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Los bandidos de la plaga de Purskul

javi1988

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Hay quien dice, que el grano es la sangre de una nación. Nace en su tierra, es cuidada, extendida por todos sus rincones. Allí donde abunda crecen las gentes, y allí donde escasea la muerte se expande. Amn no es la excepción.
No obstante en estos tiempos nada es seguro. Una temible plaga se expande por los campos de cultivo, emponzoñando la comida que da prosperidad a todo un reino.
Las gentes se amontonan en los almacenes solo para lograr un poco de comida para su ganado o para ellos mismos. Los campos son segados prematuramente, y las cosechas no crecen. El hambre y la histeria se extienden, y las fuerzas del orden se ven abrumadas.
Algunos deseosos de no perderlo todo o de acumular el poder, recurren a la pillería. El robo y el asalto de caravanas llegan a altas cotas en determinados puntos de la región.
Un lugar comienza a destacar por la abundancia de estos ataques, el camino del comercio, que trascurre entre las ciudades Amnianas de Purskul e Imnescar.
Las guardias de ambas ciudades resultan insuficientes, los asaltos son tan fugaces y devastadores que resulta imposible mandar una caravana que llegue entera al final del camino.
Desesperados, los mandatarios de la ciudad de Purskul, mandan una petición de ayuda a la orden del muy radiante corazón…


Era ya rancien entrada la mañana, los rezos del alba habían terminado, y los escuderos ya se congregaban en los campos de entrenamiento, practicando los movimientos básicos de combate en los estafemos bajo la vigilante mirada de los caballeros instructores.

Yo por mi parte me encontraba atareado, entregando al segador Shamaelthalar una misión para el azote. Cuando note unos pasos ligeros, pero firmes a mi espalda. Mi mentor Lord Prestor de Argluna parecía tener algo que decirme, pues se quedo esperando unos instantes para que despidiera al clérigo con el que ya había terminado.

Volviéndome, salude al caballero sagrado llevándome el puño al pecho e inclinándome en reverencia como dicta el protocolo. Mi antiguo mentor parecía preocupado, y no tarde en averiguarlo, cuando me hablo sobre la situación de Purskul, y los asaltos que estaban sufriendo las caravanas.
El propio prelado me había encomendado encargarme del asunto, viajar a Purskul junto con algunos caballeros y encargarme del asunto personalmente.

Horas más tarde, reunidos dos de mis caballeros de confianza, sir William y sir Robert, les explique la misión encomendada, y nos preparamos para la marcha a Purskul.
Junto a los caballeros se unieron los segadores Shamaelthalar y Likazu, a la par que una aventurera llamada Narwin.
Aunque no me agradaba el hecho de que se nos unieran ajenos a la orden, juzgue oportuno aceptar su ayuda y permitirla unirse a nosotros, siempre y cuando obedeciese las órdenes de los caballeros.

Saliendo de los lindes de Athkatla tras ayudar a una pequeña trifulca en las puertas de la ciudad, el grupo avanzó a buen paso siguiendo los caminos, con el Alandor a la izquierda y las colinas del camino del rio a la derecha. El viaje no tubo incidentes. Llegados a Crimmor atravesamos el túnel del clan enano de los rompecráneos, alcanzando la ciudad del grano, Purskul.

La ciudad de Purskul, se veía tan desesperada como en los tiempos de la guerra. La plaga había sido muy virulenta en la que se conocía como la ciudad del grano. Ahora con los campos segados y las provisiones menguantes y enviadas a las ciudades vecinas. Los grangeros no disponían de trabajo, y el racionamiento del alimento traía el descontento en la población, abatida por la pérdida de las caravanas que mandaban o que les deberían llegar. Solo la presencia de las brillantes armaduras de los paladines parecía traer algo de esperanza a los habitantes de Purskul.
Sir William observaba la herboristería, como si estuviera preocupado por algo. Tal vez debería haberle preguntado, pero la misión es lo primero, y no deseaba enturbia su concentración.

Subimos hasta la sala de reuniones del gremio comerciante, para hablar con el alcalde de la ciudad.
Este nos conto la situación. Caravanas de hasta veinte soldados entrenadas abatidas en un abrir y cerrar de ojos, gentes asustadas por el peligro de que los bandidos roben lo poco que ha dejado la plaga.
Por desgracia, sobre el paradero o el número de bandidos no existía pista alguna.

Al salir de las estancias del alcalde, un enano de corta barba llamado Gruerm se presento a nosotros con ánimo de ayudar, ofreciendo sus servicios. Una vez más acepte la ayuda siempre y cuando respetara las órdenes. El iniciado Hantor de la orden, había acudido también como apoyo.
Los miembros del azote propusieron encontrar a los bandidos escrutando el camino con ayuda de una pixi, familiar del tal Likazu, o tender una trampa con una caravana falsa. Aunque en verdad la segunda opción parecía acertada, requería demasiado tiempo. Así pues optamos por la otra opción, en busca de hallar a los bandidos.

Durante largas horas recorrimos en su totalidad el camino del comercio, encontrando algunos bandidos por el camino, pero insuficientes para tratarse del grupo que asaltaba las caravanas. Ni tan siquiera la ayuda de la pixi nos revelo información sobre el paradero de los que buscábamos. Para colmo, algunos grupos de gigantes de las colinas interfirieron en nuestra búsqueda, pero por suerte no hubo ninguna baja.

Durante el camino, el teniente Markus de la guardia, apareció acompañado de su can, mas lejos de unirse a nosotros, continuo su camino buscando por separado, y requiriendo ocasionalmente al maese Gruerm, el cual servía a la guardia de Athkatla como recluta.
Aunque ciertamente esperaba que como buen oficial de la guardia se uniera nosotros, tampoco me sorprendió lo contrario. Sea como fuere, si no deseaba nuestra ayuda yo no era quien para inmiscuirlo en una misión oficial de la orden del radiante corazón.

Atravesamos colinas, ríos y bosques, y casi llegados al final del camino, sin rastro de los bandidos que asaltaron las caravanas, regresamos para inspeccionar de nuevo el camino. Habíamos explorado cada cueva que habíamos encontrado, pero ni rastro. Solo podíamos regresar en busca de algún rincón sin otear.

En un punto a mitad del camino Shamaelthalar dijo saber donde podría encontrarse el lugar y nos conmino a dirigirnos hacia una zona donde habíamos visto los restos de una antigua caravana. Allí, embozada en ropajes oscuros, dimos con una mujer, que con descaro nos ignoro al preguntarle quien era. No obstante el sacerdote del azote parecía conocerla y ella nos indico el camino.

¿Cómo podía estar tan ciego? Era un lugar perfecto para que se escondieran los bandidos. Alrededor del derruido castillo cyrita de Meilond, el caído de nuestra orden. Lleno de resquicios y fortificaciones naturales, el angosto pasaje era perfecto para guardar la base de los bandidos. Tal vez mi repulsa hacia ese lugar maldito que solo me traía malos recuerdos, fue lo que me hizo olvidar su existencia.

Una barricada cerraba el paso hasta los bandidos. Apiñados en el estrecho cañón, Ordenados y aventureros se prepararon para la batalla. No había opción de flanquear. La única opción posible era un ataque directo y lo suficientemente fuerte como para hacer huir a los bandidos o que se rindieran.

Los caballeros de la orden avanzaron delante, estando yo en el flanco derecho y Robert en el izquierdo. El iniciado Hantor, junto con, junto con Narwin ofrecían cobertura con sus arcos, al igual que el maese Gruerum con su ballesta. Cubriendo los flancos de los caballeros, los segadores Shamaelthalar y Likazu, pertrechados con sus armas y conjuros.

Los caballeros avanzaron primero hacia las barricadas, donde grupos de bandidos los aguardaban con arcos, prestos a disparar sus afilados proyectiles contra sus adversarios. Varios astiles se clavaron en la compacta línea de escudos formada por los tres caballeros, mientras que los aventureros disparaban sus propios proyectiles contra los bandidos.

Llegamos hasta la barricada donde la lucha se torno mas dura, ahora nos veíamos obligados a sobrepasar los obstáculos mientras el enemigo nos asediaba. Los del azote mantenían los flancos bien, y los caballeros avanzaban lenta pero inexorablemente.

Un poderoso filo envuelto en llamas surgió de entre los enemigos. Uno de los guardianes, un hombre robusto y excepcionalmente fuerte, apareció sobre la empalizada descargando un poderoso golpe contra sir William, que a duras penas puedo detener el embate de la peligrosa y pesada arma con su escudo. Más antes de poder dar un segundo golpe, mi espada hirió al bandido en una rápida estocada a sus costillas. Otra espada, esta vez de Robert, impacto en el bandido que calló tras la barricada herido de muerte.

Vencido este, los demás mercenarios de la barricada perdieron coraje y empezaron a replegarse. Los caballeros manteniendo la formación y parando las flechas enemigas con sus escudos, avanzaron seguidos de los miembros del azote, que acabaron con los que intentaban flanquearlos o escapar.

Tras una profunda grieta que se abría a nuestra izquierda, al otro lado del abismo, se escucho una orden, y un grupo de arqueros nos apunto con sus flechas. Nuestra tarea sería casi imposible si las flechas nos lloviesen de todos lados. Pero en el fragor del combate, escuche unas silabas en lengua celestial, procedentes de la posición de Shamaeltalar, y un pilar de llamas descendió del cielo sobre los arqueros, que inmolados en llamas, soltaron sus arcos y cayeron por el precipicio como si de antorchas se trataran.

El camino se volvía ahora más espacioso para maniobrar y nos veíamos obligados a cubrir un espacio más grande para evitar el flanqueo de nuestra posición. Mi espada cruzo con la de los enemigos, Sir William y Sir Robert se movían con digna destreza evitando golpes o parándolos con el escudo, y golpeando con sus espadas. Likazu por su parte blandía con soltura su espada, propinando precisos cortes dignos de un duelista de elite. Hantor avanzaba tras nosotros junto con la dama y el maese enano, adquiriendo nuevas posiciones desde las que disparar.

Una túnica pareció ondear en nuestro flanco derecho, un báculo mágico brillante… el enemigo tenia arcanos, y estos estaban tomando una posición peligrosa. Empecé a verlo gesticular con las manos mientras unas chispas blanco azuladas danzaban entre sus manos. Demasiado arriesgado. Dejando que los demás en primera fila se adelantaran y los arqueros me cubrieran con sus virotes, clave mi espada en el suelo y saque un dardo de mi cinto, el cual lance hacia el arcano, perforándole la palma de una mano e inutilizando su sortilegio. Sir William, al ver, avanzo hacia el arcano fulminándolo de un golpe de su poderoso filo.

Volví a tomar mi posición, empuñando mi espada, parando los golpes y devolviéndolos en la batalla. Los arqueros bandidos parecían haber tomado como objetivos a los nuestros. Escuche a mi espalda un grito de dolor, de una mujer, y me pareció ver al clérigo retroceder para atenderla. Robert y yo nos dirigimos al puente para acabar con los arqueros que habían conseguido encontrar una posición para dispararnos tras el barranco.

Otro arcano apareció de frente, este no tuvo tanta suerte como el primero. Uno de mis dardos voló hacia su garganta acertándole de lleno, mas por suerte que pericia he de admitir, deteniendo su conjuro y propinándole una herida que lo hizo caer del puente. Robert avanzo delante de mí ocupándose de unos tantos arqueos, mientras yo lo hacía con otros tantos. William y el segador elfo se ocupaban de los pocos enemigos que persistían aun en el centro.

Los adversarios retrocedían y se parapetaban tras sus líderes, que en una orden conjunta, cargaron contra los tres paladines y el elfo.
Por unos instantes el combate pareció igualado, el enemigo no estaba dispuesto a rendirse, y golpeaban frenéticamente la línea de escudos de los paladines. Dos de ellos usando pesadas armas, mas una tercera que se movía con sutileza y una agilidad felina, empuñando sus dagas.

La ballesta del enano dio un chasquido a nuestra espalda una vez mas y uno de los mercenarios que me atacaban calló. Invocando el poder de mi fe, incline la balanza a nuestro favor. El líder bandido que me atacaba alzo una gran hacha contra mí, que nunca volvió, pues mi espada se clavo en su corazón quitándole la vida al instante. Cerré el círculo entrono al enemigo, golpeando junto con la ayuda de los caballeros y el elfo. Otro calló, solo quedaba esa mujer, pero su agilidad era una ventaja mayor de la que nos traíamos a esperar. Mas acorralándola y rodeándola, ella también sucumbió a nuestras espadas. Los pocos bandidos supervivientes intentaron una desesperada resistencia, que acabo en desastre, el ultimo apareció tras el abismo intentando huir, solo para encontrarse a Shamaeltalar, tele transportado desde el otro lado del barranco, que acabo en con él al instante.

La batalla finalmente había terminado. Todos habíamos sufrido algunas heridas, especialmente la arquera Narwin, pero por suerte todos de una pieza.
A nuestros pies, nuestros enemigos habían sucumbido u escapado, una desgracia y tragedia que tantas vidas hayan acabado asi, pero nuestro deber era hacer que se rindieran o acabar con su amenaza. No aceptaron la rendición, y este fue el precio… uno que siempre detesto.

Tomamos los cuerpos de los lideres y los portamos a Purskul, donde se nos ofreció una cuantiosa recompensa, mas de esta, la parte destinada a los miembros de la orden y el maese enano, fueron a parar a donaciones para la ayuda a los dignificados de la plaga.

El camino de vuelta fue más corto de lo esperado, Shamaelthalar se ofreció a llevarnos a todos con un conjuro transportador. En un parpadeo habíamos vuelto… aunque por desgracia el maese Gruerm y Hantor se quedaron en el camino del comercio accidentalmente.

Espero que regresen sanos y salvos, y que con esto todo el asunto de los bandidos remita y facilite la solución de la plaga, pues no deseo tener que verter sangre, mas si es mi deber he de cumplirlo, asi es el camino que he elegido… no es agradable siempre, pero es lo que he elegido. Solo puedo desear, que con mis actos presentes y pasados traiga un mundo más ordenado donde los justos prevalezcan sobre todo y los que hacen acopio del pillaje o el asesinato, sean castigados. La justicia prevalecerá triunfal, al final de todas las cosas

Dfo: Aldaris Nithram, caballero de la orden del muy radiante corazón, por la gracia de Tyr

(Extracto del libro de juicios de Aldaris Nithram)


//Gracias a los que hayan tenido la paciencia de leer todo este tochaco xD espero que os haya gustado... porcierto perdon Markus, pero no sabia como meterte con el tema de tu caida >.<

pd: muchas gracias por la guiada Arioch, you are a crack
 

Fenix

Lican gato mamadísimo
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// Gracias a ti, por no meterme al final. Has hecho bien. Ha sido el destino que no quiere que me mezcle con vosotros :)
 

Zoxter

Vampiro que no usa azules
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// Gran relato Palomo, largo pero con sentimiento xDD
 

Sam

Liche táctico
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Al final los encontrasteis.. jeje

Buen relato.

Sam,
 

Andra

El cansino de los Siervos de Hueso
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24/9/09
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Tsk...te dejas a dos a tirados en una teleportación accidentalmente...y ya hay que ir pregonándolo xD

ME reí mucho y me lo pasé muy bien ayer, gracias por el relato ;)//
 
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