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Regresa a la Luz

_diedne_

El que insulta en los discursos Zhent
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Si bien no le hace justicia al momento vivido y no guardo las screens, creí que la mejor forma de rememorarlo era plasmarlo tomándome ciertas licencias. Que el otro jugador me disculpe.



Había pasado una dekhana desde que el joven dejara atrás la Corona de Cobre y hubiera tomado el rumbo de su vida con las pocas pertenencias que había ganado con sumo esfuerzo. En soledad y vagando por los caminos de la vasta región Amniana decidió internarse en los bosques del antiguo Alandor, perdiéndose en él hasta llegar a una extraña gruta carente de toda luz en su interior.

La primera pisada de su bota metálica en la roca viva resonó por toda la cavidad junto a las gotas de humedad que caían de las viejas estalacticas de la lúgubre caverna, tan solo el fuego de su arma iluminaba la estancia la cual con su oscuridad parecía engullirla a cada metro que avanzaba.
Un rápido vistazo y una punzada helada recorrió toda su espina hasta la coronilla poniéndolo en alerta, una sensación extraña y siniestra que jamás había sentido en sus 18 años de vida. . . qué es lo que produce una sensación así a un hombre?

Caminó por un estrecho pasillo habitado por un pequeño clan de trasgos ocultos en las sombras, los cuales no presentaron mucha resistencia y calentaron los músculos y la sangre del muchacho al combatir y herirle, lo cual siempre era de agradecer en un entorno tan denso.

El estrecho pasillo continuó hasta que cambió drásticamente aumentando su tamaño y su manufactura, a pesar del paso de los siglos la caverna ahora se había mantenido cuidada y sus antiguos ladrillos continuaban en pié ante el maltrato del tiempo. En su interior habitaban unos extraños seres anfibios que sin mediar palabra y al ver su arma desenvainada y llameando se lanzaron a la carga con fiereza como si fueran espoleados por la propia oscuridad.
No escuchó nada a sus espaldas con el ruido ensordecedor del entrechocar de armas y los conjuros de las criaturas, en poco tiempo todas yacían muertas en el suelo sin vida y sus botas pisaban un reguero de sangre y cadáveres.

Miró bajo sus piés el resultado mientras una tenue neblina cubría ahora sus botas y los seres. . . de nuevo esa gélida sensación a su espalda y todo su cuerpo tensándose ante la presencia de lo profano.

-Quién se adentra en los dominios de la Reina Bodhi. . . quién es el incauto se atreve a vagar por los dominios de los inmortales?

Una figura cubierta por una oscura armadura completa a lomos de lo que debió ser un caballo en vida, sujetando las bridas de la bestia con su mano junto con su escudo, mientras en la otra una espada afilada y envuelta en llamas presagiaba el desastre. Su rostro pálido y fino, coronado por dos iris carmesís que le observaban con un brillo inmortal y una mandíbula de la que emanaban dos colmillos antinaturales.

Toda la imagen era aterradora y el muchacho pudo por fin asociar aquel escalofrío desconocido y comprender el error que acababa de cometer. Se tensó por completo sin saber a quién orar y hacia dónde correr, protegiéndose con su arma y aguardando mientras exclamaba.

-Desconocía que este lugar perteneciera a nadie y mucho menos al ser que habéis nombrado.

Exclamó casi en un murmullo ante la siniestra figura esperando haber saciado de alguna manera su curiosidad y aplacar su creciente ira.

-Has cometido un error al adentrarte en nuestros dominios mortal, a pesar de mis años pasados mi paciencia se deshace en segundos cuando los meros hombres pisan este impío lugar. Qué crees que va a ocurrir ahora contigo?

La figura sombría hizo una pausa que para él pudo ser eterna.

-Te diré lo que va a ocurrir . . . continuarás por este lugar y te enfrentarás a los seres que los guardan sin vacilación , sin clemencia ni descanso. Cuando toda vida sea sesgada menos la tuya, entonces decidiré si debo dejar que sigas respirando un nuevo día o termine con tu falsa existencia sumergiéndote en la sombra.

La amenaza fue clara y concisa, el muchacho comprendió cada palabra del vástago y supo que el único rumbo ahora era matar o morir.
Se adentró hasta el fin de la caverna en un descenso agónico, cubierto por la sangre de sus enemigos y la suya propia dejando atrás un reguero de muertos y siempre bajo la atenta mirada del inmortal, el cual se relamía ansioso observándole y conteniendo su hambre ante tanta sangre a su alrededor.



Respiraba agitado sobre el último cuerpo cobrado, el cual debía ser por su tamaño el cabecilla de aquellos seres. Subido entre una pila de varios cadáveres amontonados a sus piés y jadeante del esfuerzo, su corazón latía con violencia observando ahora al caballero vampiro y esperando la sentencia que dictaminaría su vida o su muerte.

-Me has complacido joven mortal. . . tu forma de combatirlos y la muerte causada a tu paso me ha inspirado tras largo tiempo guardando estos dominios. Me ha inspirado para darte mi sentencia pequeño. . . No han sido rivales para ti y yo aún quiero saber de lo que eres capaz.

De un salto ágil a pesar de todo el metal, el ser inmortal descendió poniendo su tétrico escudo en alto y al frente, así como su espada aguardando en una posición marcial entrenada posiblemente durante más de un siglo.

-Te ganarás tu libertad si consigues golpearme. . . quieres volver a ver la luz que baña a los hombres? Acércate y demuestra cuántas ganas tienes de volver a verla. Soy Artheas Hoja de Sangre y hoy aquí sellaremos tu destino.

El muchacho se lanzó al combate sin miramientos y con rabia, intentando golpear al ser el cual con movimientos extremadamente veloces con su espada y escudo bloqueaba y desviaba todo intento de alcanzarle. Los segundos parecieron horas que lo asfixiaban junto al cansancio acumulado y el terror que provocaba ese ser de ultratumba.

-Eso es todo? No puedes ofrecer más?

Lo empujó con el escudo con una fuerza terrible haciéndole retroceder y quizá de alguna manera tratando de provocarlo. De nuevo se lanzó a la carga apretando los dientes y dejando toda su guardia desprotegida, un golpe desesperado que lo salvara de ser devorado. . . Las llamas golpearon a Artheas y el arma dibujo un corte en su cuerpo ante el asombro del joven.

Se retiró entre la confusión y el miedo por haber osado golpearlo y fijó la mirada en el no muerto sujetando con un creciente temor su arma.

-Cuál es tu nombre?

El vampiro dibujó una imperceptible sonrisa contemplando al joven mortal mientras la herida se cerraba casi de inmediato debido a su impía naturaleza.

-Ash

El vampiro asintió tomando de nuevo las bridas de su montura y subiéndose a ella.

-Volveremos a vernos Ash. . . continúa esta senda que has comenzado y puede que en un tiempo nuestros aceros vuelvan a cruzarse.

Vuelve hacia la luz y recuerda siempre a quién pertenece este lugar.
 
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