación al abismo. Me vuelvo con discreción, nadie me ve, nadie me oye. No existo, pero sí para alguien. Me choco con Muriel, me mira, yo rehuyó la mirada. Es mi único acto de rebeldía contra mi misma, mis ojos han perdido el jade y son ámbar. No me mires, Muriel, no mires a quien te va a hacer daño. No lo soportaré.
Sigo adelante, a grandes zancadas. Nadie me sigue, nadie se percata. Perfecto, huelo a mi presa, cerca. No su olor, su hedor. Le haré pagar, todo. Por mi, por el Azote, por Muriel, por mi. ¡Yo soy la que importa! ¡Mi dolor! ¡Sólo me pertenece a mi! Mientras ella exista me recordará lo repugnante que es mi alma. Me doy de bruces con un caballero, vigila su puerta. Miro la puerta, luego le miro a él. Me interpela.
―Sólo los oficiales del Azote pueden acceder a la prisionera.
―Quiero verla.
No le doy tiempo a responder. Me libero como ya no recuerdo. Busco la abertura entre su casco y su armadura, su garganta, su deliciosa garganta. ¡Basta! Él no tiene culpa. Le hago tragar la nuez, el hombre cae derrumbado y vivo. Estoy libre, mi presa me espera. Abro al puerta, esta ahí. Libre, desatada. Dijeron que estaría atada y amordazada. ¡Ha escapado! ¡Planea algo! Levanta la mano contra mi, no le voy a dar oportunidad de nada. ¡De nada!
Primero al estómago, no me contengo. Un puñetazo, la agarro de la garganta.
―¿¡POR QUÉ LO HICISTE!? ¿¡POR QUÉ LOS TRACIONASTES!? ¿¡POR MI!?
Grito como nunca lo he hecho, desesperada, el miedo tiñe mis palabras. El miedo y la vergüenza. No pares ahora. Ella no responde, esconde su mano bajo la cama. Busca algo, busca algo. ¡Planea algo!
―¡No vas a hacer nada!
Descargo el peor de todos mis golpes, no el de mayor fuerza, ni más intensidad. Sí el más doloroso, le rompo el brazo por el codo. Ella suelta un alarido de dolor y yo sonrío demente, recuerdo ese sonido, el placentero sonido de los huesos partirse.
―Te mataré, ¿me oyes? Ya no vas a hacerle daño a nadie. ¡A NADIE!
Pasos, muchos vienen, he de acabar ya ahora mismo. Pongo mi mano sobre la espada, le voy a cortar el cuello y mi venganza se habrá completado. ¿Te oyes? ¿Tú venganza? ¿Haces esto por ti? ¿O por otros? Podrás intentar mentirme, pero las dos sabemos la verdad. Maldición y Portadora, no tenemos secretos. Me has usado, he traicionado a su confianza. ¡La de todos! ¿Estás contenta? ¿Eh? Es nuestro destino, Ayrin. Solas, penitentes, nada en este mundo nos podrá perdonar por lo que hemos hecho. ¡Por lo que has hecho tú! Sí, querida Ayrin. No siempre fui yo, ¿recuerdas? No toda la sangre es mía. Tú, por encima de mi, eres la que desea más intensamente la soledad y el desprecio, porque no conoces nada más y no deseas conocer nada más. Esa es tu verdad, Ayrin. ¿Monstruo? Lo eres, porque no quieres aceptar que tú y yo somos lo mismo.
Freno mi mano, no desenvaino la espada, no lo haré, no le daré esa satisfacción. No debo hacer esto, nunca debí acercarme. He marcado el límite, lo he sobrepasado, ya nada volverá a ser igual. Mi mirada se congela sobre Anharia, que huye de mi. No veo sus tretas, ni su magia, solo a una mujer que huye de mi. Todo estuvo en mi cabeza, todo fue una retorcida fantasía para justificar mi venganza. Es la imagen que quedará en la retina de mis ojos, para toda mi vida. Porque el tiempo se para en ese instante, las luces se apagan. Siento como cuerpo estalla en mi pedazos.
―Te dimos nuestra confianza. Te abrimos los brazos como una de nosotros. Has traicionado nuestra confianza. Mi confianza. ¡NO! En mi casa. ¡No entiendes nada! No quieres aprender. No quieres mejorar. Solo te importa tu ciego dolor, tu ciega ira. Desaparece, no vuelvas a entrar en esta casa. Te lo prohíbo. No vuelvas a entrar en la Espiral, nunca más. ¡Nunca!
―¿Por qué lo hiciste? No quiero que vuelvas a hacer daño a los que me importan, Ayrin. Mientras sigas obsesionada con tu dolor, volverás a hacer daño a los que me importan, a mi familia. El Azote y tú. ¿Es qué no lo entiendes? ¡No quiero sufrir más!
―Tu dolor es mi dolor, mi niña. Estaré junto a ti, hasta que sea necesario. Cuidaré de ti. Puedes vencer, controlar lo que tienes dentro. No sientas miedo, estaremos a tu lado. Para siempre.
He fracasado. Tienen razón. Mi obsesión por fustigarme, por obligarme a aceptar todo el dolor que infringí a mi misma. No acabará. He vuelto a hacer daño a los que quiero, como lo hice con Werz. Me quiero morir otra vez. La historia se repite, quiero acabar con esto y miro al río. No sé nadar, me ahogaré. El agua me cubre la cintura, está fría. Un paso más.
Respiro profundamente, el agua me cubre el pecho, algo me roza el tobillo. ¿Esto es lo qué quiero? Lo intenté una vez, no funcionó. Fue la opción fácil, la cobarde. ¿Que pasará si me quito de en medio? ¿Quién cuidará de Zaia? ¿Me perdonará Muriel? ¿Lo hará Niennor? Miro atrás, a la orilla. Hay otra opción, una que me da miedo, pero si huyo habrá sido el acto final de la tragedia. Habré llevado mi odio hacia mi misma al nivel del que sentía por los demás, seré el monstruo que tanto temo ser. Vuelvo atrás.
Solo queda una opción. Ha de acabar. Todo. Poner fin a la maldición. Ser libre. No volver a hacer daño a los que quiero, a mi familia. Zaida, Muriel, Mada, Lion, Niennor, Inus, todos los que alguna vez me han sonreído y me han dado su confianza. Vieron a alguien que podía ser mejor antes de que yo misma pudiera hacerlo. Estoy ciega, siempre lo he estado y por ella he vuelto a ser quien más odio.
Llego a la orilla y miro al cielo, porque sé que desde algún lugar tú aun me observas y velas por mi.
―Werz, nunca fuimos buenas personas, siempre nos quedó hacer algo decente antes de morir. Yo no quiero hacer algo decente antes de morir, quiero ser decente mientras viva.