MotiSJL
Minsorrano sin caminos
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Tercera sesión con mis alumnos.
Y por primera vez tengo cosas buenas que contar sin tener que buscarlas entre los escombros.
BORIN
El tatami sigue teniendo el agujero de la semana pasada. Lo dejamos así a propósito, como recordatorio.
Hoy Borin plantó los pies con la misma fuerza de siempre, pero esta vez controlando el ángulo. No atravesó nada. Se mantuvo firme durante todo el ejercicio de equilibrio sin caer ni una sola vez.
Se quedó mirando sus propios pies con una expresión de incredulidad total.
"No he caído."
"No has caído."
"¿El suelo ya no me odia?"
"El suelo nunca te odió. Pero si te hace sentir mejor, digamos que hoy ha decidido perdonarte."
Aceptó la explicación con una satisfacción que no voy a cuestionar.
PELSA
Sigue respirando de forma un poco exagerada, pero ya no pierde el equilibrio por ello. Hoy mantuvo la postura sobre un pie durante casi un minuto entero, sin distraerse ni con los pájaros ni con nada de lo que pasara alrededor.
Cuando terminó el ejercicio, sonrió con una tranquilidad que no le había visto antes.
"Creo que por fin entiendo lo de respirar con calma."
"¿Qué entendiste?"
"Que no hace falta anunciarlo cada vez que respiro."
Un descubrimiento simple. Pero un descubrimiento real.
GORDECK
El muñeco de práctica sigue de pie, ahora con esa inclinación que le dejó el golpe de hace dos semanas. Gordeck lo mira siempre con cierto respeto renovado, como quien saluda a un rival digno.
Hoy intentó de nuevo el giro que le salió mal la última vez.
Esta vez calculó el espacio antes de moverse.
El giro fue limpio. El golpe conectó con precisión, sin desviarse hacia nadie ni hacia nada que no fuera el muñeco.
Se quedó mirando el resultado en silencio, sin gritar victoria esta vez.
"Esto sí que ha sido limpio."
"Lo ha sido."
"No he tenido que rodearlo por detrás."
"El muñeco sigue sin tener parte trasera, para que conste."
"Lo sé. Ya no hace falta."
Ese cambio de actitud vale más que cualquier golpe.
EL EJERCICIO EN GRUPO
Repetimos el ejercicio de coordinación en círculo que la última vez terminó en una pila de cuerpos sobre un cojín.
Esta vez los tres se movieron sin chocar entre ellos. Sin tropezar con los muñecos. Sin que ningún cojín saliera despedido hacia el gong.
El gong, por cierto, sigue sonando resfriado. Empiezo a pensar que eso ya no tiene arreglo y que forma parte del carácter del dojo.
Cuando terminaron el ejercicio los tres se miraron entre ellos, sorprendidos de haberlo conseguido sin ningún desastre de por medio.
Nadie dijo nada durante un momento.
Luego Borin rompió el silencio.
"¿Eso ha sido... normal?"
"Ha sido correcto."
"Se siente raro que no pase nada malo."
No supe qué responder a eso. Tenía razón.
EL RETO
Al final de la sesión les propuse algo que llevaba días pensando.
Les dije que había un estilo propio que estoy desarrollando. Que tiene un nombre y una filosofía detrás y que todavía no se lo he enseñado a nadie fuera de mí mismo.
Los tres se quedaron muy quietos, algo poco habitual en ellos.
Les dije que antes de mostrarles nada de ese estilo necesitaban demostrar que estaban preparados. No con más entrenamiento en el dojo, sino con algo distinto.
El reto es simple de explicar y no tanto de cumplir: antes de la próxima sesión, cada uno debe pasar una noche entera despierto, sin dormir, observando el cielo sin hacer nada más que eso. Sin distraerse. Sin hablar con nadie durante ese rato. Solo mirar la noche y aprender a estar en ella sin necesitar llenarla de ruido.
Sonaba fácil cuando lo dije. Sé que no lo es. Yo tardé meses en aprender a hacerlo sin desesperarme.
Borin preguntó si podía hacerlo mientras vigilaba algo, para sentir que tenía un propósito.
Le dije que no. Que el propósito era justamente ese, mirar sin necesitar otro motivo.
Pelsa preguntó si podía cantar bajito para no aburrirse.
Le dije que no. Que el silencio era parte del reto.
Gordeck no preguntó nada. Solo asintió con una seriedad que no le había visto nunca.
LO QUE LES ESPERA
Si los tres consiguen cumplir el reto, empezaré a enseñarles las bases del estilo que llevo meses construyendo.
No sé si lo lograrán. Puede que alguno se rinda a mitad de noche. Puede que los tres aparezcan la próxima semana jurando que lo hicieron cuando en realidad se quedaron dormidos a las dos horas.
Pero si lo consiguen, algo va a cambiar en cómo entrenamos aquí.
Y creo que están más cerca de conseguirlo de lo que ellos mismos imaginan.
Y por primera vez tengo cosas buenas que contar sin tener que buscarlas entre los escombros.
BORIN
El tatami sigue teniendo el agujero de la semana pasada. Lo dejamos así a propósito, como recordatorio.
Hoy Borin plantó los pies con la misma fuerza de siempre, pero esta vez controlando el ángulo. No atravesó nada. Se mantuvo firme durante todo el ejercicio de equilibrio sin caer ni una sola vez.
Se quedó mirando sus propios pies con una expresión de incredulidad total.
"No he caído."
"No has caído."
"¿El suelo ya no me odia?"
"El suelo nunca te odió. Pero si te hace sentir mejor, digamos que hoy ha decidido perdonarte."
Aceptó la explicación con una satisfacción que no voy a cuestionar.
PELSA
Sigue respirando de forma un poco exagerada, pero ya no pierde el equilibrio por ello. Hoy mantuvo la postura sobre un pie durante casi un minuto entero, sin distraerse ni con los pájaros ni con nada de lo que pasara alrededor.
Cuando terminó el ejercicio, sonrió con una tranquilidad que no le había visto antes.
"Creo que por fin entiendo lo de respirar con calma."
"¿Qué entendiste?"
"Que no hace falta anunciarlo cada vez que respiro."
Un descubrimiento simple. Pero un descubrimiento real.
GORDECK
El muñeco de práctica sigue de pie, ahora con esa inclinación que le dejó el golpe de hace dos semanas. Gordeck lo mira siempre con cierto respeto renovado, como quien saluda a un rival digno.
Hoy intentó de nuevo el giro que le salió mal la última vez.
Esta vez calculó el espacio antes de moverse.
El giro fue limpio. El golpe conectó con precisión, sin desviarse hacia nadie ni hacia nada que no fuera el muñeco.
Se quedó mirando el resultado en silencio, sin gritar victoria esta vez.
"Esto sí que ha sido limpio."
"Lo ha sido."
"No he tenido que rodearlo por detrás."
"El muñeco sigue sin tener parte trasera, para que conste."
"Lo sé. Ya no hace falta."
Ese cambio de actitud vale más que cualquier golpe.
EL EJERCICIO EN GRUPO
Repetimos el ejercicio de coordinación en círculo que la última vez terminó en una pila de cuerpos sobre un cojín.
Esta vez los tres se movieron sin chocar entre ellos. Sin tropezar con los muñecos. Sin que ningún cojín saliera despedido hacia el gong.
El gong, por cierto, sigue sonando resfriado. Empiezo a pensar que eso ya no tiene arreglo y que forma parte del carácter del dojo.
Cuando terminaron el ejercicio los tres se miraron entre ellos, sorprendidos de haberlo conseguido sin ningún desastre de por medio.
Nadie dijo nada durante un momento.
Luego Borin rompió el silencio.
"¿Eso ha sido... normal?"
"Ha sido correcto."
"Se siente raro que no pase nada malo."
No supe qué responder a eso. Tenía razón.
EL RETO
Al final de la sesión les propuse algo que llevaba días pensando.
Les dije que había un estilo propio que estoy desarrollando. Que tiene un nombre y una filosofía detrás y que todavía no se lo he enseñado a nadie fuera de mí mismo.
Los tres se quedaron muy quietos, algo poco habitual en ellos.
Les dije que antes de mostrarles nada de ese estilo necesitaban demostrar que estaban preparados. No con más entrenamiento en el dojo, sino con algo distinto.
El reto es simple de explicar y no tanto de cumplir: antes de la próxima sesión, cada uno debe pasar una noche entera despierto, sin dormir, observando el cielo sin hacer nada más que eso. Sin distraerse. Sin hablar con nadie durante ese rato. Solo mirar la noche y aprender a estar en ella sin necesitar llenarla de ruido.
Sonaba fácil cuando lo dije. Sé que no lo es. Yo tardé meses en aprender a hacerlo sin desesperarme.
Borin preguntó si podía hacerlo mientras vigilaba algo, para sentir que tenía un propósito.
Le dije que no. Que el propósito era justamente ese, mirar sin necesitar otro motivo.
Pelsa preguntó si podía cantar bajito para no aburrirse.
Le dije que no. Que el silencio era parte del reto.
Gordeck no preguntó nada. Solo asintió con una seriedad que no le había visto nunca.
LO QUE LES ESPERA
Si los tres consiguen cumplir el reto, empezaré a enseñarles las bases del estilo que llevo meses construyendo.
No sé si lo lograrán. Puede que alguno se rinda a mitad de noche. Puede que los tres aparezcan la próxima semana jurando que lo hicieron cuando en realidad se quedaron dormidos a las dos horas.
Pero si lo consiguen, algo va a cambiar en cómo entrenamos aquí.
Y creo que están más cerca de conseguirlo de lo que ellos mismos imaginan.