Novedades

Palabras de un joven incomprendido

Kellky

Lágrima de mago nerfeado
Registrado
28/2/17
Mensajes
360
Mi nombre es Matt, Matt Hauton. Quizás sea un nombre muy común, pero mi historia no lo es. Mi viaje a la nación de Amn comenzó con grandes expectativas; había escuchado tantas cosas sobre aquel lugar. "El país de las oportunidades", decían. Y fue por esa promesa que decidí partir, dispuesto a probar suerte. Sabía que Tymora, la diosa de la fortuna, estaba de mi lado... o al menos, eso creía.

El trayecto estuvo lleno de emociones. Desde los vibrantes festejos de los pueblos por los que pasaba, hasta las miradas coquetas de las hermosas mujeres con las que lograba robar un baile. A veces, mis aventuras causaban problemas menores, pero nada que no pudiera manejar... o escapar de, en el peor de los casos. También hubo momentos tensos, como cuando me encontraba con asaltantes de caminos. Por suerte, siempre aparecían aquellos lo suficientemente valientes como para enfrentarlos mientras yo aguardaba pacientemente a que resolvieran el asunto.

Tenía todo planeado, absolutamente todo. Pero mis planes se desmoronaron en cuanto llegué a la famosa Ciudad de la Moneda. Caos, desorden, y problemas por doquier. Que quede claro, yo solo buscaba una vida tranquila. ¿Los problemas? Que los resuelvan otros...
Y todo por intentar ayudar a un viejo... Terminé adentrándome en un bosque peligroso, donde me encontré cara a cara con una pantera. Creía que no me había visto, pero estaba muy equivocado. Lo más loco de esa situación fue que la pantera... ¡se transformó en un hombre! ¡Por todos los dioses! Y yo... yo estaba acariciándolo... ¡Ay madre!

Por suerte, no tenía malas intenciones. Pero, mientras me llevaba a un claro donde supuestamente estaba el hijo del viejo, apareció un oso. Un oso enorme que parecía custodiar la entrada a aquel lugar, conocido como el Claro de Eldath. Les digo, casi me hago en los pantalones. Pero yo... yo soy un hombre, un verdadero hombre entre los hombres. Tenía que seguir. Había prometido al viejo que contactaría con su hijo. Y lo logré... pero no exactamente con su hijo. Disculpadme, es algo de lo que prefiero no hablar.

Días después, escuché rumores de lobos en la costa del sur. Había peligro y una buena paga, pero ¿yo? ¡Jajajaja! No soy un aventurero ni un guerrero para enfrentarme a una manada de lobos rabiosos. Como ya les dije, solo quiero tranquilidad. Tener mi propia granja, apostar, beber, bailar... lo que hace la gente común, ¿saben? Pero parece que la guardia local se había fijado en mí. Por un momento, pensé que me habían confundido con alguien más, pero no. Ella misma había hecho un cartel con mi rostro. ¡Por los dioses! ¿Yo? ¿Sospechoso? ¡Ay madre!.

Traté de huir de la guardia, pero no dejaban de seguirme. Tropecé con otro guardia en mi camino de huida, pero lo que no sabían es que yo era bastante rápido y así tan rápido como me fui, rápido termine en el cuartel. ¿Qué si robé algo? ¡Jamaaaas! Soy demasiado honrado para eso. Pero claro, era la guardia, y yo no tenía ciudadanía. Rayos y truenos… Pensé que Tymora estaba conmigo, pero ahora aquí estoy, encerrado dentro de cuatro muros.
Pero no, no me metieron en la cárcel. Fue peor. Me reclutaron de manera forzada. ¡Los odio a todos! De verdad, los odio. Solo quería una vida tranquila, ¡era lo único que deseaba! Que quede claro. ¡Ay, joder! Sí, sí, ¡ya voy! ¡Ay madre! Ahora me paso trapeando el cuartel de arriba abajo... ¡Que les den a todos! no se preocupen que apenas tenga tiempo les seguiré contando.. pero shhh!!.. esto queda entre nosotr...¡Ayyyy! ¡Ya deja de tirarme cosas!!..
 

Kellky

Lágrima de mago nerfeado
Registrado
28/2/17
Mensajes
360
Han pasado cuatro años, cuatro largos años desde que dejé la guardia, como recluta. Elaria tomó un camino diferente al mío, y aunque se fue por su cuenta, estoy seguro de que, donde quiera que esté, debe estar extrañándome. Mientras tanto yo… aquí estoy, otra vez en Amn, el último lugar que quería pisar. A pesar de todo, estaba decidido a regresar a la guardia, no como un simple recluta, sino como un soldado de verdad.

Pero, créanme, nada salió como esperaba. Nunca tuvieron mi uniforme listo. Así que, una vez más, terminé poniéndome el de recluta. Y con ello, tuve que volver a comportarme como uno. Me encontré rodeado de nuevos reclutas, la cual se presentaron como: Alice, Rhyden y Arannis. Eran chicos con miradas llenas de determinación. Nos adentramos en unos callejones, siguiendo las órdenes del cabo Ewan. Nos estábamos metiendo en lo que parecía ser una investigación sobre un asesinato… pero no era un asesinato cualquiera, había algo oscuro y religioso detrás de todo esto.

No tardamos en ser atacados por bandidos comunes, que buscaban asaltarnos a la primera oportunidad. Sin embargo, la situación no se desarrolló como ellos esperaban; uno de esos ladrones acabó en el otro mundo gracias a los rapidos movimientos de Rhyden y Alice, debo decir que estos reclutas eran mucho mejores que yo en mis tiempos como uno, gracias a las rápidas decisiones de Ewan y la destreza de uno de los reclutas conocido como Rhyden. Mientras tanto, yo me encargué de vigilar y cubrirles la espalda junto a Arannis, hasta que descubrimos un pequeño edificio abandonado. Allí se escondía un asesino que estábamos dispuestos a interrogar.

Admito que, en algún momento, pensé en entregarlo a sus enemigos. Quizás si lo hacíamos, ellos nos dejarían en paz… pero no, no podíamos negociar con esa clase de gente. Habíamos jurado proteger la justicia, aunque eso significara enfrentar a lo peor de lo peor. La noche cayó rápidamente, y con ella, la oscuridad se volvió nuestra enemiga.

Los asesinos atacaron sin piedad. Fui herido de gravedad, así como mis compañeros reclutas. Por suerte, Ewan estaba ahí para salvarnos, pero no había descanso para nosotros. Estábamos atrapados, y parecía que querían obligarnos a salir. Pero yo… yo no estaba dispuesto a ceder, y mis compañeros tampoco. Si íbamos a morir, sería luchando.

Nos apresuramos a colocar cajas y barricadas para bloquear puertas y ventanas, pero no tuvimos tiempo suficiente. Un nuevo grupo de asesinos, mucho mejor armados, nos atacó antes de que pudiéramos fortificar nuestra posición. Era todo o nada. No podía caer, y tampoco mis compañeros. Luchamos con todo lo que teníamos, pero ellos estaban muy bien preparados. Uno de ellos incluso lanzó un hechizo que oscureció toda la zona, haciendo casi imposible verlos y acertar un golpe.

La adrenalina corría por mis venas. Flechas pasaban rozando mi rostro, mis brazos, mis piernas. podía ver como Alice luchaba ferozmente incluso me salvo de alguna que otra flecha al cuello, pero digo que todo paso demasiado rápido si no fuera por los escudos de cada uno hace rato ya estuviera en el suelo desangrándome. Apenas me di cuenta de que Rhyden, Alice y Arannis habían caído inconscientes. Yo estaba al límite de mis fuerzas, y Ewan también. Pero no, no podíamos rendirnos, no después de todo el esfuerzo que hicieron mis compañeros para aguantar a los asesinos. Luchamos como nunca antes lo habíamos hecho, porque sabíamos que nuestras vidas pendían de un hilo.

Gracias a mi tiempo en la guardia, mi experiencia como recluta bajo la dirección del Propio Ewan me permitió resistir lo suficiente. Logré contener a los asesinos mientras Ewan, con sus flechas mortales, terminaba con ellos uno por uno. Estaba agotado, cubierto de heridas que, si no eran tratadas pronto, se infectarían. Apenas podía mantenerme en pie, pero lo habíamos logrado. Habíamos sobrevivido.

Agradezco a Tymora por darme un día más de suerte, y a mis compañeros por su valentía. Cada uno de ellos luchó hasta el último aliento, distrayendo a los asesinos lo suficiente para que Ewan pudiera darles el golpe final. Si no hubiera sido por ellos, no estaríamos aquí. La batalla fue brutal, y aunque salimos heridos y agotados, salimos victoriosos. En la boca del lobo, luchamos por nuestra supervivencia, y ese día, vivimos para contar la historia.


*Gracias a los que integraron la escena y al DM Ahriman que estuvo con nosotros en ese momento, he acomodado el relato colocando los nombres de aquellos que estuvieron, perdonen pues no recordaba sus nombres.*
 
Última edición:
Arriba