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[Maestra] Gwenaëlle de Selûne

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MÓDULO III. ESTUDIO DE CRIATURAS MÁGICAS. BESTIAS MÁGICAS.

Definición


La definición empleada para clasificar a una criatura como 'bestia mágica' no es estrictamente taxonómica. Con este término práctico denominamos a ciertos animales o monstruos que poseen características sobrenaturales que exceden las limitaciones conferidas por las leyes de la física. Son criaturas que conservan en mayor o menor grado instintos animales, pero que exhiben dones arcanos, bendiciones divinas o adaptaciones imposibles en un mundo sin magia. Es más, gran parte de estas aptitudes no pueden ser replicadas en una zona de magia muerta, lo cual confirma que son criaturas imbuidas con esencia urdímbrica. En términos generales, muchas de ellas encajan en la categoría de monstruosidades; otras son celestiales, dragones o incluso bestias artificales o quiméricas.

Bestias mágicas según su origen

Las bestias mágicas suelen surgir por cuatro vías:

Consagración divina o feérica: muchas bestias mágicas provienen de la influencia de los Planos Exteriores. En el Feywild, por ejemplo, son abundantes y muchas operan como servidores de Poderes sin ser necesariamente celestiales o infernales. Un ejemplo de este tipo de bestias es el unicornio, aunque muchos autores prefieren categorizarlo como celestial.

Quimerismo: muchas bestias mágicas silvestres son el resultado de prácticas de quimerismo, muy populares en la época de esplendor de Imaskar y Netheril. Obviando las controversias éticas que subyacen de estas prácticas, lo cierto es que con ellas se han creado muchas especies nuevas de criaturas con todo tipo de capacidades. Un ejemplo de bestia mágica de este tipo es la 'quimera auténtica' o simplemente llamada quimera, pero algunos expertos también incluyen a los osos lechuza o a las arañas lobo dentro de las bestias quiméricas.

Adaptación evolutiva en entornos saturados de magia: por otro lado, existen bestias mágicas cuya aparición se debe a una adaptación al entorno, auspiciada por entornos ricos en energía urdímbrica. Un ejemplo de este tipo de evolución se verifica en la araña de fase. Se trata de una especie de araña de grandes dimensiones que ha adquirido la capacidad de de 'saltar' al Plano Etéreo para emboscar sus presas, o para retirarse ante un ataque de un depredador.

Rasgos comunes

En primer lugar, las bestias mágicas suelen ser ejemplares que muestran una inteligencia superior a 'ejemplares mundanos'. Esto puede deberse a que hayan sido criados expresamente para cumplir con determinadas tareas; otros expertos especulan que la exposición a la magia potencia naturalmente sus intelectos. Los huargos, por ejemplo, son capaces de hablar.

En segundo lugar, aunque no siempre, es posible rastrear a muchas bestias mágicas con sortilegios de detección, especialmente cuando utilizan sus aptitudes sobrenaturales.

En tercer lugar, y siendo este un elemento definitorio de las bestias mágicas, todas ellas poseen algún tipo de capacidad sobrenatural, aunque sea menor. Algunas, por ejemplo, poseen la capacidad de volar cuando anatómicamente esto no debería ser posible, pueden razonar o pensar como un humanoide, o poseen aptitudes sortílegas innatas.

Ejemplos de bestias mágicas

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Hipogrifo:
es un ser híbrido caballo-águila, generalmente más dócil y predecible que el grifo. Anida en acantilados batidos por el viento de la Costa de la Espada y en sierras interiores (Amn, Tethyr, Valles del Sur), donde aprovecha repisas soleadas para secar plumas y vigilar rutas. Su morfología antinómica es inconfundible: posee cabeza y alas de ave rapaz (pico ganchudo, ojos frontales, plumas primarias largas) y a la vez pecho, lomo y grupa equinos, con extremidades posteriores robustas y pezuñas hendidas adaptadas a despegar desde terreno rocoso. El plumaje dorsal suele presentar moteado pardo-gris que camufla a distancia.

Son carnívoros oportunistas. Cazan peces, cabras montesas y ciervos jóvenes con picados cortos y arrastres; rara vez ataca caballerías salvo hambruna extrema (a diferencia del grifo, que sí odía a los caballos). Fuera de la cría mantiene parejas estables y pequeñas colonias laxamente territoriales. Durante la temporada de nido se vuelve muy protector y avisará con gritos estridentes y batidos de alas antes de atacar.

Es de los pocos híbridos voladores fiablemente entrenables. El método clásico emplea impronta: el polluelo asocia al primer bípedo cuidador como referente, lo que facilita el arreo posterior.

Entre las señales de presencia reconocible, se destacan las siguientes: plumas largas en repisas, excrementos blanquecinos sobre alcantilados, restos de pescado y huesos de cabra ordenados cerca de nidos, y surcos de aterrizaje en grava fina. El reclamo típico es un grito agudo y repetido, diferente del trompeteo grave del grifo.

Varios protectorados costeros regulan (o prohíben) el comercio de huevos y polluelos, tanto por seguridad como por impacto ecológico. En la práctica, la venta clandestina existe y atrae a domadores inexpertos. Los enclaves druidas y guardabosques aceptan corrales de cría responsable junto a acantilados designados, con cupos estrictos y revisiones de bienestar.

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Mantícoras:
suelen poseer una cabeza humanoide de mandíbula ancha y dientes aguja, cuerpo de león, alas membranosas y una cola segmentada capaz de lanzar púas a gran distancia como si fueran virotes. Su carácter es abiertamente cruel y burlón, más pragmático que temerario; disfrutan amedrentando y juegan con la presa antes de rematarla. Aunque su inteligencia es limitada, suelen hablar un común tosco (y a veces chapurrean otras lenguas), suficiente para negociar peajes, trueques de alimento, o aceptar “tributos” a cambio de dejar pasar una caravana. Prefieren riscos batidos por el barlovento y pasos de trashumancia, desde los que dominan las rutas; son carroñeras oportunistas, pero también cazan en parejas o pequeños grupos, alternando picados, andanadas de púas y retiradas a altura. Las púas se regeneran con el tiempo tras agotar una andanada. Son territoriales y vengativas: recuerdan ofensas y pactos rotos, y pueden hostigar durante semanas. Les gusta acumular tesoros y trofeos (monedas, anillos, cascos, huesos pulidos) más por vanidad que por avaricia. A veces sirven a amos más poderosos (lamias, quimeras, bandas de humanoides) si eso garantiza comida y caza, pero su lealtad dura lo que dura la ventaja. Los alrededores de una guarida de mantícoras suelen delatarse con la presencia de púas incrustadas en rocas, restos óseos alineados y surcos de aterrizaje en la grava.

Osos lechuza: son el híbrido “entre animales” más célebre de Faerûn, presente en bosques templados y colinas arboladas de la Costa de la Espada hasta las Tierras Centrales. Se asemejan al cruce antinatural de un oso masivo y un ave rapaz, usualmente un búho (aunque el vulgo diga “lechuzas”): poseen un pico curvado y romo para desgarrar, garras descomunales, ojos frontales de brillo ambarino y un manto de plumas rígidas sobre pelaje denso que les brinda aislamiento y una sorprendente resistencia a espinas y espadas romas. Su ulular ronco mezclado con rugido delata presencia a gran distancia durante la noche.

Son extraordinariamente agresivos, con un impulso territorial que se vuelve homicida en periodos de cría. Se comportan como bestias mundanas en la mayoría de situaciones (patrones de caza, marcaje, defensa del nido), pero muestran una terquedad y curiosidad anómalas propias de su origen antinatural.

Prefieren habitar bosques densos, vaguadas húmedas y ruinas cubiertas de hiedra donde pueden emboscar. Las guaridas de los osos lechuza suelen detectarse mediante la presencia de plumas quebradas mezcladas con pelaje en matorrales, cortezas arañadas a gran altura, montículos con huesos medio roídos, y un hedor almizclado inconfundible. Sus huellas combinan la planta ancha de un plantígrado con surcos de garras profundas; en barro blando dejan estelas por el arrastre de plumaje ventral. Son cazadores crepusculares y alternan acechos silenciosos con cargas brutales en línea recta.

La demanda de polluelos y huevos en mercados negros ha causado choques con druidas y guardabosques: su extracción desestabiliza ecosistemas y aumenta ataques a granjas cuando los adultos buscan recuperar nidos. En varias jurisdicciones costeras y ciudades-estado existen edictos contra su tráfico; además, criar uno en entornos urbanos suele acabar en tragedia.​
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Tressym: son felinos alados de porte pequeño, con alas emplumadas que brotan entre los omóplatos y un vuelo sorprendentemente silencioso. A primera vista parecen simples gatos, pero sus ojos demasiado atentos, la elasticidad de sus alas y cierta astucia casi humana delatan su naturaleza. Son comunes en Cormyr (especialmente en granjas cercanas a bosques y en guardillas de villas), aunque también se avistan en los Dales y en torres de magos por toda la Costa del Dragón.

Los tressym exhiben una inteligencia inusual para un animal: comprenden gestos complejos, resuelven problemas y recuerdan rostros y deudas. La mayoría entiende palabras de común y se comunican con maullidos, chasquidos, posturas y golpes suaves con la pata. Algunos individuos aprenden a articular palabras sueltas o frases simples (imitación más que habla fluida); otros usan pequeños trucos mágicos enseñados por sus dueños para señalar elecciones o responder sí/no.

Además de su vista crepuscular y olfato fino, muchos tressym detectan venenos por su olor o gusto y demuestran una resistencia inusual a toxinas comunes. Son cazadores de roedores y alimañas excelentes y patrullan aleros, campanarios y graneros. Algunos parecen inquietarse (erizan las alas, fijan la mirada) ante presencias invisibles o magias sutiles, lo que los convierte en centinelas apreciados.

En cuanto a su carácter, son curiosos, orgullosos y selectivos con sus afectos. Les divierte “robar” plumas, abalorios y tapas de plumaestilográfica para esconderlos en nidos de trapos. Pueden mostrarse celosos si no reciben atención o si se invade su espacio de descanso. Aunque toleran a la gente, eligen a sus personas; intentar “poseer” un tressym suele acabar en zarpazos… o en que no vuelva.

Dormitan en alféizares altos, huecos de tejado y copas de árboles; marcan territorio con pequeños montículos de hojas, plumas sueltas y restos de presas ordenados con primor. Su vuelo deja apenas un remolino de polvo y un plop suave al posarse. Son muy difíciles de amaestrar y son cotizados como familiares.
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Se anuncia que la Maestra Gwenaëlle impartirá próximamente una clase del tercer módulo dedicada a los Dragones.

Se ruega a los alumnos puntualidad y que se refieran a los apuntes que se harán próximamente públicos como material de referencia.


Offtopic :
Sábado 20 de septiembre, 18:00 HPE.

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Participantes: Nyvara Faerlaith, Vera Comstock, Schwanhilde, Caspion Thelmar

 
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MÓDULO III. ESTUDIO DE CRIATURAS MÁGICAS. DRAGONES.

Definición

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A efectos de la presente lección se entenderá por dragón a una serie de criaturas cuya morfología, fisiología y ontología mágica reuslta sumamente distintiva con respecto a las bestias y monstruosidades ordinarias, compartiendo todos los dragones ciertos rasgos comunes. En Faerún, los dragones constituyen una estirpe ancestral, sapiente y territorial, imbuida de magia de forma congénita, cuyo poder y tamaño aumentan correlativamente con la edad. Esta progresión etaria, estructurada en categorías desde cría hasta gran sierpe, es el rasgo definitorio del dragón auténtico y sustenta su primacía ecológica, histórica y arcana.

Un dragón auténtico se caracteriza por poseer los siguientes rasgos físicos:

- Cabeza de morfología reptiliana, provista de mandíbulas poderosas, dentición heterodonta y ornamentación ósea variable (cuernos, crestas, barbas);

- Cuerpo cuadrúpedo facultativo, de proporciones robustas, con extremidades terminadas en garras prensiles y cola musculada empleada como contrapeso y arma;

- Dos alas membranosas insertadas en la cintura escapular, capaces de sostener vuelo prolongado pese al tamaño colosal del organismo;

- Tegumento escamoso mineralizado, de gran resistencia balística y variable en coloración según linaje;

- Órganos especializados, entre los que destaca el draconis fundamentum, glándula elemental asociada al corazón que alimenta tanto el arma de aliento como el metabolismo extraordinario.

A estas características fisiológicas se suman rasgos universales: longevidad milenaria, crecimiento y aumento de poder proporcional a la edad (de cría a gran sierpe), inteligencia y sapiencia comparables o superiores a las razas civilizadas, y una afinidad mágica congénita que permite la manipulación innata de la Urdimbre.

La clasificación tradicional diferencia linajes cromáticos (rojo, azul, verde, negro, blanco), típicamente orientados al mal, y linajes metálicos (oro, plata, bronce, cobre, latón), con tendencia al bien. Tal dicotomía es heurística y no absoluta; sin embargo, expresa con utilidad académica afinidades elementales, patrones de conducta y preferencias de hábitat que se observan de manera consistente en campo.​


El pectoral alar (1) es el principal músculo del vuelo; interviene en el batido descendente del ala. El dorsal ancho alar (2) eleva y retrae el ala, y el deltoides alar (3) y el cleidomastoideo alar (4) la elevan y la proyectan hacia delante.

Los músculos propios de las alas sirven principalmente para controlar su forma, mejorando la maniobrabilidad aérea del dragón. El tríceps alar (5) y el bíceps alar (6) pliegan y despliegan las alas, y tanto el carpi ulnaris alar (7) como el carpi radialis alar (8) permiten envolverlas y torsionarlas.​

El cerebro (1) es desproporcionadamente grande; un lóbulo accesorio conectado al nervio óptico canaliza poder místico y genera la presencia sobrecogedora. Las conexiones densas entre memoria y “cerebro reptiliano” vuelven instintos los aprendizajes y permiten que ciertos patrones se hereden.

Sus laringes (2) y tráqueas (3) complejas dan amplio rango vocal; los pulmones avianos (4) extraen oxígeno en inhalación y exhalación.

El corazón (5) bombea y genera energía elemental que impregna la sangre (fuente del aliento); su temperatura y aspecto varían por linaje.

El fundamentum (6) es un vaso muscular único que canaliza sangre energizada a la molleja (7).

Esta está dividida en dos compartimentos distintos: un estómago más pequeño, y una cámara de almacenamiento. La energía elemental transferida desde el fundamentuum se acumula en esta cámara hasta que el dragón la necesite. Cuando desea liberarla, la regurgita. Algunas veces se producen fugas que son expulsadas mediante las fosas nasales o en exhalaciones involuntarias, lo cual contribuye a la creencia imprecisa de que el 'arma de aliento' de un dragón forma parte de su sistema respiratorio.


El esternón (1) sirve de anclaje para los músculos de vuelo del dragón, y la scapula draconis (2) sostiene el ala. El metacarpis draconis (3) y las falanges alares (4) de cada ala sostienen la superficie portante del ala.

La estructura ósea es más similar a la de un gran felino. Los dragones, pese a compartir ciertos rasgos de aparencia externa más propios de saurios o reptiles, no reptan.​

Dragones auténticos y dragones menores

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La práctica académica diferencia entre 'dragones auténticos' y 'dragones menores' para distinguir a las estirpes más características de otras criaturas con las que comparten rasgos, pero de las que al mismo tiempo divergen en características fundamentales.

Se consideran pues, dragones auténticos, aquellos que poseen el órgano del fundamentuum draconis y el llamado 'factor dracónico'. Esta glándula o vaso sanguíneo, ya señalada en los diagramas, constituye el núcleo de poder de un dragón y conforme se desarrolla, lo va fortaleciendo y lo dota de capacidades arcanas innatas. Este es el motivo por el cual los dragones ganan poder conforme maduran y envejecen.

Por el contrario, aquellos seres llamados 'dragones menores' son aquellos que si bien comparten varias características con sus parientes 'mayores', carecen de este órgano y por lo tanto, no adquieren mayores capacidades con la edad. Son menores solo en el sentido taxonómico; algunos son criaturas realmente temibles y podrían rivalizar el poderío de muchos dragones adultos.

El pseudodragón es una criatura muy particular dentro de los dragones menores. Su fisiología miniaturizada le concede vuelo ágil y posee una glándula venenosa con la cual alimena un aguijón que le permite descargar punzadas de toxinas que producen narcolepsia. Asimismo, posee capacidades telepáticas limitadas que emplea con quienes considera sus aliados. Su esperanza de vida es relativamente modesta, aunque pueden vivir cerca de un siglo.

Apuntes particulares sobre su anatomía
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El plan corporal dracónico combina potencia terrestre con vuelo de alas membranosas (su estructura siendo afín a la de un murciélago), un esternón y cinturas reforzadas para soportar una gran masa y un cuello móvil que amplía su campo visual. Los cráneos presentan crestas, cuernos y frenos óseos que cumplen funciones de protección y anclaje muscular. Las garras son armas y herramientas que emplea para multitud de tareas tales como cavar, manipular, o tallar piedra. Su cola sirve para mantener su equilibrio, especialmente durante el vuelo. La dentición es heterodonta y recambiable, con caninos y colmillos de sujeción y filos para desgarro.

Su columna resulta extraordinariamente flexible para su tamaño y le permite adoptar posturas agazapadas, similares a las de grandes felinos. Es capaz de ejecutar arrancadas fulminantes en tierra; no obstante, su tórax es más profundo. Su vista rivaliza con la de rapaces; su olfato, asimismo, es similar al de animales caninos. Su oído detecta cavidades y corrientes subterráneas. La piel está cubierta por escamas queratinizadas sobre dermis mineralizada; en adultos y ancianos, esto se aproxima a una coraza natural con estratos que recuerdan la pátina de metales u obsidianas, según linaje.

El anclaje dorsal de potentes músculos elevadores y depresores, junto a una caja torácica expandible, les permite batir con enorme carga alar y planear durante horas. Las especies desérticas (azules) presentan perfiles más estrechos, con ventajas en térmicas; las glaciares (blancos) muestran membranas más gruesas para resistir el frío.

El draconis fundamentum (fundamentum): glándula de poder y el secreto mejor guardado de todo dragón

Se denomina draconis fundamentum a una estructura vasculo–glandular exclusiva de los dragones auténticos. Su emplazamiento es cardioadyacente: nace del hilio cardiaco y discurre en íntima relación con los grandes vasos torácicos antes de anastomosarse con el tracto digestivo. Exteriormente, el fundamentum presenta paredes elásticas y musculares (capaces de peristalsis propia), válvulas semilunares anti-reflujo y una túnica serosa de gran resistencia. En disección, su aspecto recuerda a una arteria de gran calibre dotada de engrosamientos glandulares segmentarios.

La túnica íntima muestra un endotelio arcano–activo, rico en incrustaciones cristalinas microgranulares (con afinidad por sales metálicas y trazas elementales propias del linaje); la túnica media combina músculo liso con fibras elásticas de alta torsión, responsables de ondas propulsivas que “empujan” sangre energizada; la túnica adventicia vincula el órgano a plexos neuro–urdímbricos (redes de inervación y conducción mística) que regulan la apertura, cierre y ritmicidad del flujo. Esta triple arquitectura explica que el fundamentum conduzca, module y dosifique energía sin depender exclusivamente de la sístole cardiaca.

El fundamentum es el centro de actividad elemental del organismo: carga el reservorio efector del arma de aliento y sostiene un metabolismo de altísima eficiencia, capaz de convertir la mayor parte de lo ingerido en energía útil con mínimos desechos. El corazón aporta el bombeo y, según tradiciones textuales, puede cogenerar o potenciar la energía que el fundamentum canaliza. La sangre, por su parte, actúa como vector distributivo, impregnando tejidos con potenciales elementales que explican rasgos térmicos y reactividad por linaje (como ocurre con los dragones rojos con su calor residual, o con los blancos que presentan temperaturas cercanas al punto de congelación). Si el fundamentuum llega a ser dañado, esto podría incapacitar al dragón para canalizar su poder mágico: lo cual afectaría incluso a su capacidad de volar.

Fisiología mágica y defensas
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Los dragones auténticos combinan biología mundana y características similares a otras bestias mágicas. Enumeramos las siguientes:

Todo dragón, según su linaje, posee una inmunidad hacia el elemento que es capaz de canalizar. Por ejemplo, los dragones rojos son inmunes al calor y al fuego, mientras que los blancos son inmunes al frío.

Conforme avanzan en edad y la magia innata en su interior se perfecciona, son capaces de desarollar una presencia sobrecogedora que infunde un pavor de naturaleza mágica. Es importante incidir que esta capacidad forma parte de las aptitudes innatas del dragón, y le permite activar el cerebro reptiliano de sus presas, haciendo que pierdan la voluntad de enfrentarse a ellas.

Asimismo, poseen aptitud sortílega equiparable a la de innatos que aumenta con la edad. Muchos linajes de hechiceros se explican con un emparentamiento lejano de un dragón y la presencia de sangre dracónica en su linaje.

Letargo: los dragones necesitan eventualmente periodos de descanso prolongados para reparar los daños causados a su fundamentuum. Este, durante el periodo de hibernación, elimina toxinas en su organismo y permite organismo entablar procesos de crecimiento extendidos en el tiempo. Esta hibernación puede durar décadas, en el caso de que el dragón posea una avanzada edad, si bien no parece influenciar negativamente en sus aptitudes físicas o mentales.

Ecología, hábitat y conducta

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Se distingue una ecología distintiva por cada linaje de dragón. Lo que se plantea a continuación es un simple esquema:

Rojos: montañas volcánicas y secas; impacto térmico sobre la biota, incendios cíclicos, control de pasos de alta montaña. Son extremadamente codiciosos y arrogantes, hasta para un dragón estándar.

Azules: desiertos, dunas y yermos. Poseen un oído fino para detectar vibraciones bajo la arena; dominan la electricidad. Forman manadas y parejas para cuidar a su prole, siendo los únicos cromáticos que muestran lazos familiares firmes y prolongados en el tiempo.

Verdes: bosques y selvas; pantanos tropicales. Son muy manipuladores y tienden a interactuar con las comunidades dentro de su territorio.

Negros: ciénagas y ruinas anegadas; química cáustica en guaridas. Muestran tendencias sádicas y una predilección por acosar y prolongar innecesariamente el sufrimiento de sus presaas..

Blancos: habitan tundras, montañas nevadas y glaciares. Poseen menor sofisticación social, pero instintos depredadores impecables. Son físicamente muy fuertes.

Los metálicos prefieren a menudo proximidad a asentamientos (a veces bajo formas humanoides) para observar, tutelar o intrigar. En cierto modo, su proceder se rige por la ética del “pastor” frente al “señor de la caza” cromático.

Conviene advertir al alumno que, sin perjuicio de la dicotomía cromático/metálico como recurso heurístico, la psique dracónica se organiza en torno a un paradigma de superioridad. No cabe atribuir benevolencia o malevolencia universales: ambas familias muestran conductas empáticas y de aversión al dolor ajeno, moduladas por su jerarquía de valores. Decisiones presentadas como “bien mayor” suelen referirse a la salvaguarda del territorio, del linaje o del orden que el propio dragón estima óptimo, pudiendo incluir —en casos extremos— expulsión, sometimiento o eliminación sistemática de poblaciones consideradas amenaza.

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Territorio y tesoro: la identidad personal de un dragón está fuertemente ligada a su territorio y a su tesoro. Un dragón es su guarida y su tesoro. Todos los dragones aspiran a dominar una extensión de derritorio y a acumular posesiones materiales de valor de forma compulsiva, aunque dicha necesidad no responde a pura avaricia, ya que es un comportamiento verificado tanto en dragones metálicos como cromáticos. La geografía de su dominio se altera por su mera presencia y constituye no sólo un mecanismo para atraer potenciales parejas, sino que le sirve como reclamo para obtener servidores o resolver disputas. Las apetencias en cuanto a tesoros varían por dragón, muchos prefiriendo gemas de un color parecido al de su propio linaje, u objetos mágicos en el caso de las sierpes más ancianas.

En cuanto a su reproducción y relaciones sociales, los metálicos suelen emparejarse, mientras que este comportamiento en los cromáticos raramente se produce (a excepción de los dragones azules). Esto implica que la sociabilidad entre adultos es generalmente baja, si bien acceden a formalizar alianzas tácticas ante amenazas mayores. Sin embargo, para un dragón, pedir ayuda es una muestra de debilidad extrema que un rival advenedizo empleará en su contra, por lo que habitualmente emplean este recurso únicamente desde una posición de fuerza.

Por último, hemos de hacer una breve referencia a su memoria. El recuerdo episódico secular condiciona su ética: para un dragón, los agravios y pactos no prescriben. Son firmes defensores de la pena de autor, la cual se puede extender a lo largo de los siglos por todo un linaje. Los pactos formulados con una sierpe pueden vincular varias generaciones de un mismo grupo de humanoides; y algunos dragones particularmente se aprovechan de estos vínculos para reunir seguidores. Está muy documentada, por ejemplo, la relación entre los kóbold y dragones auténticos, que ven en estos últimos una especie de figura mesiánica o profética a la que se ven abocados a servir.
 
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Se anuncia que la Maestra Gwenaëlle impartirá próximamente una clase del primer módulo a la magia y sus principios fundamentales.

Por motivos organizativos, esta clase se impartirá en el Bastión de la Alianza.


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Sábado 27 de septiembre, 18:00 HPE.

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Asistentes: Seraphine, Sasha Siemprealegre
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[RESERVADO PARA APUNTES PRINCIPIOS DE LA MAGIA]
 

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Se informa al alumnado que, debido a la marcha de la Maestra Gwenaëlle de la Schola, toda futura clase prevista con la misma queda cancelada.

Se pone a disposición de la comunidad académica los apuntes correspondientes a las materias impartidas, por si pudiesen resultar de aprovechamiento.

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