1503 - Nightal | Fiesta de la Luna - I.
"Muchos sacerdotes deben estar ocupados," dije en voz baja, observando cómo resonaban mis palabras en las paredes del gran salón.
Así era. La Fiesta de la Luna había comenzado, y podía sentir la energía en el aire. Este era el momento en que honrábamos a los antepasados y a los muertos venerados. Tanto los seguidores de la luz como los de la oscuridad se reunían para rendirles homenaje a su manera. Vi a los guerreros medianos de Arvoreen recordar viejas batallas y a los sacerdotes de Kelemvor relatar las hazañas de los caídos. Mientras tanto, los seguidores de Shar se preparaban para sus planes nefastos, ocultos en las sombras, listos para dar el siguiente golpe. Por otro lado, los devotos de Lurue celebraban la llegada del invierno en paz, mientras los de Tempus y Talona ofrecían sus homenajes más ruidosos. Incluso en Tethyr, escuché de rituales místicos en honor a la Nube Luminosa.
A pesar de la multitud, el salón estaba sumido en un silencio cargado de expectativas. A mi alrededor, caballeros encapuchados con armaduras plateadas y ropajes azules permanecían inmóviles, como si fueran sombras protectoras. Algunas mujeres en vestidos extravagantes y armaduras relucientes, claramente de la nobleza, mantenían sus ojos fijos en mí mientras yo me acercaba al altar.
Mi presencia irradiaba una calma inquietante, lo sabía. Me había preparado para este momento. Vestía mis placas plateadas, brillando bajo la luz de las antorchas, y mi capa, azul con bordes blancos, ondeaba ligeramente. Los ojos bordados alrededor de siete estrellas en mi vestimenta brillaban con una cálida luz azul que iluminaba el salón. Sentí cómo todas las miradas se posaban en mí mientras me alzaba con la majestad de un líder.
Unos segundos de silencio pasaron antes de que una voz madura rompiera el ambiente:
"Es hora, querida, levántate, toma tu mano de Luna e ilumina el camino una vez más," dijo la suma pontífice de Hydcont, una anciana de avanzada edad que se acercó a mí.
Tomé la maza ceremonial que ella me ofreció, una pieza curiosa cuya cabeza estaba dividida en cuatro partes que representaban las fases de la luna. Le sonreí con calidez mientras miraba sus ojos llenos de sabiduría, y luego me volví hacia el público que aguardaba con diversas emociones.
"¡Llegó el momento, una vez más, de arrebatar a las aberraciones esas inocentes vidas y devolver la libertad que merecen!" exclamé con voz firme. Los aplausos y aclamaciones llenaron el salón, y sentí la energía de los presentes alimentar mi determinación.
Me alejé lentamente, murmurando unas palabras en el idioma celestial, y en un instante, desaparecí.
Me moví a través de lo que parecía una gran mansión, aún envuelta en mi capa encapuchada. El primero en acercarse fue Rick, con sus ropajes familiares y su pequeña maza. Caminamos en silencio hasta un salón donde una mesa repleta de alimentos y bebidas nos aguardaba, rodeada por sillones. Varias personas ya estaban allí.
Misog fue el primero en notar nuestra llegada. Vestía de azul y negro, y desde la penumbra, el punto rojo de su puro iluminaba su barba desordenada y esa sonrisa maliciosa que siempre traía consigo.
"Amigos," exclamó, y Rick y yo le respondimos con un leve asentimiento antes de tomar asiento. Junto a nosotros, Baldrak, el imponente enano con sus alas de dragón, era imposible de ignorar. A su derecha estaba Irsa, con su belleza deslumbrante y esas carcajadas (no) contagiosas. También vi a Raeris, el elfo sereno de cabellos rojizos, que, como siempre, permanecía en silencio.
"¿Están listos?" preguntó Misog, dejando escapar una gran nube de humo de su boca. Todos asentimos con seguridad, sabíamos que no había vuelta atrás. El plan estaba claro, y la seriedad en el aire nos acompañaba mientras repasábamos los últimos detalles.
De repente, apareció Locke, esa pequeña figura de apenas 75 centímetros, aplastando frutos secos bajo sus pies. Se acercó al grupo, y sin decir nada más, desaparecimos todos en un hechizo instantáneo.
Nos materializamos en una colina, y nuestras miradas se enfocaron en la ruta que se extendía frente a nosotros. Sabíamos exactamente qué hacer, no había necesidad de palabras. Raeris, desde la distancia, hizo una señal; el objetivo se acercaba. Vi a la enorme bestia avanzar pesadamente, con sus jaulas llenas de esclavos y rodeada por osgos, un minotauro colosal y un orco al frente.
Baldrak e Irsa fueron los primeros en moverse, caminando con pasos decididos hacia el centro de la ruta. Mientras Irsa tocaba unas notas en su laúd, comencé a entonar un cántico suave, y vi cómo un campo de colores desvaídos se expandía y luego se desvanecía, como una ilusión delicada.
Rick entonó sus propias oraciones, y en un instante, se multiplicó a sí mismo, creando varias copias de su figura. Misog, por su parte, conjuró un ejército de caballeros selûnitas con armaduras plateadas y ropajes azules que aparecieron detrás del grupo en el bosque de la colina. El caos estalló en la caravana. El minotauro, confiado en su fuerza, cruzó el área del hechizo, solo para detenerse confuso cuando la ilusión desapareció. El terreno comenzó a transformarse en arena suelta, atrapando a la bestia que resbaló y cayó presa del pánico. Los osgos, al darse cuenta de la emboscada, comenzaron a agitarse, preparándose para la inminente batalla.