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Curaciones mútuas

_Miau_The_Return_

El que aplaude en los discursos Zhent
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Crimmor, en plena recuperación. Era media tarde y Calistia se encontraba en la plaza del mercado, el cual poco a poco comenzaba a recuperar algo de normalidad. En aquellos aciagos días, la joven sacerdotisa, permanecía en la ciudad ayudando a todo aquel que necesitase ayuda. Sin embargo, el dia comenzaba a hacer mella en ella. Así pues, comenzó y dirigirse hacia el Teatro de la Alegría. Y al acercarse, sus ojos violeta se abrieron de par en par. Pues allí, observaba a su Hermana de Fé, subiendo los escalones, de manera muy dolorida.
- ¡Que la Dama os bendiga, Hermana!-
- Gracias a la diosa, hermana... - Suspiró la semiorca paladina. Calistia se acercó muy preocupada a la maltrecha figura de Fery . - ¿Que os ocurre Hermana? -


La respuesta de Fery, sonó muy fatigoso y adolorido, como si exhalar aquellas palabras le costasen mas que un triunfo.

- Os estaba... buscando. Acabo de llegar de Purskul-

La joven sacerdotisa miró con sumo detenimiento a su hermana, la cual estaba ataviada con una túnica de suave tela, para evitar roces, y bajo esta, Calistia observó los vendajes que cubrian el maltrecho cuerpo de la paladina. Y la faz crispada y dolorida de la semiorca vislumbraban claramente el escaso descanso al que se había sometido. Tendiendo el brazo, la sacerdotisa ayudó a la paladina a caminar, apoyandose en ella. - Apoyaos, Hermana -
Sonriendo de manera ténue, la semiorca respondió. - He tenido días mejores -
La respuesta de la sacerdotisa no se hizo esperar - Seré vuestro sustento -
- ¿Podéis... echar un vistazo a mis heridas? - La joven sacerdotisa, sonrió a la paladina aunque en su faz se veía claramente la preocupación al ver el estado de su hermana.
- Claro que sí. Entremos, y os miraré -
Tras ver que la paladina no llevaba nada mas que aquella suave túnica, la joven Calistia preguntó
- ¿Y vuestros pertrechos? -

- Están en la Casa Gáldrim, pues viajé con lo justo y he de... volver. -
Consciente de la terquedad de la paladina, la joven, guió a su hermana hasta el Rastro de Tymora. Una vez allí, se acercaron hacia la esbeltísima y alta regente de la posada.
-
Buena Terina, la mejor habitacón, por favor. Que esté bien limpia. Necesitaré toallas humedas y...mandad una sirvienta, por favor - Tras aquellas palabras, la joven sacerdotisa ayudó a su hermana a subir aquellas escaleras.
- Dichosas escaleras... - Murmuró la semiorca.

Llevando a Fery del brazo, llegaron finalmente a la habitación que Terina había preparado para ellas. Ayudó a la paladina en sentarse en aquella espaciosa cama y en ese momento, la paladina comenzó a desprenderse de aquella túnica, revelenado a las claras, como el cuerpo grande de la semiorca estaba vendado en la mayor parte. Se veía claramente que o bien la paladina o alguien, había tratado aquellas heridas lo mejor que pudo, pero para un ojo habilidoso en aquellas cuestiones, como las de la joven sunita, veía que si alguien realmente experto los hubiera tratado, hubiera hecho un mejor trabajo. Cuando en silencio, la joven comenzó a ver el estado de aquellas heridas, se veía a las claras las marcas de multiples heridas, golpes, filos, puñaladas, algunas de las cuales, habian profundizado en el cuerpo de la semiorca. Estaba mas que claro que la semiorca se mantenía en pie, gracias a su voluntad y espíritu.


- Decidme que vais a poder hacer que no queden cicatrices... - La preocupacion en la voz de la paladina era mas que evidente.
- Tranquila. No os quedará ni una. Si hace falta, usaré cada ápice de mi, para que no tengais ni una - La voz de la paladina rezumaba dolor y agonía por partes iguales - No pude salvarlos a todos, hermana. -

Aplicando todos y cada uno de sus conocimientos, la sacerdotisa cogió varias toallas húmedas, que una solícita sirvienta había traído, para poder limpiar aquellas graves heridas.
- Tranquila Hermana. Ahora mismo, necesito que estéis tranquila -
La joven sacerdotisa, observó ciertas trazas negras, en la piel, como si hubieran absorbido parte del cuerpo de la paladina. Esta comnezó a murmurar al tiempo que la joven humana tras percatarse que era, sujetú su símbolo sagrado y tras besarlo, lo apoyó en las heridas de la paladina. Respondiendo a los rezos de la sacerdotisa, comenzó a irradiar leves haces de luz rojiza y estos comenzaron a devorar aquellas trazas oscuras. - Cada vez que cierro los ojos tengo pesadillas... Nunca había sentido la energía negativa apoderarse tantas veces de mi cuerpo. -

En un primer instante, el cuerpo de la paladina reaccionó convulsionandose en un primer instante, pero después, era mas que evidente, por como el cuerpo de la paladina se relajaba, que aquello comenzaba a hacer efecto. A medida que los salmos de la sacerdotisa empezaban un tono mas alto, la energía rojiza era mas fuerte. Cada vez que una traza negra que era devorada por quella cálida luz, la sacerdotisa con una toalla húmeda, limpiaba las heridas, mientras de sus labios salía un suave canturreo tranquilizador.

- Diosa... Qué alivio... - La voz de la joven sacerdotisa, era cada vez mas suave, a medida que aquellas trazas de inefable origen iban desapareciendo. - Debo estar lo mejor posible para ir a defender Púrskul, hermana... Me necesitan. -
- Sssshhhh. Estareis lista. Para ese momento. Mas ahora, debéis tomar tiempo, para vos. Pues si no lo haceis, no podreis ayudar a nadie, ni siquera a vos misma. -


... continuará...

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La paladina se reincorporó un poco para quedar sentada y una mueca dolorida, asomó a sus facciones. - Esos seres eran poderosos, tenían un montón de gente presa... no pueden hacer lo mismo allí. -

Para asegurar que no quedase ninguna traza de energía negativa en el cuerpo de la paladina, Calistia apoyó su bendito símbolo sagrado sobre la frente de Fery.- Sana a esta servidora tuya, para que pueda serviros, siempre. Que pueda continuar su tarea, de servicio y auxilio. De alegria y armonía. - Oró la sacerdotisa, al mismo tiempo que una suave y cálida luz rojiza, bañó levemente el cuerpo de la semiorca. Con cuidado, mimo y esmero, la joven sacerdotisa, volvió a limpiar con sumo cuidado el cuerpo fornido de Fery y acomodó nuevas vendas limpias.

La paladina, movió curiosa sus manos. - Gracias, hermana.- Dijo la paladina. - Ahora mismo, debéis guardar reposo. Se que vuestro cuerpo es muy robusto, pero debéis darle un poco de tiempo - Respondió la sacerdotisa, sonriéndola con cariño.

Tras llevarse las manos a la cabeza, la paladina musitó - Las pesadillas... me están matando.
Tras tirar a la basura, los viejos vendajes, gritó la sacerdotisa. - Esperad un momento. ¡Sirvienta! Venid por favor. Poned agua a hervir.-Entonces, se hizo un suave silencio, mientras ambas sunitas se miraban. Una la miraba con una sonrisa cariñosa y la otra al poco le respondió de la misma manera.

Tras llegar la sirvienta con la taza de agua hirviendo, Calistia esparció el contenido de algunos viales que portaba, en silencio
- ¿Qué... es?- Preguntó la paladina, tras un rato de espera, y tras sujetar el contenido de la taza entre sus manos, intentando atrapar el calor. - Algo que os ayudará. - Respondió la sacerdotisa, sonriéndola con cariño. Calistia ayudó a beber el contenido de la taza, de manera lenta pero continua.

- Deseo que hagáis una cosa. Ordenad vuestro pensamiento. Contadme que pasó. Pero no os altereis. Necesitais sacar la angustia que atenaza vuestra alma. - La joven sacerdotisa, con calma, miró a la paladina al rostro, mientras observó como el cabello de esta caía como una cascada. Tras lo cual se sentó a su lado y la sonrió ofreciéndole tranquilidad.

La semiorca suspiró mientras miraba al techo de la habitación. - Conseguimos entrar en la mansión que había entre la bruma roja. Era... el nido de un señor vampiro: allí tenían gente torurada hasta morir, y a otros... encerrados en unas tenebrosas mazmorras.- A cada frase llena de angustia y dolor que Fery decía, la joven Calistia acariciaba las nobles facciones de Fery . - Además, dimos con la causa y el origen de aquella niebla... Habían engañado a una artista, maldecido a esta y quedado prisionera en su inmortalidad para generar esta o sufrir daño de no hacerlo. - Tras negar con vehemencia y su rostro crisparse ante la culpa, concluyó. - No pude salvarla, tan solo... hacer que descansara eternamente. - Tras lo cual sendas lagrimas cayeron por el rostro de la semiorca.

- Sssshhhh - Susurró la sacerdotisa, procurando traer la calma y tranquilidad a la paladina.
- Hay momentos, en los que no podemos hacer nada, salvo darles la paz. Algunos, por desgracia, están mas alla de una posible salvación. Comprendo como os sentís. Yo me sentiría muy mal, en vuestro lugar. Querer salvar a alguien inocente y no conseguir mas que pueda estar su alma en paz.-

- Mi único consuelo es que al final ese señor vampiro pagó, pues en el combate, pude utilizar la energía de nuestra diosa para convertirlo en cenizas. -
- Pensad, que tras la paz, su alma podrá navegar por el mar de las almas. Hermana. Libre y en paz.- Dijo la joven sacerdotisa a la paladina, sonriendo y animándola mientras sus dedos acariciaban con ternura las mejillas de esta.

- Me ayudaron a sacar a los presos. Algunos volvieron a sus vidas, otros crearon de nuevas, pero... por desgracia, los hubo que no pudieron aceptar lo que les había pasado y acabaron quitándose la vida. - Tras aquellas ultimas palabras, el rostro de Calistia palideció, pero por el bien de Fery, dejó todos sus pensamientos aparte y sonrió a esta con dulzura.
- Así que... - Dio otro largo sorbo a aquel preparado.- Tengo que estar lista para salvaguardar a Púrskul de las criaturas que quedan... No es propio de mí dudar, lo sé. No es lo que se espera de una ordenada de las Hermanas y Hermanos de la Rosa Rubí. Solo necesitaba algo de consuelo...-

- Hermana, hicisteis todo lo que estaba en vuestra mano. No debéis fustigaros por ello. Yo estuve en un estado similar al vuestro, ¿Sabéis? -

- ¿Qué os ocurrió? - Preguntó expectante la semiorca.

- Los sucesos por Crimmor, me marcaron por dentro. ¿Recordáis aquel viaje en el que la bruma avivaba nuestros peores temores? - La paladina asintió, recordando aquellos momentos vividos.

- Tuve pesadillas. Muchas pesadillas. Habitantes de Crimmor, pidiendo ayuda mientras estos se deshacían en mis manos. Ver como los ojos de mis padres se apagaban mientras yo miraba impotente - Calistia sonrió con una mas que evidente tristeza, pues fuertes sentimientos convergieron dentro de ella al hablar de ello. -Aquella estatua, aquel ser del mas allá hablando en mi mente, mientras yo gritaba de puro dolor.- Al hablar de aquello los ojos violetas de la humana se empañaron al tiempo que unas lagrimas afloraron a sus vidriosos ojos. Tras unos instantes, la calma la sobrevino, tras recobrar la respiración a un ritmo más normal.

- Sabed que yo también estoy aquí para vos, hermana. Otra cosa no, pero los sunitas sabemos ofrecer consuelo. - La paladina estiró el brazo para posar la mano en el mentón de Calistia, regalándole luego un beso en la mejilla, como si fuese su hermana mayor.
- ¿Sabéis que me ayudó a superarlo? - Miró sonriente a la paladina, mirándola a los ojos, y como respuesta obtuvo sorprendentemente, una negación. La respuesta de Calistia, no vino en forma de palabras. Se limitó a mirar a su hermana con una sonrisa cálida mientras acariciaba aquel cabello que muchas veces la fascinaba.

- En mis visiones, se superponía una figura. Al principio, no la veía muy bien. Una pálida bruma la envolvía. De dentro de esa bruma, se vislumbraba una luz, al principio titilaba, a merced de la bruma. Pero a medida que me acercaba, esa luz comenzó a brillar cada vez con mas intensidad - Las cejas de la paladina se elevaron en un claro gesto de curiosidad e incredulidad a medida que escuchaba a la sacerdotisa. Esta a su vez, sonrió para acariciar a su hermana, de manera distraída, como si ordenase sus pensamientos.
- Esa luz, empezó a ganar intensidad, a medida que mis pasos temblorosos, me llevaban allí. Al principio parecía una luz blanca, pura, pero al ganar intensidad, esa luz se tornó de un carmesí brillante, palpitante, rebosante de vida. Las brumas, fueron absorbidas por la luz. Y he allí, que se encontraba la figura, que comenzó a despejar esa bruma que atenazaba mis miedos. Una figura, enérgica, viva, brillante en su aura de luz de vida.-

La joven sacerdotisa esbozaba una mas que amplia sonrisa a medida que sus palabras continuaban. - Y allí estaba, mi guía, mi faro de luz, el mejor ejemplo de como alguien debe ser. Al mismo tiempo fuerte, ejemplar, vigorosa, virtuosa. Al mismo tiempo, un dechado de sentimientos. Vivos.-
Y tras acabar de decir aquellas palabras sus ojos violetas se clavaron en los de Fery.

- ¿Quién...? - Esta parpadeó, confusa, expectante, esperando una respuesta a aquella confesión, al tiempo que la sacerdotisa, sonriente como nunca le devolvió la mirada.
- Nuestra querida diosa. -
La voz de la paladina, estaba impregnada de mucha curiosidad, aquello era muy evidente por el tono de sus palabras
- ¿Pero sabéis que cuerpo eligió para expresarse? -
- Su aura era claramente inconfundible, mas eligió, una forma, que para mi, significa muchísimo, aunque hasta aquel momento, no era plenamente consciente de ello. - La sacerdotisa sonrió, clavando con firmeza los ojos en los de su hermana de fe.
- Qué... Pero... - Por primera vez en mucho tiempo, la sorpresa, la confusión, hizo mella en la paladina. - ¿Yo? -

La joven sacerdotisa, asintió con suavidad.
- Sois mas de lo que os creéis, querida Hermana. Muchas personas, solo verán una cara bonita, una semiorca, un paladín. No obstante, sois un receptáculo de un poder, inconmensurable. Estáis agraciada, mas de lo que podáis imaginar -
La respuesta, calma, pero embargada de una alegria, tranquilidad y llena de amor, llegó en forma de una mas que evidente palabra. - Gracias. -
Tras aquel cúmulo de confesiones, la habitación estaba cargada de fuertes sentimientos, de amor, cariño, esperanza, fe y fraternidad.
- Sois realmente una sacerdotisa de Sune, Calistia; estoy orgullosa de vos. -

El cansancio, hizo mella en ambas sunitas, las cuales se miraban exultantes y reconfortadas. Como si ambas hubieran necesitado aquel momento, para sanar, ciertas heridas, que iban más allá de lo simplemente físico.

Offtopic :
Siento la chapa, pero esto llevaba tiempo que lo quería escribir. Gracias a Manny por aquella tarde. Y gracias a todas las personas que se animen a leerlo. Solo espero que no os resulte un ladrillo
 
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