Damienman
Vampiro buceador de lagos
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-Malditos Magos Encapuchados
-Que miedo que dan. Me hablaron feo.
Pensó-y dijo-el artífice a sus compañeros y amistades tras abandonar el distrito de la guardia. Por una reunión con ellos, por un peso en sus hombros que era genuinamente pesado para las circunstancias y, sobre todo, peligroso como lo que más.
Fueron pocos días, dentro del breve plazo establecido por los CapaConjuro, en el que los mismos teletransportaron al Gremio a la criatura mecánica. Tras ello, diversos artesanos junto con el lantanés transportaron a base de maquinaria y esfuerzo al constructo al taller más grande de las instalaciones.
-Selûne y Gond santos como pesa esto...
Allí, suspendido en cadenas y soportes, se alzaba un portento de la mecánica. Un ángel del progreso y la industria, cuyo creador estaba dado a la fuga. Sería el papel de Lekin y de otros eruditos y genios a rabiar como él, el desentrañar sus misterios. Todo debía ser extremadamente cuidadoso, el transporte había sido poco sutil, pero todo error pesaría sobre su reputación y será su responsabilidad. Una pifia podría significar la transformación de Lekin en una silla o, si fueran acordes a su personalidad, un ábaco; o acordes a su ánimo del momento, a un objeto antiestrés.
Esta era la segunda vez en toda su vida, desde que salió de su isla natal dentro de (Geográficamente pero no culturalmente) Faerûn , que presenciaba un artefacto capaz de impresionarlo a esos niveles, cuyas capacidades evidenciaban un grado de maestría que solo surgía en cada era. Él ya había fabricado uno, y ahora le tocaría desentrañar los secretos de otro.
Colocaba un taburete cerca del gólem, como si fueran amigos o conocidos, y aguardaba al resto del excelso equipo que había podido reunir. El trabajo de verdad comenzaba ahora.
Fueron pocos días, dentro del breve plazo establecido por los CapaConjuro, en el que los mismos teletransportaron al Gremio a la criatura mecánica. Tras ello, diversos artesanos junto con el lantanés transportaron a base de maquinaria y esfuerzo al constructo al taller más grande de las instalaciones.
-Selûne y Gond santos como pesa esto...
Allí, suspendido en cadenas y soportes, se alzaba un portento de la mecánica. Un ángel del progreso y la industria, cuyo creador estaba dado a la fuga. Sería el papel de Lekin y de otros eruditos y genios a rabiar como él, el desentrañar sus misterios. Todo debía ser extremadamente cuidadoso, el transporte había sido poco sutil, pero todo error pesaría sobre su reputación y será su responsabilidad. Una pifia podría significar la transformación de Lekin en una silla o, si fueran acordes a su personalidad, un ábaco; o acordes a su ánimo del momento, a un objeto antiestrés.
Esta era la segunda vez en toda su vida, desde que salió de su isla natal dentro de (Geográficamente pero no culturalmente) Faerûn , que presenciaba un artefacto capaz de impresionarlo a esos niveles, cuyas capacidades evidenciaban un grado de maestría que solo surgía en cada era. Él ya había fabricado uno, y ahora le tocaría desentrañar los secretos de otro.
Colocaba un taburete cerca del gólem, como si fueran amigos o conocidos, y aguardaba al resto del excelso equipo que había podido reunir. El trabajo de verdad comenzaba ahora.
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