Kellky
Lágrima de mago nerfeado
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Mi nombre es Matt, Matt Hauton. Quizás sea un nombre muy común, pero mi historia no lo es. Mi viaje a la nación de Amn comenzó con grandes expectativas; había escuchado tantas cosas sobre aquel lugar. "El país de las oportunidades", decían. Y fue por esa promesa que decidí partir, dispuesto a probar suerte. Sabía que Tymora, la diosa de la fortuna, estaba de mi lado... o al menos, eso creía.
El trayecto estuvo lleno de emociones. Desde los vibrantes festejos de los pueblos por los que pasaba, hasta las miradas coquetas de las hermosas mujeres con las que lograba robar un baile. A veces, mis aventuras causaban problemas menores, pero nada que no pudiera manejar... o escapar de, en el peor de los casos. También hubo momentos tensos, como cuando me encontraba con asaltantes de caminos. Por suerte, siempre aparecían aquellos lo suficientemente valientes como para enfrentarlos mientras yo aguardaba pacientemente a que resolvieran el asunto.
Tenía todo planeado, absolutamente todo. Pero mis planes se desmoronaron en cuanto llegué a la famosa Ciudad de la Moneda. Caos, desorden, y problemas por doquier. Que quede claro, yo solo buscaba una vida tranquila. ¿Los problemas? Que los resuelvan otros...
Y todo por intentar ayudar a un viejo... Terminé adentrándome en un bosque peligroso, donde me encontré cara a cara con una pantera. Creía que no me había visto, pero estaba muy equivocado. Lo más loco de esa situación fue que la pantera... ¡se transformó en un hombre! ¡Por todos los dioses! Y yo... yo estaba acariciándolo... ¡Ay madre!
Por suerte, no tenía malas intenciones. Pero, mientras me llevaba a un claro donde supuestamente estaba el hijo del viejo, apareció un oso. Un oso enorme que parecía custodiar la entrada a aquel lugar, conocido como el Claro de Eldath. Les digo, casi me hago en los pantalones. Pero yo... yo soy un hombre, un verdadero hombre entre los hombres. Tenía que seguir. Había prometido al viejo que contactaría con su hijo. Y lo logré... pero no exactamente con su hijo. Disculpadme, es algo de lo que prefiero no hablar.
Días después, escuché rumores de lobos en la costa del sur. Había peligro y una buena paga, pero ¿yo? ¡Jajajaja! No soy un aventurero ni un guerrero para enfrentarme a una manada de lobos rabiosos. Como ya les dije, solo quiero tranquilidad. Tener mi propia granja, apostar, beber, bailar... lo que hace la gente común, ¿saben? Pero parece que la guardia local se había fijado en mí. Por un momento, pensé que me habían confundido con alguien más, pero no. Ella misma había hecho un cartel con mi rostro. ¡Por los dioses! ¿Yo? ¿Sospechoso? ¡Ay madre!.
Traté de huir de la guardia, pero no dejaban de seguirme. Tropecé con otro guardia en mi camino de huida, pero lo que no sabían es que yo era bastante rápido y así tan rápido como me fui, rápido termine en el cuartel. ¿Qué si robé algo? ¡Jamaaaas! Soy demasiado honrado para eso. Pero claro, era la guardia, y yo no tenía ciudadanía. Rayos y truenos… Pensé que Tymora estaba conmigo, pero ahora aquí estoy, encerrado dentro de cuatro muros.
Pero no, no me metieron en la cárcel. Fue peor. Me reclutaron de manera forzada. ¡Los odio a todos! De verdad, los odio. Solo quería una vida tranquila, ¡era lo único que deseaba! Que quede claro. ¡Ay, joder! Sí, sí, ¡ya voy! ¡Ay madre! Ahora me paso trapeando el cuartel de arriba abajo... ¡Que les den a todos! no se preocupen que apenas tenga tiempo les seguiré contando.. pero shhh!!.. esto queda entre nosotr...¡Ayyyy! ¡Ya deja de tirarme cosas!!..
El trayecto estuvo lleno de emociones. Desde los vibrantes festejos de los pueblos por los que pasaba, hasta las miradas coquetas de las hermosas mujeres con las que lograba robar un baile. A veces, mis aventuras causaban problemas menores, pero nada que no pudiera manejar... o escapar de, en el peor de los casos. También hubo momentos tensos, como cuando me encontraba con asaltantes de caminos. Por suerte, siempre aparecían aquellos lo suficientemente valientes como para enfrentarlos mientras yo aguardaba pacientemente a que resolvieran el asunto.
Tenía todo planeado, absolutamente todo. Pero mis planes se desmoronaron en cuanto llegué a la famosa Ciudad de la Moneda. Caos, desorden, y problemas por doquier. Que quede claro, yo solo buscaba una vida tranquila. ¿Los problemas? Que los resuelvan otros...
Y todo por intentar ayudar a un viejo... Terminé adentrándome en un bosque peligroso, donde me encontré cara a cara con una pantera. Creía que no me había visto, pero estaba muy equivocado. Lo más loco de esa situación fue que la pantera... ¡se transformó en un hombre! ¡Por todos los dioses! Y yo... yo estaba acariciándolo... ¡Ay madre!
Por suerte, no tenía malas intenciones. Pero, mientras me llevaba a un claro donde supuestamente estaba el hijo del viejo, apareció un oso. Un oso enorme que parecía custodiar la entrada a aquel lugar, conocido como el Claro de Eldath. Les digo, casi me hago en los pantalones. Pero yo... yo soy un hombre, un verdadero hombre entre los hombres. Tenía que seguir. Había prometido al viejo que contactaría con su hijo. Y lo logré... pero no exactamente con su hijo. Disculpadme, es algo de lo que prefiero no hablar.
Días después, escuché rumores de lobos en la costa del sur. Había peligro y una buena paga, pero ¿yo? ¡Jajajaja! No soy un aventurero ni un guerrero para enfrentarme a una manada de lobos rabiosos. Como ya les dije, solo quiero tranquilidad. Tener mi propia granja, apostar, beber, bailar... lo que hace la gente común, ¿saben? Pero parece que la guardia local se había fijado en mí. Por un momento, pensé que me habían confundido con alguien más, pero no. Ella misma había hecho un cartel con mi rostro. ¡Por los dioses! ¿Yo? ¿Sospechoso? ¡Ay madre!.
Traté de huir de la guardia, pero no dejaban de seguirme. Tropecé con otro guardia en mi camino de huida, pero lo que no sabían es que yo era bastante rápido y así tan rápido como me fui, rápido termine en el cuartel. ¿Qué si robé algo? ¡Jamaaaas! Soy demasiado honrado para eso. Pero claro, era la guardia, y yo no tenía ciudadanía. Rayos y truenos… Pensé que Tymora estaba conmigo, pero ahora aquí estoy, encerrado dentro de cuatro muros.
Pero no, no me metieron en la cárcel. Fue peor. Me reclutaron de manera forzada. ¡Los odio a todos! De verdad, los odio. Solo quería una vida tranquila, ¡era lo único que deseaba! Que quede claro. ¡Ay, joder! Sí, sí, ¡ya voy! ¡Ay madre! Ahora me paso trapeando el cuartel de arriba abajo... ¡Que les den a todos! no se preocupen que apenas tenga tiempo les seguiré contando.. pero shhh!!.. esto queda entre nosotr...¡Ayyyy! ¡Ya deja de tirarme cosas!!..