lordanto
Lágrima de mago nerfeado
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La luz peinaba las almenas de las murallas, en la puerta este los tenderos comenzaban a poner sus puestos de venta. Los primeros pájaros diurnos ya pintaban la entrada de la ciudad de la moneda. Las gotas de rocío se secaban como consumidas por la mano de Lathander. Las patrullas que habían estado trabajando por la noche volvían somnolientas al cuartel, un hombre salía con paso firme del bastión de la guardia de Athkatla.
Pasos metálicos hacían resonar el eco del pavimento de piedra al contacto con las botas. Las leves toses de pulmón precedían la figura a la cual abrían paso los soldados y cabos que en el cuerpo de guardia se encontraban. Una armadura desgastada pero en perfecto estado cubría casi completamente el cuerpo del hombre. Sobre esta, el tabardo azul y blanco ribeteado de rojo que representaba el rango de sargento de la guardia. El rostro duro, las facciones se marcaban neutras dentro de la marcialidad casi sin sentimiento que le caracterizaba. Ojeras y rasgos curtidos.
-Salud Palathan- Inquirió un sargento cuando se cruzaban en la puerta que bajaba a la plaza.
-Salud Ethan- Respondió con seriedad y cortesía.
-Me voy a descansar que hemos llevado una noche agitada. ¿Tu empiezas la instrucción hoy por la mañana?
-Así es, tengo a los reclutas esperando en el fuerte de instrucción.
-Esos muchachos no saben lo que les espera, bueno, nos vemos.
-Buen descanso sargento.
Ambos militares se despidieron tras la breve conversación. Arzhan Palathan iba a comenzar la instrucción de parte de los reclutas por la mañana cierto. Lo qeu no sabía el compañero que se dirigía a su catre atrás era que esa misma noche había estado redactando el informe para procesar a la cabo Daniella Fetton, por un sinfín de delitos que aquí no vienen al caso.
El caso es que el oficial Palathan era sargento instructor y fiscal a la vez. Tenía 25 años y parecía tener mas de 40. De hecho, era el tipo de hombre que vive al límite de la muerte y de la vida, y que no sabe cual de las dos es peor. Todo eso contando con que Arzhan Palathan ya había muerto una vez.
...
Poco después, el sargento Palathan se hallaba ante la nueva remesa de reclutas en la plaza de instrucción, les pasó revista y nombre.
-Recluta Corneta presente, mi sargento- Nelson Braemuth, un joven carismático que había servido en el ejército de Cormyr, cantor de guerra y siervo del dragón púrpura. Apuntaba maneras como corneta de la guardia y heraldo, por tanto se le había puesto el nombre de Corneta.
-Recluta malamadre presente, mi sargento- Feith malamadre, hijo de un veterano guardia. Un tipo listo y perspicaz algo pillo, no obstante disciplinado y serio cuando debía. Es la clase de soldados que te piden permiso para cagarse en tus muelas antes de asaltar la posición enemiga, y dicho eso la asaltan mejor que nadie.
-Recluta sarem Koryn, mi sargento- Koryn aun no tenía mote, se había pasado una hora haciéndole preguntas al sargento antes de alistarse. Había tomado la decisión poco después de ver una de las actuaciones de Palathan mediando entre una cabo y una ciudadana hechicera. en aquella ocasión el sargento aplacó las hostilidades e hizo que todo se solucionase sin utilizar nada de violencia.
-Recluta Yano Lannen, mi sargento- Yano se había alistado en la guardia para proteger a los ciudadanos y todo eso, pero sobre todo él quería ser un maestro de espada de mano y media. Palathan le dijo que le siguiese, le hiciese caso y le prometió que lo convertiría en una maestro de espada bastarda.
-Recluta Walter Heisenberg, mi sargento- La última incorporación, un bisoño soñador Helmita que el cabo Gofredo de Soto se estaba encargando de convertir en un escudo de la guardia. Entusiasta y persicaz, rápido de aprendizaje presentaba redaños para llegara ser buen soldado.
-Bien, bien. A mis espalda están los soldados Miceno y Rúmekarh, ellos me van a ayudar a convertiros en maquinaria de pensar, lo cual hace que podáis ser los mejores en casi todo- El sargento andaba mientras hablaba frente a ellos, detrás de Palathan dos soldados inmóviles, perfectos indómitos y listos para hacer lo que se requiriese de ellos.
Taleseo Miceno Demeria y Gruerm "Yunqueobsidia" Rúmekarhn. Dos bastiones de los principios de Arzhan Palathan hechos carne. Instruidos por el sargento desde que entraron se habían convertido junto con el mítico cabo investigador Gofredo de Soto en el mejor ejemplo del progreso de la guardia.
Disciplina, entrega, perspicacia, cortesía, eficacia... Todo aquello que ha de ser un guardia. En muchos aspectos superaban a Palathan, él lo sabía, y eso le hacía dormir aun mejor.
Arzhan se dirigió a los reclutas son tono intenso, con autoridad y con presencia, con rotundidad, pero sin subir la voz en ningún momento.
-Bien sacos de carne, hoy vamos a practicar la formación en línea. ¿Qué es la formación en línea?- Uno de los reclutas levantó una mano y tras concedeérsele el permiso como se les había enseñado contestó conciso.
-Es la formación básica de combate, por la cual se dispone una línea de soldados cubiertos con escudos formando una falange.
-Esa es la descripción, pero yo quiero el concepto. Soldados explicadle que es una formación de verdad a estos calamares.- Taleseo empezó y Gruerm concluyó la explicación, los dos sincronizados, los dos perfectos, los dos, soldados.
-Una formación es la máxima unión de todos los compañeros a una, como si fuesen una única e impenetrable unidad...
-...En una formación tú dependes de todos y todos de ti, así que representa la igualdad entre los soldados y la eficacia depende de la disciplina.
-Es una unión de hermanos, y eso seréis. Listos, atentos.-
El oficial empezó a dar órdenes concisas y claras, sin gritar. Una tras otra los reclutas intentaban obedecer. Los dos soldados de apoyo los corregían, los ayudaban, con dureza, sí, pero siempre con proporcionalidad.
-Pie izquierdo adelantado, derecho algo atrasado, pies algo mas de anchura que los hombros.-Poco a poco, todos actuaban igual.
-Cuerpo equilibrado, rodillas semiflexionadas, el torso un poco inclinado hacia delante.-Otra vez de nuevo, recibían la información lo intentaban y los soldados los corregían.
-El brazo del escudo en ángulo recto, el escudo perpendicular al suelo, presentadlo al frente, tratad de relajar el hombro y el brazo. -Todos presentaban sus escudos, unos mejor, otros peor, al poco todos lo hacían igual.
-La lanza se coge por el principio del tercer tercio, se apunta ligeramente hacia arriba de manera que tengáis el torso el enemigo para la lanzada. El brazo flexionado, relajadlo, fijáos en vuestro compañero y hacedlo a una.
-Reclutas, a una vara de vuestro compañero... ¡Ya! -Obedecieron al principio torpemente, después mejor, hasta equilibrarse unos a otros.
-Cerrad escudos y proteged parte de vuestro compañero con el escudo, ahora.- Cada vez dejaban de parecer menos escoria y mas soldados, sin darse cuenta cada uno de ellos se esforzaba por algo fundamental, algo que era la base de la guardia. Compañerismo, rtodos a una, unidad. Esos conceptos entraban a espuertas cuanto mas se acercaban unos reclutas a otros y formaban una falange regular.
Alguien se acercaba,con pasos rápidos y ligeros. Detrás del sargento apareció el cabo de Soto que había estado observando desde las almenas del fuerte mientras escribía el informe de su última investigación. Al sargento sólo le bastó una mirada a su compañero para que el cabo Gofredo de Soto alzase la voz y dijese lo que Palathan sabía que iba a decir.
-¿¡Lo sentís!? ¡Cerrad los ojos, a vuestro lado tenéis a vuestros compañeros, sus respiraciones, el sonido del metal contra metal, el tintineo de vuestras lanzas al reozar sus escudos! ¡Sois una falange! ¡Sois una unidad, jamás estaréis solos mientras estéis unidos!
Arzhan Palathan asintió a la respuesta de su hermano de armas, y retomó él el dogmático discurso, mientras tanto, Gruerm y Miceno seguían poniendo en orden la cada vez mas perfecta falange, un pie por allí, un escudo por acá.
-Seréis guardias de Athkatla y soldados de Amm. Pero lo seréis por que queréis, lo seréis por que sois hombres libres que saben pensar. No solo eso... ¡Seréis los mejores porque sabréis pensar! Recordad que nuestro respeto se fundamenta en la cortesía y en la eficacia, nuestra autoridad es nuestro conocimiento, nuestros escudos y nuestros muros son nuestros hermanos, y nosotros somos a su vez sus lanzas y espadas.
Concluyó con las palabras que representaban a la compañía, y no las decía por decir, las decía por que las sentía, las decía por que era un idealista. Y no hay nadie que inspire mas las ideas que quien las siente como propias. Arzhan Palathan las sentía y pretendía reflejarlas.
-Perspicacia y sabiduría.
-Táctica y estrategia.
-Disciplina y orden.
-Compañerismo y honor.
Alzó la intensidad del discurso para terminar la instrucción y tratar de infundir las palabras en los corazones de aquellos que eran y aquellos que serían sus compañeros de armas, su ejército, su guardia.
¡Seguid esos principios, y seréis imparables. Seréis señores soldados y vuestra será la gloria!
...
En algún lugar de su cabeza cuando se retiraba a lavarse tras la instrucción de la mañana, algo le dijo.
(Bien Arzhan, así es como se forjan los héroes, un ejército de verdad)
Pasos metálicos hacían resonar el eco del pavimento de piedra al contacto con las botas. Las leves toses de pulmón precedían la figura a la cual abrían paso los soldados y cabos que en el cuerpo de guardia se encontraban. Una armadura desgastada pero en perfecto estado cubría casi completamente el cuerpo del hombre. Sobre esta, el tabardo azul y blanco ribeteado de rojo que representaba el rango de sargento de la guardia. El rostro duro, las facciones se marcaban neutras dentro de la marcialidad casi sin sentimiento que le caracterizaba. Ojeras y rasgos curtidos.
-Salud Palathan- Inquirió un sargento cuando se cruzaban en la puerta que bajaba a la plaza.
-Salud Ethan- Respondió con seriedad y cortesía.
-Me voy a descansar que hemos llevado una noche agitada. ¿Tu empiezas la instrucción hoy por la mañana?
-Así es, tengo a los reclutas esperando en el fuerte de instrucción.
-Esos muchachos no saben lo que les espera, bueno, nos vemos.
-Buen descanso sargento.
Ambos militares se despidieron tras la breve conversación. Arzhan Palathan iba a comenzar la instrucción de parte de los reclutas por la mañana cierto. Lo qeu no sabía el compañero que se dirigía a su catre atrás era que esa misma noche había estado redactando el informe para procesar a la cabo Daniella Fetton, por un sinfín de delitos que aquí no vienen al caso.
El caso es que el oficial Palathan era sargento instructor y fiscal a la vez. Tenía 25 años y parecía tener mas de 40. De hecho, era el tipo de hombre que vive al límite de la muerte y de la vida, y que no sabe cual de las dos es peor. Todo eso contando con que Arzhan Palathan ya había muerto una vez.
...
Poco después, el sargento Palathan se hallaba ante la nueva remesa de reclutas en la plaza de instrucción, les pasó revista y nombre.
-Recluta Corneta presente, mi sargento- Nelson Braemuth, un joven carismático que había servido en el ejército de Cormyr, cantor de guerra y siervo del dragón púrpura. Apuntaba maneras como corneta de la guardia y heraldo, por tanto se le había puesto el nombre de Corneta.
-Recluta malamadre presente, mi sargento- Feith malamadre, hijo de un veterano guardia. Un tipo listo y perspicaz algo pillo, no obstante disciplinado y serio cuando debía. Es la clase de soldados que te piden permiso para cagarse en tus muelas antes de asaltar la posición enemiga, y dicho eso la asaltan mejor que nadie.
-Recluta sarem Koryn, mi sargento- Koryn aun no tenía mote, se había pasado una hora haciéndole preguntas al sargento antes de alistarse. Había tomado la decisión poco después de ver una de las actuaciones de Palathan mediando entre una cabo y una ciudadana hechicera. en aquella ocasión el sargento aplacó las hostilidades e hizo que todo se solucionase sin utilizar nada de violencia.
-Recluta Yano Lannen, mi sargento- Yano se había alistado en la guardia para proteger a los ciudadanos y todo eso, pero sobre todo él quería ser un maestro de espada de mano y media. Palathan le dijo que le siguiese, le hiciese caso y le prometió que lo convertiría en una maestro de espada bastarda.
-Recluta Walter Heisenberg, mi sargento- La última incorporación, un bisoño soñador Helmita que el cabo Gofredo de Soto se estaba encargando de convertir en un escudo de la guardia. Entusiasta y persicaz, rápido de aprendizaje presentaba redaños para llegara ser buen soldado.
-Bien, bien. A mis espalda están los soldados Miceno y Rúmekarh, ellos me van a ayudar a convertiros en maquinaria de pensar, lo cual hace que podáis ser los mejores en casi todo- El sargento andaba mientras hablaba frente a ellos, detrás de Palathan dos soldados inmóviles, perfectos indómitos y listos para hacer lo que se requiriese de ellos.
Taleseo Miceno Demeria y Gruerm "Yunqueobsidia" Rúmekarhn. Dos bastiones de los principios de Arzhan Palathan hechos carne. Instruidos por el sargento desde que entraron se habían convertido junto con el mítico cabo investigador Gofredo de Soto en el mejor ejemplo del progreso de la guardia.
Disciplina, entrega, perspicacia, cortesía, eficacia... Todo aquello que ha de ser un guardia. En muchos aspectos superaban a Palathan, él lo sabía, y eso le hacía dormir aun mejor.
Arzhan se dirigió a los reclutas son tono intenso, con autoridad y con presencia, con rotundidad, pero sin subir la voz en ningún momento.
-Bien sacos de carne, hoy vamos a practicar la formación en línea. ¿Qué es la formación en línea?- Uno de los reclutas levantó una mano y tras concedeérsele el permiso como se les había enseñado contestó conciso.
-Es la formación básica de combate, por la cual se dispone una línea de soldados cubiertos con escudos formando una falange.
-Esa es la descripción, pero yo quiero el concepto. Soldados explicadle que es una formación de verdad a estos calamares.- Taleseo empezó y Gruerm concluyó la explicación, los dos sincronizados, los dos perfectos, los dos, soldados.
-Una formación es la máxima unión de todos los compañeros a una, como si fuesen una única e impenetrable unidad...
-...En una formación tú dependes de todos y todos de ti, así que representa la igualdad entre los soldados y la eficacia depende de la disciplina.
-Es una unión de hermanos, y eso seréis. Listos, atentos.-
El oficial empezó a dar órdenes concisas y claras, sin gritar. Una tras otra los reclutas intentaban obedecer. Los dos soldados de apoyo los corregían, los ayudaban, con dureza, sí, pero siempre con proporcionalidad.
-Pie izquierdo adelantado, derecho algo atrasado, pies algo mas de anchura que los hombros.-Poco a poco, todos actuaban igual.
-Cuerpo equilibrado, rodillas semiflexionadas, el torso un poco inclinado hacia delante.-Otra vez de nuevo, recibían la información lo intentaban y los soldados los corregían.
-El brazo del escudo en ángulo recto, el escudo perpendicular al suelo, presentadlo al frente, tratad de relajar el hombro y el brazo. -Todos presentaban sus escudos, unos mejor, otros peor, al poco todos lo hacían igual.
-La lanza se coge por el principio del tercer tercio, se apunta ligeramente hacia arriba de manera que tengáis el torso el enemigo para la lanzada. El brazo flexionado, relajadlo, fijáos en vuestro compañero y hacedlo a una.
-Reclutas, a una vara de vuestro compañero... ¡Ya! -Obedecieron al principio torpemente, después mejor, hasta equilibrarse unos a otros.
-Cerrad escudos y proteged parte de vuestro compañero con el escudo, ahora.- Cada vez dejaban de parecer menos escoria y mas soldados, sin darse cuenta cada uno de ellos se esforzaba por algo fundamental, algo que era la base de la guardia. Compañerismo, rtodos a una, unidad. Esos conceptos entraban a espuertas cuanto mas se acercaban unos reclutas a otros y formaban una falange regular.
Alguien se acercaba,con pasos rápidos y ligeros. Detrás del sargento apareció el cabo de Soto que había estado observando desde las almenas del fuerte mientras escribía el informe de su última investigación. Al sargento sólo le bastó una mirada a su compañero para que el cabo Gofredo de Soto alzase la voz y dijese lo que Palathan sabía que iba a decir.
-¿¡Lo sentís!? ¡Cerrad los ojos, a vuestro lado tenéis a vuestros compañeros, sus respiraciones, el sonido del metal contra metal, el tintineo de vuestras lanzas al reozar sus escudos! ¡Sois una falange! ¡Sois una unidad, jamás estaréis solos mientras estéis unidos!
Arzhan Palathan asintió a la respuesta de su hermano de armas, y retomó él el dogmático discurso, mientras tanto, Gruerm y Miceno seguían poniendo en orden la cada vez mas perfecta falange, un pie por allí, un escudo por acá.
-Seréis guardias de Athkatla y soldados de Amm. Pero lo seréis por que queréis, lo seréis por que sois hombres libres que saben pensar. No solo eso... ¡Seréis los mejores porque sabréis pensar! Recordad que nuestro respeto se fundamenta en la cortesía y en la eficacia, nuestra autoridad es nuestro conocimiento, nuestros escudos y nuestros muros son nuestros hermanos, y nosotros somos a su vez sus lanzas y espadas.
Concluyó con las palabras que representaban a la compañía, y no las decía por decir, las decía por que las sentía, las decía por que era un idealista. Y no hay nadie que inspire mas las ideas que quien las siente como propias. Arzhan Palathan las sentía y pretendía reflejarlas.
-Perspicacia y sabiduría.
-Táctica y estrategia.
-Disciplina y orden.
-Compañerismo y honor.
Alzó la intensidad del discurso para terminar la instrucción y tratar de infundir las palabras en los corazones de aquellos que eran y aquellos que serían sus compañeros de armas, su ejército, su guardia.
¡Seguid esos principios, y seréis imparables. Seréis señores soldados y vuestra será la gloria!
...
En algún lugar de su cabeza cuando se retiraba a lavarse tras la instrucción de la mañana, algo le dijo.
(Bien Arzhan, así es como se forjan los héroes, un ejército de verdad)