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Diario de Gladius Holyblade

Wallack

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Decir adiós a mi padre ha sido duro pero marchar rumbo a lo desconocido es lo más difícil que he hecho nunca. Pero es para lo que me he estado preparando.

Llevaba un petate con la armadura y espada que me hizo padre. Eran mundanas, pero me servirían para empezar. Llevaba ropa y algunas provisiones.

El barco salía por la tarde y el puerto de Aguas Profundas estaba abarrotado. Subí a bordo de la nave, el Orgullo de Umberli, varias horas antes de salir, con la idea de estar preparado y con todo listo. No me gustaba llegar tarde a los compromisos.

Bajé a la bodega y dejé mis provisiones en una esquina. Era el primero de los viajeros, por lo que estaba todo vacío.

El viaje fue tranquilo y placentero. La brisa acariciaba todo lo que tocaba y las aguas reflejaban la luz de la luna durante la noche. El viaje duraba un par de días y durante el último, sufrimos un pequeño percance.

Restos de basura en el agua a la deriva chocaron e hicieron un pequeño agujero en el casco de la nave. Con tan mala suerte de que ocurrió en la bodega y mi equipaje fue el primero en salir y perderse en las aguas del Mar de las Espadas.

Los contramaestres pronto arreglaron el desperfecto y el barco pudo seguir rumbo Athkatla sin otro incidente alguno, pero mi equipaje y parte del equipaje de otros viajeros, se perdió en las profundidades.

Había salido de casa solo un día antes y ya había perdido todo lo que tenía. El destino a veces es caprichoso. ¿O tal vez es una prueba de Torm? No lo sé, pero mis ánimos estaban por los suelos.

Al llegar se disculparon por lo ocurrido y me entregaron una armadura de cuero. Con esto tenía suficiente para empezar a ganarme la vida. Tal vez un poco más despacio, pero quizás eso era parte del desafío que tenía por delante.

En el puerto, viéndome pinta de aventurero, me encomendaron ir a los llanos, a las afueras de la ciudad. Allí pude ver algunos aventureros y eso me hizo recobrar el ánimo. Miré alrededor con la esperanza de encontrarme con algún caballero y poder acelerar mis objetivos, pero no tuve suerte.

Al cabo de unos segundos, aquello quedó prácticamente desierto, salvo un par de mercaderes. A los que me acerqué y me comentaron que era lo normal. Tan pronto los aventureros llegan como se van me dijo. Pero también me ayudó indicándome un par de lugares a los que podía acudir si quería conseguir algún trabajo.

Así que eso es lo que hice, fui a uno de los graneros de los granjeros de la zona, un anciano que necesitaba ayuda con una plaga de ratas. Me resultó sorprendente que algo así causase tantos problemas y necesitase de un aventurero pero luego cuando me comprometí a ayudar me di cuenta de a qué se refería.

Las ratas no eran las típicas ratas que de un pisotón podrías aniquilar. Eran algo más grandes y daban algún que otro salto intentando morderte. Pero tuve suerte y armado con una espada que conseguí comprar pude ayudar al anciano a limpiar esa infestación.

Al terminar el amable anciano me entregó unas monedas que me permitieron mejorar mi armadura de cuero por algo un poco más decente y me dijo, sorprendiéndome, que si me resultó una tarea tan fácil quizás el devorador del sur podía ser una tarea a mi altura.

Sonriente se lo agradecí y me dirigí al sur, donde tras hablar con tres aventureros o mercenarios me indicaron dónde se encontraba el problema del devorador. Pero, después de verles bien de arriba a abajo creo que no es trabajo para mi, al menos, no todavía. Si esos tres aguerridos mercenarios no han podido con ese animal ¿qué me hace pensar que podría hacerlo yo? Sin embargo esto me sirvió para conocer el hospicio.

El hospicio de San Annur está al sur de la ciudad y siempre necesita de ayuda, así que me ofrecí a ello. Quiero ser bueno con la espada y convertirme en un héroe de leyenda como el mismísimo Torm, pero me queda mucho camino. Sin embargo, ahora mismo soy mejor con mis manos, curando y ayudando a quién lo necesite.

He de seguir practicando para enfrentarme a ese tal devorador, pero no debo dejar de lado mi objetivo principal, convertirme en caballero. De momento, tras el percance en el barco las cosas no me van tan mal. ¿Conseguiré mi objetivo? Quién sabe, pero lo que si sé es que haré todo lo que pueda.

Termina la entrada en el diario de Gladius.
 

Wallack

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Tras mi primera semana me creía lo suficientemente hábil como para intentar ayudar a solucionar los problemas al sur de la ciudad. Uno de los primeros trabajos que realicé, fue encargarme de un lobo que llevaba aterrorizando a los granjeros una temporada.

Había comprado el equipo suficiente para poder enfrentarme a ellos, o al menos eso creía, y mi fé en Torm haría el resto. Sin embargo el camino tenía frente a mi algún imprevisto que no pensaba encontrar.

El camino a la cueva donde habitaba el lobo fue tranquilo. El viento soplaba suave y la oscuridad hacía que todo fuera más silencioso.

Una vez estaba cerca, miré al cielo y clamé unas palabras para conjurar una luz en un tono azulado que iluminó mi camino en esa oscuridad.

Cerca de la entrada de la cueva, unos lobos, alertados por mi reciente conjuración, se acercadon hacia mi. Eran tres, pero gracias al escudo, la armadura y la espada que llevaba pude hacerles frente sin muchos problemas.

Continué avanzando rumbo a la entrada de la cueva y me encontré con un grupo de bandidos, eran 5. Traté de esconderme entre los arbustos para tratar de pensar en un plan, pero era inútil, iba literalmente emitiendo luz azul y en seguida comenzaron a cargar hacia mi.

Alcé la espada y clamando a Torm les apunté con ella y un perro de origen divino apareció para combatir a mi lado. Dos de los bandidos lanzaban flechas que se perdían en los arbustos mientras los otros tres se acercaron a mi.

El cánido, que había pasado desapercibido, pudo morder a uno de ellos, por lo que solo dos se acercaron lo suficiente como para iniciar un combate cuerpo a cuerpo.

Uno de ellos intentaba herirme en la pierna pero conseguí evitarlo en gran medida gracias a la armadura. El otro lanzó una estocada que se clavó en mi abdomen de manera superficial y le desestabilizó, lo que me permitió asestarle un golpe en el rostro que le dejó moribundo en el suelo.

Mientras el cánido acababa con el bandido que había derribado tras morder en la pierna, el que tenía en frente a mi retrocedió tras ver como dos de sus compañeros caían heridos gravemente al suelo. Ese momento me permitió atacar y asestarle un golpe mortal en el corazón.

En ese momento los dos arqueros se perdieron en los arbustos desvaneciéndose con la intención, supongo, de salvar la vida. La amenaza había terminado.

Miré a mi alrededor y el primer hombre al que golpeé yacía muerto ya desangrado. La víctima del cánido estaba muerta con una mueca de horror relatando su última visión. Un perro que ahora se desvanecía tras haber cumplido su cometido.

La otra víctima murió en el acto tras mi estocada, por lo que su marcha fue más placentera. O al menos eso quiero pensar.

La adrenalina empezaba a esfumarse y mis piernas comenzaban a temblar, así como mis manos. Me armé de valor y continué en el interior de la cueva con el fin de acabar con el lobo, pues esa era la misión inicial.

No hay mucho que resaltar aquí, conseguí su cabeza y me ofrecieron su recompensa, pero ese día no pude dormir.

Creo que cuando comencé este viaje, nunca pensé que tendría que acabar con vidas humanas. Si, eran cinco, bandidos, me atacaron ellos. Da igual. No estaba preparado para quitar una vida, no todavía. Pero parece ser que es lo que me espera de ahora en adelante.

¿En qué estaría pensando cuando quería acabar con el mal? Parece que solo pensamos en dragones y bestias místicas pero hay personas de todas las razas que tienen un corazón poblado por la oscuridad y, tarde o temprano, iban a recibir el castigo que merecían.

¿Era yo quién merecía darles ese castigo? ¿Era mi responsabilidad?

Creo que este día significa un antes y después para mi. Un momento de realización de lo que tengo delante. Pero no me desviaré del camino que tengo frente a mi. Los pasos que Torm quiere siga, serán los que me hagan avanzar.

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Wallack

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Ayer fue quizás el día más importante de mi vida. Al menos, hasta hoy. Seguro que vendrán días que dejarán a este como un mero recuerdo repleto de nostalgia, pero hoy por hoy es si no el más importante, uno de los más importantes momentos de mi vida.

Desgraciadamente se junta con la crisis del grano en Athkatla, la capital Amniana. Hay un montón de desalojos en la ciudad por una reciente crisis en la producción del grano que hace que no puedan pagar sus alquileres y mucha gente se ha quedado en la calle.

Por ese motivo, la Orden del Radiante Corazón se desplazó a la ciudad con la idea de ayudar. Y allí pude encontrarme con un nutrido grupo de caballeros a los que me presenté. Además coincidí con dos personas más que también querían formar parte de la Orden, Liib y Erienne, esta última una Tormita como yo.

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Pude intercambiar varias palabras con los caballeros y se me contó que hay una iniciación para convertirse en escudero. Consiste en viajar a Nashkel y beber de una fuente, la fuente del peregrino, que te dirá si eres digno o no de poder formar parte de la Orden.

Debido a la peregrinación, un grupo de gente se unió a nosotros y nos acompañaron. Fue un placentero viaje, en el que si bien es cierto, encontramos algunos bandidos y orcos por el camino, no tuve que desenvainar mi espada y pude ver, con admiración, como los caballeros combatían, pudiendo así aprender de los que algún día podré llamar hermanos de armas.

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El grupo era bastante variopinto. En primre lugar estaban tres caballeros, Erik Langley, también Tormita, Roxanne Van Ejik, que además de caballero es sacerdotisa, por lo que estoy seguro podré aprender mucho de ella, la dama Adellian y el caballero Karnes Hoja Mellada. Formaba también parte de la comitiva el escudero Ethas Espadarauda, que por como se maneja parece un caballero más.

El resto del grupo estaba formado por Aerendir Theranduir, un elfo muy certero, Julieth Noylen, una sacerdotisa de Kelemvor, Brizaelinth Do'ett, una elfa trovadora, o eso creo y Fery Krill, una semiorca paladina de la dama roja. Que siendo sincero despertó en mi sentimientos de confusión.

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Una vez llegamos a las cercanías de Nashkel, viajamos hacia la fuente. Creo que no iba lo suficientemente abrigado, pues el frio se filtraba entre el gambesón y la armadura. Pero no quise quejarme, pues el resto no solo no emitía un comentario al respecto sino que además parecía ir como si nada ocurriese.

Al llegar a la fuente, Erik se encargó de los Tormitas y Adellian de Liib. Erik, o mejor dicho, Sir Erik se acercó a la fuente y comenzó un discurso que aunque recuerdo quiero guardar para mi y no reflejar en este diario. Hay cosas que siempre me acompañarán y esta será una de ellas.

Y ahora que leo mis propias lineas, Sir Erik, Dama Adellian, Sir Ethas, Dama Roxanne ... me sorprende imaginar a Sir Gladius. Tal vez algún día pueda presentarme como caballero. Tal vez algún día sepa tanto que tenga un escudero a quién enseñarle todo lo que sé. Tal vez esté cerca de hacer orgulloso a mi padre, a mi familia.

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Fui el primero en ser nombrado escudero. Me acerqué a la fuente y bebí. El agua al principio parecía estar fría, pero tras beber me di cuenta de que no sentía nada. Durante un momento, el tiempo se paró y mi mundo se detuvo.

Es como si mientras el agua bajaba por mi garganta, mi mente quisiese recordar todo lo que he recorrido, que si bien es cierto que ha sido poco, lleva mucho sentimiento. Pero además, también imaginaba todo lo que me queda por andar. Me vi en la sede de la Orden, aún sin conocerla, siendo nombrado caballero.

El agua me reconfortó. Me hizo sentir vivo. Me hizo sentir con energía, con fuerzas, con ganas de hacer lo correcto. Creo que voy por el buen camino.

Después de ser nombrado escudero, prosiguió Erienne y después Liib. Al terminar viajamos a la sede de la Orden en Mínsor, donde finalmente encontré un lugar al que llamar hogar. Un hogar impresionante he de decir. Pude recorrer sus pasillos, estancias y galerías y observar el mangánimo despliegue de honro que podía sentir con solo tocar sus paredes.

Ahora, me toca seguir caminando. Tengo que seguir avanzando en el camino que tengo delante. Con el Código Holyblade que mi padre me entregó, con la espada que yo mismo bauticé como Holyblade, con el tabardo y el emblema de la Orden. Con todo ello tengo que seguir avanzando, creciendo y quién sabe qué más.

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Soy consciente de mis limitadas capacidades. Tal vez lo sea más que los demás. No por limitado sino por consciente. Aún a pesar de ello no dejo de pensar que tal vez sea un fraude.

Tal vez no esté preparado para ser ese caballero que tanta admiración me inspiraba tras las historias que padre contaba. Tal vez solo deba ser un mero curandero, ni si quiera en eso soy bueno, pero tal vez pueda ayudar algo más.

Una tarea sencilla, tan sencilla como importante, hacer guardia en una tienda, para que esta sea robada sin saber como. Y lo peor de todo es que el ladrón se ha reído en nuestra cara.

Miento, eso no es lo peor de todo. Mi honor es muy importante para mi, pero lo pondré a un lado cien veces por ayudar a los demás. Sin embargo, no sé cómo hacerlo. No me dejan.

¿Por qué robar a los necesitados? A los más necesitados. ¡Me da igual que sea de los barrios bajos! ¡Allí no queréis mi ayuda! ... Pero qué hago. Nunca me he sentido así. Siempre creí que el voto de tenacidad me ayudaría a controlarme pero puede que necesite algo más. ¿Es esto ira? ¿Rabia? ¿Vergüenza tal vez?

Avergonzado me siento, de eso no hay duda. Tal vez deba hacer penitencia. He fallado la primera misión que la orden me ha encomendado, no siendo capaz de proteger lo que tenía que defender. De no tener la fuerza necesaria para desenfundar la espada. ¿Habría merecido morir por unas vendas?

¿Unas vendas? Pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte de ellos, los más necesitados. ¿Cambiaría algo que muriese por intentar recuperarlas? ¿Y si viviese, cambiaría algo? Siento que ambas preguntas tienen la misma respuesta.

No.

Siento que mi vida, o mi muerte, no tendrían impacto alguno. Tal vez mis compañeros lloren mi muerte. Pero el tiempo borrará mi recuerdo escrito en la arena. ¿Debería volver a casa? ¿Es Aguas Profundas donde debo estar? Sentí que mi vida tenía significado en Amn, que ser escudero de la orden iba a llenarme de orgullo y propósito.

Y, sin embargo, siento que ahora estoy más perdido que nunca. ¿Es normal sentirse así? Necesito tiempo para pensar. No es la primera vez que tropiezo y me caigo. Y sé que no será la última. Me seguiré levantando, pero cada vez cuesta más. Debo pensar seriamente si este es mi lugar, pues no quiero ser una carga para los demás, mis penitencias las debo cargar yo, y nadie más que yo.

Y es que, siento que estoy fallando a todos, que soy una farsa, una imagen de lo que quiero ser pero no soy. Cuando mis palabras fueron ignoradas, cuando mi impotencia me detuvo, cuando mis manos se congelaron en el pomo de mi espada. En esos momentos sentí que soy un fraude.

¿Estoy en lo cierto? ¿Tal vez equivocado? Necesito reflexionar, necesito mirar al cielo. Ahora más que nunca, necesito a Torm.

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