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Ocho

abisail

Restos de un PJ de Aharadad
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// La primera parte de este relato fue roleado con Lasobras (gracias tío :evil: ) tal cual y la segunda es un añadido mío. Creo que fue Niennor quien dijo en un post una vez algo así como que una escena en la que te puteen puede ser una gran escena. Os digo que yo disfruté con esta :lol:

Ocho

Nercarien retiró su capucha y se arrodilló cabizbaja ante Irae. La clériga de Lloth, todavía con la armadura de batalla salpicada de sangre, la miró con desdén. Se había quitado el yelmo y su melena blanca caía como un torrente sobre sus hombros. Era una hembra hermosa, una digna sacerdotisa de la Raina Araña. Alta y de facciones casi perfectas lo único que desentonaba en ella era la palidez de su piel, grisacea más que oscura. Aquel detalle siempre le había hecho pensar a Nercarien que había trazas de sangre impura en el linaje de la clériga. En cualquier caso Irae era una yathrin* de Inu'brae y Nercarien sólo una más de las muchas hembras de la casa. Le debía sumisión y obediencia... y le había fallado. Todo error tiene un coste. La asesina prefería pagarlo ahora que Irae parecía de buen humor. Acababan de causar una masacre entre las partidas de incursores trasgos. Miedo y sangre es el alimento de las sacerdotisas de Lloth y ahora parecía ahíta de ambos. Quizás no fuera el mejor lugar, allí junto a las puertas de Ust Natha ante las miradas de soslayo de los guardias, pero posiblemente fuera un buen momento.

- Malla* yathrin... sé que estais disgustada conmigo, sin duda de forma merecida.

El rostro de Irae permanecía inmutable mientras esacuchaba a la asesina.

- Quizás se puediera aplacar vuestra ira con una ofrenda a al Diosa. Una ofrenda a través de vos, mi malla yathrin.

Nercarien, sin levantarse, rebuscó en una caja mágica dentro de su mochila. A su mano acudieron primero un bastón cargado de magia curativa y una capa imbuída de una extraño poder protector. Dobló la prenda sobre el cayado y lo alzó ante la clériga ain atreverse a levantar la mirada. Eran objetos extraños, de los que no circulaban normalmente por los puestos del mercado y menos últimamente.

- No es mi ira la que debes aplacar. Desobedeciendome desobedeces a la misma Diosa.

Irae tomó los objetos y los examinó sin mucho interés.

- Bien... Aún así realizarás un pago en sangre. Darás en ofrenda un dedo. Será un recordatorio.

Nercarien asintió sin decir palabra a la vez que se quitaba el guante de su mano derecha. Apoyó la palma en el suelo con el dedo meñique separado del resto. Desenfundó su kukri y colocó la punta en el espacio que había dejado entre los dedos ante la atenta mirada de la clériga de Inu'brae.

- Espera. Lloth tiene en cuenta tu gesto. Puede ser un dedo del pie, quizás así camines recta por el camino que te traza. Escoge tú misma la ofrenda.

Nada en el tono de las palabras de Irae dejaban adivinar la más minima pasión. No obstante sabía que la clériga estaba disfrutando, como lo haría cualquier drow, con la humillación. La asesina se detuvo un instante. Sostenía el arma con su mano izquierda. Una mano ya mutilada. Había tenido que realizar un pago de carne en un altar de Kiaranshalee. La Venganza Retornada se había cobrado su peaje: un dedo de su mano izquierda. No ofendería a Lloth con un sacrificio menor que a su rival. No podía. Tampoco le iba a dar el gusto a aquella clériga mestiza de aceptar su "misericordia". No debía.

- Será el dedo de mi mano si se me permite, mi malla yathrin.

- Así sea.

Con un golpe seco el filo del kukri tocó el suelo de roca separando limpiamente el dedo a la vez que comenzaba a brotar la sangre por la herida. La elfa no pudo reprimir un grito . El gesto helado de Irae dejó paso a una sonrisa desdeñosa por la muestra de debilidad ante el dolor. Nercarien acercó temblorosamente la mano al broche de su capa. La magia curativa cerró la herida pero el dolor agudo permanecía.

- Bien Nercarien, puedes irte.

La drow se levantó del suelo y realizó una amplia reverencia.

- Bel'la Lloth.*

- Bel'la Lloth - contrestó Irae con la mejor de sus oscuras sonrisas en los labios.


***************************************************

Al abrir la puerta y verla el murmullo de voces enmudeció. Aquel sitio era un tugurio. Una cloaca infecta en los barrios bajos donde se reunían shebalis* a beber o a Lloth sabe qué, a ella no le interesaba. Un hedor a licor barato y carne macerada en vinagre de setas inundaba el local. Avanzó dos pasos y echó su capucha hacia atrás. Retiró la capa tras sus hombros mostrando sus armas al cinto y miró desafiante a la concurrencia de una docena de varones. Uno tras otro fueron humillando la vista para no cruzarla con la suya. No era lo habitual ver allí a una hembra con los broches de una casa noble y de adepta de Melee Mathgere. En una esquina sentado en una mesa vio al jaluk* que buscaba. Se dirigió hacia él y se sentó a su lado. Los varones continuaron con sus conversaciones y la normalidad volvió al poco rato al lugar.

- ¿Eres Kukeil, el tatuador?

- Sí, malla jabress.

- He oído que eras bueno. Al menos hasta que te empezó a temblar el pulso por el vino de setas.

- Me tiembla el pulso cuando no bebo malla jabress*.

- Pide entonces una botella de lo mejor que tengan en este corral. Hoy vas a trabajar. Si el trabajo es digno te pagaré con creces.

El jaluk se dirigió a la barra y volvió la momento con una botella de un licor turbio y dos copas de madera de zukh. Nercarien no tubo el menor interés por descubrir su sabor y no tocó la copa que le sirvió el drow. Kukeil apuró la suya de un solo trago y la volvió a llenar.

- ¿En que puedo serviros?

Nercarien se quitó los guantes y colocó las manos sobre la mesa. Dos manos y ocho dedos. Ocho eran las patas de Lloth, como ocho eran los nombres de la Diosa. Ocho los ojos de la araña. Era el número de la perfección. Faltaban los meñiques de ambas manos produciendo una deforme simetría. Manos perfectas: manos sin lealtad.

- Tatuarás en el dorso de cada uno de mis dedos la pata de una araña, pero serán patas blancas, patas de hueso.

El jaluk sacó una caja de latón de una mugrienta bolsa. Desenvolvió un punzón y abrió un pequeño tarro con tintura blanca. Acercó la herramienta a la mano de Nercarien. Paró en seco recordando ante quien estaba.

- ¿Dais vuestro permiso malla jabress?

- Puedes comenzar.


*******

* Yathrin: clériga
* Malla: honorable (tratamiento de respeto)
* Bel'la Lloth: ¡Loada sea Lloth!
* Shebali: plebeyo drow. Basura drow.
* Jaluk: varón
* Jabress: hembra al cargo de alguna tarea (tratamiento de respeto)
 

lasobras

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Fidedigno.
Me alegro de que disfrutases con la escena tanto como yo :wink:
Muy buen relato.
 
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