eldroth12
Copia sin mente de un convocado
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- 6/9/09
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Clap, clap, clap….
El ruidoso goteo de las humedades y de las goteras de la penosa cárcel de la prisión de Athkalla, eran el único ruido que acogió a los dos exploradores al entrar en su celda, custodiados por tres guardias de la ciudad. Al fondo una sombra, quizás un compañero de celda, estaba sentada, despeinada y con algunas ratas andando tranquilamente por su regazo o simplemente descansando a sus pies, les miraba en silencio.
La druida, que casualmente estaba en la misma celda, no tardo en reconocer a los dos arqueros, aunque ambos venían disfrazados con atuendos de marino, o aventurero, mas propios de la ciudad, y muy alejados de sus ropas normales, facturadas con telas crudas, o pieles de animales ancianos. Los dos hermanos de fatigas, habían entrado en la celda, con el semblante contraído por la rabia y la frustración, pero la druida Niennor, ni había dado a entender con su mirada que los hubiera reconocido.
Cuando el guarda cerro con llave de nuevo la celda, Ender, contrariado, impulsivo y nervioso, no podía estar quieto, deambulaba sin descanso por la celda como un animal enjaulado, desesperado, hablando en susurros al explorador, que se había sentado en el suelo con la mirada perdida en una mancha de la pared con su tatuado rostro en total relajación, absorto, como cuando la entonación se apodera de su cuerpo, pero totalmente despierto, dando vueltas a lo acaecido.
“No, no lo entiendo, malditos humanos arrogantes y ciegos!!. Solo tenían que dejarnos pasar, sin inmiscuirse, solo teníamos que llegar a las alcantarillas!!”
La voz de su hermano hablando solo, lamentándose por lo sucedido le devolvió de las sombras en las que su cabeza se había abstraído. Sus ojos se cruzaron con la compañera de celda, Niennor, su “protegida” a la que nunca había conseguido proteger de nada.
El peso de la responsabilidad cayo como una losa en los hombros del explorador tatuado.
“Primero falle a mis padres, después a la arboleda entera, ahora a la Senescala, a mi hermano y a las ninfas… Thodrel Nivrim…. La suerte de los Seldarine te abandono y aun no ha vuelto a ti.”
Sumido en ese estado catatónico, el arquero tatuado repasaba mentalmente hecho a hecho lo que había pasado. Habían comprado unos trajes de marino y aventurero, para ir a la ciudad, a la Corona de Cobre, en busca del posadero, con una nota, una nota que había de llevarles hasta el peón que contrataba la mano de obra que se enrolaba en los barcos para traficar con las ninfas, aquellas que acabarían convertidas en sufrimiento liquido.
“Todo iba bien, el disfraz daba el pego, Kurt se había metamorfoseado para no tener que llevarlo, pero aun así también daba el pego. Solo quizás nuestra actitud… pero no.. Habíamos entrado en la posada, habían tomado asiento, mientras yo me acercaba a pedir una ronda de cervezas, cervezas corrientes para no dar sensación de que disponíamos de oro… Había deslizado la nota que teníamos con las señas al tabernero junto con una pequeña bolsa con 75 monedas para aclararle la lengua…. “
-Las ninfas, Hermano, las ninfas… Arhg.. - la voz de Ender, exaltándose por segundos saco a Thodrel de sus sombríos pensamientos, mientras la druida, dejando hacer a la pareja los miraba en silencio.
“ahí se torcieron las cosas, cuando aquel grupo de cuatro infelices, aquellos de la mesa de enfrente, aquellos que disimuladamente vieron todos nuestros movimientos, aquellos que cuando teníamos la información que habíamos venido a buscar intentaron entretenernos con celebraciones sinsentido y que a nosotros no nos venían a cuento… aquellos cuatro, la dama de grandes pechos, la encapuchada y los dos enfundados en negro, aquel que protegía su cara con capucha y mascara metálica de malla y el otro….”
Un suspiro se escapo de los labios del arquero tatuado. Justo en el momento que los gritos de uno de los infelices se escuchaban a través de las piedras.
-Asesinos, ellos son los asesinos, un infeliz mendigo por los dioses, a la horca con ellos!!
“si.. El pobre mendigo… Asesinos…
Cuando conseguimos llegar al puerto, debíamos encontrar a un tal Hanick, el contacto con el señor X, que firmaba la carta, para encontrarnos en vez de con el, con un marino simpático, seguramente un tahúr que se ganaba la vida timando a infelices con sus trucos, nos propuso un juego, el juego del piñón y las 3 tazas a cambio de la información. Kurt adivino rápido el truco y consiguió adivinar la localización del piñón… Los infelices de la taberna pensaban que no estábamos atentos.. Pero sus trucos no fueron suficientes para no ser avistados por nosotros, así que sabíamos que al menos tres nos seguían.. Uno en las cajas… otro en un recodo de la pared y otro tras una esquina…..”
-Hermanos, estáis bien? -Sonó una voz en la celda, la voz no de un carcelero, sino la de Kurt.
-Caratatuada, Mudo, -había empleado los apodos hablando en voz lo suficientemente alta como para que el infeliz de la celda de al lado y el guardia pudieran escucharle- Estoy aquí y tengo dinero para la fianza, no os preocupéis.
Los tres habitantes del bosque cambiaron de posición, para acercarse a la puerta de la celda y conversar con su hermano, Niennor, en silencio no dejaba de mirarlos, pero quizás no se atrevía a desenmascararles ante los guardias y por eso no abría la boca.
“Habíamos conseguido la ubicación, las alcantarillas… allí, allí debía morar aquel tan ruin como para atacar a las infelices ninfas, como para destilarles la vida a base de sufrimiento… aquel al que debíamos detener los pies aquel al que….”
-Vuestro turno caballeros! - La voz del cabo de la guardia resonó en la celda.
-Sin trucos, sin mentiras, tu, el melenudo -A Ender- cuéntame todo lo que ha pasado.
Ender, hablo casi sin tartamudear, la rabia y la desesperación le movió la lengua como nunca, o casi nunca conseguía hablar.
- Salíamos del puerto, para dirigirnos al paseo de Waukin, Cuando un mendigo nos pidió compasión y comida, así que nosotros respondimos con algunas uvas, tomates y una manzana. Cuando.. Aquel al que tenéis apresado en la celda de al lado salio corriendo tropezándose con nuestro compañero, el que tienes aquí delante. -Ender señalo a Kurt con un gesto- Como sabíamos que nos venían siguiendo, nos pusimos alerta. Aquí mi compañero -Señalando a Thodrel- Empujo al mendigo contra la pared, poniéndose el de espaldas a ella también para proteger el mendigo y su propia espalda, Yo di un paso hacia el hombre embutido en negro, con capucha y mascara que había asaltado a mi compañero mientras el -Volviendo a señalar a Kurt metamorfoseado- le encaraba.
“Malditos Bastardos, aquel mendigo tenia intención de contarnos algo, solo los Seldarine saben que podría ser y solo Corelllon nos lo podrá decir, el día del juicio”
-Fingió que salía a la carrera y que se había tropezado, pero cuando comenzó a dar explicaciones dos flechas salieron de la oscuridad, seguramente desde una posición elevada, para impactar en el pecho y el cuello del mendigo, matándolo en el acto.
-Visteis a los que disparaban? -Pregunto el guardia- Y los tres negaron
-Entonces, el de la celda de al lado… nada tuvo que ver en su muerte verdad?
-Era el señuelo! -Exploto el tatuado- Era la distracción, mientras los demás tomaban posiciones y desaparecían!
- Cuando quiera tu opinión te preguntare elfo! Mientras eso no ocurra silencio!
El tatuado elfo, paso su mirada a través del guardia, para dejarla fija en la pared, sin mover ni un músculo.
- nada mas que añadir que no conozcan las autoridades de la ciudad, cuando vosotros llegasteis, dos estaban delante de nosotros, el de la otra celda, y aquella mujer que había desaparecido en las sombras por arte de magia a vuestra llegada. Y recordad, que aquí mi amigo el tatuado fue el que salto a la espalda del otro cuando quiso escapar.
-Eso no es decisión mía, dijo el guardia, quedáis arrestados hasta la vista, donde deberéis presentaros como testigos.
Una arcana, hizo acto de presencia, Muriel, sierva del Azote.
“Muriel, amiga de los elfos, en buena hora aparece, quizás con ella tengamos alguna oportunidad”
-Estos hombres trabajan para mi, para una misión importante, solicito que se les ponga en libertad, y que se me deje entrar en sus mentes, para saber lo que de verdad ha pasado!
-Si habláramos, arcana. De sucesos en un cementerio, no vería el problema, pero al ser un asesinato en los muelles no te daré ese permiso. Así que como máximo y por tu palabra, les concederé una fianza, 1000 Darthenes cada uno, y la promesa de que asistirán como testigos al juicio!
La arcana, contrariada no pudo mas que aceptar, y mientras el metamorfoseado druida pagaba la fianza todos salieron de la celda, todos menos Niennor que en su silencio volvió a su rincón con sus ratas, despidiéndose de los hermanos con una sonrisa.
“Suerte mi protector, no te preocupes, estoy bien y estoy aquí por voluntad, no abandones tu empeño con esto y no tengas esos pensamientos tan…. Vengativos con los truhanes que solo te han robado algo de tiempo”
La voz de la druida resonó en la cabeza del tatuado arquero, que primero se sobresalto y luego le sonrío abiertamente despidiéndose el también con un cabeceo.
Al salir, los tres hijos del bosque y el truhán de la ciudad cruzaron sus miradas, desafiante el truhán analítico el tatuado.
“No entres en los bosques… por tu bien, Estephan, o como te llames, ahora conozco tu mascara, tu rostro y tu nombre, se como andas y como te mueves… por tu bien… que mis ojos no te vean lastimar a un hijo del bosque, aunque sea una hormiga, o conocerás un miedo… que la ciudad no podrá darte nunca… El poder del bosque caerá sobre ti”
El ruidoso goteo de las humedades y de las goteras de la penosa cárcel de la prisión de Athkalla, eran el único ruido que acogió a los dos exploradores al entrar en su celda, custodiados por tres guardias de la ciudad. Al fondo una sombra, quizás un compañero de celda, estaba sentada, despeinada y con algunas ratas andando tranquilamente por su regazo o simplemente descansando a sus pies, les miraba en silencio.
La druida, que casualmente estaba en la misma celda, no tardo en reconocer a los dos arqueros, aunque ambos venían disfrazados con atuendos de marino, o aventurero, mas propios de la ciudad, y muy alejados de sus ropas normales, facturadas con telas crudas, o pieles de animales ancianos. Los dos hermanos de fatigas, habían entrado en la celda, con el semblante contraído por la rabia y la frustración, pero la druida Niennor, ni había dado a entender con su mirada que los hubiera reconocido.
Cuando el guarda cerro con llave de nuevo la celda, Ender, contrariado, impulsivo y nervioso, no podía estar quieto, deambulaba sin descanso por la celda como un animal enjaulado, desesperado, hablando en susurros al explorador, que se había sentado en el suelo con la mirada perdida en una mancha de la pared con su tatuado rostro en total relajación, absorto, como cuando la entonación se apodera de su cuerpo, pero totalmente despierto, dando vueltas a lo acaecido.
“No, no lo entiendo, malditos humanos arrogantes y ciegos!!. Solo tenían que dejarnos pasar, sin inmiscuirse, solo teníamos que llegar a las alcantarillas!!”
La voz de su hermano hablando solo, lamentándose por lo sucedido le devolvió de las sombras en las que su cabeza se había abstraído. Sus ojos se cruzaron con la compañera de celda, Niennor, su “protegida” a la que nunca había conseguido proteger de nada.
El peso de la responsabilidad cayo como una losa en los hombros del explorador tatuado.
“Primero falle a mis padres, después a la arboleda entera, ahora a la Senescala, a mi hermano y a las ninfas… Thodrel Nivrim…. La suerte de los Seldarine te abandono y aun no ha vuelto a ti.”
Sumido en ese estado catatónico, el arquero tatuado repasaba mentalmente hecho a hecho lo que había pasado. Habían comprado unos trajes de marino y aventurero, para ir a la ciudad, a la Corona de Cobre, en busca del posadero, con una nota, una nota que había de llevarles hasta el peón que contrataba la mano de obra que se enrolaba en los barcos para traficar con las ninfas, aquellas que acabarían convertidas en sufrimiento liquido.
“Todo iba bien, el disfraz daba el pego, Kurt se había metamorfoseado para no tener que llevarlo, pero aun así también daba el pego. Solo quizás nuestra actitud… pero no.. Habíamos entrado en la posada, habían tomado asiento, mientras yo me acercaba a pedir una ronda de cervezas, cervezas corrientes para no dar sensación de que disponíamos de oro… Había deslizado la nota que teníamos con las señas al tabernero junto con una pequeña bolsa con 75 monedas para aclararle la lengua…. “
-Las ninfas, Hermano, las ninfas… Arhg.. - la voz de Ender, exaltándose por segundos saco a Thodrel de sus sombríos pensamientos, mientras la druida, dejando hacer a la pareja los miraba en silencio.
“ahí se torcieron las cosas, cuando aquel grupo de cuatro infelices, aquellos de la mesa de enfrente, aquellos que disimuladamente vieron todos nuestros movimientos, aquellos que cuando teníamos la información que habíamos venido a buscar intentaron entretenernos con celebraciones sinsentido y que a nosotros no nos venían a cuento… aquellos cuatro, la dama de grandes pechos, la encapuchada y los dos enfundados en negro, aquel que protegía su cara con capucha y mascara metálica de malla y el otro….”
Un suspiro se escapo de los labios del arquero tatuado. Justo en el momento que los gritos de uno de los infelices se escuchaban a través de las piedras.
-Asesinos, ellos son los asesinos, un infeliz mendigo por los dioses, a la horca con ellos!!
“si.. El pobre mendigo… Asesinos…
Cuando conseguimos llegar al puerto, debíamos encontrar a un tal Hanick, el contacto con el señor X, que firmaba la carta, para encontrarnos en vez de con el, con un marino simpático, seguramente un tahúr que se ganaba la vida timando a infelices con sus trucos, nos propuso un juego, el juego del piñón y las 3 tazas a cambio de la información. Kurt adivino rápido el truco y consiguió adivinar la localización del piñón… Los infelices de la taberna pensaban que no estábamos atentos.. Pero sus trucos no fueron suficientes para no ser avistados por nosotros, así que sabíamos que al menos tres nos seguían.. Uno en las cajas… otro en un recodo de la pared y otro tras una esquina…..”
-Hermanos, estáis bien? -Sonó una voz en la celda, la voz no de un carcelero, sino la de Kurt.
-Caratatuada, Mudo, -había empleado los apodos hablando en voz lo suficientemente alta como para que el infeliz de la celda de al lado y el guardia pudieran escucharle- Estoy aquí y tengo dinero para la fianza, no os preocupéis.
Los tres habitantes del bosque cambiaron de posición, para acercarse a la puerta de la celda y conversar con su hermano, Niennor, en silencio no dejaba de mirarlos, pero quizás no se atrevía a desenmascararles ante los guardias y por eso no abría la boca.
“Habíamos conseguido la ubicación, las alcantarillas… allí, allí debía morar aquel tan ruin como para atacar a las infelices ninfas, como para destilarles la vida a base de sufrimiento… aquel al que debíamos detener los pies aquel al que….”
-Vuestro turno caballeros! - La voz del cabo de la guardia resonó en la celda.
-Sin trucos, sin mentiras, tu, el melenudo -A Ender- cuéntame todo lo que ha pasado.
Ender, hablo casi sin tartamudear, la rabia y la desesperación le movió la lengua como nunca, o casi nunca conseguía hablar.
- Salíamos del puerto, para dirigirnos al paseo de Waukin, Cuando un mendigo nos pidió compasión y comida, así que nosotros respondimos con algunas uvas, tomates y una manzana. Cuando.. Aquel al que tenéis apresado en la celda de al lado salio corriendo tropezándose con nuestro compañero, el que tienes aquí delante. -Ender señalo a Kurt con un gesto- Como sabíamos que nos venían siguiendo, nos pusimos alerta. Aquí mi compañero -Señalando a Thodrel- Empujo al mendigo contra la pared, poniéndose el de espaldas a ella también para proteger el mendigo y su propia espalda, Yo di un paso hacia el hombre embutido en negro, con capucha y mascara que había asaltado a mi compañero mientras el -Volviendo a señalar a Kurt metamorfoseado- le encaraba.
“Malditos Bastardos, aquel mendigo tenia intención de contarnos algo, solo los Seldarine saben que podría ser y solo Corelllon nos lo podrá decir, el día del juicio”
-Fingió que salía a la carrera y que se había tropezado, pero cuando comenzó a dar explicaciones dos flechas salieron de la oscuridad, seguramente desde una posición elevada, para impactar en el pecho y el cuello del mendigo, matándolo en el acto.
-Visteis a los que disparaban? -Pregunto el guardia- Y los tres negaron
-Entonces, el de la celda de al lado… nada tuvo que ver en su muerte verdad?
-Era el señuelo! -Exploto el tatuado- Era la distracción, mientras los demás tomaban posiciones y desaparecían!
- Cuando quiera tu opinión te preguntare elfo! Mientras eso no ocurra silencio!
El tatuado elfo, paso su mirada a través del guardia, para dejarla fija en la pared, sin mover ni un músculo.
- nada mas que añadir que no conozcan las autoridades de la ciudad, cuando vosotros llegasteis, dos estaban delante de nosotros, el de la otra celda, y aquella mujer que había desaparecido en las sombras por arte de magia a vuestra llegada. Y recordad, que aquí mi amigo el tatuado fue el que salto a la espalda del otro cuando quiso escapar.
-Eso no es decisión mía, dijo el guardia, quedáis arrestados hasta la vista, donde deberéis presentaros como testigos.
Una arcana, hizo acto de presencia, Muriel, sierva del Azote.
“Muriel, amiga de los elfos, en buena hora aparece, quizás con ella tengamos alguna oportunidad”
-Estos hombres trabajan para mi, para una misión importante, solicito que se les ponga en libertad, y que se me deje entrar en sus mentes, para saber lo que de verdad ha pasado!
-Si habláramos, arcana. De sucesos en un cementerio, no vería el problema, pero al ser un asesinato en los muelles no te daré ese permiso. Así que como máximo y por tu palabra, les concederé una fianza, 1000 Darthenes cada uno, y la promesa de que asistirán como testigos al juicio!
La arcana, contrariada no pudo mas que aceptar, y mientras el metamorfoseado druida pagaba la fianza todos salieron de la celda, todos menos Niennor que en su silencio volvió a su rincón con sus ratas, despidiéndose de los hermanos con una sonrisa.
“Suerte mi protector, no te preocupes, estoy bien y estoy aquí por voluntad, no abandones tu empeño con esto y no tengas esos pensamientos tan…. Vengativos con los truhanes que solo te han robado algo de tiempo”
La voz de la druida resonó en la cabeza del tatuado arquero, que primero se sobresalto y luego le sonrío abiertamente despidiéndose el también con un cabeceo.
Al salir, los tres hijos del bosque y el truhán de la ciudad cruzaron sus miradas, desafiante el truhán analítico el tatuado.
“No entres en los bosques… por tu bien, Estephan, o como te llames, ahora conozco tu mascara, tu rostro y tu nombre, se como andas y como te mueves… por tu bien… que mis ojos no te vean lastimar a un hijo del bosque, aunque sea una hormiga, o conocerás un miedo… que la ciudad no podrá darte nunca… El poder del bosque caerá sobre ti”