Finalmente había llegado el ansiado momento de Wilhen, al fin podría huir de la capital del reino de Amn y dejar atrás esta pesadilla. Era hora de despertar de un mal sueño y continuar con la vida que sin duda él consideraba se merecía, ya que él pensaba que sin duda alguna este ingenioso movimiento suyo no sería anticipado por aquello que supuestamente lo llevaba acechando incesantemente durante días y noches. Al atardecer, tras ultimar unos cuantos detalles previos a su viaje comenzó a alejarse de la capital del reino de Amn, marchando al sur donde tras unas horas de camino encontraría la cala donde se encontraba su esperanza de una vida lejos de la amargura de la capital.
Wilhen apretaba el paso para llegar rápidamente a la cala, no por miedo a que no lo esperaran y marcharan sin él, pues estaba seguro de que eso no ocurriría, si no por que tal era ya su miedo a la noche por culpa del acecho al que se veía sometido, que la idea de imaginarse durante el anochecer en medio de la nada le aterrorizaba igual o incluso más que regresar a su verdadero “hogar”, un lugar lejano al reino de Amn pero que incluso su mero recuerdo le levantaba más temores e inseguridades que los que sentía actualmente en la capital del reino de Amn.

La cala ya no debe estar lejos - pensaba Wilhen con renovada esperanza mientras sus botas se hundían en la arena de la perdida costa en la que se encontraba actualmente, con la única compañía de la sombra que él mismo proyectaba con una antorcha que alzaba en su mano derecha, pues la noche ya había caído sobre él, y llevaba demasiado tiempo sin vivir en las sombras y su agudeza visual en la oscuridad estaba demasiado desentrenada como para moverse a oscuras, además - ¿A quien no le hace sentirse más seguro una fuente de luz en una noche cerrada? - Era difícil escuchar nada, pues el mar azotaba la costa con violencia, no iba a ser una buena noche para echarse a la mar, tal vez fuera un mal presagio, pero Wilhen solamente buscaba con ardiente deseo el bote que supuestamente estaría oculto y amarrado por el lugar. Por mucho que avanzara y buscara, no encontraba el bote prometido ni signo alguno de él, no era posible, él se encontraba en el lugar acordado – Debe estar aquí, tiene que estar aquí – pensaba con cierta y repentina furia mientras cegado por esta golpeaba con lo que tenía en su mano contra una pared de roca cercana, sumiéndose entonces en la total oscuridad, pues fruto de su cegadora cólera había destruido su antorcha, y ahora estaba solo, en medio de la nada y a merced de la oscuridad que tanto temía.

Su cuerpo temblaba del miedo y se echaba las manos al rostro, donde antes había ira y enojo, ahora había pavor y preocupación, miraba a los lados pero no veía nada, todo estaba oscuro, toda esperanza se había desvanecido. Ahora, Wilhen experimentaba en parte lo que muchas de sus víctimas a lo largo de los años habían sentido por su culpa, y es en estos momentos, cuando ya no tienes posibilidad alguna y no puedes hacer nada por ti mismo, que buscas ayuda en otros, pero aquí nadie podría escucharle, estaba totalmente solo en medio de la nada, y por ese motivo Wilhen alzó la vista al cielo y comenzó a orar esperando alguna respuesta, una guía, algo lo que fuera que lo pudiera sacar de esta situación…
Oh, Gran Señor Oscuro, por favor...Te suplico que me ayudes, que me guíes en esta ocasión...Sabes que te he servido bien en el pasado, que he servido a tus propósitos cuando estos me han requerido, nunca he osado pedirte nada, pero en esta ocasión y solo por esta por favor...Guíame...- Wilhen oraba apretando sus manos con fuerza, nunca o rara vez había rezado realmente salvo delante de otros miembros del clero de la Mano Negra para guardar las apariencias, pero estaba tan desesperado que haría lo que fuera por encontrar algo que lo guiara a una salida.

El silencio del lugar fue entonces quebrantado, no por el oleaje, si no por una voz con un tono totalmente inexpresivo y neutro, el cual venía de la espalda de Wilhen – Yo te guiaré Wilhen, más no será a otro sino que la muerte. - Por unos segundos Wilhen albergó cierta esperanza cuando escuchó una voz, sus rezos habían sido escuchados, incluso él se sorprendía de tal suceso, pero en cuanto escuchó sus palabras, su semblante empalideció y temblando como una hoja al viento comenzó a girarse lentamente para descubrir al fin a su verdadero acechador, este no era otro que un individuo de estatura media, con ropajes oscuros y apagados que cubrían la totalidad de su cuerpo y eran tan holgados que impedían vislumbrar su silueta con claridad. Wilhen buscó mirar su rostro, pero solamente pudo ver una sombría capucha orientada hacia él, en estos momentos Wilhen realmente deseaba encontrarse con un niño o un felino…

A su espalda había una pared de roca, y frente a él se encontraba su acechador, pero Wilhen pese al miedo que sentía, al fin tenía al origen de su precaria situación frente a él, y por un ataque de ira repentina decidió echar mano a la daga de su fajín para lanzarse contra este, pero una edad avanzada y una vida llena de excesos junto con su actual situación física y mental hicieron que para su acechador fuera sencillo desviar esta con una de las espadas que llevaba en su cinto, mientras con la misma habilidad usaba su otra mano para tomar una daga que Wilhen ni si quiera vio de donde sacó la cual uso para apuñalar su espalda, y entonces Wilhen cayó contra la arena de la cala, ya no sentía sus piernas, estas parecían paralizadas…

Wilhen solo gimió de dolor por la puñalada, pero no sintió ningún tipo de ensañamiento, fue un golpe certero y rápido, cuya finalidad era paralizar sus piernas, no se usó más fuerza de la necesaria ni se buscaba ocasionarle más daño del necesario. Mientras se arrastraba para darse la vuelta y poder mirar al acechador que orientaba su sombría capucha en su dirección comenzó a hablar nuevamente – Esto...no tiene por que acabar así, dime, ¿Por qué vienes a por mi eh? ¿Fue por lo de Robert? ¿Por lo de Abrav? ¿Por Lina?...¡Vamos, dime! Puedo pagarte bien, si vienes por alguno de ellos seguro que lo sabes...Solo dime un precio y lo pagaré. - La sombría silueta negaba lentamente con su cabeza – Podríamos pasar toda la noche mientras citas todos los posibles candidatos deseosos de acabar contigo, más...No estoy aquí por negocios, esto es algo...Nunca lo había dicho pero...Es personal, y con gusto tomaré el precio, que es tu vida.
Wilhen ladeaba el rostro con miedo en su semblante, no podía huir de ninguna forma, pero al escuchar que era personal mostró ciertas dudas en su mirada, había cometido una gran cantidad de actos de dudosa moral en su vida, pero todos tenían un fin...O al menos, lo tenían para él, pero nunca había tomado nada como “personal”, no tenía nada que valorara a salvedad de su persona - ¿Quién eres? - musitó Wilhen con voz temblorosa - Aunque te diga mi nombre, no me conocerás, así que solo te diré que soy tu hijo, o uno de los muchos que hayas ido dejando a lo largo de los Reinos, pues eres una bestia irresponsable dada al libertinaje y a sus bajas pasiones. - Le dedicó su sombrío acechador mientras procedía a colocar su mano derecha en su capucha y retirar su capucha, mostrando su rostro ante Wilhen, este por unos segundos quedó paralizado y boquiabierto, su acechador era alguien que conocía bien, era una fiel representación del Wilhen adolescente, salvando ciertas diferencias eran sin duda eran padre e hijo, uno frente al otro, un hijo más que dispuesto a matar a su padre, aunque a diferencia de su padre, el hijo no contaba con expresividad alguna en su mirada o en su semblante, no había odio ni resentimiento, no había nada...Solo una sombra dispuesta a cumplir con lo que consideraba debía hacer.
Súbitamente con un movimiento ágil, el hijo se posicionó sobre el paralizado padre mientras empuñaba su espada apuntando a su cuello con esta, Wilhen sabía que la hora le había llegado, y por ello mientras miraba a los ojos a su hijo, no pudo evitar hacerle unas preguntas para al menos saber de todos los motivos que le había dado al mundo, cual sería él que lo enviaba a la otra vida – Pero...¿Por qué? ¿Acaso esperabas que fuera cada noche a taparte con una manta? ¿O decirte cuanto te quiero?...Por favor...- Ya no tenía nada que perder, no había salvación así que al menos se permitiría ser como él es antes de morir, su acechador ladeo el rostro, y con su característica falta de expresividad le musitó – Tú...La mataste por que ella no quiso yacer contigo...Tú mataste a una buena persona, a una persona que no era un monstruo como tú y como yo, alguien que no se merecía lo que le ocurrió...Alguien que no merecía la injusta vida que le tocó y aún así fue capaz de vivir con ella...- Se hizo un sepulcral silencio cuando el acechador dejó de hablar, tal vez rememorando ciertos sucesos oscuros que guardaba para sí, mientras Wilhen de repente estalló en una demencial y sonora carcajada, y mientras reía ante la atenta mirada de su acechador - ¡Ah! Creo que la recuerdo...Sí, esa ramera...Debo decir que para las sucias calles en las que vivía era la más limpia y con mejor cuerpo...Pero, ¿A quien le importa una ram...- Antes de terminar su frase, el frío acero del acechador se le clavó con precisión en la oreja derecha la cual perdió en el acto, la risa de Wilhen se cambió por un grito de dolor y cuando su cuerpo fue realmente consciente del dolor y la muerte que le esperaba, no pudo evitar volver a temblar y mirar con pavor a su asesino.
¡Piedad, Piedad! - Comenzó a gritar, más no le dio tiempo a gritar mucho, pues la enguantada zurda de su hijo le tapó la boca mientras lo miraba a los ojos, más la mirada de su inexpresivo hijo se había convertido en una visceral mirada cargada de odio y furia, tras apuñalar su oreja comenzó con la otra, y mientras apretaba sus labios para que no gritara comenzó su hijo a gritarle - ¿¡Le diste tú piedad?! ¡¿Qué hizo ella para merecerlo?! ¡¿Tuviste compasión?! ¡NO! ¡Le golpeaste sin piedad una y otra vez, daba igual cuanto gritara o rogaba, incluso muerta le seguiste golpeando hasta que su rostro era irreconocible! ¡Los monstruos como tú solo merecen la muerte! - El asesino comenzó a jadear cansado tan rápido como la ira y el odio desaparecían de su ser, volviendo a su inexpresividad habitual, y entonces se dio cuenta que había cumplido con su venganza ya que su padre yacía muerto bajo él. Durante el frenesí había acuchillado su rostro tantas veces que este había quedado desfigurado, irreconocible...Esto le trajo recuerdos que al joven asesino le hicieron tambalearse y sentir como la bilis le subía por la garganta, pero pudo contenerse mientras se separaba del cuerpo de su padre.

El joven asesino siempre había sido preciso en su hacer, y nunca se había ensañado o usado más fuerza o violencia de la necesaria, pues no sentía placer o interés alguno en ello. Por ese motivo, se encontraba profundamente asqueado consigo mismo, no solo se había dejado llevar por emociones que pensaba no tenía o al menos podría controlar, si no que había obrado en gran medida como su padre...Pero no había tiempo para compadecerse, tomó unos cuantos frascos que llevaba en su zurrón y los echó sobre el cuerpo para que este ardiera, quedándose quieto e inmóvil en riguroso silencio mientras observaba el cuerpo arder, a la par que ocultaba su rostro tras su sombría capucha. Mientras las silenciosas llaman consumían el cuerpo, el joven asesino miró sus manos viendo sus guantes cubiertos con la sangre de su padre, la sangre no era algo que le importunara y nunca ha sentido remordimiento alguno en sus acciones, pero en esta ocasión sintió cierta incomodidad y no pudo evitar sumergir los guantes en las aguas del mar tratando de limpiarlos, pero por mucho que frotara las manchas no desaparecían, así que decidió quitarse los guantes para descubrir que sus pálidas manos se encontraban manchadas con la sangre de su padre... Por primera vez en su vida, después de todas las vidas que había quitado, y siendo en este caso una de las personas que más se merecía ser enviada a la otra vida, sentía remordimientos de sus actos…
¿Y ahora que? Esta venganza se supone que llenaría mi ser, y solo me siento igual de vacío...Sabía que ella no volvería, sabía que ya no importaba nada de lo que hiciera...Pero la venganza supuestamente sería un consuelo...y no siento nada...- Musitaba mientras el sombrío asesino se alejaba del lugar, dejando atrás los calcinados restos del cuerpo que el oleaje se llevaría poco a poco, más mientras se alejaba el sombrío asesino no dejaba de repetirse - ¿Y ahora qué?