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Nocturna: El Regreso de la Sombra Alquímica

Verraier

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28/3/23
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Las ruinas de piedra se alzaban ante mí, devoradas por el tiempo, por la maleza y por el olvido. Cualquier otro habría visto una casa abandonada a las afueras de Purskull, un capricho de piedra a punto de ceder. Yo veía algo distinto.

Empujé la puerta carcomida, y esta cedió con un gemido de madera vieja. Adentro, el polvo flotaba en el aire como un manto de ceniza, acumulándose sobre cada superficie de la estancia principal. Ni un solo rastro de vida. Ni un solo cambio. Todo estaba exactamente como lo había dejado.

Mis pasos no hicieron ruido mientras avanzaba. El disfraz que llevaba me pesaba más de lo que debía. Nunca me había sentido cómoda con ellos. Fingir era fácil, casi natural… y, sin embargo, siempre quedaba esa incomodidad, ese rechazo sutil que me recordaba que la mentira solo era un medio, nunca un hogar.

Me detuve frente a la losa de piedra. Los años no habían erosionado su mecanismo. Sabía lo que se escondía detrás: una trampa letal, un pequeño seguro para mantener alejados a los curiosos. Un par de movimientos precisos y, con un leve clic metálico, la amenaza quedó desactivada.

El hueco tras la losa seguía allí. Un rincón polvoriento que resguardaba lo que había sido mío.

Mis dedos recorrieron los frascos vacíos, las herramientas, los restos de ingredientes que el tiempo había convertido en polvo. Pero fue al rozar los libros cuando algo en mi interior se tensó. Allí estaban, mis anotaciones, mi vida destilada en tinta y papel.

Las páginas aún conservaban el trazo minucioso de mis experimentos, las fórmulas que alguna vez curaron y las que envenenaron, los elixires que otorgaban vida y los que la arrebataban con dolor indescriptible. Cada página, una prueba de lo que había sido capaz de hacer. De lo que volvería a hacer.

Algo despertó en mi mente, un pensamiento que serpenteó entre las sombras de mi conciencia. Había venido aquí por un propósito. Y lo había encontrado.

Mi viaje no había sido en vano.

Una nueva idea comenzaba a tomar forma, un compuesto que haría arder la ciudad desde dentro sin necesidad de una sola chispa. Los cuerpos serían suyos, pero la voluntad de los adictos… eso me pertenecería a mí. Comerían de mi mano.

Sonreí.

Nocturna había vuelto.

Los días de vacío habían terminado. La sangre volvería a teñir las calles, el veneno volvería a correr por las venas de la ciudad. Y los Ladrones de las Sombras volverían a recibir a la Maestra del Hálito Negro, pues su alquimia oscura alimentaba su imperio.

Era hora de recuperar mi trono.
 

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