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El Militar y el Paladín.

lordanto

Lágrima de mago nerfeado
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-Arzhan, despierta.

El sargento de la guardia abre los ojos y examina su alrededor con los párpados entreabiertos a causa de la intensa y blanca luz que lo baña todo. Aunque “todo” es una palabra demasiado concreta para definir el lugar en el que acaba de despertar. El suelo es de mármol, pulido hasta resultar níveo, uniforme y duro al tacto, extrañamente tibio. No hay techo, sino un cielo añil oscuro salpicado de constelaciones, tampoco hay luna. Alrededor de él la vista no alcanza límite pared u objeto alguno, tan sólo un infinito de blanco pavimento y estrellado nocturno. Todo está tremenda y uniformemente iluminado, una luz baña todo el lugar, sin fuente ni foco aparente.


-¿Dónde estoy?-Poco a poco los ojos del militar se acostumbran a la luz, se pone en pie y pregunta a la nada. Lleva puesta su túnica de la orden del halcón rojo, inmaculada, limpia y pulcra, perfecta.

-Estas en el único sitio donde puedo hablar contigo, al menos de momento. Espero que siga siendo así durante bastantes años.-No reconoce la reverberante voz del hombre que le habla, es grave, tiene un matiz poderoso, un tono casi divino.

-¿Quién eres?-A pesar de sentir nervios por el total desconcierto mantiene su habitual postura normal, seria y dura, marcial.

-¿Aún no lo has adivinado? Soy aquel al que una vez necesitaste, aquel que no pudo estar contigo.

El duro y objetivo rostro del joven se descompone en una mueca de confusión, aunque sus ojos reflejan un poco de ilusión, también siente miedo.


-¿Not, eres tu? ¿Estoy muerto? ¿Dónde estas?

-Así es hermano, soy yo. Pero no, no estás muerto. Esto es un sueño, estas soñando.

-¿Entonces no eres real, esto no es real?

-Lo es… y no lo es. Es difícil asegurarlo con certeza.

-Pues parece real.

-¿Acaso algunos sueños no lo parecen?

-Hay algo que no me has respondido… ¿Dónde estas?

La voz reverberante habla de nuevo, sin mostrar su punto de partida, Arzhan no logra identificar de donde viene. Sólo sabe que la escucha profunda e igual en intensidad a su alrededor.

-Yo estoy en ti, soy parte de ti.

-Eso es imposible-. Sentencia con dureza, él es un hombre lógico, y piensa como tal. Después otea el firmamento y las miles de estrellas que lo componen.
Al bajar la vista al pulcro mármol se encuentra una figura delante de él cara a cara. Parece él mismo, pero tiene las facciones menos duras, El pelo ondulado, algo mas largo que el suyo echado hacia atrás con una cinta roja en la frente. Sus facciones son más ligeras, menos duras. Sus ropas y su armadura son las de caballero de la orden del radiante corazón, limpias aunque desgastadas. En general se parece mucho a Arzhan, casi podría pasar por su hermano gemelo a excepción de un rasgo que los diferencia por completo. La sonrisa. Not Palathan, luce una sonrisa poco pronunciada, de tranquilidad, de paz.


-Aquí estoy si quieres verme así-. La visión de su hermano frente a él deja atónito al clérigo del caballero rojo. Ambas armaduras contrastan, una roja y metálica, dura. La otra plateada, brillante pero sencilla. Bajo ellas ambos hombres son sin duda hermanos, descendientes de la marca de la casa Palathan.

-Te pareces a padre, hermano, no pude verte jamás desde que te fuiste con doce años de Tenessil, entonces yo sólo tenía seis-.A pesar de la dureza de Arzhan, ante la evocación de su hermano Not las palabras se le quiebran, el corazón gana a la lógica de un hombre como él. Los sentimientos ocultos afloran mas puros que nunca, los ojos se humedecen y el clérigo muestra su parte mas humana, aun sin desearlo.

-Tú también te pareces a nosotros más de lo que crees-. La voz segura, placentera, suave y directa del paladín evocado es mucho más firme que la del pequeño de los Palathan.

-¿Vayamos al grano quieres? ¿Que haces aquí, tan sólo pretendes quebrar mi voluntad?- Impaciente, es consciente de que no puede controlar la situación.

-Te equivocas, Arzhan, sólo estoy aquí para guiarte-.

-Yo no necesito que nadie me guíe, y mucho menos un paladín de mierda-. Duras palabras para un descompuesto hombre que suele aparentar ser de acero.

-¿Ah, no? Y que me dices de Tertius y Kheynan, ellos son paladines y…-Las comedidas palabras de Not se quiebran cuando el hermano lo corta casi con ira, sin subir la voz aunque de manera intensa.

-¡Al menos ellos estaban ahí, y estaban vivos, no se dejaron matar como un puto cobarde!- El eco del místico lugar deja las palabras unos segundos en el aire, a cualquier hombre le pesarían, incidirían en el alma como una gota de aceite en un estanque de agua pura. Pero Not Palathan no fue nunca un hombre normal, él era un paladín, y como paladín responde.

-La ira y el odio no harán que yo vuelva, no volveré por que estoy muerto. Elegí mi forma de morir y lo hice como creí correcto. Cierto es, Arzhan, debí estar allí para guiarte, para instruirte y para convertirte en el hombre que eres. No estuve, pero otros estuvieron por mí. ¿Acaso crees que te dejé sólo?-

Una profunda respiración amolda la tranquila y dulce labia del materializado recuerdo del paladín tormita que precede a la corta enumeración
- Tertius Swellden, Viktor Von Kessel, Kheynan Brigthelm. Creo que no hace falta que siga.-Arzahn lo escucha y trata de responderle, cada vez más confuso y menos seguro.

-Sí, pero tú, tú…- Ahora es el paladín quien le corta al otro, pero al contrario que el sargento de Amm no lo hace con autoridad y contundencia, sino con amabilidad, humidad, con respeto.

-Hermano, tienes que entender que hasta que no estés en paz con mi recuerdo no lo estarás en paz contigo mismo, puesto que yo soy parte de ti. Te he visto crecer y convertirte en un gran hombre. Podrías ser un paladín magnífico como todos nuestros hermanos, un ejemplar tormita. Sin embargo elegiste otra senda que es mucho mas dura, aquella en la que has de ocultar lo buena persona que eres por un fin mayor, por honor. Algunos guiaron tus pasos, pero fuiste tú y sólo tú quien luchaste contra el mal como nadie de nuestra marca lo hizo jamás, peleaste con ladrones, bandidos, corruptos y aún hoy peleas contigo mismo por ser mejor, aún sigues haciéndolo, incluso a costa de tu salud de tu vida-.

Confuso hasta el límite de empezar a soltar lagrimones, compungido por las palabras que revelan la verdad de la gente de su casta. Era consciente de todo aquello desde hacía años, pero no lo quería admitir. Intenta hablar, y no le sale la voz.


-Arzhan, siempre has rehusado a querer ser como yo, por miedo. Aún no te has dado cuenta que no sólo eres como yo, eres más que yo. Mi camino acabó pero el tuyo continúa. Es aquí y ahora donde has de liberarte de tu miedo, dilo, ¡Dilo en voz alta y dímelo a la cara!-

La cara del joven militar del caballero rojo es un poema, descompuesta totalmente sorbiendo por nariz y a punto de empezar a sollozar, poco queda ya de su marcialidad salvo el tabardo de sargento y la capa roja. Cuando responde, lo hace con el tono quebrado, sacando de los pulmones los sentimientos que lo atormentaban durante años.


-¡Te-tengo miedo, joder!. ¡Tengo miedo de amar, tengo miedo y me avergüenzo de no poder expresar todo lo que os quiero, a todos! ¡Tengo miedo de llorar y de reír, tengo miedo de intentar ser lo que no soy, ser lo que soy y no poder remediarlo! ¡Pero a la misma vez se que lo que soy es lo que está bien!-Cuando acaba de hablar dirige la vista a los ojos color miel de la caballerosa figura que lo escucha impasible, con gesto bondadoso Not Palathan se le acerca y lo abraza con fuerza y ternura a la vez, justo entonces Arzhan Palathan, hombre duro y pétreo, sin sentimiento en apariencia, cierra los ojos y rompe a llorar.

El recuerdo del paladín lo consuela mientras el otro solloza y se libera de tantos años de sufrimiento interno. Al poco, cuando el militar está más relajado, el recuerdo del joven Not Palathan lo coge por ambos hombros, lo pone con delicadeza a un palmo de sus ojos, hermano y hermano.


-No tengas ese miedo nunca más, Arzhan, estoy aquí, estoy en ti y estaré contigo siempre, y lo que es mas importante, lo estarán tus amigos y aliados. Sé lo que quieres ser, sé tu mismo y levanta la cabeza bien orgulloso de ello-.

-Nadie dirá jamás que no eres un hombre de honor, pues eres Arzhan Palathan, caballero rojo, estandarte y heraldo de todos aquellos que lucharon, luchan y lucharán por el bien y el orden en este mundo-.Las palabras reconfortan el alma del joven, ya no está triste ya no está compungido de dolor y de desesperanza, y lo que es mas importante aún, ya no odia a su hermano y por tanto, ya no odia a una parte de sí mismo.

-No te vayas Not, quédate conmigo-.

-Esto es efímero Arzhan, pero durará lo que quieras que dure. Cada vez que realices el ideal de bien, de humildad y seas leal a nuestros principios estaré ahí-.La voz del paladín se vuelve de nuevo reverberante y con un tono divino. Su ser comienza a escindirse mientras poco a poco levita y se eleva en dirección a las estrellas y al azul oscuro casi negro, horizonte estelar.

Antes de que se vaya, el joven militar de Amm despide a la evocación de su hermano con una sencilla palabra en apenas un susurro, que significa mucho mas que el simple vocablo.


-Gracias-

Not y Arzhan, Arzhan y Not. Dos hermanos que se observan por última vez mientras el entorno se vuelve más y más luminoso con una luz blanca y divina. Uno de los hermanos se escinde, hacia el plano de los cielos, en gloria y paz con su dios. El otro despierta, con las mejillas húmedas y el corazón más fuerte. Ambos con una sonrisa, más sincera que cualquier promesa vana de amor eterno entre enamorados. Pues los dos hombres saben que significa mucho más.


Cuando Arzhan abre los ojos y se encuentra en su habitación de la guardia, retira las mantas, prende el escudo que reposa inclinado en la pared y con una daga le graba alrededor de la cara interna, para poder verlo cada vez que pelee, cada vez que entre en combate, cada vez que defienda sus ideales:


“Defiende con todas tus fuerzas a aquellos que amas, pues no será sino por amor que serás capaz de liberar tu alma, nunca estas sólo, tú eres aquellos a quien amas”

Horas después se haría grabar en la hoja de la espada el lema de su casa, la marca Palathan:


“Honor, y más honor más allá de la muerte”
 

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