Dukaan
Apilador de Muros de Fuego
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Desde que abandoné las tierras de la intriga en mi afán por obtener conocimiento y poder, me sumergí en un profundo desamparo. Una extraña y desgarradora sensación me envolvía, instándome a regresar y abandonar esta búsqueda incierta. A pesar del odio que me profesaban los habitantes de aquel lugar, allí encontraba cierta paz que no lograba hallar ni en mi hogar ni en ningún otro rincón donde me había refugiado. Era en aquel sitio donde descubría seres vivos y no vivos que me aguardaban, y en ocasiones, incluso me aceptaban tal y como era, algo raramente experimentado en otros lugares. La añoranza de ese sentido de pertenencia me embarga cada vez que rememoro aquel sitio desolado.
Soy consciente de que a los ojos de los demás, fui etiquetado como un monstruo, y muchas personas creían que mi maldad carecía de justificación, que mis actos perversos no tenían razón de ser. No obstante, la realidad era mucho más compleja y sombría. Mi existencia se desarrolló bajo la sombra de individuos que constantemente me infringían dolor, tanto en mi núcleo familiar como en aquellos extraños seres que encontré en las tierras de la intriga. Mi vida siempre se sustentó en ser ignorado o señalado por tener una forma de pensar diferente. Fui víctima de críticas y juicios en innumerables ocasiones, a menudo malinterpretado debido a que las personas se negaban a escucharme en su totalidad, quedándose únicamente con aquello que deseaban oír.
A lo largo de mi existencia, fui objeto de constantes malentendidos que me llevaron a tomar una decisión desagradable para cualquier ser: buscar la inmortalidad por medios antinaturales. No obstante, esa elección no me ha otorgado nada. Llevo casi dos o tres años alejado de mi hogar y no encuentro más que vacío. Mi corazón anhela desesperadamente a Cercenadora, Charlotte, Fauces, Yol y Keera, seres tan diferentes entre sí pero que compartían un rasgo en común: todos me amaban a su manera e intentaban brindarme lo mejor. Reconozco que mi actitud hacia ellos dejaba mucho que desear, pero quiero creer que sabían que aún les amaba.
Mi tiempo ha llegado a su fin. No soy más que un insignificante peón en los juegos siniestros de los señores demoníacos y seres supremos. Siempre he interpretado un papel secundario, condenado a ser un mero espectador sin ser nunca el protagonista. Ahora, camino sobre los abrasadores hilos del abismo, esperando que el nuevo señor demoníaco del plano de la sangre devore mi alma después de fracasar en mi misión como el Heraldo del plano de la Sangre. Esta será mi penitencia y nadie más recordará a Azhandriel Dladrageth.