Tyssara Lovelance
Adorador de Eduardo
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-No es.. aceite, las almenaras no se encienden… *resonó entre la nieve una voz llena de rabia y con un odio atroz* los pertrechos no sirven ¡capitán!
Como truenos que caían sobre un cielo despejado, el sonido era un caos ensordecedor. El crujido de la nieve bajo las botas de los soldados, el silbido del viento cortante que se filtraba entre las montañas, y el estruendo de las armas chocando entre sí llenaban el aire gélido que parecía lamentarse por el sol que nunca volverán a ver. Los gritos de guerra de los bárbaros sedientos de sangre reverberaban en las paredes de la montaña, mezclados con los aullidos de dolor de los soldados ajados y cansados que apenas aguantaban.
-¡¡Byrnait!! *Rugio el viento*
El combate era feroz y despiadado. Los soldados, entrenados y disciplinados, luchaban con hasta el último aliento, pero superados en número y fuerza pocas esperanzas veían, y muchos con el miedo en sus rostros aguantaban los envites que no cesaban. Las espadas chocaban, las lanzas se clavaban y los hachazos se descargaban con furia, arrojando rociados de sangre sobre la nieve virgen.
-¡¡Byrnait!! *Se quebró la nieve*
El enemigo aun sediento de sangre se fijó en dos soldados, que aún se tenían en pie, con risas ya pensaban como se iban a divertir con ese pan. Cansados, heridos de la refriega poco a poco eran acorralados, delante la muerte, detrás una caída mucho más clemente.
-Ella es luchadora nos calentará esta noche y él nos divertirá con sus gritos *Se jactaban los barbaros mientras se centraban en ellos acercándose poco a poco*
Las risas resonaban fuerte mientras el miedo, ira y odio se anidaban en ambos soldados, que apenas podían tenerse en pie, el joven miro a la muchacha y trato de decir algo momentos antes de empujar con todas sus fuerzas a la compañera haciéndole caer a la muerte blanca
-¡¡Byrnait!! *grito mientras su compañera caía, el filo de un hacha sobresalió de su pecho, llevándose con su punta algo más que un latido, un sueño, una vida, un suspiro agónico* Vive… Byrn
Los gritos agonizantes de los caídos se mezclaban con el rugido de la batalla. Algunos soldados luchaban con valentía hasta el último aliento, mientras que otros yacían inmóviles en la blancura de la nieve al haber intentado huir, sus cuerpos convertidos en marcadores macabros de la ferocidad del conflicto, pronto serían saqueados, mutilados y seguramente en poco pasto de los lobos. La nieve se teñía de rojo, la esperanza se perdía con cada golpe que resonaba como el eco de una tormenta. La visibilidad se reducía a medida que la nieve se agitaba en remolinos por la violencia de la contienda, poco a poco el silencio llegaba.
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-Tu espada nota en cada golpe que no ha sido sincera contigo. No puede dejar fluir esa energía, porque no fluye por ti; Tu espada es una prolongación de tu brazo.. si no fluye por tu cuerpo, no fluirá con ella
-Me dijeron que estabas aquí
La mano de la guerrera cubierta de cicatrices salió volando despertando de su ensoñación, parándose a pocos centímetros de la empuñadura mientras sus ojos violentos y agresivos se posaron en ese elfo que acaba de interrumpir en la sala. Su respiración estaba alterada, la sensación de no saber donde se encontraba se acentuó, es como si hubiera despertado de un amargo recuerdo y la ira la atormentara.
-Cierra los ojos y relaja tu respiración para mantener la mente en blanco… *Dijo el Sargento con voz calma* Y queda inmóvil en esta postura
Con un gruñido nacido de la rabia y frustración asintió con la cabeza, colocándose de rodillas delante de su espada de negro acero y asintió con la cabeza, velando la mirada empezando a relajar su cuerpo a marchas forzadas. Solo un leve “si señor” salió de sus labios mientras alejaba poco a poco las emociones de ella continuando el entrenamiento.
-Nada puede sacarte de tu comunión. Estas en ella. La espada esta enfrente de ti, observándote.
Los pasos del Sargento acompañaban su voz, la forma en la cual el se movía parecía a la de un cazador sobre su presa observando cada movimiento de la mujer atento por si se movía un ápice de su posición, leyendo como pocos saben hacer el cuerpo de la guerrera. Byrn con los ojos cerrados alejo de su mente los llamientos de sus recuerdos, como estos la llamaban por un nombre perdido, olvidado.
-Piensa en tu pueblo. En tu gente. En aquella a la que quisiste proteger y te decepcionaron.
-(Hijodeputa)
-Tu respiración quiere aguitarse, Y tu quieres relajarla. Tienes que ganar. Tu debes lo debes dominar. El corazón se agita, el pecho arde, tus sentimientos y tu energía están en conflicto.
La mujer permanecia de rodillas mientras la voz del Hombre resonaba cerca, alejando toda emoción de ella, intentando ser un paramo de nieve, sereno, la tormenta antes de la tempestad mientras su respiración poco a poco se acompañaba a los lentos pasos del Sargento.
-Y en mitad de ese caos, estaba tu espada. Decidiste confiar en ella como salvadora de tus problemas. Y asi ha sido hasta el dia de hoy. El mismo arma que hoy esta delante de ti. Desconocía la lucha interior que tenías…. Piensa en ella. Pidele perdón.
El silencio de la mujer era palpable, las palabras llegaban lentamente hacia la joven haciéndola retumbar en su mente, como martillazos en la noche vibrando en su interior. El dolor de los recuerdos era palpable en su corazón, y como la sed de venganza crecia poco a poco en ella como una tormenta descontrolada, pero no hacia gesto alguno para moverse o iniciar ni un solo movimiento. Un pensamiento fuerte nacido de su mente y claro sonó pero sin voz.
(No)
-Perdón por no haberme sincerado. Tampoco conmigo. Ahora sabes quien eres. Con tus defectos. Con tus virtudes y aun asi, os aceptáis. Sois una.
(Perdón ¿enserio? ¿Por ser una puta sombra? ¿Por no tener honor?)
Una voz nueva resonó en el entorno acompañada de unos pasos tranquilos, no sabia quien era pero tampoco la importaba. El recién llegado saludo al Sargento y fue a los estafermos para entrenar, mientras la mujer aun de rodillas delante de su superior en la cadena de mando miraba a el recién llegado cabeceando hacia el.
-Tu energía vital debe calmar los deseos. Los sentimientos. Vamos sabes que tu puedes. La fase del conflicto llega a su fin. Has descubierto tus sentimientos. Esos sentimientos que encierran lo que llaman el Ki. Tu Ki. Tu esencia. Eres tu.
-Joder… perdón por no ser, lo que debería ser, por no ser sincera.. Por no estar completa
-Y entonces recuperaras el latido de tu corazón. El pecho ya no te arde. La respiración ya no se agita. Y tu mente sigue en blanco.
Al fin la guerrera guardo todo, era calma, era seriedad. Su corazón era un baluarte que esperaba paciente a desatar su tormenta y desatar toda su furia sin piedad. Lentamente al fin cogió su espada de negro metal y agarro con firmeza la empuñadura y poco a poco la coloco en su regazo antes de levantarse con ella, como siempre hacia. No hay marcha atras.
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