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Cuaderno de Flynn.

Dugan

Elfo que no discute
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5/10/08
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Piedras y tierra.

Flynn, aún con polvo del camino en los pliegues de su capa verde oscuro, entró al taller de alquimia de Caravasar con paso cuidadoso. El lugar olía a hojas secas, fuego arcano y algo metálico que le recordaba a... sangre. Sobre la mesa, hileras de frascos brillaban como joyas, esperando su turno en el crisol.

—No toques nada, si no es mucho pedir -dijo la elfa sin levantar la vista.

Flynn carraspeó.

—¿Tiene usté lo que le pedí? ya sabe. Algo que impida que la tierra me se trague de nuevo.

La elfa levantó la mirada. Sus ojos lo estudiaron un instante antes de extender un frasco que parecía contener lodo líquido iluminado desde dentro.

—Esto no evita los desastres, mediano. Solo te hace... parte de ellos. Una sola dosis te convierte en tierra viva, por unos minutos. Rocas, fuego, peso… dejan de tenerte por enemigo.

Flynn alzó la ceja, girando el frasco bajo la luz. El turbio líquido parecía latir.

—¿Te convierte en un elemental?

—Por breve tiempo. Suficiente para cruzar una caverna colapsada, o dejar que una avalancha te trague sin que tus huesos lo noten.


Él guardó silencio. Recordó el crujido de las piedras sobre su cabeza, la oscuridad, el aire espeso y polvoriento.

—¿Y efectos secundarios?

—Solo uno
—respondió ella, ladeando una sonrisa— A veces, cuesta querer volver a ser tu mismo. Algunos encuentran agradable la idea de ser una piedra que no puede sentir dolor.

Flynn contemplo el frasco, pensativo. Al cabo de unos momentos, lo guardo con cuidado.

—No busco dejar de ser yo. Solo quiero salir con la pelleja intacta de situaciones peliagudas... Ahora, ¿Cuánto se le debe?

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