eldroth12
Copia sin mente de un convocado
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"La cripta de los ojos"
Había un gran mapa desplegado en el suelo, algunos guijarros en las esquina soportaban la fina y ajada superficie. La sacerdotisa de Lathander había dispuesto algunos objetos marcando los puntos cardinales del mapa, En su mano sostenía una garra medio socarrada, mientras con la otra hacia pequeños círculos sobre una esfera cristalina sin llegar a rozar su superficie. Mientras entonaba una serie de rezos al dios del Alba pidiéndole su bendición.
Los presentes, estábamos alrededor de Mekhare, atentos a todos los gestos de la mujer, manteniendo el silencio y casi la respiracion. Solo Yuliett danzaba alrededor del grupo aguantando en lo alto un pequeño incensario de plata, oscilándolo rítmicamente. De pronto, una haz de luz atravesó el pergamino, marcando un punto, haciéndolo brillar con una intensa luz rojiza. El punto, marcaba una zona cercana, marcada por el abrupto terreno y escarpados acantilados.
El pequeño grupo de amigos había llegado hasta las proximidades de Imnescar en un viaje a caballo. Ender y Yuliet compartían montura, Thodrel les seguía desde atrás montado en Elealan, Mekhare abría la marcha, acompañada de un enorme felino blanquinegro que no se separaba demasiado de ella nunca. El caballero Kheynan se había unido al grupo pues su destino era también Imnescar y siempre es mas fácil compartir camino. Solo al llegar el enorme felino revelo su naturaleza y se convirtió de nuevo en Aldarion.
(Así pues este viaje es parte de la búsqueda de los responsables que atacaron a mi hermano… sea pues, conocerán la ira de Solonor en mis flechas)
Prepararon los petates en el improvisado campamento, aligerando sus mochilas y agarrando sus pertenencias fuertemente. Las cuerdas a la cintura, las manos a la pared, los pies avanzando suavemente uno detrás de otro. El grupo en fila de a uno, se pegaba a las paredes para evitar la sensación de la brisa que les removía los cabellos y les libraba de la sensación de seguridad que es tener un basto suelo a tus pies. Así andando fatigosamente y despacio siguieron a Aldarion hasta que una oquedad en la pared, un poco por encima del estrecho camino ilumino la cara del Mestizo.
Habían llegado
Entraron en unas negras grutas, unas cuevas que desembocaron en una gran entrada ornamentada, dejando paso a unas criptas, unas misteriosas criptas labradas en la viva roca. Al cruzar el umbral entraron en unas espaciosas salas, la oscuridad era total. Los ojos del elfo se acostumbraron rápido a la falta de luz y un poco de ayuda de sus poderes arcanos fue bien recibida. Aldarion a su vez también cerro los ojos y al abrirlos un destello entre ambarino y plateado refulgió en ellos. El elfo se adelanto bajando las escaleras y saliéndose del haz de luz de sus amigos. El caballero Kheynan se quedo rígido, como una estatua junto a Mekhare. (Los ojos de los Humanos no están preparados para esto) pensó el elfo mientras se movía sigiloso y despacio unos pocos metros por delante de sus amigos mirando en derredor con los ojos entornados, atento a las sombras. Yuliett no se separaba de Ender, cuidando de el en cada gesto. Pero el explorador, no parecía estar bien, no se movía tampoco, y desde su posición podía escucharle susurrar palabras sin sentido, hablaba de su cuervo Ereen, del sufrimiento de este, de que había estado antes allí. Con la mirada fija en las sombras de la pared y una gota de sangre deslizándose poco a poco desde su nariz, el semielfo seguía un camino que alguien o algo dictaba en su mente.
Los gritos ahogados de Yuliet viendo a su amado moverse por la sala como un autómata sacaron de su preocupación por las sombras al elfo que las veía moverse como si estuvieran vivas. El antiguamente tartamudo semielfo avanzaba decidido hacia una puerta. Aldarion y Thodrel le seguían de cerca, mientras Yuliet se quedaba petrificada por el miedo en las escaleras sin poder alejarse del protector brazo de la Campeona del Alba y del Paladín. Estos dos estaban pagando su condición humana al tener que acostumbrarse poco a poco al cambio de luz, con sus sentidos mermados temporalmente solo podían intuir lo que pasaba en la sala por su oído. El explorador seguía hablando solo, impulsado por una voz en su cabeza que solo el podía escuchar. Al acercarse a la puerta ocurrió lo que el elfo estaba temiendo, y un grupo de sombras se materializaron para atacar. El rugido de Aldarion y el mudo restallar de la cuerda del arco del elfo fueron suficiente para la paciencia de la campeona de Lathander, que invoco unas palabras de poder y una luz brillante recorrió la sala expulsando a las bestias de sombra.
Al tocar la puerta, las sombras desaparecieron de la estancia, y una puerta de madera se abrió sin llave y sin una mano que la meciera. El chirriar de sus oxidados goznes hizo apretar los dientes al grupo de amigos, que poco a poco, fueron avanzando hacia allí. A trabes de la arcada de la puerta el grupo pudo ver una jaula, en una sala aislada solo con la jaula de fondo. Espectros y zombies se removían pero no resultaron un problema para el grupo, preparado y atento los convirtió en polvo rápidamente. La estancia no tenia nada, al parecer no había nada que encontrar.
Ender, pobre Ender, volvió a su estado catatónico. Volvió a su mente controlada y dirigida, animado por una voz a la que ya pedía consejo a gritos, giro sobre sus talones y salio corriendo, desesperado, abstraído de la realidad, esquivando a amigos y a cadáveres del suelo convertidos en polvo o amasijo de huesos polvorientos. Corrió con una amalgama de mocos y sangre coagulada brotándole de su nariz, corrió como los demonios hasta abrir otra puerta y seguir por los pasillos. Ek grupo con los ojos desorbitados e incrédulos seguían a distancia prudencial al explorador. El cruzaba y se adentraba en estancias, hasta llegar a un largo pasillo con una oscura puerta al fondo. Allí se detuvo, sacudió la cabeza levemente y se quedo quieto con ojos interrogantes y mirada perdida. Se froto los mocos sanguinolentos con el dorso de la mano mientras miraba sin comprender donde estaba y porque sus amigos corrían tras el.
No hubo tiempo de preguntas, la puerta por la que todo el grupo había entrado se cerro de un portazo. Nada ni nadie había cerca, otra vez una mano incorpórea había cerrado su escape, ahora atrapados en ese pasillo no había mas salida que la puerta delante de la cual se había detenido el explorador. Se giraron, con caras de sorpresa e hicieron ademán de dar un paso hacia la puerta que se había cerrado. Pero no hubo tiempo. De las sombras salieron de nuevo enemigos, atacando ahora por sorpresa al grupo. Ahora el combate, no fue tan sencillo, humanos luchaban sin llegar a ver nada, elfo y semielfos disparaban a brazo partido espalda contra espalda intentando evitar los golpes, sin embargo el mestizo luchaba tranquilo, confiado y eficiente. Los humanos repartían entre sus certeros y poderosos mandobles alguna oración santa que iluminaba la sala durante leves segundos.
Jadeantes y alerta miraban alrededor, ya habían acabado con sus enemigos, pero la sensación de peligro no había desaparecido. Las sombras de las paredes parecían estrecharse, el pasillo daba la impresión de ser una mandíbula siniestra que se cernía sobre el punto de luz que eran los aventureros. Aldarion, valiente como siempre, fue el primero en acercarse a la puerta. Ender estaba a su sombra, Thodrel pegado a la pared de espaldas a la puerta. Mekhare seguía a su amado con la espada preparada y la mirada centrada en la puerta que iba a ser abierta, Yuliet estaba dos pasos por detrás acompañada del Paladín Kheynan.
Un leve cambio en la luz, una sombra se recortaba en una de las paredes. El arquero tatuado por un segundo perdió interés en la puerta y disparo una flecha de advertencia cerca de la sombra pero sin intención de dar en ella. La flecha cargaba la palabra de poder “Luz” iluminando la zona y desenmascarando al intruso.
Era un encapuchado, una figura de verde y pardos colores que se camuflaba en las sombras a la perfección. En el leve segundo que la flecha le ilumino pudo reconocerlo como Mestizo, el explorador. Se giro, para avisar a sus amigos del aliado pero sus palabras se ahogaron en su garganta. Dantesco espectáculo se encontró el arquero. Aldarion, estaba en el suelo. Su piel se transformaba en una superficie burbujeante de negras pústulas. Parecía brea en ebullición. Gritaba de dolor con los nervios colapsados por la sensación. Sus manos se cerraban en una contracción antinatural y enseñaba sus dientes con una mueca. Mekhare corría la misma suerte e idéntico cúmulo de sensaciones. Un muro mágico era el responsable de esa situación.
El explorador invoco un pergamino arcano y miro a sus compañeros. Ender se reía, desencajado, con una risa que no parecía provenir de el, una risa cargada de maldad y disfrute por el espectáculo que podía presenciar. Kheynan avanzaba un paso para arrastrar a Mekhare lejos del ángulo de visión de la puerta, Yuliett estaba petrificada, miraba desencajada los cuerpos de sus amigos y atónita la risa de su amado. El centinela tomo cartas en el asunto y corrió hacia Ender mientras el arquero salto hacia adelante, sin mirar a la puerta, haciendo rodar el cuerpo del Hombre gato para sacarlo a una posición segura, pareciera que la fuerza del golpe iba a desgarrarle en dos partes dejando una masa burbujeante en el suelo. Al poder actuar mucho mas rápido, el arquero aprovecho para lanzarle un hechizo de claridad mental.
Poco a poco, la situación se tornaba peor. Aldarion parecía recuperarse levemente, y el gallardo Paladín intento seguir los pasos de Aldarion y atravesar el muro de ojos. Mismo resultado obtuvo el caballero e idéntico proceso hubo de realizar el arquero, sacando a este de su trance burbujeante. Mekhare se afanaba por acercarse al caótico Ender y Yuliet solo intento dar un paso hacia el explorador, pero con cuidado, al sentir la aflicción mágica se retiro. Entonces, Ender, agarro por el cuello a la campeona de Lathander y salto con una daga en el cuello de ella atravesando la barrera mágica.
El hombre gato y Mestizo no pudieron hacer mas, pero a pesar del dolor y las heridas gravísimas el hombre gato atravesó la puerta dando un salto. Un ruido sordo y gruñidos de dolor confirmaron las peores sospechas. El muro tenia retenido de nuevo al hombre gato, El explorador parecía haber salido indemne. La voz de Devin nos pedía que pasáramos y así hizo el resto del grupo.
Ender, sostenía una daga en el cuello de Mekhare, su mirada estaba perdida, su cara era una mueca inexpresiva. Detrás de el, apareció la figura translucida de un arcano. El caballero cargo espada presta hacia el enemigo, Devin, disparó pero la flecha esquivo la silueta movido por una barrera cinética. Acto seguido lanzo una flecha verde al paladín y esta le atravesó como si no fuera tangible. La figura desapareció y en ese momento Ender cayo inconsciente.
Mekhare sin mirar atrás corrió hasta su amado y se quedo atendiendo sus heridas. Su piel parecía una masa, sus músculos parecían estar derretidos, su consciencia hacia tiempo que había sucumbido al dolor. Ender despertó, su mirada volvía a ser clara y miraba alternativamente a Devin y Thodrel que estaban incorporándolo analizando su estado.
“la mujer, la mujer de negro esta aquí… y me llama”
El semielfo corrió de nuevo y sus hermanos detrás mientras el resto del grupo atendía al desafortunado hombre gato. La carrera de Ender le llevo a una puerta donde entro para encontrarse una sala plagada de maquinas de tortura. Justo después llegaron los dos exploradores. Ender estaba en el suelo, se mecía, no dejaba de mirar a las iron-maiden mientras repetía “allí me metieron a mi… allí me metieron a mi” Esas maquinas tenían un aspecto siniestro. La sangre y los fluidos excretados por los desafortunados seguían frescas, dándole un olor especialmente fuerte a la sala.
Cargaron por los sobacos flanqueando al pobre catatónico y se encaminaron a la salida. Allí encontraron al paladín y a Mekhare cargando de mismo modo con Aldarion. Yuliett venia ligeramente detrás, en silencio y absorta en sus miedos. Nadie hablo, nadie pronuncio palabras ni al salir i al pasar la noche en el campamento. Al amanecer, cada uno siguió su camino, despidiéndose con un mudo asentimiento y una mirada comprensiva.
//bueno... como siempre gracias a nevan por su tiempo y su psicoterror que no he acabado de poder plasmar. Asi mismo animo a los demas implicados a que pongan sus versiones.
Había un gran mapa desplegado en el suelo, algunos guijarros en las esquina soportaban la fina y ajada superficie. La sacerdotisa de Lathander había dispuesto algunos objetos marcando los puntos cardinales del mapa, En su mano sostenía una garra medio socarrada, mientras con la otra hacia pequeños círculos sobre una esfera cristalina sin llegar a rozar su superficie. Mientras entonaba una serie de rezos al dios del Alba pidiéndole su bendición.
Los presentes, estábamos alrededor de Mekhare, atentos a todos los gestos de la mujer, manteniendo el silencio y casi la respiracion. Solo Yuliett danzaba alrededor del grupo aguantando en lo alto un pequeño incensario de plata, oscilándolo rítmicamente. De pronto, una haz de luz atravesó el pergamino, marcando un punto, haciéndolo brillar con una intensa luz rojiza. El punto, marcaba una zona cercana, marcada por el abrupto terreno y escarpados acantilados.
El pequeño grupo de amigos había llegado hasta las proximidades de Imnescar en un viaje a caballo. Ender y Yuliet compartían montura, Thodrel les seguía desde atrás montado en Elealan, Mekhare abría la marcha, acompañada de un enorme felino blanquinegro que no se separaba demasiado de ella nunca. El caballero Kheynan se había unido al grupo pues su destino era también Imnescar y siempre es mas fácil compartir camino. Solo al llegar el enorme felino revelo su naturaleza y se convirtió de nuevo en Aldarion.
(Así pues este viaje es parte de la búsqueda de los responsables que atacaron a mi hermano… sea pues, conocerán la ira de Solonor en mis flechas)
Prepararon los petates en el improvisado campamento, aligerando sus mochilas y agarrando sus pertenencias fuertemente. Las cuerdas a la cintura, las manos a la pared, los pies avanzando suavemente uno detrás de otro. El grupo en fila de a uno, se pegaba a las paredes para evitar la sensación de la brisa que les removía los cabellos y les libraba de la sensación de seguridad que es tener un basto suelo a tus pies. Así andando fatigosamente y despacio siguieron a Aldarion hasta que una oquedad en la pared, un poco por encima del estrecho camino ilumino la cara del Mestizo.
Habían llegado
Entraron en unas negras grutas, unas cuevas que desembocaron en una gran entrada ornamentada, dejando paso a unas criptas, unas misteriosas criptas labradas en la viva roca. Al cruzar el umbral entraron en unas espaciosas salas, la oscuridad era total. Los ojos del elfo se acostumbraron rápido a la falta de luz y un poco de ayuda de sus poderes arcanos fue bien recibida. Aldarion a su vez también cerro los ojos y al abrirlos un destello entre ambarino y plateado refulgió en ellos. El elfo se adelanto bajando las escaleras y saliéndose del haz de luz de sus amigos. El caballero Kheynan se quedo rígido, como una estatua junto a Mekhare. (Los ojos de los Humanos no están preparados para esto) pensó el elfo mientras se movía sigiloso y despacio unos pocos metros por delante de sus amigos mirando en derredor con los ojos entornados, atento a las sombras. Yuliett no se separaba de Ender, cuidando de el en cada gesto. Pero el explorador, no parecía estar bien, no se movía tampoco, y desde su posición podía escucharle susurrar palabras sin sentido, hablaba de su cuervo Ereen, del sufrimiento de este, de que había estado antes allí. Con la mirada fija en las sombras de la pared y una gota de sangre deslizándose poco a poco desde su nariz, el semielfo seguía un camino que alguien o algo dictaba en su mente.
Los gritos ahogados de Yuliet viendo a su amado moverse por la sala como un autómata sacaron de su preocupación por las sombras al elfo que las veía moverse como si estuvieran vivas. El antiguamente tartamudo semielfo avanzaba decidido hacia una puerta. Aldarion y Thodrel le seguían de cerca, mientras Yuliet se quedaba petrificada por el miedo en las escaleras sin poder alejarse del protector brazo de la Campeona del Alba y del Paladín. Estos dos estaban pagando su condición humana al tener que acostumbrarse poco a poco al cambio de luz, con sus sentidos mermados temporalmente solo podían intuir lo que pasaba en la sala por su oído. El explorador seguía hablando solo, impulsado por una voz en su cabeza que solo el podía escuchar. Al acercarse a la puerta ocurrió lo que el elfo estaba temiendo, y un grupo de sombras se materializaron para atacar. El rugido de Aldarion y el mudo restallar de la cuerda del arco del elfo fueron suficiente para la paciencia de la campeona de Lathander, que invoco unas palabras de poder y una luz brillante recorrió la sala expulsando a las bestias de sombra.
Al tocar la puerta, las sombras desaparecieron de la estancia, y una puerta de madera se abrió sin llave y sin una mano que la meciera. El chirriar de sus oxidados goznes hizo apretar los dientes al grupo de amigos, que poco a poco, fueron avanzando hacia allí. A trabes de la arcada de la puerta el grupo pudo ver una jaula, en una sala aislada solo con la jaula de fondo. Espectros y zombies se removían pero no resultaron un problema para el grupo, preparado y atento los convirtió en polvo rápidamente. La estancia no tenia nada, al parecer no había nada que encontrar.
Ender, pobre Ender, volvió a su estado catatónico. Volvió a su mente controlada y dirigida, animado por una voz a la que ya pedía consejo a gritos, giro sobre sus talones y salio corriendo, desesperado, abstraído de la realidad, esquivando a amigos y a cadáveres del suelo convertidos en polvo o amasijo de huesos polvorientos. Corrió con una amalgama de mocos y sangre coagulada brotándole de su nariz, corrió como los demonios hasta abrir otra puerta y seguir por los pasillos. Ek grupo con los ojos desorbitados e incrédulos seguían a distancia prudencial al explorador. El cruzaba y se adentraba en estancias, hasta llegar a un largo pasillo con una oscura puerta al fondo. Allí se detuvo, sacudió la cabeza levemente y se quedo quieto con ojos interrogantes y mirada perdida. Se froto los mocos sanguinolentos con el dorso de la mano mientras miraba sin comprender donde estaba y porque sus amigos corrían tras el.
No hubo tiempo de preguntas, la puerta por la que todo el grupo había entrado se cerro de un portazo. Nada ni nadie había cerca, otra vez una mano incorpórea había cerrado su escape, ahora atrapados en ese pasillo no había mas salida que la puerta delante de la cual se había detenido el explorador. Se giraron, con caras de sorpresa e hicieron ademán de dar un paso hacia la puerta que se había cerrado. Pero no hubo tiempo. De las sombras salieron de nuevo enemigos, atacando ahora por sorpresa al grupo. Ahora el combate, no fue tan sencillo, humanos luchaban sin llegar a ver nada, elfo y semielfos disparaban a brazo partido espalda contra espalda intentando evitar los golpes, sin embargo el mestizo luchaba tranquilo, confiado y eficiente. Los humanos repartían entre sus certeros y poderosos mandobles alguna oración santa que iluminaba la sala durante leves segundos.
Jadeantes y alerta miraban alrededor, ya habían acabado con sus enemigos, pero la sensación de peligro no había desaparecido. Las sombras de las paredes parecían estrecharse, el pasillo daba la impresión de ser una mandíbula siniestra que se cernía sobre el punto de luz que eran los aventureros. Aldarion, valiente como siempre, fue el primero en acercarse a la puerta. Ender estaba a su sombra, Thodrel pegado a la pared de espaldas a la puerta. Mekhare seguía a su amado con la espada preparada y la mirada centrada en la puerta que iba a ser abierta, Yuliet estaba dos pasos por detrás acompañada del Paladín Kheynan.
Un leve cambio en la luz, una sombra se recortaba en una de las paredes. El arquero tatuado por un segundo perdió interés en la puerta y disparo una flecha de advertencia cerca de la sombra pero sin intención de dar en ella. La flecha cargaba la palabra de poder “Luz” iluminando la zona y desenmascarando al intruso.
Era un encapuchado, una figura de verde y pardos colores que se camuflaba en las sombras a la perfección. En el leve segundo que la flecha le ilumino pudo reconocerlo como Mestizo, el explorador. Se giro, para avisar a sus amigos del aliado pero sus palabras se ahogaron en su garganta. Dantesco espectáculo se encontró el arquero. Aldarion, estaba en el suelo. Su piel se transformaba en una superficie burbujeante de negras pústulas. Parecía brea en ebullición. Gritaba de dolor con los nervios colapsados por la sensación. Sus manos se cerraban en una contracción antinatural y enseñaba sus dientes con una mueca. Mekhare corría la misma suerte e idéntico cúmulo de sensaciones. Un muro mágico era el responsable de esa situación.
El explorador invoco un pergamino arcano y miro a sus compañeros. Ender se reía, desencajado, con una risa que no parecía provenir de el, una risa cargada de maldad y disfrute por el espectáculo que podía presenciar. Kheynan avanzaba un paso para arrastrar a Mekhare lejos del ángulo de visión de la puerta, Yuliett estaba petrificada, miraba desencajada los cuerpos de sus amigos y atónita la risa de su amado. El centinela tomo cartas en el asunto y corrió hacia Ender mientras el arquero salto hacia adelante, sin mirar a la puerta, haciendo rodar el cuerpo del Hombre gato para sacarlo a una posición segura, pareciera que la fuerza del golpe iba a desgarrarle en dos partes dejando una masa burbujeante en el suelo. Al poder actuar mucho mas rápido, el arquero aprovecho para lanzarle un hechizo de claridad mental.
Poco a poco, la situación se tornaba peor. Aldarion parecía recuperarse levemente, y el gallardo Paladín intento seguir los pasos de Aldarion y atravesar el muro de ojos. Mismo resultado obtuvo el caballero e idéntico proceso hubo de realizar el arquero, sacando a este de su trance burbujeante. Mekhare se afanaba por acercarse al caótico Ender y Yuliet solo intento dar un paso hacia el explorador, pero con cuidado, al sentir la aflicción mágica se retiro. Entonces, Ender, agarro por el cuello a la campeona de Lathander y salto con una daga en el cuello de ella atravesando la barrera mágica.
El hombre gato y Mestizo no pudieron hacer mas, pero a pesar del dolor y las heridas gravísimas el hombre gato atravesó la puerta dando un salto. Un ruido sordo y gruñidos de dolor confirmaron las peores sospechas. El muro tenia retenido de nuevo al hombre gato, El explorador parecía haber salido indemne. La voz de Devin nos pedía que pasáramos y así hizo el resto del grupo.
Ender, sostenía una daga en el cuello de Mekhare, su mirada estaba perdida, su cara era una mueca inexpresiva. Detrás de el, apareció la figura translucida de un arcano. El caballero cargo espada presta hacia el enemigo, Devin, disparó pero la flecha esquivo la silueta movido por una barrera cinética. Acto seguido lanzo una flecha verde al paladín y esta le atravesó como si no fuera tangible. La figura desapareció y en ese momento Ender cayo inconsciente.
Mekhare sin mirar atrás corrió hasta su amado y se quedo atendiendo sus heridas. Su piel parecía una masa, sus músculos parecían estar derretidos, su consciencia hacia tiempo que había sucumbido al dolor. Ender despertó, su mirada volvía a ser clara y miraba alternativamente a Devin y Thodrel que estaban incorporándolo analizando su estado.
“la mujer, la mujer de negro esta aquí… y me llama”
El semielfo corrió de nuevo y sus hermanos detrás mientras el resto del grupo atendía al desafortunado hombre gato. La carrera de Ender le llevo a una puerta donde entro para encontrarse una sala plagada de maquinas de tortura. Justo después llegaron los dos exploradores. Ender estaba en el suelo, se mecía, no dejaba de mirar a las iron-maiden mientras repetía “allí me metieron a mi… allí me metieron a mi” Esas maquinas tenían un aspecto siniestro. La sangre y los fluidos excretados por los desafortunados seguían frescas, dándole un olor especialmente fuerte a la sala.
Cargaron por los sobacos flanqueando al pobre catatónico y se encaminaron a la salida. Allí encontraron al paladín y a Mekhare cargando de mismo modo con Aldarion. Yuliett venia ligeramente detrás, en silencio y absorta en sus miedos. Nadie hablo, nadie pronuncio palabras ni al salir i al pasar la noche en el campamento. Al amanecer, cada uno siguió su camino, despidiéndose con un mudo asentimiento y una mirada comprensiva.
//bueno... como siempre gracias a nevan por su tiempo y su psicoterror que no he acabado de poder plasmar. Asi mismo animo a los demas implicados a que pongan sus versiones.