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El Eco del Hacha: Farli en la Senda de Haela.

Finnereg

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La Caza del Gusano Gigante
Música de Ambientación​


Los pasadizos oscuros de Imnescar se extendían bajo la montaña como venas de un mundo olvidado. El aire estaba pesado, lleno del aroma a tierra mojada y el eco lejano de gotas que caían desde lo alto. Farli, la enana devota de Haela, diosa de la caza y la guerra, avanzaba con determinación. Su mirada era fría y calculadora, aunque sonriendo ante la expectativa del combate inminente, iba escudo en la zurda y hacha de guerra en la diestra. A su lado, su hermana de armas Nadja, caminaba con paso firme, vestida con la armadura dorada y tabardo azul, de la orden del Guantelete. Ella en cambio, era seguidora ferviente de Bahamut, el dios dragón de la justicia. A diferencia de Farli, cuya fe la guiaba hacia la caza y la violencia controlada, Nadja era "un caballero", dedicada a la protección, la ley y el orden, y hoy, su fe la llevaría a enfrentar una de las criaturas más terribles que había aterrorizado la región: el gusano gigante.

La historia del monstruo que se había colado en los túneles de Imnescar había aterrorizado a las aldeas cercanas. La criatura, una serpiente monstruosa que se arrastraba bajo la tierra, devoraba todo a su paso, dejando solo ruinas y miedo. Nadja y Farli, aunque diferentes en su fe, compartían un propósito común: erradicar esta amenaza para proteger al inocente.

El grupo de aventureros que las acompañaba estaba compuesto por un guerrero enano ártico llamado Baldrak, cuyo temperamento feroz lo convertía en un combatiente formidable, una elfa llamada Lire que manejaba una cachiporra con una destreza sorprendente, y Sariel, suma sacerdotisa de Selune, diosa de la luna, quien luchaba con espada y escudo, guiada por la luz y la protección de su diosa. Finalmente, el druida Alantorte, que buscaba el equilibrio de la naturaleza, completaba el grupo, su conocimiento de las fuerzas naturales y su magia esencial para la batalla.

Nadja y Farli, aunque compartían la misión, sabían que la lucha contra el gusano sería una tarea ardua. Alantorte, con un gesto decidido, levantó sus manos y conjuró una tormenta de frío sobre el gusano. La tormenta azotó a la criatura con ráfagas de viento helado y nieve, pero el monstruo, tan masivo y adaptado a su entorno, no pareció siquiera inmutarse. El gusano seguía su avance con la misma furia imparable. Baldrak, sin perder tiempo, ajustó su hacha, y se preparó para la lucha que se avecinaba.

El aire se volvió denso y pesado a medida que se adentraban más en los túneles. Las vibraciones en el suelo aumentaban, y el retumbar lejano del gusano gigante era inconfundible. Nadja ajustó su armadura, sus alas se abrieron un instante mostrando su determinación antes de entrar en combate, Farli aferró su hacha con fuerza. Ambas sabían que este sería un enfrentamiento que definiría su destino.

El suelo comenzó a temblar con mayor fuerza, y de repente, un rugido profundo resonó en las paredes de la cueva. El gusano gigante surgió de las sombras. Su cuerpo largo y serpenteante, cubierto de escamas gruesas como rocas, se deslizaba rápidamente a través de la tierra, desmoronando el suelo a su paso. Con unos ojos brillantes y maliciosos, la criatura se lanzó hacia el grupo.

"¡El rugido de Haela retumba en mi pecho! ¡Que tiemble el enemigo! ¡Por Haela!" gritó Farli, lanzándose al ataque, mientras Nadja, escudo en alto, se preparaba para interceptar a la criatura y proteger a sus compañeros.

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El gusano atacó con furia, sus mandíbulas enormes intentando devorar a cualquiera que se acercara. Alantorte, nuevamente invocó las fuerzas naturales para debilitar a la bestia, pero el gusano, con su cuerpo inmenso, resistió la tormenta helada sin dificultad. Mientras tanto, Lire, con su cachiporra, avanzó rápidamente y golpeó con precisión en el costado del gusano, haciéndolo retroceder brevemente.

Nadja, manteniendo la calma en medio del caos, se posicionó entre la criatura y el grupo. Con el escudo en alto, bloqueó un ataque mortal del gusano, protegiendo a Sariel y a Baldrak. Su fe en Bahamut brillaba con fuerza. Su armadura resplandeció cuando su espada cortó en el aire, hiriendo gravemente la parte del cuello del gusano.

"¡No dejaré que esta criatura destruya lo que juramos proteger!" declaró Nadja, mientras su espada brillaba con la luz sagrada de Bahamut.

Baldrak, sin perder tiempo, atacó por el otro flanco, su hacha brillando con el brillo de su propia furia. Con una destreza mortal, dio un golpe certero sobre el costado del gusano, abriendo una herida profunda en su carne escamosa. El gusano rugió de dolor, pero la bestia seguía luchando. Sariel, de pie junto a Nadja, elevó su espada hacia el cielo y canalizó la luz de Selune, lanzando un hechizo curativo que restauró las energías de los combatientes más cercanos.

"¡No podemos darle tregua!" gritó Sariel, alzando su escudo para protegerse de un ataque de la criatura.

El combate era feroz, pero las hermanas trabajaban como una unidad perfecta. Farli atacaba mientras Nadja bloqueaba los embates del gusano, manteniendo a raya sus mandíbulas y su enorme cuerpo. El druida Alantorte invocaba la fuerza de la naturaleza para confundir al gusano, pero el monstruo parecía tan resiliente que no cedía ante los intentos de debilitamiento. Lire, con su agilidad elfica, se movía alrededor de la bestia, buscando su punto débil.

Finalmente, el gusano, debilitado por los continuos ataques y la magia, comenzó a tambalear. Farli, viéndolo como una oportunidad, saltó hacia la cabeza del monstruo, usando su hacha derecha para atacar sus ojos. El gusano emitió un grito desgarrador mientras su cuerpo comenzaba a caer pesadamente al suelo.

Nadja, con una fuerza renovada, dio el golpe final. Usando su hacha como una extensión de su voluntad, se lanzó hacia el cuello de la criatura, atravesando la dura piel del gusano hasta llegar a su núcleo. Con un último rugido de agonía, la criatura se desplomó, su enorme cuerpo desmoronándose mientras las hermanas se mantenían firmes, victoriosas.

El grupo se reunió alrededor de la caída de la bestia. Nadja y Farli, aunque exhaustas, compartieron una mirada de triunfo. La caza había sido brutal, pero juntas habían logrado la victoria. El enano Baldrak respiró aliviado mirando con orgullo a las chicas, mientras Lire le sonreía, su cachiporra aún chisporroteando con energía. Sariel, con una expresión serena, agradeció a Selune por la protección.

En el futuro, mientras caminaban de vuelta a su hogar, las hermanas sabían que más batallas esperarían, pero siempre lucharían como una sola fuerza, guiadas por la justicia, la luz y la caza.

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Finnereg

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Entre barbas y batallas.​

Ese día Farli acompañó a su hermana en la patrulla por el cementerio, durante el camino de regreso hacia el hospicio, Farli se permitió un momento de confesión, con una mezcla de humor y sinceridad que la caracterizaba.

Farli: "¿Sabes, Nadja? No puedo evitar notar lo bien que lleva el venerable Faurin el rejuvenecimiento. Esas trenzas gruesas, esa barba bien cuidada... Mira que yo soy devota de Haela, pero hasta los dioses se distraerían si lo vieran pasar." -Dijo riendo y sonrojada.

Nadja: "Oh, por los dioses, Farli... Espero que esto no termine en una propuesta de matrimonio. Recuerda que tu amor es por la batalla y no por las barbas elegantes."

Farli: "Tranquila, hermana, no planeo nada serio, te lo juro. Pero no soy de piedra, aunque a veces lo parezca. La última vez que cruzamos miradas, sentí como si las forjas de Moradin se encendieran en mi pecho. ¡Hasta juraría que el hacha me pesaba menos!" -Comenzó a reir dándose aire con la mano abierta.

Nadja conteniendo la risa le dijo: "Por Bahamut, Farli, espero que mantengas la compostura si te cruzas con él. No quiero tener que recoger tus restos si decides desafiar a alguna rival imaginaria por su atención. Mantente solo en tu contrato, eres escolta no esposa"

-A lo que Farli contestó sin dejar de reír: "No soy tan impulsiva, aunque reconozco que el corazón me late como un martillo cuando está cerca. Quizás sea momento de tallar una figura de Haela en mi hacha, para recordar mi verdadero camino... cuando Faurin no esté a la vista."

Ambas compartieron una carcajada, y la conversación se desvió hacia otros temas. Pero el brillo en los ojos de Farli al hablar de Faurin quedó como un detalle entrañable y cálido en el corazón de las dos hermanas.​

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Offtopic :
Mis agradecimientos a Nadja por la idea y las imágenes, y a Dm Ofnir por quitarle años a Faurin
 

Finnereg

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"Farli and the Papas" en ... El Mago Maleducado
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El grupo avanzaba por un estrecho sendero en los bosques de la costa sur. La humedad se filtraba entre las hojas, y el canto de los pájaros era reemplazado ocasionalmente por el crujir de ramas bajo las botas. La comitiva era numerosa, todos acompañaban a Aravae a cortar algo de madera para sus quehaceres como carpintero. El paso era relajado y las conversaciones distendidas, interrumpidas alguna vez que otra por unos lobos o algún animal enojado.

Al poco de salir, Faurin se unió a la comitiva, llegó junto a Farli y Nadja que le recibieron con palabras de respeto. El caso es que cuando apareció tan joven y apuesto, que hasta Rainde se sorprendió de su belleza. Todos se detuvieron a elogiarle. Aravae, sorprendido, sujetando las riendas del buey exclamó: "¡¿Cómo es posible?! ¡Estás más joven?!" con un tono de alarma. Tasnim, explicó divertida: "Morir puede morir, no es que sea inmune al acero, o a la magia. Simplemente a... la vejez." Madeleine, con una sonrisa, añadió: "¡Maese Faurin! El nuevo y renovado." no perdía oportunidad de elogiarle,
—¡De verdad que su juventud renovada es asombrosa! ¡Está usted como el primer barril de una cervecería! —dijo alegre.

La conversación había comenzado tranquila y llena de alegría, sin embargo, la calma se rompió cuando Faurin explicó bien las causas de su condición. “No se me ha dado la eternidad, solo más tiempo para cumplir mis deberes”. Dijo en el tono amable que la serenidad de los años le otorgaban.

Jonas, cuya paciencia parecía haberse agotado mucho antes de llegar al bosque, golpeó el suelo con su bastón.
—¡Eso no es un don, es una maldición! ¡Una afrenta al orden natural! —exclamó, alzando la voz lo suficiente para que los pájaros cercanos salieran volando.

Faurin simplemente lo miró calmado, dando un largo trago de su jarra mágica.
—Opina lo que quieras, pero no cambiarás lo que ya es.

—¡Pues así te mueras y esperes diez eones en la sala del juicio por cada día que hagas esperar a Kelemvor! —soltó Jonas, señalando a Faurin con un dedo acusador.

El silencio cayó como un hacha entre los árboles. Incluso Madeleine, que normalmente encontraba palabras para calmar cualquier disputa, se quedó boquiabierta.

—¿¡Qué…….. dijiste!? —Increpó Farli, con un tono peligrosamente bajo.

Ante esa dura afrenta Farli, escolta personal de Faurin, no pudo seguir manteniendo la calma.

Jonas apenas tuvo tiempo de girarse hacia ella antes de que la enana avanzara como un rayo. Sus botas pesadas aplastaron el suelo mientras se plantaba frente al mago, con sus brazos en jarras y sus manos reposando en sus anchas caderas se le quedó mirando fijamente—¿Cómo te atreves? —rugió, sus ojos brillando como ascuas de forja.

—¡Es la verdad! ¡Nadie puede desafiar a Kelemvor sin consecuencias!- añadió.

—¡Ese hombre al que acabas de maldecir es un venerable de Khazad, un Thane, un héroe de nuestros tiempos — Farli señaló a Faurin con un gesto amplio, mientras Nadja intentaba, sin éxito, detenerla— ¡No un simple chiquillo o un tabernero al que puedas insultar y salir ileso! -dijo fuera de sí.

—¡Farli, calma! —intervino Nadja, colocando su manaza en el hombro de su hermana, que parecía más lista para una batalla que para una conversación.

—¡No me calmo nada ni leches, Nadja! —gritó Farli - ¡Este maleducado necesita una lección de respeto! ¡Lo reviento!.

Faurin, que había permanecido callado hasta entonces, suspiró profundamente y se acercó a Farli, colocando una mano en su hombro libre con una fuerza inesperada.
—Farli, muchacha, ya está. No hace falta.

—¡Pero…! —Farli protestó, girándose hacia él con la mandíbula tensa.

—No hace falta —repitió Faurin, con una leve sonrisa—. El tiempo juzgará a cada uno. Y créeme, no me preocupa lo que Kelemvor piense de mí cuando llegue mi hora.

Entonces fue cuando el guardia Sabyr, se llevó dos dedos a la boca, dando un silbido sonoro y contundente. Y colocándose en medio delos tres enanos y Jonás, extendiendo los brazos se interpuso entre ambos.

-¡Aquel que reniega del descanso, nunca lo tendrá!- Volvió a golpear con el bastón en el suelo Jonás vociferando.

Sabyr hizo un gesto a Jonás, sin bajar los brazos, para que guardara silencio con mirada suplicante y no siguiera calentando el ambiente.

-Maese Faurin, Damas Robustas-Se giró hacia los enanos- Por favor, dejemos esto como un altercado por algo de fé, dejemos el tema y no recurramos a la violencia os pido.

Farli apretó los puños, con los nudillos blancos. Finalmente, dejó escapar un resoplido. —Tienes razón, Thane - dijo mirando a Faurin sin poder escuchar más que a los suyos- No merece el filo de mi arma. Pero… —se giró hacia Jonas, apuntándolo con un dedo corto pero poderoso—. Tú escucha bien, mago. Si vuelves a faltarle el respeto, no habrá Thane, Guardia o Dios que te proteja de mi ira.

Con estas ultimas palabras, los enanos optaron por abandonar al grupo y volver a la ciudad, dejando que la distancia y la caminata relajara los ánimos.

Mientras retornaban, Nadja se acercó a Farli con una ceja arqueada le comentó con su habitual calma.
—¿De verdad era necesario?

Farli bufó, con los brazos cruzados.
—Ese hombre ha insultado a un Thane de Khazad. Si dejamos que eso pase una vez, ¿qué será lo siguiente? ¿Chistes sobre nuestras barbas?

-Solo dió su opinión sobre un tema serio sus creencias, que no lo hizo de la mejor manera ni diplomáticamente, es cierto.. pero no es una visión errónea la suya -añadió en tono conciliador.

—Pues que se lo guarde para sí mismo —respondió Farli, aunque su tono ya no era tan combativo.

A lo lejos, Faurin se giró y alzó su jarra hacia Farli.

—¡Buen trabajo, escolta y dejadlo ya por favor! Vamos a tomar algo!.

Farli sonrió, enderezándose con orgullo y la mirada brillante, comenzó a andar con gesto más resuelto y susurró con una sonrisa plena.
—Gracias...-

Offtopic :
Gracias a los presentes por la escena divertida, y en especial a Jonás por mantener el tipo hasta el final.
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Finnereg

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De cómo surgió el amor.​

Relato I: El Honor de Servir

Farli y Nadja avanzaron con paso firme por el pasillo de piedra, sus armaduras reflejando la luz de las antorchas. A su espera, con los brazos cruzados y la mirada severa, el gran Faurin Yunque de Piedra las observaba con ojos sagaces. Para ellas, él no era solo un veterano de incontables batallas, sino una leyenda viviente, un estandarte de lo que significaba ser enano.

"¡Farli y Nadja, presentándose para el servicio, venerable!" dijo Farli con voz firme, posando una rodilla ante el anciano.

Faurin resopló con una mezcla de burla y afecto. "Levantaos, niñas. No soy un rey, solo un viejo con demasiados cuentos de guerra. Si vais a escoltarme, tendréis que aguantar mis historias y mi paciencia limitada."

Nadja intercambió una mirada con su hermana y sonrió. "Tenemos paciencia de sobra, venerable."

Farli, sin embargo, sintió su corazón desbordarse de emoción. Ser la escolta de Faurin era un honor que pocos enanos podrían soñar. Y aunque él se restaba importancia, ella sabía la verdad: era un héroe.
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Relato II: El Filo y el Corazón

Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses. Bajo la guía de Faurin, Farli y Nadja aprendieron no solo el combate, sino también la estrategia, la paciencia y la dureza de la vida de guerrero.

"No es solo la fuerza del brazo, muchachas", les dijo un día, desarmando a ambas con movimientos certeros. "Es la mente la que gana las batallas. Pensad antes de mover el acero."

Nadja se levantó con un bufido. "Y si la mente no es suficiente, un buen golpe en el casco también ayuda."

Faurin rió. "A veces, sí. Pero no siempre tendrás la ventaja de un golpe certero. Aprende a pensar."

Farli lo observaba con devoción, su admiración por él creciendo con cada lección, con cada batalla compartida. Pero también empezaba a ver al enano más allá del héroe: el guerrero cansado, el mentor severo, el amigo. Y con ello, algo nuevo florecía en su pecho.

Pero Nadja tenía otros sueños. Cuando la Orden de los Caballeros del Guantelete anunció que aceptaba escuderos, la joven enana supo que su destino no estaba en la escolta de Faurin, sino en la causa noble de la Orden. Con un abrazo emocionado y la bendición de su hermana, partió para seguir su propio camino.
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Relato III: La Adopción y el Torneo de los Genios

Los grandes salones de Kazad Gromdal estaban en silencio mientras el Consejo de los Dragones deliberaba. En la cabecera, sentado y con la solemnidad que lo caracterizaba, Faurin Yunque de Piedra se dirigió a los presentes.

"He tomado una decisión", dijo con voz firme. "Esta joven ha probado su valía en la batalla, en la lealtad y en el espíritu enano. No tiene clan, pero esta noche eso cambiará. A partir de hoy, Farlieth será una Yunque de Piedra."

Farli sintió que el mundo se detenía. La emoción la embargó cuando Faurin colocó una mano sobre su hombro, en señal de aceptación. No solo era su maestro y protector. Ahora, era su familia.

Poco después, el gran torneo de los Genios de Caravassar inició. Era un evento legendario, donde guerreros de todas partes competían por un deseo concedido por los misteriosos anfitriones. Faurin lideró a su grupo con astucia y destreza, y contra todo pronóstico, emergieron victoriosos.

Cuando el genio se materializó, su voz retumbó: "Pedid vuestro deseo, participantes."

Faurin sonrió y miró a sus compañeros. "Devolvednos la eterna juventud. No para mí, sino para ver si aún puedo luchar y servir a mi patria como en mis mejores días."

El deseo fue concedido. Ante los ojos de todos, la vejez abandonó su cuerpo como un manto de polvo barrido por el viento. Donde había estado un anciano curtido, ahora se alzaba un guerrero en la plenitud de su vida, con cabellos castaños, vigor y la misma mirada sabia y firme de siempre.
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Relato IV: La Revelación

Farli sintió que el aire le abandonaba los pulmones al verlo. Era él, pero no él. El mismo enano al que veneraba, pero ahora con la fuerza y belleza de su juventud. Algo que había mantenido oculto en su corazón se desbordó de golpe.

"Faurin...", susurró, incapaz de apartar la vista.

Él se acercó, ladeando la cabeza. "¿Qué te ocurre, Farli? Nunca te había visto tan callada."

Ella tragó saliva. "Tienes que ser ciego para no verlo. Siempre te he admirado, pero ahora... ya no puedo ocultarlo. Te amo."

Faurin se quedó en silencio, observándola con expresión indescifrable. Luego, con una sonrisa, respondió: "¡Por la forja de Moradin! Y yo pensaba que el deseo más grande que me concedieron fue la juventud..."

Farli sintió su corazón explotar de emoción cuando Faurin la tomó en sus brazos, sellando con un beso el destino que había estado esperando.
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Relato V: Las Campanas de Kazad Gromdal

Las forjas de Kazad Gromdal resonaban con música y júbilo. La unión entre Farlieth y Faurin Yunque de Piedra era celebrada con cerveza, canciones y golpes de martillo sobre el yunque.

"¡Por la pareja más testaruda que ha visto este reino!" gritó un enano borracho, levantando su jarra. "¡Que su amor sea tan fuerte como el acero y tan eterno como la roca!"

Farli y Faurin rieron juntos, entrelazando sus manos. Su viaje había sido largo, lleno de batallas, pruebas y enseñanzas. Pero ahora, en la luz de la forja, sabían que habían encontrado algo más duradero que cualquier victoria: el amor verdadero.
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