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El rescate.

eldroth12

Copia sin mente de un convocado
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6/9/09
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Llevaba 25 días sin poder ensoñar. Deambulaba, mal comiendo y apenas sin beber, rondando los camino y preguntando a todo aquel que se cruzaba con el, conocido o no, por el semielfo tartamudo.
En su peregrinación, se había topado con amigos, Aldarion y Mekhare le habían dado unas plantas para que se las tomara en infusión antes de dormir.

-Debes descansar elfo.. O así no serás de ayuda para nadie!

Y el mestizo tenia razón.

Shamaeltanar también le había dado unas bayas, para el mismo fin. El elfo agradecía cada gesto con un asentimiento y arrastraba sus pasos de nuevo a los caminos. Allí, en esos mismos caminos, conoció a Yuliet. La conocía de oídas y alguna vez se habían cruzado en los llanos, mientras Ender escapaba de ella. Así una sonrisa se dibujo en su cara, pensando en como habían terminado esos dos. Delom fue el primero en darle noticias de su hermano, sabia donde debían buscar, y eso eran buenas noticias.

Dos días mas tarde. Habiendo recuperado algo el color y perdido las ojeras gracias a las hierbas y a las bayas, un rumor llegó a sus oídos. Aldarion y algunos iban a ir en busca del tartamudo y eso no se lo podía perder el tatuado.

Se encamino al claro donde las caravanas aguardan entrar en Crimmor. Allí había un buen grupo de valientes, preocupados por un amigo.

Hold, el semielfo, estaba allí con un halcón en el hombro. Delom, de pie, aguantado su peso en su cayado. Shamaeltanar a su lado esperando paciente a que todos se reunieran. Yuliet en silencio, mirando la hierba y con gesto serio. Cuando el tatuado llego solo faltaban los organizadores. Aldarion y Mekhare aparecieron al poco, juntos y con la mirada resuelta.

Poniendo las investigaciones realizadas sobre la mesa, Aldarion y Thodrel compararon sus hallazgos en el castillo, comprobando que los rastros llevaban hacia las cavernas que habían sido inundadas. Shamaeltanar realizando un hechizo de escudriñamiento pensando en objetos del arquero, descubrió que las trazas del hechizo indicaban en la misma dirección.

El halcón con un destello verde se transformo en Niennor, la druida de los paramos también había venido a colaborar en la búsqueda de Ender y eso era una grata noticia. El grupo se adentro en los bosques cercanos al castillo derruido. En las cuevas de las arañas comenzaron a investigar. Las trazas mágicas así lo indicaban. Los rastros así lo indicaban, tenia que ser allí.

Justo antes de entrar en la cueva para hacer de batidor, el explorador tatuado miro al cielo y se consagro a Solonor y a Corellon. Ese cielo plomizo, sin luz, era parecido al cielo que despuntaba con las primeras luces del amanecer del fatídico día de la desaparición de su hermano. Se adentro en las cuevas evitando moverse demasiado rápido, el agua de la inundación llegaba hasta la cintura del elfo, y eso era una mala opción para su sigilo. Se adentro en las dos estancias, comprobando que estaban vacías y volvió en busca de sus compañeros. Cuando el grueso del grupo entro en una cueva anexa a la entrada una escalera hacia un agujero en el techo marcaba una ruta inexplorada.

Subieron primero los dos exploradores, Hold y Thodrel se dispusieron en las esquinas cubriendo la entrada por la cual empezaban a entrar los demás. Susurros guturales y pasos que se arrastran llamaron a la alarma. Antes de poder pensar siquiera en avanzar en sigilo la pareja de exploradores se vio obligada a disparar. Las flechas volaban mientras los guerreros desenfundaban sus armas y se adelantaban unos pasos. Las canciones de los clérigos y druidas sonaban a la espalda del explorador tatuado mientras el se concentraba en seguir disparando.

Su enemigo se acercaba, sin remisión, con varias flechas atravesando su cuerpo. No se detuvo ni cuando una flecha casi secciono su cabeza. Al llegar a la altura del explorador, solo dos golpes hicieron falta. De dos movimientos de su ajado brazo, moviendo una espada oxidada, corto las tripas del explorador y le rompió la pierna derecha de un profundo tajo. Al otro lado de la formación, mientras Mekhare cubría al explorador Hold los enemigos llegaron y ambos cayeron por golpes de los zombies que avanzaban sin verse mermados por los poderosos mandobles de la ígnea espada de la Campeona de Lathander. Tres compañeros yacían malheridos en el suelo. Entonces, los hechizos de los druidas y clérigos y los garrazos metódicos y precisos del mestizo hombre gato acabaron con los enemigos. Sus restos cayeron encima de los de los compañeros que se iban desangrando poco a poco.


Las heridas eran feas, los tres estaban mas cerca de los salones de Corellon que de la oscura y fría gruta. Solo la pericia de los sanadores y de sus poderosos hechizos curativos pudieron mantener con vida a los tres. La campeona de Lathander y el explorador semielfo estaban bien, feas heridas que necesitarían de un descanso en cuanto salieran vivos de esa cueva, si es que conseguían salir, pero el tatuado elfo había tenido algo menos de suerte. Las heridas aunque graves sanaron rápido gracias a la magia, pero su pierna no respondía, la pierna rota no había sanado del todo y todavía le dolía al moverse y le impedía apoyar todo su peso en ella.

Avanzaron y recorrieron los fríos túneles, paredes húmedas plagadas de limo y hongos y un fuerte olor a podredumbre, sangre seca y humanidad podrida. El explorador cojo, no quiso ayuda de nadie y avanzaba en cola del grupo apretando los dientes y apoyándose en la pared cargando todo el peso en su pierna buena. Los heridos avanzaban medio mareados por la impresión, apoyados en compañeros y amigos.

Una estancia, seca, iluminada por unas velas, con un escritorio y dos sillas cómodas. En el escritorio un libro. Un diario donde se relataban los horrores que había sufrido el sujeto capturado. Todo tipo de torturas y vejaciones salieron de la boca de Shamaeltanar, que con un hilo de voz narraba a todos lo que en el libro estaba escrito. El explorador no quiso levantar la vista del pasillo que vigilaba en retaguardia. No quiso mirar las caras de los amigos del tartamudo que debían expresar el mismo horror que expresaba la suya. No quiso pensar en la pobre e inocente Yuliet. No quiso saber de quienes eran las lagrimas que escuchaba caer al suelo. Solo la magia había sido capaz de doblegar el espíritu de su hermano y por ello estaba orgulloso.

Siguieron explorando estancia tras estancia, hasta que encontraron la sala de torturas. El explorador estaba en el marco de la puerta. Mekhare y Yuliet estaban a su lado mientras el resto del grupo entraba en tromba en la sala.

-Esta aquí!! Esta aquí y respira! -Grito Shamaeltanar.

Las maquinas olían a muerte, la sala a orines y a sudor. El pobre de Ender estaba colgado de unos ganchos que atravesaban sus muñecas y las cadenas colgaban hasta acabar en argollas en el techo. La cara desfigurada por los golpes, el pelo antes largo había desaparecido, malcortazo y arrancado. Sus heridas se repartían por todo el cuerpo, algunas profundas pero finas, otras superficiales pero extensas, todas ellas pensadas para un sufrimiento fuera de lo normal. Thodrel no pudo mirar, así como Yuliet tampoco pudo apartar la cabeza del cuello protector de la maltrecha campeona de Lathander que protectora disimulaba la pena dando ánimos a su amiga. . Mientras los expertos sanadores descolgaban al explorador, este gritaba e intentaba defenderse de sus agresores. Sin fuerzas, pero con la misma voluntad inquebrantable de siempre, el tartamudo luchaba desde la inconsciencia.

Delom convirtió su bastón en dos rectas varas para hacer una camilla con la capa del Apoticario Shamaeltanar. Mientras, imploraban las bendiciones de los dioses para el explorador por parte del clérigo y de la gran Senescala de los paramos, calmando su dolor, calmando su espíritu maltrecho.

Aldarion, bufo y salio de la sala, sin mirar atrás, sin atender a razones de nadie, solo gruñía y avanzaba, Mientras lo hacia sus huesos se recolocaban, su piel se tornaba dura y le crecía el bello. Sus ojos eran dos ascuas llameantes, solo rabia y desesperación, venganza. Thodrel, le siguió, sin mirar atrás tampoco, no podía ver a Ender en ese estado y sentía el mismo fuego en su pecho. El hombre gato iba en vanguardia, destrozando puertas, una patada aquí, allá, arrancar de los goznes otra, El tatuado le seguía, arrastrando su hombro contra la pared para no tener que apoyar el peso en la pierna, detrás Niennor seguía a la pareja. Así, hasta que en una encontró algo que le proporcionaría la liberación de adrenalina que estaba buscando el mestizo y su sequito.

Una mole, un cúmulo de cadáveres, partes de quizás 5 personas, Un gigante de restos de pobres desgraciados que había sido ensamblado mediante magia negra. Armado con una espada y una armadura hecha de planchas de metal se giro y se podría decir que abrió los ojos ante la entrada de los aventureros.

Aldarion salto hacia delante y comenzó un baile mortal, giraba, lanzaba garrazos certeros que desprendían pedazos de carne, para luego saltar, volver a rodar, girar y repetir la operación. El arquero disparaba apoyado en el marco de la puerta, la mano entraba en el carcaj y al soltar la flecha, del mismo movimiento, volvía a por otra. La druida entonaba cánticos a madre que dañaban al enemigo y cuidaban del amigo.

Sin embargo, Aldarion, no luchaba, jugaba. Ese ser nunca habría podido con semejante demostración de velocidad y fuerza. Así el horror intentaba apartarse del ser que le estaba destrozando mientras el jugaba como un enorme gato juega con un pequeño ratón. Así hasta que el ser cayo y una vez en el suelo, el gato se llevo su premio, arrancándole un brazo y dejando a su juguete roto en el suelo.

Nada mas quedaba en esas lúgubres estancias, solo quedaba destruir el abandonado laboratorio de los desquiciados que habían hecho eso. El grupo de aventureros, unidos por un amigo común salio de la cueva y la Druida se encargo de destrozar todo vestigio de lo que allí había. Luego, una vez fuera, el apoticario, dirigió unos mudos rezos al cielo y un estallido de luz envolvió a todos.

El cielo, amenazaba tempestad.


//aki va mi version, sorry por el tipico peñazo de thod. Porfavor animaros y poned vuestras versiones.
 

mochilosc

Orco del Desolado
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*llora de la emoción* Se me metio algo en el ojo....

// yo poco puedo relatar XD *abre los ojos y ve como unos desconocidos le descuelgan* XDDDD
 

Ragna

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Gracias a los participantes y muchas gracias por el relato Thod,. :wink:
 

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