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El destino del militar

Bryan

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//Buenas, aqui iré poniendo relatillos militares para quien le interese ver el trabajo de Miceno en la guardia de Athkatla, espero que os gusten y se os hagan amenos.

El discurso del cabo.

Diez soldados se mostraban en perfecta alineación, en dos filas de cinco hombres. Sus barbillas apuntaban al frente y su mirada al infinito. Con sus uniformes y armaduras, cuadraban esperando la aparición del suboficial que le había ordenado la reunión.

Tras unos instantes, el cabo Miceno hizo presencia, avanzaba, como es habitual, a pasos disciplinados, parecía un verdadero autómata. El cabo se colocó frente a la tropa y giró 90 grados en una perfecto movimiento marcial. Observó, a los hombres que formaban.

-Bueno, bueno, bueno. Auxiliares, en buen problema os habéis metido.-Aunque no era un hombre demasiado carismático, demostraba inteligencia a la hora de hablar, y sus palabras, perfectamente medidas y estudiadas, resonaban en el silencio de los cuarteles, formando un curioso eco. El uniforme y la capa de cabo ayudaban a hacer más creíble el discurso.

-Soldados. Mucha personas creen, ignorantes ellos, que la sexta sección de la tercera compañía, auxiliares, es la sección de los soldados que no encajan en el resto de las mismas.-Realizaba sistemáticas pausas, entonando bien las palabras, su tono era firme.

-Les diré una cosa respecto a la sección en la que servís, muchachos. Infantería pesada, carga y resiste. Batidores, realizan avanzadillas. Zapadores, colocan trampas, las destartalan y destruyen, en caso necesario, puntos estratégicos. Infantería ligera, carga con presteza, embosca. Investigadores, los encargados de resolver los casos más complicados de la guardia.-

Guardó el silencio y observó a la tropa.

- Soldado Koryn. ¿Verdad? - Preguntó Taleseo.

- Si, mi cabo. - Contestó el aludido.

- Bien. Ustedes, señores, van a cargar y resistir, van a realizar avanzadillas, colocar y desmantelar trampas, atacar y destruir puntos estratégicos, realizar acciones prestas, investigar, atender heridos y lo que se ofrezca. Van a estar en el justo lugar, en el justo momento, esto quiere decir, en el peor lugar en el momento crítico. Cuando la cosa flojee, auxiliares. Si la carga está atrasando a la infantería, auxiliares. Si la ligera necesita ballesteros y apoyo en un movimiento estratégico, auxiliares, batidores con problemas, auxiliares, zapadores ocupados, auxiliares.- Remarcaba las palabras, dando a entender a la tropa lo que se les venía encima y alentando, de ese modo, a la superación personal y el esfuerzo.

-Cuando la cosa esté realmente jodida y nadie quiera ascender a esa maldita colina en la que están cayendo nuestro compañeros como chinches, auxiliares.- Concluyó.

-Espero que entiendan la importancia de esto, soldados, entre todos ustedes, deberían poder atender todos y cada uno de los posibles problemas que surgieran. Deberán responder en todos los ámbitos del ejército y la guardia. Y ahí es donde encontrarán, la fuerza y el honor, la inmensa responsabilidad, señores, de servir en la sexta sección, de la tercera compañía, del primer regimiento, del ejército regular de Amn- Su tono grave y firme, recalcaba las distintas divisiones del cuerpo amniano, dando entender a sus hombres la importancia de la unidad, y mirando a sus hombres durante un intenso espacio de tiempo, retomó la plática.

- Soy el cabo instructor Taleseo Miceno Demeria, caballero de la Orden del Halcón Rojo y nuevo suboficial al mando, mi misión será transmitiros las órdenes del sargento Palathan, y, en su defecto, coordinaros para que no actuéis como un rebaño de ovejas.- La tropa escuchaba casi impasible, pocos movimientos se veían.

- Van a esforzarse, día a día, y van a demostrar ser dignos de la nación de Amn. El honor y el decoro como forma de vida, y la inteligencia y estrategia como armas a la hora de actuar.-

Volvió a guardar silencio y observó de nuevo a los diez valerosos soldados que formaban a su frente y escuchaban sus palabras.

-Con esto, quedan hechas las presentaciones y quedamos todos conocidos, aunque a algunos de ustedes ya nos habían presentado y hayan coincidido conmigo en alguna incursión.
Para terminar, deciros, que una vez al mes vamos a realizar trabajos especiales de coordinación y estrategia, vamos a desarrollar nuestro intelecto y músculo.
Sin más dilación, espero que lo den todo por Amn, todo por el águila dorada y la ciudad de Athkatla.-


Uno de los soldados, de la segunda fila, rompió el silencio ahogando una carcajada. El cabo clavó su vista en el soldado y se dirigió, sin variar su habitual paso, en dirección al mismo.

-Soldado Herming. ¿Le resulta graciosa la nación?¿O acaso es la ciudad de Athkatla?. La verdad es que me gustaría que me aclarase el tema, haber si así podríamos reírnos todos.-

Su tono no era agresivo, pero denotaba autoridad y reprimenda, el soldado había borrado cualquier atisbo de sonrisa en su rostro y miraba al frente en silencio.

-¿Y bien? Herming. Estoy esperando- Miceno parecía realmente disgustado con la reacción del soldado, y su enfado, era notable.

-Permiso para hablar, mi cabo.- Levantó la mano el soldado Lorred, que formaba a su lado, un tipo musculado y de mente despierta.

-Concedido. Hable.- Dijo el agundino, girándose de pronto hacia el soldado.

-No es culpa del soldado Herming, mi cabo. Hice un chiste.- Soltó el soldado con la mirada puesta al frente, Taleseo le flanqueaba por la izquierda.

-Hizo un chiste.- Repitió escéptico Miceno. -Bien, ilumínenos, Lorred.-

-No creo que sea de agrado ni decoro, mi cabo.- Adelantó el joven.

-Eso debería haberlo pensado antes, soldado. Hable inmediatamente- La mirada de Taleseo pareció terminar de convencer al soldado, ya que no era, lo que suele decirse, amable y cortés.

El hombre, dudoso, comenzó a hablar.

-Co...comentaba al soldado Herming que usted parecía una copia del sargento Palathan.- Contestó al fin.

-¿Y bien?- Inquirió el cabo, sabiendo que algo más había.

-Bueno, mi teniente, le pido disculpas de antemano, pero creo que incluí algún adjetivo.-

-Vaya, nos ha salido versado en letras ¿Eh?.- No hizo falta decir nada más.

-Creo que añadí....venido a menos. - Al soldado le recorrían gotas de sudor por la frente. - Y...que si ust...vos...enfermaba de pulmonía, Ilmater no lo quiera, sería como ver la copia...venida a menos...

-Concluya.- Cortó el cabo a lo que el soldado reaccionó al instante.

-Dije que vos es la copia venida a menos del sargento Palathan y que si algún día enferma de los pulmones sólo le faltarán las ojeras, rezos y gracia, mi cabo.-

El militar observó al soldado y comenzó a reír, a carcajada limpia, reía solo, en medio de la tropa que mantenía una perfecta formación, y como llevaba tiempo sin hacerlo se lo tomo con calma. De hecho salió de la sala riendo y volvió con una cuba de agua y un trapo, aún con la sonrisa pegada en los labios. Llegó hasta el soldado Lorred y su cara se torno a la habitual seriedad.

- Letrinas, dos días. Por su valor a la hora de hablar. Herming, doble turno de guardia, dos días, por su falta de disciplina- Dictó el cabo. La expresión de tranquilidad y relajación recorrió el cuerpo del soldado, hubiera soltado un largo suspiro de no querer empeorar más la situación. Sin embargo Herming torció el gesto, pues recibía el castigo más duro.

Taleseo volvió a encarar a la tropa y reanudo su habla.

-Soldados, hagan honor de su sección, hagan honor de si mismos, ya que el mérito no es que yo me sienta orgulloso de usted, sino que ustedes se sientan orgullosos de la sección que forman y de si mismos. Ahora pueden retirarse.- El cabo saludó marcial despidiendo a la tropa. A lo que el soldado Lorred se agachó a por la cuba.

-Una última cosa, muchachos. - Diez cabezas se giraron a observar a Miceno. - Si me necesitan estaré en la enfermería, tenemos tres secciones con problemas de diarrea. Y por mucho que me conste que Lorred es buen nadador, no permitiré que ninguno de mis hombre muera ahogado en el cuartel. Buena guardia muchachos.

Dicho esto abandonó la sala, dejando al soldado Herming suspirando de alivio y al soldado Lorred, mudo y encorvado, con tal gesto, que pareciera haber sigo testigo de una lucha entre deidades, y sin notar, ni por asomo, las palmaditas cómplices que le daba Herming en su doblado espinazo.
 

lordanto

Lágrima de mago nerfeado
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Casi lloro de emoción al leer el relato hideputa...

--No hay mayor honor en un maestro que ser superado por su pupilo--
 

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