Gainaxx
Enano con acento ruso
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No sé qué día es, pero decidí escribir éste diario como forma de desahogo y agradecimiento.
La forja sigue oliendo a carbón, aceite y metal caliente. Hay una herramienta en el suelo que tendría que haber guardado hace horas. La veo desde acá, pero no pienso levantarme. Mañana seguirá estando ahí.
Hoy volvimos de la expedición contra el Avatar.
Todavía cuesta escribirlo sin que parezca una mentira. Hubo gente que cayó antes de nosotros. Gente mejor armada, con más experiencia, con más razones para creer que podía volver. Y aun así fuimos. No sé si por coraje, por terquedad o porque a veces uno entiende que, si no da un paso al frente, después no va a poder mirarse las manos sin sentir vergüenza.
Ganamos.
No fui yo. No fue un solo golpe, ni una sola espada, ni una sola persona. Fue un grupo de gente cansada, herida y demasiado terca como para soltar la línea cuando las cosas se pusieron feas. Supongo que así se derrota algo que parece imposible: no dejándolo respirar tranquilo.
Debería sentirme distinto después de algo así. Más grande, quizás. Más seguro.
Pero sigo siendo el mismo hombre que se queda dormido sobre una mesa de trabajo y despierta con la marca de un martillo en la mejilla. Sigo olvidando comer cuando hay un encargo pendiente. Sigo tomando cerveza solo más veces de las que admitiría delante de alguien.
La diferencia es que ahora, cuando termino una jornada, ya no siento que todo lo que hice se pierda en el humo de la forja.
Hay personas.
Zyon probablemente diría algo simple, algo que parezca una broma hasta que uno se da cuenta de que tiene razón. Sara escucharía sin obligarme a hablar más de la cuenta aunque luego lo terminaría haciendo. Douglas encontraría una forma de convertir cualquier cosa seria en una conversación entretenida o curiosa.
Y sobre esa mujer...
No sé escribir bien sobre ella.
La quiero. Ella lo sabe. No necesito repetirlo para que sea verdad.
No siempre entiendo lo que piensa. A veces parece estar cerca y, al instante siguiente, como si hubiese levantado una pared que nadie puede cruzar. Pero entiendo que hay heridas que no se abren con una pregunta correcta ni se cierran porque alguien tenga paciencia. Así que no voy a empujarla.
Puedo esperar.
No porque espere una recompensa. Porque quiero que, cuando decida acercarse, sepa que no tiene que defenderse de mí.
Mi trabajo va bien. La gente empieza a reconocer mi nombre. Eso debería tranquilizarme, pero solo trae más encargos, más viajes, más cosas por arreglar y más días que no terminan nunca. A veces siento que estoy corriendo de una ciudad a otra, de una pelea a otra, con el martillo en una mano y una lista de deudas en la otra.
Pero supongo que esta es la vida que elegí.
No una vida tranquila, ni una vida sencilla.
Una en la que puedo volver a una forja desordenada, abrir una cerveza, sentarme solo y saber que, aun así, no estoy completamente solo.
Por ahora, alcanza.
-Gain

La forja sigue oliendo a carbón, aceite y metal caliente. Hay una herramienta en el suelo que tendría que haber guardado hace horas. La veo desde acá, pero no pienso levantarme. Mañana seguirá estando ahí.
Hoy volvimos de la expedición contra el Avatar.
Todavía cuesta escribirlo sin que parezca una mentira. Hubo gente que cayó antes de nosotros. Gente mejor armada, con más experiencia, con más razones para creer que podía volver. Y aun así fuimos. No sé si por coraje, por terquedad o porque a veces uno entiende que, si no da un paso al frente, después no va a poder mirarse las manos sin sentir vergüenza.
Ganamos.
No fui yo. No fue un solo golpe, ni una sola espada, ni una sola persona. Fue un grupo de gente cansada, herida y demasiado terca como para soltar la línea cuando las cosas se pusieron feas. Supongo que así se derrota algo que parece imposible: no dejándolo respirar tranquilo.
Debería sentirme distinto después de algo así. Más grande, quizás. Más seguro.
Pero sigo siendo el mismo hombre que se queda dormido sobre una mesa de trabajo y despierta con la marca de un martillo en la mejilla. Sigo olvidando comer cuando hay un encargo pendiente. Sigo tomando cerveza solo más veces de las que admitiría delante de alguien.
La diferencia es que ahora, cuando termino una jornada, ya no siento que todo lo que hice se pierda en el humo de la forja.
Hay personas.
Zyon probablemente diría algo simple, algo que parezca una broma hasta que uno se da cuenta de que tiene razón. Sara escucharía sin obligarme a hablar más de la cuenta aunque luego lo terminaría haciendo. Douglas encontraría una forma de convertir cualquier cosa seria en una conversación entretenida o curiosa.
Y sobre esa mujer...
No sé escribir bien sobre ella.
La quiero. Ella lo sabe. No necesito repetirlo para que sea verdad.
No siempre entiendo lo que piensa. A veces parece estar cerca y, al instante siguiente, como si hubiese levantado una pared que nadie puede cruzar. Pero entiendo que hay heridas que no se abren con una pregunta correcta ni se cierran porque alguien tenga paciencia. Así que no voy a empujarla.
Puedo esperar.
No porque espere una recompensa. Porque quiero que, cuando decida acercarse, sepa que no tiene que defenderse de mí.
Mi trabajo va bien. La gente empieza a reconocer mi nombre. Eso debería tranquilizarme, pero solo trae más encargos, más viajes, más cosas por arreglar y más días que no terminan nunca. A veces siento que estoy corriendo de una ciudad a otra, de una pelea a otra, con el martillo en una mano y una lista de deudas en la otra.
Pero supongo que esta es la vida que elegí.
No una vida tranquila, ni una vida sencilla.
Una en la que puedo volver a una forja desordenada, abrir una cerveza, sentarme solo y saber que, aun así, no estoy completamente solo.
Por ahora, alcanza.
-Gain
