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Crónicas de un militar muy peculiar.

Manolete

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Historias castrenses en Cormyr


Durante la niñez , solo me parecieron simples coincidencias , nada que darle excesiva importancia , quizás fueran imaginaciones mías o algo que pasaría cuando creciese…

Levantar mesas el doble de grandes que yo , jugando con los amigos , romperles sin querer un brazo de un apretón…
La explicación es que había nacido muy sano y estaba muy bien alimentado , no había otra cosa , al menos eso decía mi madre , mi padre en cambio guardaba silencio ante estas situaciones…


Los años pasaron y me alisté en el ejercito de Cormyr desoyendo los consejos paternos y maternos.
Ya era un adolescente de 14 años y era bastante mas musculoso que mis compañeros reclutas .
Los instructores también lo notaron , aunque no dieron ninguna importancia mas allá de los primeros días.
Con frecuencia me mandaban las tareas mas pesadas físicamente tal como cargar con enormes bultos que ni 3 compañeros juntos podrían llevar.

Con los meses me convertí en soldado , siendo destinado curiosamente a músicas militares , alguno de mis superiores había visto en mi voz un buen filón , mas aun que mi fuerza , al parecer andaban faltos de músicos dentro del ejército.

Al cabo de un año , mi unidad fue mandada a la frontera , había problemas con una tribu de gigantes que estaban atemorizando algunos pueblos.

Los días allí transcurrían lentos , los gigantes parecían bien organizados y no daban la cara salvo en pequeñas avanzadillas que eran diezmadas por nuestro ejercito.
Así pasaron alrededor de 6 meses.

Indudablemente , aquello cambió.

Los altos mandos de la capital se impacientaban , querían que terminaramos con aquello cuanto antes.
A nuestro Comandante no le quedó otra opción que ir en busca de la base de los gigantes.
Quizás fuera por la prisa que nos metieron , o por descuido del comandante y los 2 capitanes , pero fuimos a entrar en un valle, en el cual fuimos presa de una emboscada por parte de gigantes.

La oficialidad iva al frente de la comitiva , los soldados les seguimos , y yo , junto a un cabo que también era músico , cerrabamos la marcha , arengando a las tropas con nuestras melodías.

Atacaron con rocas del tamaño de dos hombres , lanzandolas sobre nuestras cabezas.
Los oficiales se llevaron la peor parte , acabaron sin vida en un santiamén , caballos incluidos.

Los kobolds disparaban andanadas de flechas venenosas que acabaron con una cuarta parte de los soldados en apenas unos minutos.

Observando la situación , un ardor guerrero me cubrió el pecho , algo me rasgaba el interior , una fuerza enorme me envolvía en aquellos instantes , tal era la magnificencia de aquello , que de forma antinatural , cuando una de las enormes rocas fue a parar sobre mi posición , de un brutal manotazo la desvié de su trayectoria , llendo esta a impactar sobre una avanzadilla de kobolds que ya venía por nosotros.
Los soldados , que vieron la hazaña . no daban crédito.

Con el ardor aun dentro , comenzé junto al cabo a organizar a los soldados que aun quedaron vivos.
Resistimos el envite , pudimos mantener la formación y acabamos con todos los kobolds y gigantes que tuvieron la osadía de acercarse , bordeamos todo el valle y dimos muerte a cuantos gigantes encontramos , vengando a nuestro caidos.

Lo mas inquietante fue que durante una refriega contra un gigante , y sin que nadie mas nos observara , al asestar golpes con mi espada , y viendo que esa bestia terminaría por matarme , ese ardor interior , resurgió con fuerzas redobladas y de mi interior salió algo similar a un ataque de tos , un brutal ataque de tos , que en vez de expulsar esputos , expulsaba electricidad , cual rayo en una tormenta , alcanzando al gigante en el pecho y cayendo muerto.

Tras el fatídico día nos retiramos al campamento base….

Continuará…
 

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