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Opio y una cachimba. El Tiefling y el Githzerai

west1178

Apilador de Muros de Fuego
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La cachimba​


1707388132931.pngUn tiefling y un githzerai caminan por los llanos, hablando de opio. La noche está cayendo y Yahel, el tiefling, ha comprado un invento nuevo. Una cachimba. Sabe que después de enganchar a su compañero gith al opio, este será un buen compañero para probar el artilugio. Finalmente, el dúo llega a un banco alejado de aventureros, no buscaban discreción, solo no ser molestados.

-Pues mira.- Diría el tiefling mientras coloca la cachimba en el suelo cual crio con un juguete nuevo. -Pones aquí el tabaco y aquí unas brasas bien candentes y esto lo llenas de agua.- Mientras habla, señala los diferentes componentes de la cachimba con le objetivo de ser lo más explicativo posible.

-Es una puta movida. No entiendo muy bien como funciona, pero funciona.-

Tras un rato siendo lo más detallado posible sobre como usar la cachimba, el githzerai se va a buscar agua a una fuente. Sin embargo, en un momento de lucidez extraplanaria, decide, qué, en vez de llenarla con agua de la fuente iría a comprar algún licor potente a la taberna. Al volver, Yahel ya había colocado las brasas y tenía su tabaco más caro, listo para ser consumido. Sin embargo, Z’arenthil, el githzerai, estaba dispuesto a darle una vuelta a la idea y con un soplido tiró por el suelo todo el tabaco de Yahel.

Enfadado, este se arrodillo a tratar de recoger toda la picadura, tarea que fué estúpida ya que la hierva imposibilito dicha tarea. Pero con la distracción generada, el gith llenó el receptáculo de ese licor extraño que acababa de comprar del que ni siquiera sabía el nombre, y depositaba opio en el quemador. Esto era una situación excepcional, algo nuevo que probar del plano material, y puestos a experimentar, mejor estirar el experimento hasta el final.

Cuando Yahel se levantó, tras fracasar recogiendo tabaco y vio el despliegue se quejó.

-Eso no va a funcionar así.- Dijo. -¿Si el alcohol arde nos quemaremos por dentro al fumar sabes?- Replicó nuevamente. Pruébalo tu. Yo paso.

-¿Qué hay que hacer?- Musito el gith, parco en palabras como siempre; y más pragmático que teórico.

El tiefling señalo la boquilla, dándole a entender a Z’arenthil que por ahí es por donde tendría que inspirar mientras le recriminaba la estúpida idea. -¿Qué será lo próximo, pincharse loto negro?-

-Eres un gilipollas.-
Añadió nuevamente Yahel aún molesto por lo del tabaco. -Haz lo que quieras, si te explota un órgano, no dirás que no te he avisado.-

El githzerai se agachó, clavando una rodilla en el suelo, para dar una profunda calada. Después, miro al cielo y parpadeó tres veces con ambos ojos para nuevamente mirar a Yahel. Z’arenthil no notó nada por lo que, convencido de su idea, volvió a dar una larguísima calada al aparato, con esmero. Esta segunda calada, provocó que se le abrieran los ojos de par en par. Permaneció en silencio, durante un instante, con los ojos abiertos y sin parpadear mientras Yahel, ya presa del momento espetó una sonora carcajada. -¡Está guapo, eh!-

-Las corrientes del éter se entrelazan con mi mente, desplegando un paisaje de pensamientos en constante cambio. Este humo, revela la danza de las sombras que ocultan verdades ocultas. En esta experiencia efímera, encuentro la quietud en el caos y el caos en la quietud, una sinfonía de percepciones que despiertan mi mente al misterio del Plano Astral.-
Diría el githzerai, qué, al acabar, volvería a parpadear tres veces con ambos ojos.

Z’arenthil volvería a mirar hacia la cachimba, viendo como el opio se consume con rapidez y sin mediar palabra daría otra poderosa calada. Tras varios segundos aspirando, se erguiría por completo abriendo nuevamente ambos ojos de par en par, como si estuviera viviendo una epifanía divina y tras un instante de posesión drogata soltaría otra sandez cósmica.
-El éter danza en espirales tejiendo visiones en mi mente. Entre susurros etéreos, encuentro la armonía entre el ser y los planos. La cachimba, un portal a la contemplación profunda, donde los limites se desvanecen y la realidad se entreteje con los hilos del pensamiento.-

Yahel, primero atónito, empezaría a reírse a carcajada limpia. -¡Vas to’ alienao!- Z’arenthil se ve claramente aturdido, aunque mantiene la compostura, vuelve a agacharse para coger la boquilla y ofrecérsela a su compañero. -Esto es cincuenta veces, si no más, mejor que el opio.-

Yahel, fumador empedernido, se da cuenta de la gran oportunidad que tiene ante sí, y sin pensarlo, acepta la boquilla para aspirar con fuerza. Demasiada. Pronto, comenzaría a nublársele la vista y con ello, también el pensamiento. Con gran pesadez en los parpados, la mirada entrecerrada y los ojos enrojecidos comenzaría a hablar.
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-¿Fumar es la polla, sabes, Z? En este humo, encuentro mi refugio, un éter, como dices tú, temporal que separa mi alma del tormento diario. Las llamas de mi linaje arden, pero aquí, entre estas espirales de humo, encuentro la calma que el mundo me niega. Cierro los ojos y dejo que las sombras me envuelvan llevándome a un reino donde las cadenas de mi realidad se desvanecen.- Tras un eructo y varias arcadas, el tiefling continuaría ante la mirada atónita de su compañero gith. -Las visiones del infierno bailan ante mí, pero no temo, pues ya estoy marcado por sus fuegos. En cada inhalación, encuentro consuelo, y en cada exhalación, libero los susurros de mi alma atormentada. ¿Qué es la realidad sino una ilusión que los débiles aceptan?-

El githzerai, que mantiene las mismas ganas de hablar que el tiefling le contestaría, mientras palpa el banco más cercano con la mano, con la intención de sentarse en él. Apoyando las manos en las rodillas. -Percibo el baile desenfrenado de tu espíritu, amigo tiefling Yahel. Las sombras se retuercen y los susurros del éter se vuelven intensos. En esta danza compartida, ¿acaso encontramos un vinculo más allá de las fronteras de nuestra realidad? Que la corriente etérea nos guie pues viajaremos a lomos de este opio y este invento, y que juntos exploremos los misterios que despliegan sus efectos en nuestra consciencia.- -En este momento efímero, soy libre, amigo. Libre de las cadenas de las miradas juzgadoras, de las risas burlonas. Soy Yahel, el hijo de las llamas y en esta danza con el humo, encuentro mi propia verdad, aunque sea efímera, como tu has dicho antes. Que el fuego arda y las visiones me guíen hacia el abrazo de la…- Y sin acabar la frase, una sonora arcada interrumpió a Yahel. -Ahora déjate de ostias, y dame más.- Dijo Z arrebatándole la boquilla y dándole otra profunda calada.

-Mientras1707388442816.png el humo se eleva como llamas, reconozco la herencia ardiente que llevas contigo, Yahel. En esta comunión de caos astral y fuego, somos hijos de los planos entrelazados. Que las sombras de la experiencia nos envuelvan y que nuestras almas ardan con la revelación de este momento.- Mientras Z’arenthil soltaba sus últimas filosofadas, Yahel se había acurrucado en el suelo, envuelto con sus alas y ya le caía la baba por la boca. Estaba dormido. Al verlo, el githzerai decidió imitar a su compañero, y con suma pausalidad, fue acercándose cada vez más a la hierba del suelo, para tumbarse y quedarse también dormido.
 
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