Hela
Calculador épico de fichas de PJ
- Registrado
- 11/7/20
- Mensajes
- 2,019
El joven Piker Tuercebotas, se encontraba tumbado sobre una de las numerosas lomas de la mancomunidad, disfrutando de un merecido descanso después del desayuno.
Piker, era un hin de estatura media, mas bien regordete, con mejillas rosadas y el pelo ensortijado de un color castaño claro.
Sus ojos color miel oscuro, observaban las numerosas nubes que decoraban el cielo completamente azul del que disfrutaba aquella mañana primaveral.
Una voz chillona, pero a la vez profunda llamó su atención sacándolo del ensimismamiento.
-Piker, pequeño vago, ¿otra vez descansando de tu hora de trabajo?
El mediano miró a su derecha, donde la pequeña pero exigente Cintia, una mediana ya entrada en años, lo miraba con dureza mientras adoptaba un apostura dura con los brazos en jarras.
-Yo, solo estaba admirando este cielo …
-No me interesan tus excusas, la alcaldesa Numina ha pedido que se cuelguen esas placas en los lugares por toda la mancomunidad para agradecer a los que nos ayudaron contra los orcos.
-Pero, pero …
-Nada de peros-. Le volvió a cortar Cintia. -Te ha tocado a ti, además que eres el único que está ahora mismo sin hacer nada.
La mediana señaló una pequeña carretilla situada a los pies de la loma en la que estaban.
-Tienes que colgar las seis placas-. Le dijo.
-¡Seis placas!-. Exclamó Piker. -Son demasiadas …
El mediano se levantó de un salto cuando vio que Cintia se arremangaba y se quitaba una de sus chanclas, como alma que lleva un diablo bajó a todo correr y arrancó con todas las placas lo más rápidamente que le permitieron sus piernas.
-¡Y que estén colgadas todas antes del medio día!-. Le ordenó Cintia mientras esbozaba una sonrisa. -Este chico, siempre necesita un incentivo-. Murmuró para si.
Entonces el somnoliento Piker comenzó a mirar su lista. Seis placas y encima tendría que recorrer toda la mancomunidad, suspiró pesadamente y miró el papiro donde ponía su primer destino.
La Gambitaberna, me comería un poco de queso como segundo desayuno, pensó, pero si lo hacia con toda seguridad no acabaría por poner las placas para el medio día así que se haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, tan solo echó una fugaz ojeada a la gambitaberna, donde por suerte o por desgracia, aún no habían comenzado a hornear el pan del mediodía.
Se subió a la escalera y con premura clavó la primera de las placas en la que podía leerse lo siguiente:
“Como agradecimiento a todos los robustos de Kazad Gromdal, que con su sacrificio lograron que sobreviviéramos al ataque de los orcos.”
-Ale, primera colocada-. Dijo triunfante el mediano, sin darse cuenta que estaba bastante ladeada a la derecha, se giró y se marchó satisfecho por su primer recado completado tan rápido.
Encaminó su pequeña carretilla por el sendero que conducía al molino de agua, cuando llegó miró nuevamente el pergamino donde tenia anotado todo y tras leerlo muy por encima buscó la placa, ascendió por la escalera y clavo con presteza la placa, no sin antes machacarse el dedo gordo.
El mediano maldijo su mala fortuna, pero tubo el detalle o mejor dicho, el seso de asegurarse de que había colocado la placa correcta en la que podía leerse lo siguiente:
“Como agradecimiento a la excelentísima Guardia de Amn que con su ayuda logramos salvar a los numerosos medianos de las garras de los orcos.”
Miró el pergamino donde podía leerse la casa vacía de los Cuentacabras, el mediano alzó una ceja tratando de leer una pequeña anotación que había justo al margen, aunque no acabó de entender que significaba “proyecto Yondala”. Se encogió de hombros y cogió su carro encaminándose a su destino, tardó cinco minutos en un trayecto que habitualmente se hace cargado en dos, pero Piker, no era rápido precisamente.
Agarró la placa y la escalera, aunque extrañamente en esta ocasión si que se aseguró que la placa estuviese completamente bien colocada, puede que la nota al margen tuviese algo que ver para que el mediano decidiese esmerarse, todo el mundo quiere a Yondala.
Observó la placa y se tomó un momento para leer lo que en ella ponía:
“Como agradecimiento al Guantelete, que con su inestimable ayuda se salvó la vida de numerosos hin.”
-Bueno, ha quedado perfecta-. Sonrió el mediano, y era cierto por primera vez en toda la mañana Piker había logrado colocar una placa bien. Triunfante cogió su papiro y ojeó su siguiente destino, involuntariamente la comida volvió a venir a su mente cuando pudo leer “merendero”.
El mediano maldijo su mala suerte por haberse perdido el segundo desayuno por el trabajo que le habían impuesto tan injustamente.
Así que pesadamente cogió la carretilla y caminó los escasos cien pasos que le separaban de su destino.
De mala gana y huraño se subió al poste del merendero y colgó otra placa donde podía leerse lo siguiente:
“En agradecimiento a la Casa Galdrim por su ayuda para salvar a los hin secuestrados por los orcos y propiciar el regreso con sus familias.”
El mediano ni miró la placa, ya que sus enfado iba en aumento conforme pasaban las horas y notaba que su estómago seguía vacío, así que sin mucha ceremonia miró su siguiente destino, “El molino de viento”.
Y entonces Piker se encaminó al molino, donde una familia hin estaba disfrutando de su segundo desayuno, Piker saludó amablemente y sonriendo dijo.
-Me envía la alcaldesa para que coloque una placa en el molino.
-Ah si, nos han avisado, ¿es para dar las gracias al grupo aquel que nos ayudó verdad?
Piker no supo que responder, aunque su mirada se quedó fija en el queso que tenían sobre la mesa.
-¿No has comido Piker? Miras el queso como un lobo mira a un conejo.
-No, me he tirado toda la mañana colgando placas-. Respondió el mediano, en realidad llevaba a penas treinta minutos, pero para Piker, era como si llevase horas trabajando.
-Pues descansa un poco y come algo que te veo hambriento.
A Piker le cambió súbitamente el rostro, de sombrío a radiante, se acercó se sentó en una de las sillas y se sirvió sin preguntar un gran trozo de queso de cabra.
-Eftá muy rico-. Acertó a decir mientras daba buena cuenta de su “presa”.
-Si, lo hace mi esposa con la leche de las cabras de Piesmojados, es la mejor leche de la mancomunidad.
El mediano sonrió de oreja a oreja y cogió un pedazo de pan para acompañar al queso. Al cabo de una hora, tiempo prudencial para comer, ya que la comida se debe disfrutar. Piker se levantó.
-Muchísimas gracias por el almuerzo-. Acertó a decir, todo alegre cogió sus bártulos y colocó la penúltima placa en la que podía leerse lo siguiente:
“En agradecimiento al extinto Acero Argénteo por su inestimable colaboración en el rescate de numerosos hin secuestrados.”
Entonces Piker, miró hacia el este, el sol estaba ya muy alto y recordó que Cintia le había dicho que todas las placas debían estar colocadas antes del medio día.
Maldición, pensó, Cintia me va a matar, y echó a correr por el camino que le llevaba hasta la finca de la familia Muffin.
Colocar sobre el roble, el roble de la familia Muffin era alto y visible desde todos los puntos de la mancomunidad, así que debía ser importante la última placa, pensó Piker.
Así que el mediano colocó su escalera subió a toda prisa por el árbol y se tomó su tiempo para colocar la placa bien derecha, bien centrada y bien visible desde su posición, en ella podía leerse lo siguiente:
“En agradecimiento al culto de Selune por su donación y ayuda en la reconstrucción de la villa.”
Piker sonrió satisfecho y miró hacia la explanada que se abría ante el, era cierto que desde ahí se podía ver toda la mancomunidad, se bajó de su escalera y se dirigió a ver a Cintia para decirle que había terminado su trabajo.
Piker caminaba todo orgulloso sin haberse dado cuenta de un detalle importante, la placa debía estar clavada en la cara del árbol que apunta hacia la ciudad, para que todo el mundo pudiese verla. El mediano en su prisa por acabar no se dio cuenta que la placa estaba clavada en la cara que miraba a la muralla de forma que nadie en toda la ciudad sería capaz de verla. Pero Piker era feliz, el había acabado su trabajo a tiempo …
Piker, era un hin de estatura media, mas bien regordete, con mejillas rosadas y el pelo ensortijado de un color castaño claro.
Sus ojos color miel oscuro, observaban las numerosas nubes que decoraban el cielo completamente azul del que disfrutaba aquella mañana primaveral.
Una voz chillona, pero a la vez profunda llamó su atención sacándolo del ensimismamiento.
-Piker, pequeño vago, ¿otra vez descansando de tu hora de trabajo?
El mediano miró a su derecha, donde la pequeña pero exigente Cintia, una mediana ya entrada en años, lo miraba con dureza mientras adoptaba un apostura dura con los brazos en jarras.
-Yo, solo estaba admirando este cielo …
-No me interesan tus excusas, la alcaldesa Numina ha pedido que se cuelguen esas placas en los lugares por toda la mancomunidad para agradecer a los que nos ayudaron contra los orcos.
-Pero, pero …
-Nada de peros-. Le volvió a cortar Cintia. -Te ha tocado a ti, además que eres el único que está ahora mismo sin hacer nada.
La mediana señaló una pequeña carretilla situada a los pies de la loma en la que estaban.
-Tienes que colgar las seis placas-. Le dijo.
-¡Seis placas!-. Exclamó Piker. -Son demasiadas …
El mediano se levantó de un salto cuando vio que Cintia se arremangaba y se quitaba una de sus chanclas, como alma que lleva un diablo bajó a todo correr y arrancó con todas las placas lo más rápidamente que le permitieron sus piernas.
-¡Y que estén colgadas todas antes del medio día!-. Le ordenó Cintia mientras esbozaba una sonrisa. -Este chico, siempre necesita un incentivo-. Murmuró para si.
Entonces el somnoliento Piker comenzó a mirar su lista. Seis placas y encima tendría que recorrer toda la mancomunidad, suspiró pesadamente y miró el papiro donde ponía su primer destino.
La Gambitaberna, me comería un poco de queso como segundo desayuno, pensó, pero si lo hacia con toda seguridad no acabaría por poner las placas para el medio día así que se haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, tan solo echó una fugaz ojeada a la gambitaberna, donde por suerte o por desgracia, aún no habían comenzado a hornear el pan del mediodía.
Se subió a la escalera y con premura clavó la primera de las placas en la que podía leerse lo siguiente:
“Como agradecimiento a todos los robustos de Kazad Gromdal, que con su sacrificio lograron que sobreviviéramos al ataque de los orcos.”
-Ale, primera colocada-. Dijo triunfante el mediano, sin darse cuenta que estaba bastante ladeada a la derecha, se giró y se marchó satisfecho por su primer recado completado tan rápido.
Encaminó su pequeña carretilla por el sendero que conducía al molino de agua, cuando llegó miró nuevamente el pergamino donde tenia anotado todo y tras leerlo muy por encima buscó la placa, ascendió por la escalera y clavo con presteza la placa, no sin antes machacarse el dedo gordo.
El mediano maldijo su mala fortuna, pero tubo el detalle o mejor dicho, el seso de asegurarse de que había colocado la placa correcta en la que podía leerse lo siguiente:
“Como agradecimiento a la excelentísima Guardia de Amn que con su ayuda logramos salvar a los numerosos medianos de las garras de los orcos.”
Miró el pergamino donde podía leerse la casa vacía de los Cuentacabras, el mediano alzó una ceja tratando de leer una pequeña anotación que había justo al margen, aunque no acabó de entender que significaba “proyecto Yondala”. Se encogió de hombros y cogió su carro encaminándose a su destino, tardó cinco minutos en un trayecto que habitualmente se hace cargado en dos, pero Piker, no era rápido precisamente.
Agarró la placa y la escalera, aunque extrañamente en esta ocasión si que se aseguró que la placa estuviese completamente bien colocada, puede que la nota al margen tuviese algo que ver para que el mediano decidiese esmerarse, todo el mundo quiere a Yondala.
Observó la placa y se tomó un momento para leer lo que en ella ponía:
“Como agradecimiento al Guantelete, que con su inestimable ayuda se salvó la vida de numerosos hin.”
-Bueno, ha quedado perfecta-. Sonrió el mediano, y era cierto por primera vez en toda la mañana Piker había logrado colocar una placa bien. Triunfante cogió su papiro y ojeó su siguiente destino, involuntariamente la comida volvió a venir a su mente cuando pudo leer “merendero”.
El mediano maldijo su mala suerte por haberse perdido el segundo desayuno por el trabajo que le habían impuesto tan injustamente.
Así que pesadamente cogió la carretilla y caminó los escasos cien pasos que le separaban de su destino.
De mala gana y huraño se subió al poste del merendero y colgó otra placa donde podía leerse lo siguiente:
“En agradecimiento a la Casa Galdrim por su ayuda para salvar a los hin secuestrados por los orcos y propiciar el regreso con sus familias.”
El mediano ni miró la placa, ya que sus enfado iba en aumento conforme pasaban las horas y notaba que su estómago seguía vacío, así que sin mucha ceremonia miró su siguiente destino, “El molino de viento”.
Y entonces Piker se encaminó al molino, donde una familia hin estaba disfrutando de su segundo desayuno, Piker saludó amablemente y sonriendo dijo.
-Me envía la alcaldesa para que coloque una placa en el molino.
-Ah si, nos han avisado, ¿es para dar las gracias al grupo aquel que nos ayudó verdad?
Piker no supo que responder, aunque su mirada se quedó fija en el queso que tenían sobre la mesa.
-¿No has comido Piker? Miras el queso como un lobo mira a un conejo.
-No, me he tirado toda la mañana colgando placas-. Respondió el mediano, en realidad llevaba a penas treinta minutos, pero para Piker, era como si llevase horas trabajando.
-Pues descansa un poco y come algo que te veo hambriento.
A Piker le cambió súbitamente el rostro, de sombrío a radiante, se acercó se sentó en una de las sillas y se sirvió sin preguntar un gran trozo de queso de cabra.
-Eftá muy rico-. Acertó a decir mientras daba buena cuenta de su “presa”.
-Si, lo hace mi esposa con la leche de las cabras de Piesmojados, es la mejor leche de la mancomunidad.
El mediano sonrió de oreja a oreja y cogió un pedazo de pan para acompañar al queso. Al cabo de una hora, tiempo prudencial para comer, ya que la comida se debe disfrutar. Piker se levantó.
-Muchísimas gracias por el almuerzo-. Acertó a decir, todo alegre cogió sus bártulos y colocó la penúltima placa en la que podía leerse lo siguiente:
“En agradecimiento al extinto Acero Argénteo por su inestimable colaboración en el rescate de numerosos hin secuestrados.”
Entonces Piker, miró hacia el este, el sol estaba ya muy alto y recordó que Cintia le había dicho que todas las placas debían estar colocadas antes del medio día.
Maldición, pensó, Cintia me va a matar, y echó a correr por el camino que le llevaba hasta la finca de la familia Muffin.
Colocar sobre el roble, el roble de la familia Muffin era alto y visible desde todos los puntos de la mancomunidad, así que debía ser importante la última placa, pensó Piker.
Así que el mediano colocó su escalera subió a toda prisa por el árbol y se tomó su tiempo para colocar la placa bien derecha, bien centrada y bien visible desde su posición, en ella podía leerse lo siguiente:
“En agradecimiento al culto de Selune por su donación y ayuda en la reconstrucción de la villa.”
Piker sonrió satisfecho y miró hacia la explanada que se abría ante el, era cierto que desde ahí se podía ver toda la mancomunidad, se bajó de su escalera y se dirigió a ver a Cintia para decirle que había terminado su trabajo.
Piker caminaba todo orgulloso sin haberse dado cuenta de un detalle importante, la placa debía estar clavada en la cara del árbol que apunta hacia la ciudad, para que todo el mundo pudiese verla. El mediano en su prisa por acabar no se dio cuenta que la placa estaba clavada en la cara que miraba a la muralla de forma que nadie en toda la ciudad sería capaz de verla. Pero Piker era feliz, el había acabado su trabajo a tiempo …
Última edición: