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El diario de un enano

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El sopesar de las cosas

*una tarde de tantas, en un atardecer en el cual el cielo parece incendiado y las nuves son lenguas de fuego, se encuentra trust mirando su diario, ese libro de tapas de piedra, el cual siempre porta en su zurrón, donde escribe sus vivencias, ideas, y todo lo que puede suceder en las tierras de Amn. Ni corto ni perezoso el enano abre el libro observando las primeras paginas y leyéndolo todo, día tras día como si de una novela se tratase. Al finalizar la lectura saca su pluma y comienza a escribir*

Hace tiempo que no escribo, días, semanas e incluso meses que no me atrevo a abrir este libro por miedo a lo que dentro pueda encontrar, concretamente no me atrevo desde que perdí el favor de Moradin… Desde que me di cuenta hablando con Markus de que estas tierras necesitan una mano férrea, un poder que las controles y las devuelva el norte. Markus piensa como yo, cree que deberíamos hacer algo, y francamente, ya no creo que sea ni tan mala persona ni un corrupto, solo es un hombre que sabe lo que quiere y que trata de conseguirlo imponiendo la ley que para el debe imperar.

Los días se han ido sucediendo, increíblemente muchas cosas han pasado, bueno, no tan increíble, pues siempre pasan cosas en las tierras de Amn. En primer lugar Markus, me ha pedido que ingrese en la guardia, para ayudarle en la tarea de limpieza del estercolero que tenemos por ciudad. Ante esta proposición nose que hacer, aun lo estoy pensando.



Días mas tarde, he estado con Ema y con el guapito…brbrbr, si con el guapito de cara… he podido entablar conversaciones con ellos, y me han ofrecido ser un Celstia, yo un Celestia… bufff para mi sería todo un honor, pero ahora no puedo, no me veo con la fuerza suficiente, y mucho menos sin el favor del gran padre…



 

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La redención siempre llega

*esta vez sin ritual alguno el enano empieza a trazar las letras en su diario, contento, sin entender por que*

Esto marcha… cada vez somos mas hermanos, y recuerdos gratos me vienen a la cabeza. Hace no mucho he tenido la oportunidad de conocer a Faurin y s Bognar, siendo este último paladín del Gran Padre. Ambos hermanos serán grandes enanos para el clan, no me cabe la menor duda. El joven Faurin es como un roca, esta gordo que trisca el perraco, pero se le ve de buen corazón, doblón, callado y reservado. Por otra parte Bognar es diferente, me recuerda a mi hace no demasiado. Es un enano con un espíritu de superación enorme, siempre trata de mejorar, cuenta con el favor del Gran Padre y lo utiliza con cabeza, parece que haya nacido para ser uno de los mas grandes…

Como no puede ser de otra forma he decidido encargarme de su adiestramiento, cierto es que yo ya no cuento con los favores del gran padre, y cierto que dude de mi fe, pero lo miro a el, y siempre pienso en que si en él el poder es tan fuerte es por algo. Gracias a el estoy recobrando mi fe, bueno, realmente jamás la perdí del todo.

Le miro y recuerdo por que me encomendé yo al gran padre, recuerdo cuando fui tocado por su gracia divina, y no puedo evitar entristecerme al saber que el Gran Padre ya no confía en mi….

Pero pase lo que pase, haga lo que haga, juro que recuperare el favor de mi señor, portando mi martillo en su nombre, y haré de Bognar el paladín mas grande que jamás se haya visto en un enano, y cuando yo caiga en la batalla, cuando yo muera, CUANDO YO NO PUEDA SEGUIR; ENTONCES!!! Y SOLO ENTONCES!!! EL SERÁ QUIEN PORTE MI LEGADO.

*El enano cierra enérgicamente su libro mirando al horizonte, alzando levemente la vista, mirando al cielo*

(Padre….he vuelto…)
 

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Reconstrucción y un sueño

*el enano sale de la ciudad de crimmor dirección a su morada, para sacar el oro y entregárselo al enano encargado de llevar la cantidad de 45.000 piezas a la ciudad de crimmor para s reconstrucción. Una vez entregado el dinero se sienta en su sitio de la sala de reuniones, encarga a una enanan que le lleve una cerveza y comienza a escribir como siempre en su diario*

Hoy ha sido un día duro, hoy hemos visto la desolación, la desesperación, el hambre, la pobreza, y todo ello muy cerca de casa, tan solo a escasos metros de la salida del túnel. No podré olvidar mientras viva las caras de esas gentes cuando han visto a los enanos del clan de los ropecraneos, y cuando hemos repartido oro entre ellos, no lo hacemos por el reconocimiento, no lo hacemos por ser mejor que otros, tan solo lo hacemos por saber que estamos haciendo las cosas bien.

Tras una larga reunión con el alcalde de la ciudad, nos ha comentado que necesitan 45.000 piezas de oro para la reconstrucción, eso si contar la mano de obra, como no podía ser de otra manera… yo mismo he puesto ese dinero y la mano de obra corre de manos del clan de los Rompecraneos. He asistido a las cara de los aspirantes durante esa reunión, parecía que empezaban a sentirse parte de un todo, cosa que realmente es de mucho agrado para todos, han dado sus opiniones, alguna idea y sobretodo han puesto muy buena fe, siempre ofreciéndose a todo.

Mi pupilo, a quien ya casi considero mi ahijado, mi sobrino, ha estado presente como aspirante que es al clan, es increíble lo que me recuerda a mi, la fuerza y las ansias de hacer cosas, ya me ha comentado que si por el es, como si hay que picar 200 pepitas…, no puedo evitar sonreír al oírle. *al enano se le escapa una sonrisa mientras escribe sobre su pupilo*


Bognar por fin ha visto mi martillo, la mayor reliquia de los enanos de mis tierras, lo que el no sabe es que el día que yo muera es probable que este martillo lo deba portar él, pues lleva camino para convertirse en un gran paladín del Gran Padre, y si así es, yo cogeré el puesto que se ofreció como heredero al trono de mis tierras y cederé mi puesto aquí al joven paladín, pero no me precipitaré, pues es posible que todo esto no llegue a buen puerto… muchos paladines se han quedado por el camino.


 

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Camino a casa...

*Sentado en la Grúa Torcida, el enano sonríe mientras pide una cerveza de barril bien fresquita, con la sensación de haber cumplido con su deber, saca su diario de tapas de piedra y con una cuidados letra comienza a escribir, mientras un trovador canta y ameniza su estancia en la taberna*

Caminamos juntos, somos uno, el clan resurge de sus cenizas, crecemos, y viajamos unidos. Hoy ha sido un gran día para nosotros, el reconocimiento del clan, y su bondad será conocida por todos.

Hoy hemos recogido a los 26 niños en Crimmor, realmente estaban asustados los pequeños, mas no ha importado por que se han comportado con la valentia de los mas grandes guerreros. Nuestra misión sencilla, transportar a los pequeñazos de Crimmor al orfanato de Emaleth. La verdad es que la tarea se presentaba facil, pero la verdad es que no contabamos con el cansancio de los mas pequeñines. La aportación de la hermana liz a la causa fue mas que notable, ella con ese encanto natural que la caracteriza se hizo cargo de los mas jóvenes, acompañándolos y tranquilizándolos.

Nos adentramos en Crimmor, y como dijo el hermano Grimnir, todos los pequeños hacían caso de lo que el “tito Trust” les decía. Les contestamos a preguntas banales, tales como, ¿Por qué somos tan bajitos? ¿Por qué tenemos barba?... los niños tenias curiosidad, querían conocer de nosotros, saber de quien eran esos señores que los llevaban de su ciudad que ha sido arrasada.

Salimos de Crimmor, dirección a la capital, por supuesto teníamos que seguir una serie de directrices, ir en formación y trabajar juntos. Atrás, en la cola el Rompecraneos Grimnir cerrando la expedición, quien podía ver en el centro a la aspirante Liz, siempre entre los niños tranquilizándoles, a un lado mi pupilo, Bognar, quien cerraba un flanco atento y muy listo, al oto el guarda espaldas de Liz, Hignar, otro aspirante que cumple muy bien como ballestero y que será uno de los mas grandes carpinteros, seguro.


La parada técnica se hizo en el campamento de enanos, pues los mas chiquitines estaban agotados, y la noche ya se cernía sobre nosotros.

Como no podía ser de otra forma, a la cabeza de la comitiva me encontraba yo, abriendo el camino. El viaje transcurrió sin incidentes, lo mas difícil, fue eliminar a un par de ogros que nos salieron al paso, pero todos los niños llegaron sanos y salvos al orfanato. El clan irá a visitarlos de vez en cuando, para ver como van creciendo poco a poco, y si alguno desea ser guerrero los adiestraremos, serán los ahijados del clan de los Rompecraneos.
 

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La batalla de los héroes

*el enano esta en el campamento de campaña, tranquilamente cuidando de su hermano y pupilo Bognar, después de estar unas horas cuidando de él procura sacar un rato para por fin ponerse a escribir en el diario unas notas de lo acontecido en la batalla días antes*

Hoy escribo en mi diario, aquí presente, ante mi hermano casi fallecido, mientras se recupera de las heridas. Hoy escribo en mi diario para relatar lo vivido en la batalla de Inmescar contra las razas antiguas. Fui a buscar a las tropas a las puertas de la morada, nadie sabíamos a que nos estábamos enfrentando, solo sabíamos que debíamos ir al frente el mayor numero posible efectivos.

En la puerta de la morada comencé con el ritual de la batalla, mire a mis hermanos, me quede mirándolos uno a uno, mas de quinientos efectivos tenia delante, no pude contener la emoción y sin dudar un momento me dispuse a pronunciar esas palabras que todos mis hermanos querían oír de mis labios. Esas palabras que podrán infundir el valor en sus corazones, esas palabras que les otorgarán una luz al final del túnel, esas palabras que aflorarán en sus corazones los sentimientos de valor, fe y sobretodo bondad con respecto a aquellos que estábamos dispuestos a defender. El nerviosismos estaba patente, todos los enanos me miraban con los ojos como platos, no podía creer que me estuviera pasando esto de nuevo, no puedo creer que deba dar mas discursos para encaminar a mis hermanos de nuevo a la guerra, no me puedo imaginar la carnicería a la que les llevo, así que como no podía ser de otra forma me vi en la obligación de darles la opción de retirarse a la morada, y de no marchar con los demás ejércitos. Como era de esperar, somos enanos, y no nos achantamos frente a la adversidad, así pues, tras un discurso que duro cerca de un cuarto de hora, nos dispusimos a marchar hacia Purshkull, en busca de nuestro destino, de nuestra casi segura muerte, y de la que seguro que sacaríamos la gloria.

Las pisadas de los enanos se cuentan por cientos, todos nos admiran y se apartan a nuestra llegada, somos casi los mas numerosos, pero montamos jaleo como cuatro veces mas de los que realmente estamos allí. Como se había hablado, el grueso de enanos ocuparía el centro de la batalla, dejando a un lado de los legionarios, al ejercito de Amn, y a las tropas del muy radiante corazón. Allí había congregados los mayores guerrero y héroes de todas las tierras que conocemos. Pude ver a “León” con quien pude combatir una vez mas, Sanuye, el joven Yildray, Clara, Aldaris, Nayara, Ulfgar, Faurin… todos luchamos bajo el mismo sentimiento, todos nos mirábamos esperando que el superior de otra facción diera la orden de avanzar. Como no podía ser de otra manera, no quedo mas remedio que hacer avanzar a las tropas enanas para empujar así a las demás facciones a hacerlo. Seguramente, muchos de los que puedan leer este diario cuando yo muera negaran este hecho, pero os aseguro que así fue, y dejo constancia en mi libro.




Comenzamos a avanzar, poco a poco no fuimos adentrando la boca del gigante, aquello era uno de los mayores calvarios a los que me he tenido que enfrentar jamás. A mi diestra Bognar, como siempre, a mi izquierda Ulfgar, y tras de mi Faurin junto con otros quinientos enanos mas. Caminamos con paso presto, seguros de nosotros mismos, aunque yo no note al gran padre estaba seguro que venia con mis hermanos. Nos fuimos encaminando, todo parecía acontecer lo peor, emboscada tras emboscada fueron cayendo muchos, increíble, aquello era una carnicería, veía a mis hermanos caer, y no poder hacer nada para evitarlo, la ira y la cólera se apoderaban de mi martillo, el cual no dejaba de sesgar vidas de minotauros, trasgos y grandes trasgos. Daba igual lo que se pusiera por delante, era indiferentes las veces que pude caer, solo pensaba en llegar al final, terminar esa batalla y poder acercarme un pequeño paso mas al gran padre, para poder así quizás recuperar sus dones.





Fue entonces cuando paso lo inevitable. Fui un insensato al llevar a Bognar a esta batalla, no estaba preparado el joven paladín de Móradin, pero aun así lo lleve, tuve fe en él, pero no debí hacerlo. Avanzábamos hacia las barricadas puestas en las puertas, Bognar estaba a mi lado repartiendo tortas como el que más, cuando sin saber como fue alcanzado por un par de flechas que lo derribaron, fue en ese momento cuando me dispuse a cubrirle, empecé a romper caras con mi martillo, mientras mis hermanos sacaban el cuerpo sin vida de el campo de batalla. En un instante, de esos que puedes recobrar el aire, se me acercó un hermano y me dio la fatídica noticia, en ese momento el descontrol se apodero de mi persona, y me arranque corriendo a reventar todas las empalizadas, así lo hice, dejando paso por fin a todos los ejércitos a la ciudad, haciendo caer las primeras lineas enemigas en el asedio. En un alarde de estupidez por mi parte, un carnudo bastardo me golpeo, no lo vi, no lo pude evitar, caí al suelo intentando parar sus golpes con Custodia de Piedra, con tan mala suerte que se fracturo mi martillo de los dioses, quedando quebrado sus poder y mis posibilidades de sobrevivir. Aferré el martillo de los truenos, y con mucha suerte golpee desde el suelo las piernas de ese maldito cornudo, partiéndole ambas rodillas, cayendo este a plomo al suelo a merced de mi persona, y el martillo de los truenos hizo lo propio, lo incruste en el suelo con él, alzándome aun mas enfadado.





Ya casi sin poderes, con mi martillo fracturado, solo veía un final para eso, y era el corazón de la ciudad. Tanto Yildray como Aling dedicaron su tiempo a quitar todas aquellas trampas que podía haber por el camino, y ni con esas nos libramos de algún que otro rayo que emergió del suelo e impacto en nuestras armaduras que sirvieron como conductoras de la ya mentada electricidad.

Avanzamos entonces al interior de la ciudad, por fin, empezamos a partir caras de esos apestoso carnudos, mas poderosos que los anteriores, me atrevería a decir que también pudimos apalear a algún moreno de esos, estúpidos orejas picudas de piel negra como el carbón….brbrbrbrbr. Traspasamos las lineas enemigas, el sentimiento de ira, de superación y de hacer la voluntad del gran padre era lo que nos movía a todos los enanos. Por otra parte, el resto de facciones de la alianza se movían por sus dioses, y tuvieron gran importancia dentro de la batalla. Ni que decir tiene que una vez dentro de la ciudad comienzo el mayor baño de sangre al que este humilde enano ha sido capaz de asistir. Arcanos, paladines, guerreros, arqueros… todos luchábamos codo con codo, no he visto mayor cantidad de héroes luchando juntos, por otra parte podíamos ver ogros, gigantes, minotauros, trasgos… todo tipo de aberraciones, mas nadie se achanto, los caídos se contaban por doquier y por decenas.



Los arcanos lanzaban conjuros muy poderosos, desencadenados de sus manos, conjuros que este enano jamás había visto. Los paladines y sacerdotes con la palabra de su dios al frente, golpeando, siendo el puño armado de su fe, promulgándola y mandando al infierno a esos seres en nombre de sus dioses. Lo guerreros y mercenarios quizás fueron por gloria y oro, el caso es indiferente, la cosa es que todos golpeabamos hasta quedarnos sin aliento. Los arqueros disparando, los druidas curando y repartiendo con sus animales, los cuales acudieron a la llamada. Todo Amn estaba representado en esa batalla.



Fue en este punto cuando llego el peor momento de la batalla. Cuando nos quisimos dar cuenta el suelo se hundía bajo nuestros pies, la lava emergía, solo los dioses sabrán de donde. Continuamos pegando golpes a nuestros enemigos, todos caían, pero todo hacía parecer que estábamos inmersos en una trampa, en la cual habíamos caído por estúpidos. Cuando nos quisimos dar cuenta una pequeña parcela de terreno quedaba, nada más que eso…, no podíamos hacer nada, todo estaba perdido, cuando mientras todos rezábamos, se pudo avistar en el cielo un par de dragones rojos, nadie daba crédito, “León” y Clara polimorfazos en dragones venían a salvarnos, llevándonos por fin a un lugar seguro y dando por finalizada esa batalla que todos creíamos que jamás acabaría.



Ahora me encuentro aquí, con la obligación de escribir estas palabras, y de contarle a mi hermano y pupilo Bognar lo ocurrido. La reforja de mi arma será lo siguiente, y recuperar el don de Móradin mi gran batalla interior.

*El enano mira a Bognar, con cara de preocupación, mientras los clérigos cuidan de él en el campamento de campaña.*
 

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Ascensión, Capitulo I

Hace ya mucho que no me atrevía a escribir en este diario. Dekanas... meses... años..., pero hoy he decidido pornerme a ello, pues tengo una epopeya que poder contar. Aún recuerdo aquel día.

Todo comenzó cuando me acerque al taller del maestro Cromwell, fui a verle por temas del clan, y para comprobar si se podia o no reforjar mi martillo, el cual fué quebrado en la batalla anterior. El maestro enseguida se dio cuenta de que algo me pasaba, su perspicacia, y la falta de mi aura me delataron.



La verdad es que ha sido la primera vez que he visto al maestro Cromwell de esa forma, su enfado y su decepción eran tan grandes como su barba, o quizás mas, no todos los días se ve a un paladín de Moradin que ha perdido la fé en su dios. La verdad es que fué un momento tremendamente duro, ver allí al que ha sido para todos nosotros una leyenda, a quien todos queremos imitar, mirándote, eliminándote y sabiendo lo que esta pensando... Tras un largo rato mirándome con esa cara de decepción, con esa mirada que provenía desde lo mas profundo de sus dos ojos situados bajo esas dos pobladísimas cejas blancas, me propuso la redención, redimir mis pecados y errores de cara a mi dios. Como era menester accedí a recuperar el favor de mi dios, pero solo dos opciones cabían en esta empresa que comenzaba... o la vida y estar junto a mi dios por el resto de mis días..., o la muerte y caer en el muro de los infieles.



La ascensión a lo mas alto comienza, mi martillo fracturado en la mochila, como símbolo de la perdida de fé, que solo volverá a estar unido cuando mi fe sea férrea y sin fisuras. El maestro Cromwell conmigo, continua todo el rato con esa cara de decepción, creanme los que tengan la oportunidad de leer este diario, que ese enano es lo mas rencoroso que jamás he llegado a ver.



Durante todo el camino no vamos solos, mi aprendiz, Bognar, el joven paladín de Moradin, quien siempre ha confiado en mi y ha seguido mis pasos nos acompaña, Cromwell no cesa en sus palabras hasta que consigue que Bognar desconfié de mi por completo, le hace saber que aquel al que llama "maestro" no es mas que un infiel, un enano mas a quien no se le debe tener respeto, pues ha sido tentado por la mano férrea de un dios de humanos conocido como Bane, alias el Tirano, y que el "supuesto Gran paladín" había accedido a esas tentaciones. Bognar como, como enano que es, poco a poco torna su cara de admiración a cara de odio y de decepción. Comienza a llamarme maestro con un tonillo que no me gusta nada, pero no le puedo decir nada pues tienen razón para tratarme así de mal.





Bognar nos ha acompañado durante días, con el propósito de escoltarnos. Estoy sediento, hambriento y destrozado, tanto físicamente como espiritualmente. El maestro Cromwell no hace mas que intentar hundirme aun mas en el pozo de excrementos de orco que se ha sumido mi fe, pero aun así, aun recibiendo la peores palabras de un hombre al que respeto y siempre lo haré, "estoy consiguiendo levantarme, jamás me harás caer del todo, se que puedo conseguirlo..." no hago mas que repetírselo y repetírmelo una y otra vez mientras ascendemos a lo mas alto de las cumbres heladas, para continuar a mi destino final... Ya en la cumbre el que ahora es el hermano Bognar, nos deja, y comienza a descender la montaña. Se despide de mi de una forma fría y severa, mirando con ojos de decepción de nuevo. "Espero que lo consigas y nos veamos abajo...", yo no puedo hacer otra cosa que retirarme mi capa, mis galones (tanto de rompecraneos como de celestia) y decirle, "Hermano, tu has sido mi aprendiz todo este tiempo, tu y solo tu debes llevar todos mis galones a Ulfgar, el sabrá que hacer con ellos, y si no vuelvo, no honréis mi memoria, pues estaré en el muro de los infieles y no seré merecedor mas que del castigo que allí me sera afligido por el agravio cometido". Es entonces cuando Bognar toma el fardo con todo mis galones.



Cogí entre mis manos a "Custodia de Piedra", aun fracturada y miro al maestro Cromwell cuando el joven Boganr sale de la cueva en donde estábamos descansando. "Maestro, vos y solo vos sabéis lo que pasará, bueno vos y el Gran Padre, pero tened por cuenta que si la muerte me llega aceptare mi destino", el viejo enano me mira bajo sus cejas pobladas, mas no dice nada...

Continuamos el camino, salimos de la cueva, y lo primero que nos encontramos para mi desgracia es con una horda de gigantes. Yo ya estoy demasiado cansado, pero el maestro no combatirá, pues es algo que solo yo debo hacer, mostrar a mi dios que soy digno de él de nuevo. Combato hasta quedar exhausto pero victorioso y continuamos el camino. Muchos peligros nos encontramos de camino, gigantes, ogros, un dragón... todos caen bajo la furia de este enano desesperado casi por volver con su padre.Creanme cuando les digo que yo seguia notando a Moradin dentro de mi, y sabia que lo conseguiría y que nada podría frenarme.

Tras largas e intensas horas de combate, en donde el dolor de mis heridas, el cansancio, el hambre, la sed y demás adversidades estaban haciendo mella en mi, llegamos a la entrada que buscaba el maestro Cromwell. Me mira fijamente de nuevo, "Con tu destino te has encontrado, entra ahí, y demuestra que eres digno de tu dios, o muere intentándolo", mi respuesta fue la siguiente... "alegar que se ha intentado es el consuelo de los fracasados y los perdedores...". Entramos por la abertura, descendiendo una especie de cañón de hielo, continuamos por las galerías con cientos de peligros que por supuesto y como era de esperar solo yo debía combatir.





Tras intensas horas de camino y de fragor de batalla por fin llegamos a donde el maestro me quería llevar y en donde me enfrentaría a mi mismo en una batalla que no tendria final durante horas y horas de incesante sufrimiento. Allí estaba, ante mi, la fragua sagrada, la forja de mi dios, la forja del mismo Moradin, en donde mi martillo una vez fué forjado por los antepasados de mi rey, en donde esta el mayor poder de Moradin para las armas.

"Solo si eres digno Trust, solo si lo eres podrás acercarte a la forja y reforjar el martillo de tu dios y tu misma fe...." confiando en mis posibilidades lo intento, pero fracaso, "SE QUE SOY DIGNO MI SEÑOR! DEJAD QUE ME ACERQUE Y FORMAD PARTE DE MI COMO ANTAÑO!" mis gritos de desesperación no hacen mella en esa barrera invisible que no me deja acercarme. Vuelvo a intentarlo, pero sigo sin acceder a la forja...


 

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Ascensión, Capitulo II (Encuentro con el Gran Padre)

*El gran Caballero sacro de moradin continua escribiendo en su diario, con una letra cuidada la cual sale de esa pluma de oro y mithryl*

Allí estaba yo, frente a la fragua, única en el mundo conocido, cuyo poder inexplicable e incomprensible a la mentalidad de los mortales, que tan solo las divinidades superiores son capaces de manejar y entender. Me separaba de mi destino, d elo que yo mas anhelaba, escaso un metro de distancia. No hacia mas que repetirme a mi mismo "sigue, que puedes... es tu destino.." mas aquella barrera no se disipaba, pues mi corazón no era puro, y debía acabar con esas impurezas. Comencé a retirarme la armadura, el peso de esta era insoportable, tire las piezas al suelo, quedándome tan solo con las ropas que porto debajo de mi fortín. Durante un rato largo me quede observando la forja, tratando de alcanzarla, mientras escuchaba al maestro como me decía "Trust, debes limpiar tu corazón, debes ser capaz de eliminar esos males, has de luchar contra el ser malvado que anida en tu interior". Sin darme cuenta, instantes mas tarde, se apareció una figura, alguien que yo reconocía, alguien de mi misma fuerza y complexión física, con un martillo en la mano mirándome de soslayo. No daba crédito, como si de una replica mía se tratase, un enano de intenciones hostiles frente a mi tenia, mas no era un enano cualquiera, "es la parte de mi interior que he de eliminar" pensé.



Descolgué mi martillo, la mire a los ojos, y comenzó una cruenta pelea por el favor de un dios que ya creí que eme había abandonado. ¿Abandono? no, esto solo es una prueba mas que he de pasar, una piedrecilla en el camino de un gran minero, la cual ha de apartar con su mano para poder seguir picando el mineral ansiado. En mi interior no encontré maldad mientras peleaba, mi cuerpo perdió ese cansancio, el miedo comenzó a desaparecer, mi fuerza, mi aura, mi claridad de pensamiento... todo, volvía a ser el caballero sacro que jamás debí dejar de ser. Durante la pelea recibí una gran embestida de golpes, incluso llegue a incar una rodilla en el suelo de dolor, mas supe en todo momento que no perdería la batalla de mi vida, no perdería una pelea que iba a determinar mi futuro inmediato. Tras incar la rodilla me alce, mire a mi oponente, a mi parte maligna, un fulgor en mis ojos se hizo patente, los ojos de mi oponente se apagaban a cada golpe, su final estaba tan cerca que solo se podía interrumpir con el olor metálico de mi propia sangre. Pasaban largos e intensos segundos, yo no caí, pero el... el se precipito al muro de los infieles tras dos golpes brutales en la testa.



Por fin todo a acabado pensé..., y así me lo confirmo el maestro herrero. "Trust, has derrotado a tu parte maligna, aquella que dudaba de nuestro Gran Padre, ahora es cuando puedes intentar acercarte a la forja sagrada", me acerque sin titubear un solo instante, exhausto, destrozado, mal herido y sediento, pero todo daba igual, mi destino estaba frente a mi y debía sobre ponerme al dolor.



En esto que se me apareció un ser de otro mundo, parecía un enano pero no estoy seguro de que lo fuera, un esplendor salia de el, "increíble tamaño para ser un enano" pensé. El enano majestuoso me miraba, portado de un martillo único que yo recordaba. Me apresure a buscar a Custodia de Piedra, pero cual fue mi sorpresa al ver que no se encontraba en mi mochila, volví a mirar ese martillo de nuevo, un martillo que solo los dioses podían haber forjado. Aquel enano majestuoso me miro con cara inquisitiva y con cierto orgullo en la mirada. Fue entonces cuando me dí cuenta de a quien tenia frente a mi, era él, el único, El Gran Padre Moradin, quien se me apareció tras mi difícil empresa, entonces pensé "todo ha merecido la pena", me entrego el que hasta entonces era mi martillo, mas no era el mismo, pude notarlo según mis rechonchos dedos tocaron el mango. Su poder, su equilibrio, su manejo, ese arma era increíblemente buena. El Gran Padre me miro y me dijo "Trust Martillo de Piedra, tu empresa ha acabado, te entrego al que será por hoy y siempre el martillo de mis hijos, con el deberás mostrar a tus enemigos mi poder y mi furia", fue entonces cuando comprendí el nombre de tal majestuoso arma "Furia de Moradin", forjada de los pedazos de Custodia de Piedra.



Incline la cabeza, inque una rodilla en el suelo presentándole mis respetos al Gran Padre y solo fui capaz de contestarle una palabra, una misera palabra, "Sea". Siempre quise encontrarme con él, desde niño anhele ese momento, miles de preguntas tenia que hacerle, y cuando por fin estoy ante el no soy capaz de decir mas que un misera palabra, para que el Gran Padre sepa que haré su voluntad por el fin de los días...





//Y así fue como conseguí el corte de nivel 16, espero que os haya gustado. Gracias por leer este humilde diario.
 

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*El enano se sienta en una mesa del cuervo negro, frente de sí una cerveza negra como la noche y en su mano una pluma con tinta y tintero*

Son ya muchos los años que llevo sin escribir en este diario. El simple hecho de haber tenido que alejarme de las tierras de Amn hicieron que dejase de lado el trabajo que tantísimos años me ha llevado. Hoy releo todo lo que escribí antaño, desde mis comienzos en estas tierras hasta lo que mas vergüenza puede darle a un paladin. Desde como el gran Thorek Rompecraneos me aceptó y me "crio" dentro de las costumbres del clan hasta mi nombramiento como gran capitan de las tropas enanas. Por las barbas del forjador... cuantos recuerdos son ya.

Me voy haciendo mayor, cada vez mas viejo, mas gordo y mas sabio. Mas que gordo robusto, todos sabemos que los enanos tenemos un fisico perfecto.

Hoy retomo mis labores dentro del clan, y para mi sorpresa no serán como un barbalarga, si no que por votación de mis hermanos he sido nombrado Thane de la causa enana. Me resulta increible, yo que entré hace unos años, *El enano hace memoria* conociendo a enanos increibles como Thorek, Lagnar, Glogi, Durin, Dorin... hermanos que me enseñaron la senda de la batalla, el luchar por una causa, unos dogmas y unos valores... quienes hicieron de mi lo que soy hoy en día. Yo que he visto pasar por el clan a enanos como Ulfgar, Faurin en sus inicios, Bognar... cuantos recuerdos son ya los que puedo sumar, cuantos años de batallas, guerras y cervezas sin fin..., y ahora... ahora soy yo quien esta al frente de una comunidad que sin duda merece el mayor de los respetos.

Son muchas cosas las que hay que hacer. Empecemos el trabajo...

*El enano seca la tinta con cuidado y cierra su enorme libro con tapas de piedra con el simbolo del clan de los rompecraneos. Apura su cerveza, se levanta tranquilo pagando a su viejo amigo regente de la taberna y se encamina hacia la puerta musitando en alto*


Gran Padre... es la hora de las tortas.
 

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//pufffff hacia mucho que no leia este diario... madre mia... que tiempos...
 

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*El vejo barba larga se sienta en el cuervo negro, como una de tantas noches pide cerveza negra para beber un poco de carne para llevarse a la boca. En su regazo un gran diario con las tapas de piedra y en su diestra su vieja pluma que moja en el tintero de la mesa...*

Llevaba ya años sin recurrir a ti..., tiempos lejanos recuerdo con lagrimas en mis ojos. Tiempos de aquellos enanos que batallaban por un fin y por una causa común. Tras mi letargo y mi retiro a las tierras que me vieron nacer por orden del rey enano, vuelvo a a las tierras de Amn pobladas de corazones podridos que debemos redimir, corregir y en algunos casos mas extremos castigar.

*Coge aire y mirando a su alrededor pega un largo trago a la cerveza del cuervo negro, si apesta, pero los enanos beben lo que sea...*

Pocos quedan es estas tierras que recuerden la memoria de quien ahora es el Maestre de los Kuldar. Pocos moran por aquí que hayan batallado a mi lado hombro con hombro a excepción del gran Thane que tiempo atrás fué mi aprendiz. Batallas largas quedan por librar, orcos asolan los caminos, dragones amedrentan ciudades, y la escoria banita y cyrita siempre está presente por mucho que los cacemos.

Los tiempos cambian y las gentes se ven podridas por las riquezas, los vicios y los atajos. Pero viejo amigo, en ti dejo constancia de que si los atajos fueran faciles se llamarían caminos.

En mis últimos rezos pido al gran padre que le de fuerzas al Thane para no decaer..., aún es joven y quizás sea la fuerza que el clan necesita para subisistir y no tener una nueva orda que asole y amedrente a nuestra gente, no quiero tener que volver a rezar por cientos de hermanos caidos que se encuentren con nuestro señor creador Moradin.

*Algo interrumpe el escribir del enano, alguien entra en el cuervo negro..., un hombre con una capucha negra y una espada en ristre mirando fijamente al enano, señalandolo y diciendole... "Enano, alzaos y terminemos lo que empezamos tiempo atrás..."*
 
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