*Un libro exquisitamente encuadernado se abre, las páginas movidas por la brisa hasta que se detienen en esta sección, escrita con una caligrafía elegante.*
Caminar por las calles siempre me conduce a la búsqueda constante de tu presencia, anhelando encontrarte por casualidad, esperando que también me busques. Sin embargo, sé que para nosotros no existe un mañana, solo el ayer de lo que fue y lo que pudo haber sido, pero que nunca llegará a ser.
Regreso a ti una y otra vez, con la esperanza de que algún día comprendas lo que nunca llegaste a ver, lo que soñaba compartir contigo. Ansiaba tanto esa posibilidad que incluso intenté dejar de lado los deseos que agitan mi alma, pero no pude. El camino hacia esos deseos es largo y accidentado, pero espero que, cuando alcance la cima, valga la pena... o al menos eso quiero creer.
Hermosos recuerdos llenan mi mente, y una voz interior grita desesperadamente que regrese a tu lado, que me convierta en lo que deseas. Sin embargo, ambos sabemos que eso nunca sucederá; ambos entendemos que es una quimera imposible de mantener.
Como el fuego que arrasó los recuerdos del pasado, desvaneciendo ese trozo de tela, mi promesa hacia ti también se desmorona en pedazos. Todo tiene un precio, y estoy dispuesta a pagarlo, incluso si ese precio eres tú. Es por eso que te odio con cada fibra de mi ser, al escuchar tu adiós salir de tus labios...
Haré que te arrepientas de siquiera pensar que puedes deshacerte del recuerdo que soy.
*La última letra se distorsiona, convirtiéndose en un garabato, y una mancha de tinta se extiende por el resto de la página*
*Abierto encima de la mesa el bonito y cuidado cuaderno deja leer una entrada de tiempo a tras *
Aún recuerdo el día que te vi por primera vez... un recuerdo comienza a cobrar vida en mi mente...
Los rayos del sol cruzaban por la ventana de la habitación cuando de repente alguien llamo a la puerta de media mañana, cuál fue mi sorpresa cuando al abrir ante mi había un niño mestizo de cabellos vi naceos algo sucio, pero no desatendió.
Tu mirada se encogió al cruzarse con la mía y al extender el brazo para hacerte pasar tu cuerpecito reacciono sin remedio a lo único que había conocido...me vi reflejada en ti pues se lo que es sentir temor por la mano ajena.
Aun así, no debía cogerte cariño pues no era se mi deber contigo te hice pasar intentando ser indiferente y sin mediar palabra por ninguna de las partes dejaste que te bañara tembloroso en el agua sin entender que sucedía aun así no te quejaste no dijiste nada obediente y silencioso.
Desde ese día te convertiste en mi sombra durante el día por la noche marchabas a entrenar volviendo a mi cada noche agotado dolorido y amoratado, más solo podía oír, ver y callar.
Aprendías diligente cada cosa que te enseñaba, como se comporta un caballero, como debes tratar a cada persona según su condición y circunstancias, las leyes. Con el tiempo perdiste el temor y empezaste a hacerme preguntas sobre mi incluso quisiste que te enseñara mi lengua mientras tú me enseñabas la vuestra.
Imposible no tomarte cariño cuando quise darme cuenta habías hecho latir mi pétreo corazón...así que no pude evitar quererte y aferrarte entre mis brazos siempre que podía al menos durante las noches podría velar tus sueños...
Darte el calor que nunca tuvimos ninguno de tus maestros y tal vez cuando crezca mi pequeño león seas mejor que nosotros...
*La mujer se allá sentada en la silla mirando como duerme el joven shou, abriría su cuaderno y escribiría el primero recuerdo que posee de el*
Los rayos de sol hacía tiempo que se habían apagado mientras charlaba con Shan y observaba a Alair en su duro entrenamiento Kazuma se acercó con un joven que era más o menos de mí misma edad mas su semblante denotaba que la experiencia de vida no había sido la misma.
Recuerdo esos ojos perdidos grandes buscando con curiosos todo a su alrededor no pude más que compararte con un perro callejero abandonado a su suerte, no despertaste ningún interés en mi en ese momento pues tu atención solo se posaba en el gran artista marcial a mi lado suplicando por su aprobación el cual tras una pequeña charla te negó en rotundo.
No fue hasta que me di cuenta de tus heridas que despertaste mi interés con la ayuda de Kazuma pudimos hacer un arreglo, recuerdo que tuve que coserte, colocar huesos y vendarte casi por completo.
Jamás había visto a nadie con tan poco respeto por su propia existencia eso me hizo casi despreciarte al instante.
*La mujer alza la vista de nuevo para mirar al muchacho dormir*
Quien iba a decirme a mí en ese momento que te unirías a la compañía y que ese desprecio pasaría a ser ¿cariño?, aunque creas que es lastima lo que siento por ti no es así cachorrito yo nunca te compadeceré.
*Tras esperar que la tinta se seque cerraría el diario y volvería a dormir hasta que el sol estuviera bien alto en el cielo*
*Las pagina del extraño libro se abre ante la bruja mostrando un boceto de un hombre fornido dibujado por ella misma al pie de este una nota*
“Seth Selunita cabeza hueca”
A su mente llega el primero recuerdo de este hombre saltando por el banco de los llanos alegre saludando a los presentes hasta posar su vista en ella y quedarse embobado mirándola, rápidamente se puso de pie y se presentó mientras ella tapaba su risa con la mano.
Tras una torpe charla ella le pidió que le acompañara a la ciudad pues aún se perdía por ella....
*La bruja posa la mano sobre el libro y este empiezan a pasar las páginas hasta que se queda abierta en una nueva entrada*
-¿Por qué no se da por vencido?, es muy frustrante, aunque tengo que reconocer que tiene bonitos detalles. -Es la primera vez que alguien me regala flores- una sonrisa traviesa se dibuja en el rostro de la muchacha
En la playa le enseñe mi mal carácter y aun así sigue intentando que me aferre a esa idea estúpida del amor, ¿por el? - no puede evitar reír con esa idea en sus pensamientos.
Aunque el al menos no intenta ponerme cadenas, eso es de agradecer o es que no es tan tonto como parece y sabe que por mucho que lo intente no puede.
La verdad es que es un patán adorable –mirando la bandeja del desayuno que el mismo trajo a la cama esta mañana.
Supongo que puedo dejarle seguir así...al menos un poco más- declararía antes de levantarse a vestirse.
*Las páginas vuelven a deslizarse bajo la mano de la mujer hasta pararse en una entrada algo más larga*
Dos figuras se ven a los pies de una cascada jugando en el agua como dos críos pequeños a ojos de cualquiera una pareja enamorada más.
-Eli, ven aquí- dijo el musculoso hombre abriendo sus brazos. -Atrápame si puedes- le contesto ella lanzándole agua.
Él la persiguió con una sonrisa traviesa en los labios dejando que ella crea que puede realmente tener alguna posibilidad hasta que finalmente la atrapa entre sus musculosos brazos. -Te tengo, princesa- diría antes de besarla.
Tras un largo beso que parece eterno bajo el cielo estrellado la miraría a los ojos para declararle una vez más sus sentimientos por ella. -Ven quiero enseñarte algo-diría tomándola de la mano y llevándola atreves de una cueva tras la cascada ante la presencia de una ninfa la cual se encontraba llorando por una preocupación banal sobre la pérdida de su belleza.
Algo que para los demás ni merece segundos de preocupación pero que ella compartía con el ferico ser.
Tras hablar con ella en su propia lengua acabo consolándola en un gesto de empatía hacia ella, mientras el hombre contemplaba la escena con una sonrisa boba en el rostro.
Se despidió y fue entonces cuando corrió a los brazos del hombre agradecida por haberle mostrado a la ninfa como si fuera algo especial y significativo para ella.
Al bajar de nuevo el hombre le hizo una petición...
-Esta es la parte de ti que amo, ¿Por qué no dejas de lado eso que ensombrece tu alma y te quedas a mi lado? - se atrevió al verla tan feliz. -Seth, gracias por lo de hoy pero ya te he dicho que deberías alejarte de mí, esto no es lo que soy solo un pequeño respiro que me das- zanjo en un tono frio. -Es más ya no volverá a repetirse, no puedo permitirme estas distracciones-Sentencio mientras se alejaba. -Si te vas ahora no vuelvas...no creo que pueda soportarlo de nuevo- declaro el tal vez en un intento desesperado.
Durante unos largos minutos se hizo el silencio y finalmente ella se marchó sin mirar atrás. Para al día siguiente recibir una carta de dependía de este.
*Las páginas del libro vuelan hasta que se posan en una entrada escrita no hace mucho *
El sonido de una cascada inunda el lugar pueden verse dos figuras a los pies de esta sentados en posición de loto meditando.
-No sé cómo puedes hacer esto todos los días durante horas...-diría perdiendo la paciencia una joven la cual es bañada por las aguas de la cascada con solo un traje de baño.
-Concéntrate Elisa, esto te ayudara a dominar tu caos-diría el monje sin abrir los ojos para mirarla disfrutando de la paz del lugar que es rota por las palabras de la mujer.
La joven vuelve a cerrar los ojos intentando que esa paz la inunde, pero su mente no esta tan entrenada como la del monje y simplemente los recuerdos viene a ella.
El momento que llegaría a sus recuerdos...el hombre a su lado está frente a ella con la mirada sería los puños enrojecidos de los golpes.
La muchacha tomaría sus manos y las besaría con mimo, el gesto extrañaría al monje, pero se dejaría hacer. -Soy un arma, bien forjada y templada no soy capaz de sentir calor ni de darlo...no sé lo que es el amor-diría el hombre serio mirando a la muchacha. -Lo sé, sé que eres un arma, pero no es lo único que eres-esas palabras saldrían de sus labios mientras posa su mirar en él. -Es lo que soy, es para lo que me han forjado- contestaria regio. -Tu no lo ves, pero yo sí, yo veo más allá de ese acero forjado a golpe tras golpe-sonreiría con dulzura. -Soy un monstruo- sentenciaría el hombre. -Lo sé, los monstruos solo pueden estar con otros monstruos -diría mientras acaricia su mejilla con cariño.
El monje cerraría los ojos recibiendo la cariñosa caricia como si no estuviera acostumbrado a ello, pero a la vez fuera algo que disfrutara.
Tras unos segundos reviviendo este recuerdo la muchacha abriría los ojos de nuevo y miraría al monje tras contemplarlo unos minutos se echaría sobre el sin previo aviso.
Esto pillaría al monje de improviso aun así la tomaría entre sus brazos. -Mi flor de loto rojo, así nunca completaras el ejercicio –le apartaría los cabellos con cuidado. -Ya me cansé por hoy...así que tómame o buscare a algún idiota que lo haga por ti- sin darle tiempo a contestar le besaría. -La idea es que domines tu caos no que me arrastres a mí con el- sonreiría mirándola a los ojos, aunque nada perturbado por las palabras de la muchacha.
Tras deleitarse con esa imagen de la muchacha frunciendo el ceño por no caer ante sus deseos y provocaciones la tomaría en brazos alzándola junto con él.
Sacándola de agua a la orilla de la cascada donde se encuentran sus cosas la rodearía con una capa para encender un fuego mientras esta lo contempla molesta. -No me mires mi flor de loto, sabes que no soy como los demás patanes que te rodean, pero eso no hace que no pueda complacerte –mientras extiende una pequeña lona junto al fuego haciendo un gesto para que esta se acerque.
Cuando la muchacha llego a su encuentro el artista marcial la beso con más pasión de lo habitual envolviéndola en un abrazo y tendiéndola junto a él y solo el silencio del lugar seria testigo de su encuentro.
*El libro está abierto por una entrada recién escrita junto a este una partitura para piano sin acabar*
Una sala iluminada por tan solo unas pocas luces y el brillo de una chimenea, las sombras danzan a su antojo por la habitación en ella puede verse un escritorio de caoba tras esta un sillón granate en el cual descansa un hombre de aspecto siniestro y misteriosos, porta una máscara de marfil.
Sus ropas son oscuras a excepción de una caperuza de color granate con la cual ensombrece la máscara que porta dándole un aspecto más misterioso y peligroso atreves de la ranura de la boca el hombre fuma, en su otra mano descansa un vaso de buen whisky.
La mirada de hombre está centrada en el piano de cola blanco que hay frente a él, en la banqueta de este está sentándose una mujer de largos cabellos de un rojo vivo, un rojo tan intenso como las llamas de la chimenea de la habitación.
La mujer porta un vestido de buena manufactura de blancos tejidos con adornos azules, alisa la falda de este antes de tomar asiento y posar sus manos sobre las frías teclas del piano.
Sus delicados dedos recorren el teclado del instrumento empezando a entonar una canción cargada de emociones en la que parece que ha volcado su alma desnuda siguiendo los designios del hombre el cual la observa a su espalda.
A los pocos segundos empieza a entonar acompañando la melodía con una letra...cada palabra de la composición parece salir directamente de lo más profunda de sus adentros, de un cofre sellado en el fondo de un pozo negro custodiado por mil cadenas las cuales solo se abrieron para dejar salir esta canción.
El hombre termina el cigarro y con el vaso en la mano se acerca colocándose detrás de la mujer disfrutando de la melodía que es solo y únicamente para sus oídos, posaría a escasos segundos de acabar la melodía su enguantada mano en el hombro de la mujer para que cuando esta acabara de tocar tuviera su atención.
La mujer abría los ojos al acabar de tocar y entonces le miraría desde abajo antes de hablar.
-Querías mi alma desnuda y eso te he entregado- casi en un suspiro.
El hombre acaricio su delicada mejilla con el pulgar con sumo cuidado de que el frio contacto del guantéele no le haga daño, una caricia delicada y en cierto modo cariñosa.
Quedaría unos segundos mirando a la mujer para luego llevar su diestra a la risa de mascara que porta cruzando su pecho descolgando una de ellas dejándola en el piano al lado de la mujer.
La mujer miraría ahora la máscara, la cual parece ser una máscara de teatro algo macabra para luego posar sus hermosos y profundos ojos esmeralda en el hueco de la máscara del contrario donde tras ellos apenas puede vislumbrar los del hombre que se esconde tras ella.
-Desesperación- diría el hombre tras dejar la máscara.
Ella se alzaría para quedando frente a frente a él sin dejar de mirarle le quitaría el guantelete y posaría su mano ahora desnuda en su mejilla.
Es cuando el hombre ahora con su pulgar recorre su mejilla hasta sus labios pasando este despacio por ellos como si fuera algo que deseara se inclinaría para quedar aún más pegados.
Si la máscara del hombre no se interpusiera casi podrían sentir el aliento el uno del otro y tras unos segundos así finalmente le susurraría a ella cerca de su oído.
-Mi desesperación-Tras estas palabras se separaría de ella tomando de nuevo su copa.