solamaneciente
Minsorrano sin caminos
- Registrado
- 2/9/17
- Mensajes
- 133
- Edad
- 33
Capitulo I
"El Amanecer del Entendimiento"
El sol comenzaba a asomar en el horizonte, sus primeros rayos dorados tiñendo el cielo con tonos cálidos de naranja y rosa. En los vastos llanos fuera de la capital de Amn, Ezekiel Dawnbringer, paladín de Lathander, se encontraba en una profunda conversación con la sacerdotisa Lyssara. La brisa matutina acariciaba sus rostros, llenando el aire con la promesa de un nuevo día."El Amanecer del Entendimiento"
Ezekiel, con su armadura brillante reflejando la luz naciente, miraba a Lyssara con ojos llenos de comprensión y serenidad. Su voz, suave pero firme, rompió el silencio que había seguido a la reflexión de Lyssara.
—Que la aurora de esperanza guíe tus pasos —dijo Ezekiel Dawnbringer, sonriendo con calidez mientras hacía una reverencia respetuosa—. Disculpadme, noble dama, ¿podría haceros una pregunta?
Lyssara observaba al hombre fijamente, sus ojos escrutadores tratando de discernir las intenciones detrás de su noble apariencia.
—Claro, tenéis la libertad de cualquier mortal para ello.
Ezekiel continuó, su mirada avellana reflejando sinceridad y curiosidad.
—Perdonadme, ¿cuáles son los rumores más recientes en estas tierras?
Lyssara, con una expresión pensativa, respondió:
—Soy posiblemente tan nueva como vos en el lugar, caballero, así que solo podría comentar lo ocurrido en Crimmor con ese enorme diablo buscando venganza contra una tal Julieth.
—añadió, mientras el sol seguía su ascenso—. Desconozco del tema en profundidad, lo poco que he escuchado es algo sobre unas espadas malditas, tratos con diablos y que la mala actitud de la mujer hacia los diablos causó la ira de estos. Siento no poder concretar más.
Ezekiel frunció el ceño, preocupado.
—¿Podríais decirme más sobre este diablo y la situación con Julieth? ¿Qué ha ocurrido para que busque venganza?
Lyssara suspiró, su tono algo más oscuro.
—Si es cierto lo que he oído sobre ella, su dios debería haber renegado de ella hace mucho, pero eso no es de mi incumbencia, el pueblo suele dar a los villanos lo que merecen.
—Que la luz de Lathander brille sobre esa pobre mujer, mostrándote el camino hacia la redención y la paz interior —dijo Ezekiel, levantando la mano en un gesto respetuoso—. Dame tu nombre, para que pueda dirigirme a ti adecuadamente en nuestras conversaciones.
Lyssara asintió ligeramente.
—Lyssara, dama dragón.
—¿Y vos sois? —preguntó ella, esperando la respuesta.
Ezekiel inclinó levemente la cabeza en señal de respeto.
—Soy Ezekiel Dawnbringer, paladín de Lathander, aquí para ofrecerte mi ayuda si buscas redención y luz en tus caminos.
La sacerdotisa observó al hombre fijamente y suspiró al oír hablar de su deidad.
—Es un título que 'obtenemos' todas las sacerdotisas de la Némesis.
Ezekiel mostró curiosidad respetuosa.
—Lyssara, dama dragón, ¿cómo llegaste a ganarte ese apodo entre los tuyos?
Al verla cubierta con el yelmo y la capucha, Ezekiel pudo observar una mujer menuda, probablemente humana, en buena forma para portar una pesada armadura. La sacerdotisa llevaba una larga lanza y un escudo a su espalda, así como un arco y un carcaj colgando de su hombro. La armadura tenía detalles que hacían referencia a dragones y su capa lucía el logo de la dragona Tiamat.
Ezekiel escuchó con atención y respondió con serenidad y respeto.
—Entiendo que el título de 'dama dragón' es significativo entre las sacerdotisas de Némesis. ¿Podrías compartir más sobre el significado que tiene para ti y tu orden?
Lyssara negó con la cabeza.
—No pertenezco a ninguna orden, adoro a la Némesis por lo que promete y lo que otorga, por el bien de todos los mortales en algún futuro.
Hizo una pausa, sus ojos fijos en la distancia antes de continuar.
—Nuestro dogma se basa en encontrar riquezas y poder para ella, a cambio... nos da el poder para ello. Su promesa es la de consumir al resto de dioses para liberarnos de su yugo y así poder vivir nuestra vida como mortales en libertad, no bajo los designios de dioses egoístas... que tratan de lucir benevolentes u otros que directamente no ocultan sus intenciones malignas hacia nosotros.
Ezekiel asintió con comprensión y calma.
—Comprendo que tu devoción hacia Némesis viene de un lugar profundo de promesa y otorgamiento. Como paladín de Lathander, mi deber es buscar la redención y la luz incluso en aquellos que adoran a deidades diferentes. ¿Cómo te guía Némesis en tu vida y acciones?
Lyssara soltó una risilla al escucharlo.
—¿Y no creéis que todo lo que habéis dicho lo podéis aportar vos sin la necesidad de un dios, Ezekiel? No necesitáis de vuestro Dios para actuar como es correcto, ese es el problema, la población vive supeditada a dioses que no necesita y eso debe terminar, debemos vivir libres y libres decidir nuestras acciones... No actuar por el beneplácito de seres que no se preocupan de nosotros más allá de rezos u ofrendas para obtener más poder.
Ezekiel reflexionó antes de responder con serenidad.
—Lyssara, tu búsqueda de riquezas y poder en nombre de Némesis es comprensible desde tu perspectiva. Sin embargo, la luz de Lathander enseña que el verdadero poder reside en la compasión, la justicia y el servicio desinteresado. Consumir a otros dioses, ya sean benignos o malignos, contradice estos principios de armonía y coexistencia divina. ¿No crees que la verdadera grandeza radica en la cooperación y el respeto mutuo entre las deidades?
Lyssara lo miró, sus ojos reflejando una mezcla de desafío y curiosidad.
—Lo creo, pero también creo que no son necesarios, muchos de ellos son simples humanos venidos a más por determinadas circunstancias de la vida... por ejemplo vos, Ezekiel, parecéis un buen hombre. ¿Necesitáis de vuestro dios para continuar siéndolo? Yo tengo claro que no, más el creer en él sí restringe vuestra libertad.
Ezekiel respondió con firmeza y compasión.
—Entiendo tu perspectiva, Lyssara, pero la fe en los dioses no solo ofrece guía espiritual, sino también principios morales que promueven la paz, la justicia y el bienestar común. Lathander enseña que la luz divina no solo ilumina el camino individual, sino que también guía hacia la bondad y la comprensión mutua entre todas las personas. ¿No crees que la presencia de los dioses puede inspirar y elevar nuestras acciones hacia un propósito más elevado?
Lyssara asintió lentamente, aunque sus ojos seguían mostrando duda.
—Lo creo, pero como dije antes, creo que vos lo haríais con o sin esa fe de la que habláis.
Ezekiel respondió con humildad y convicción.
—Agradezco tus palabras, Lyssara. Como paladín de Lathander, reconozco que mi fe en él es una fuente constante de fortaleza y guía en mi vida. Sin embargo, también creo que la luz de Lathander está presente en todos nosotros, incluso en aquellos... —El joven sintió una extraña sensación en su pecho, de tal magnitud que le interrumpe, cuando un grupo de personas pasa cerca de el —Mi relación con Lathander no solo me fortalece individualmente, sino que me impulsa a servir y proteger a los demás, buscando siempre el bien común y la justicia. ¿No crees que la fe puede elevarnos y darnos un propósito más allá de nuestras circunstancias personales?
Lyssara soltó una risilla nuevamente.
—Algunos... Continúa ponen malas caras cuando hablo de mis creencias, pero solo busco el bien para los mortales, sea de la raza que sean y acabar con la tiranía de quienes solo nos quieren para conservar su poder.
Ezekiel asintió, su rostro reflejando comprensión.
—Entiendo tu punto de vista, Lyssara. Es cierto que la esencia de quien soy se moldea por diversas influencias en mi vida, incluida mi fe en Lathander. Sin embargo, para mí, la fe en Lathander no es solo una creencia en un poder divino, sino también un compromiso con valores como la compasión, la justicia y la esperanza. Estos principios guían mis acciones y decisiones, y me inspiran a buscar siempre el bienestar y la luz en los demás.
Ezekiel sonrió cálidamente y se despidió con respeto.
—Ha sido un intercambio enriquecedor, Lyssara. Que la luz de Lathander ilumine tu camino y guíe tus elecciones hacia la paz y el entendimiento. Que encuentres lo que buscas en tu camino. Hasta nuestro próximo encuentro.
Lyssara asintió, su expresión mostrando un raro atisbo de aprecio.
—Y es por ello, buen Ezekiel, que deseo que los dioses buenos sean los últimos en irse. Ha sido un placer charlar con vos y si en algún momento necesitáis mi ayuda, contad con ella. Que la Némesis de los dioses guíe y proteja tu camino, Ezekiel.
Con esas palabras, ambos se despidieron, cada uno tomando su propio camino hacia el destino que los aguardaba. Ezekiel, con paso firme y decidido, se dirigió hacia la ciudad. Mientras caminaba, su mente repasaba la conversación que acababa de tener, reflexionando sobre las palabras de Lyssara y el significado más profundo de su fe.
La ciudad de Amn se alzaba majestuosamente ante él, con sus altas torres y bulliciosas calles llenas de vida. Sin detenerse, se encaminó directamente hacia la Cúpula de la Rosa, el templo principal de Lathander en la capital. El templo era una obra de arte en sí mismo, con su arquitectura blanca y dorada resplandeciendo bajo la luz del amanecer.
Llegó justo a tiempo para recibir la primera luz del nuevo día. Sintió una profunda conexión con Lathander mientras los rayos del sol bañaban su figura, llenando su corazón con una renovada determinación y fe. Con reverencia, entró al templo y se dirigió hacia el altar central, un lugar sagrado donde muchos habían venido a buscar guía y consuelo.
Allí, se arrodilló con solemnidad, cerrando los ojos en meditación. Sus labios se movieron en un rezo suave pero fervoroso, marcando el primero de la mañana.
—Que la luz de Lathander ilumine mi camino en este nuevo día. Guíame hacia la sabiduría y la compasión, y fortalece mi espíritu para enfrentar los desafíos que puedan venir. Que mis acciones reflejen tu voluntad divina, oh glorioso Amo del Amanecer.
El templo estaba tranquilo, el único sonido era el suave murmullo del rezo de Ezekiel. La presencia de Lathander parecía envolverlo, brindándole consuelo y fuerza. Permaneció así por varios minutos, su mente y espíritu conectados con lo divino.
Finalmente, se levantó, su corazón lleno de paz y propósito. Miró hacia la gran ventana del templo, donde el sol ahora brillaba plenamente, iluminando cada rincón del sagrado lugar. Sabía que el día traería nuevos desafíos, pero también nuevas oportunidades para hacer el bien y llevar la luz de Lathander a aquellos que la necesitaban.
Con una última mirada de agradecimiento hacia el altar, salió del templo, listo para enfrentar lo que el día le deparara. La ciudad de Amn se desplegaba ante él, llena de vida y de historias por contar. Y así, con la bendición de Lathander sobre él, Ezekiel Dawnbringer se adentró en el bullicio de la ciudad, llevando consigo la luz y la esperanza del amanecer.
//Muchas gracias Lirae que lleva a Lyssara. Un honor haber roleado con usted.
Última edición:













