Mullet King
Sexta identidad de ladrón cofrade
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Un paseo por el Distrito de la Gema
El aire de Athkatla olía igual que antes: a especias, sudor y ambición. Pero a Tasnim le pesaba diferente.
Había pasado casi un año desde que cambió la ciudad por las arenas de Almraiven. Regresaba con el cabello cubierto por un pañuelo de seda y una mirada más paciente, quizá por todo lo vivido en su tierra natal. En Athkatla no esperaba encontrar nada igual, pero tampoco que algo la esperase.
Y sin embargo, Rainde la esperaba. Más o menos. Con la misma sonrisa de siempre, apenas más arrugada -claro que no sería ella quien se lo dijese, no quería enfrentarse a su martillo-. Vestía su habitual tabardo con los colores del Hacedor de Maravillas y un colgante de Gond que brillaba como el sol del mediodía.
—¡Mozah! Cuánto tiempo, ¿qué te ha pasao'? ¿'Onde estabas?
—¡Ah, Rainde! Querida amiga... Mis estudios me llevaron de vuelta a casa... Ya sabes, la curiosidad mató al gato...
—Pero qué dices, si estás viva.
—Sí, bueno... Ahora soy más hueso que carne, pero sí.
Rainde tenía la misma energía eléctrica de siempre. Era la clase de persona que nunca terminaba un té sin inventar una forma más eficiente de hervir el agua. Y verla ahí parada, en su roca favorita de los Llanos, fue como sentir un cálido abrazo. Al parecer algunas cosas no estaban destinadas a cambiar.
—¿Cómo has estado? —preguntó Tasnim, sonriendo con sinceridad por primera vez en semanas.
—Buéh. Ya sabes, como siempre.
—¿De veras? La tranquilidad es inusual en Amn, ¿no hay nada nuevo?
—¿Eh? Ah, no, no. Aquí han cambiado muchas cosas. ¿Has estao' en el barrio rico?
Tasnim negó. Sabía que se refería al Distrito de la Gema, pero esa parte de la ciudad le quedaba vetada. En Amn ella todavía era considera un sedimento, la clase social más baja. Y hasta que no se graduase de la Arcanum Scholla y adquiriese su ciudadanía, seguiría siendo vista como una paria. Se lo explicó a su vieja amiga, que se sirvió de un ademán para desechar sus palabras.
—Béh, 'ente conmigo.
—Nos meteríamos en problemas, Rainde...
—¿Problemas? Psé.
A la calishita no le quedó más remedio que seguirla, cruzando las calles como dos sombras familiares. Una con paso ligero y voz imparable, la otra con ojos que lo escaneaban todo como si lo viera por primera vez. Y lo veía. Aquella zona de la Ciudad de la Moneda le resultaba totalmente desconocida, y eran tantos los estímulos que ni siquiera sabía por dónde empezar.
El Distrito de la Gema era muy diferente al resto de la ciudad. Las casas eran más altas, coronadas por cúpulas de vidrio que reflejaban el sol como espejos encantados. Las gentes vestían ropas que denotaban ser de la más alta calidad, y soldados patrullaban las esquinas de cada callejuela y avenida con paso marcial. En las fachadas, largos blasones ondeaban representando a Waukin y al Consejo de los Seis.
Rainde le explicó que ahora "Colmillosafilados", una dragona azul, protegía Amn y al Consejo. Que además de ser miembro del Gremio de Artesanos, ahora ostentaba un cargo superior en el gobierno. Un gobierno que, además, había cambiado, con personalidades como Obara Alghul y James Kerloch en posiciones de poder. Le actualizó sobre la situación con Murann y la sublevación de una célula selûnita en el norte.
Había pasado casi un año desde que cambió la ciudad por las arenas de Almraiven. Regresaba con el cabello cubierto por un pañuelo de seda y una mirada más paciente, quizá por todo lo vivido en su tierra natal. En Athkatla no esperaba encontrar nada igual, pero tampoco que algo la esperase.
Y sin embargo, Rainde la esperaba. Más o menos. Con la misma sonrisa de siempre, apenas más arrugada -claro que no sería ella quien se lo dijese, no quería enfrentarse a su martillo-. Vestía su habitual tabardo con los colores del Hacedor de Maravillas y un colgante de Gond que brillaba como el sol del mediodía.
—¡Mozah! Cuánto tiempo, ¿qué te ha pasao'? ¿'Onde estabas?
—¡Ah, Rainde! Querida amiga... Mis estudios me llevaron de vuelta a casa... Ya sabes, la curiosidad mató al gato...
—Pero qué dices, si estás viva.
—Sí, bueno... Ahora soy más hueso que carne, pero sí.
Rainde tenía la misma energía eléctrica de siempre. Era la clase de persona que nunca terminaba un té sin inventar una forma más eficiente de hervir el agua. Y verla ahí parada, en su roca favorita de los Llanos, fue como sentir un cálido abrazo. Al parecer algunas cosas no estaban destinadas a cambiar.
—¿Cómo has estado? —preguntó Tasnim, sonriendo con sinceridad por primera vez en semanas.
—Buéh. Ya sabes, como siempre.
—¿De veras? La tranquilidad es inusual en Amn, ¿no hay nada nuevo?
—¿Eh? Ah, no, no. Aquí han cambiado muchas cosas. ¿Has estao' en el barrio rico?
Tasnim negó. Sabía que se refería al Distrito de la Gema, pero esa parte de la ciudad le quedaba vetada. En Amn ella todavía era considera un sedimento, la clase social más baja. Y hasta que no se graduase de la Arcanum Scholla y adquiriese su ciudadanía, seguiría siendo vista como una paria. Se lo explicó a su vieja amiga, que se sirvió de un ademán para desechar sus palabras.
—Béh, 'ente conmigo.
—Nos meteríamos en problemas, Rainde...
—¿Problemas? Psé.
A la calishita no le quedó más remedio que seguirla, cruzando las calles como dos sombras familiares. Una con paso ligero y voz imparable, la otra con ojos que lo escaneaban todo como si lo viera por primera vez. Y lo veía. Aquella zona de la Ciudad de la Moneda le resultaba totalmente desconocida, y eran tantos los estímulos que ni siquiera sabía por dónde empezar.
El Distrito de la Gema era muy diferente al resto de la ciudad. Las casas eran más altas, coronadas por cúpulas de vidrio que reflejaban el sol como espejos encantados. Las gentes vestían ropas que denotaban ser de la más alta calidad, y soldados patrullaban las esquinas de cada callejuela y avenida con paso marcial. En las fachadas, largos blasones ondeaban representando a Waukin y al Consejo de los Seis.
Rainde le explicó que ahora "Colmillosafilados", una dragona azul, protegía Amn y al Consejo. Que además de ser miembro del Gremio de Artesanos, ahora ostentaba un cargo superior en el gobierno. Un gobierno que, además, había cambiado, con personalidades como Obara Alghul y James Kerloch en posiciones de poder. Le actualizó sobre la situación con Murann y la sublevación de una célula selûnita en el norte.
—¿Sariel? Dioses... tardaré dekhanas en digerir tantísima información. Pero bueno, ¿y tú, te dejan tiempo para seguir con tus investigaciones?
—Psé, pues claro. Soy arcana, me teletransporto.
Tasnim bajó la mirada, jugueteando con uno de sus múltiples abalorios dorados. Agradecía que Rainde no se interesara por lo que había estado haciendo en Almraiven, pues no le apetecía explicar qué era tan importante como para haberla hecho desaparecer de un día para otro. A fin de cuentas, la gondita era tan práctica como simple, y si ella le decía que todo estaba bien... no haría más preguntas.
Se detuvieron frente a una casa de té construida con madera traída del norte y toldos azules que ondeaban como banderas marinas. Y entraron. Dentro, el aire estaba aromatizado con azafrán y canela. Una camarera pelirroja se acercó con una sonrisa perlada e irregular y les ofreció dos bandejas flotantes.
—Aquí sirven el mejor chai de loto de toda Amn. Lo infusionan con vapor controlao' por un artefacto de precisión. Na' de hervores descontrolados.
—¿Y el sabor?
—Perfecto. Como to' lo que calculamos bien.
Tasnim se rió, por fin sin defensas.
—Athkatla es otra, Rainde. Pero tú… tú sigues siendo un remolino de caos en medio del orden.
Rainde alzó su taza.
—Pos' eso. Bienvenida de nuevo.
Tasnim no respondió de inmediato. Bebió, cerró los ojos y saboreó el té. Sabía a cosas nuevas, pero también al pasado que aún no se marchaba.
Athkatla había cambiado.
Ella también.
Y tal vez, entre el humo del té y el brillo de los dánters, aún quedaba un lugar donde encajar.
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