Ciertamente, esto es un momento pasado. Ya he caminado y vuelto sobre mis pasos varias veces... pero desde que comencé mi camino, jamás pensé que fuera a encontrarme en esta situación. Jamás pensé fuera a poder dar con algo que sintiera de esta forma como mi vocación.
Y aquí, en Athkatla, fue donde salí del templo del propio dios del conocimiento con las ideas más claras de lo que jamás las había tenido acerca de qué quería hacer con mi vida. ¿Un poco tarde, quizás? Seguramente. Pero la carrera contra el tiempo la había perdido al momento de nacer, y mi alma era lo único que podría perdurar a menos que realmente pudiese encontrar una cura para aquella enfermedad que todos sentimos cómo nos consume en el día a día; la muerte.
¿Será que en esta nueva senda podré poner una pausa a ese reloj y dejarlo correr sólo cuando a mi me plazca? ¿o será que dependeré de la voluntad de alguien más toda mi vida para ver cómo aquellos granos de arena caen, y en cada uno de ellos, siento cómo mis huesos pesan más?
Es irrelevante. Mínimamente, estoy seguro de que deberé hacer valer cada día como si fuera una dekhana y que no puedo sino darme la ventaja de disfrutar de cada momento que me lo permita el tiempo.
Así, comencé mis días en una ciudad llena de intrigas y que el propio tiempo me demostró que había vívoras habitando con humanos, que podría sentir el palpitar del corazón de la ciudad tan corrupto como lo susurraban los que huían de la misma.
¿Y qué haría yo allí? Obviamente, intentar proteger al ciudadano común. Erradicar al mal. Conocer y aprender... parecen ideas de niñato pero él, Oghma, me permite usar su poder para trabajar en mis metas y en su voluntad - él, me considera digno de sus quehaceres en el mundo, y mi fe nunca titubeará mientras sienta su apoyo.
La gente fue... ácida y seca. Pero también había otros cálidos y que me hicieron sentir no había viajado para nada. Fue difícil siquiera formar un vínculo con nadie. Tan diferente a lo que acostumbraba en las caravanas que quizás guarde cicatrices de los cortes que recibí por la tensión, pero seguí intentando y un día, conoceré aquellos que pueda llamar mis amigos, mis compañeros.
Mínimamente sé que hay personas en las que puedo confiar mi seguridad, en las que puedo comprometerme para trabajar con, y hay otras que dejan qué desear. Triste es, que a veces, encontremos confianza en los lugares donde menos lo esperamos.
Esto sólo simboliza mis primeros pasos, puesto que son irrelevantes, y sólo espero que se recuerde al hombre que viajó desde la Costa del Dragón, desde el pequeño pueblo de Accardi, hasta donde se encuentra la Ciudad de la Moneda con intención de encontrarse a sí mismo; y encontró mucho más.