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El engranaje del cambio

Zio

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Hacía unas dekhanas que el mago había comenzado unas tareas en la universidad de los oficios.

Previo al éxodo élfico y todo los cambios que se habían sucedido en aquellos cuatro años, ya se había planteado mancharse las manos para algo más que para escribir papiros y memorizar sus conjuros. Con su magia podía proteger, con su arte de la esgrima podía mantener a ralla a quienes quería hacer mal a otros. ¿En esas épocas de calma donde el acero debía estar envainado y la magia debía usarse para otros fines? Se había tenido que mantener en un segundo plano a observar, a ayudar en lo que pudiera hacer falta en caso con efectos sencillos y prácticos que podían hacer la labor del resto mas fácil.

Pero su corazón ansiaba más.

'¿De que me sirve ayudar en las batallas mas sangrientas si después debo quedarme mirando?'

El sonido del metal siendo manipulado en la forja, los apuntes sobre ingeniera arcana, las clases de esgrima donde había tenido que volver a las bases con las armas de su pueblo, el sudor recorriendo su cuerpo y las agujetas que había sufrido en esos días interminables... todo había distraído su mente esos días.

En aquel preciso momento de mayor concentración, el arcano se hallaba ataviado con ropas de trabajo en la ciudadela élfica bajo la atenta mirada curiosa de los artesanos que rondaban las salas en sus idas y venidas habituales. Y es que era de conocimiento común que un Avariel no se metía en una forja por miedo a quemar sus plumas, pero él tenía recursos y había tomado medidas de protección.

guantelete.png
En una mesa de trabajo adyacente tenía diagramas esparcidos con anotaciones y dibujos que parecían carecer de todo sentido. Algunas emborronadas y redibujadas, otras tachadas y completamente descartadas que mantenía cerca de si.

Cerca de las mismas tenía el modelo de una mano y un antebrazo tallado en madera que había pedido a los artesanos, el cual por su estado podía verse que había sido manipulado de formas incontables. En ese momento se encontraba revestido por lo que podía considerarse un prototipo, una guía visual en su prueba y error donde sobresalían cables de cobre en un aparente desorden de entre las juntas y el revestimiento de acero que tenía encima. Alrededor de este prototipo había dejado unas precisas notas, recordatorios y correcciones con modificaciones a realizar.

Otro golpe mas de martillo en el acero caliente.

¿De donde había nacido esa obsesión por aquel extraño arte? Esa era una historia que contar para otro día, una serie de sucesos y una amistad que había entablado con un juguetero gnomo en Caravassar. Un viejo artifice retirado que gastaba sus días en su humilde tienda, el alado le había llamado la atención sus productos y su propia forma de trabajar. Lo que había empezado como una petición fallida, había acabado en un juego de tira y afloja que había llevado a ese punto concreto.
Y es que él, entre otras cosas, era un aprendiz de los secretos de la Urdimbre desde el punto de vista que le ofrecía el arte. Los artifice, sin embargo, estudiaban los entresijos de la magia descomponiendo la esencia de la misma sin diferencia entre una y otra. Una nueva perspectiva, un nuevo camino... ¿Y todo ello bajo un oficio donde podía marcar una diferencia real donde podía usar sus conocimientos como su corazon ansiaba?

Había salido de su hogar para aprender del mundo. Para entender a las razas del suelo y maravillarse con todo aquello que había leido desde niño. Tenía la oportunidad de cambiar y dar un paso adelante, ¿Cómo no iba a aprovechar esa oportunidad?

Dias mas tarde, se encontraba dando los últimos toques a un extraño guantelete.
Cubierto de inscripciones cuidadosamente detalladas, lo mas sorprendente de aquella pieza es que parecía un guantelete formado por varias placas 'sueltas' que le daban la forma que debía tener. Bajo las mismas y cuidadosamente tejidas parecía verse hilos de cobre entrelazados entre sí formando un circuito difícil de descifrar, como si se tratasen de las venas, o el sistema nervioso de algo mucho mas grande y elaborado. Primero, la forja. Después el pulido y la preparación de cada pieza por separado, por ultimo el montaje. Se había pasado además una gran cantidad de tiempo volcando su propia esencia mágica en el artefacto.
Dando los últimos toques con un punzón mágico que chisporroteaba al contacto con el metal, dejó la herramienta a su lado se quitó unas gafas oscuras de los ojos, observando aquella pieza de ingeniería arcana.

Sin mayor dilación, siendo consciente de los ojos encima de él pero en una concentración absoluta donde no les prestaba atención, cogió el extraño brazal/guantelete y acomodó su mano en la misma. Nada más lo hizo este pareció cobrar vida. El metal se movió y se retorció hasta que terminó de adaptarse a la forma del brazo del elfo. El circuito de cobre brilló con fuerza en un inicio a través del metal, hasta que bajó en intensidad y pasó a un palpitar suave de energía arcana, imperceptible a menos que uno estuviera al lado y pusiera sus manos encima. Movió su muñeca y la forma del guantelete se volvió a ajustar dando una completa y libre movilidad.

Mientras cerraba el puño con fuerza las runas elficas se iluminaron, cargando el guantelete con su propia energía arcana y notando como la magia fluía a través de él como si fuera una segunda piel. Con una sonrisa que podía llamarse nada mas que satisfacción, giró la mirada hacía el resto de la armadura que aun debía terminar de ensamblar. Iba a pasar tiempo hasta que se adaptase a esa nueva forma de hacer magia y puliera muchos detalles, pero aquello no era mas sino un reto para él.

¿Qué mejor forma de presenciar el progreso que ser participe del mismo?
 

Zio

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-¿Que quieres?- Es una pregunta habitual que se realiza entre dos individuos, nada fuera de lo común. Lo curioso de esa escena, cualquiera que caminase cerca del escritorio donde estaba trabajando el alado en la biblioteca, era que su interlocutor flotaba de forma animada en el aire.

El objeto se componía de un plumín donde la punta está tallada en cristal, seguido de la pieza cilíndrica con base de hierro y los detalles en plata. En la parte cilindrica del mismo se podrían ver talladas diferentes runas en el dialecto elfico y primordial. El cuerpo de la pluma estilografica estaba compuesto por una pluma de ave que nace en negro y transiciona a un tono azulado mágico en algunas de sus hebras. La pluma parecía moverse con vida propia, dando golpecitos con la punta en el papiro que tenia en la mesa.

-
¿Que pasa con el papel? Es buen papel.- Acto seguido, la pluma hizo una caracteristica 'X' en el aire con bastante firmeza, pasando a moverse como una serpiente hacia la carpeta que tenia el alado a su lado. Con la insistencia de alguien que quiere conseguir su objetivo, consiguió arrastrar un papiro de los que usaba para transcribir hechizos o bien comunicarse con alguien. Material de calidad que podía encontrar en el mercado a un alto precio.

-
Pero... ¿Que tiene de malo el papel? Ya te he dado la tinta buena. No vamos a escribir un hechizo de decima esfera.- ¿Desde cuando había empezado a intentar razonar con una pluma? Sabía que era inútil, pues aunque seguía sus instrucciones con precisión tenía sus propias...

Manías.

Suspiró con la misma exasperación que le causaba el Fey'Ri con su sola presencia.

-
Bien, bien... Tu ganas.- Le dijo, sustituyendo el papel que había amontonado cuidadosamente por hojas de papiro.

-Ahora, empieza a apuntar.-


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