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Reunión en el Salón de las Estrellas

lourun

Enano sin acento ruso
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// Estos hechos no son roleables hasta que se hayan finalizado. Para lo cual, os incito para que os metais prisa 8) :lol: . Espero que los disfruteis. Mas tarde, narraré lo que me falta. Si cualquiera de los que asistis quereis escribir, bien podeis hacerlo al final, o bien podeis mandármelo (yo le daré un color distinto y diré que fuisteis vosotros quien lo escribisteis, así quedará mas chulo :D)

Capitulo1: Viaje a Suldanesselar

La hora se acercaba. Apenas quedaba ya un completo ciclo lunar y unos escasos días más para cumplirse el esperado plazo. La reunión en el Salón de las Estrellas estaba cercana y deberían ponerse en camino o llegarían irremediablemente tarde, deshonroso para un elfo. Negranoche y Silmewen habian contactado con los Tel-Quessir de mayor confianza y habían decidido el día en que se pondrían en camino.
Una vez llegado el día esperado, todos se pusieron en camino hacia el punto de reunión: Inmescar. En diferentes grupos; Delom, Silmewen, Sheyfa y Thurundil fueron llegando al lugar de encuentro. Una vez el grupo estuvo completo partieron hacia Gambiton dado que para llegar al inmenso Weldath, la prudencia aconsejaba rodear las peligrosas tierras del Imperio de las Bestias. El camino fue duro, mucho más del esperado por el grupo de elfos mientras atravesaban el terrible y por supuesto sombrío “Imnescuro”. Traspusieron las señales de aviso y poco después dejaron de sentir las fuerzas místicas de la Urdimbre a su alrededor. Ni druidas, ni magos, ni bardos podrían hacer uso de ninguno de sus conjuros. Tras diversas pruebas descubrieron que solo las pócimas tenian efectos mágicos notables con los que defenderse de posibles asaltantes.
Pasaron varios minutos, y una terrible emboscada de jinetes de huargo le salieron al paso. Delom y Negranoche combatieron con furia aguantando las primeras lineas en la escaramuza, mientras Thurundil hacia cantos de honor y gloria de viejas epocas y heroicidades para inspirarlos; Sheyfa se dedicaba a curar y Silmewen se habia adelantado para buscar una ruta prudente. Pese al esfuerzo, poco a poco, los Huargos fueron encontrando huecos entre las defensas de Negranoche y Delom. Delom cayó sin fuerzas muy herido, pero Negranoche consiguió restablecerlo mientras otros entretenian a los asaltantes. Finalmente, Silmewen volvió para prestar un refuerzo crucial y, tras un agotador combate, los jinetes asaltantes fueron eliminados, pero Negranoche quedó incosciente y herido de mucha gravedad. Tras los tratos de Delom y Sheyfa consiguió recuperar la conciencia, y acabaron cruzando el Imnescuro tras los hábiles pasos de Silmewen, que los llevó por senderos secretos hasta la salida del valle, dónde por fin empezaron a sentir la fuerza del Arte que los envolvía de nuevo con caricias invisibles.
Una vez en Gambiton, se encontraron con dos nuevos acompañantes que se habian adelantado, Finnereg y Maiev. Compraron los pertrechos necesarios y partieron rumbo al sur entre las sorprendidas e indiscretas miradas de los aldeanos. Por lo que sacaron a un caminante, hacia mucho mucho tiempo que no se veia tan distinguida compañía de elfos pasar por esas tierras. Tras despedirse de el, traspusieron las puertas y marcharon rumbo al sur por una senda que se perdia entre las sombras desdibujadas del horizonte…


Capitulo2: Llegada al Bosque de Weldath


La senda se extendió durante varios días, durante los cuáles evitaron pasar por nucleos urbanos importantes, como Brost. Debían llegar lo antes posible al Gran Bosque y evitar interrupciones que poco aportasen al viaje. Al fin, nuestro grupo llegó en un anochecer a los lindes del Bosque de Thezyr. Se pararon un momento a contemplar la belleza de uno de los bosques más antiguos mientras descansaban de las duras jornadas. Luego hubo momentos de dudas sobre que dirección tomar entre los cientos de caminos posibles, el bosque era inmenso. Habia muchas formas de llegar a Suldanesselar, pero había aún muchas más formas de perderse y desorientarse entre la foresta oscura. Incluso para un druida elfo criado allí y para una Hija de los Lotar podía resultar tremendamente confuso. Finalmente, Finnereg decidió liderar la marcha, acompañado de cerca por Negranoche y Silmewen, que comprobarian si el camino parecia responder a sus recuerdos. No pasó mucho tiempo, cuando varios de los que encabezaban la marcha descubrieron rastros de pisadas orcas.

-¿Orcos campando a sus anchas por el Weldath? ¡Esto es inadmisible!– elevó su voz Negranoche con un odio más que visible.

Pese a lo que se pueda creer, los orcos a menudos han campado por los límites del Weldath en decenas de patrullas, pero Negranoche junto con druidas y elfos del lugar, jamás aceptarían incursiones de esos seres prestos a cortar con sus hachas e incendiar con sus rojas antorchas.
El grupo llegó a la conclusión, de que mejor evitarian a los orcos de momento y cualquier posible confrontación, ya que la importante reunión tendría lugar en menos de una dekhana y aún tenían que internarse largo tiempo en los bosques, sin confundirse, para llegar a tiempo. Finnereg volvió a encabezar la marcha entre ocultas sendas en el cada vez mas denso paraje. Así continuaron, caminando mientras amanecía y se alargaba el día, hasta que la senda dió fin en un acantilado. Tras peinar el terreno intensamente, descubrieron una senda oculta que descendia por las paredes del acantilado, ocultas a la vista de todo aquel que mirada desde la cima del cortado. La senda los acabó llevando a un pasillo subterráneo y oscuro que cruzaba inferiormente el acantilado. Anduvieron a oscuras un trecho, pero poco después una luz y un ruido de agua cayendo los guió. Se dirigieron hacia la luz y descubrieron maravillados que el pasillo subterráneo se abría a un valle hermoso sin igual. Virgen, y oculto entre las altas crestas rocosas, el valle estaba predominado por una imponente cascada que se precipitaba desde las alturas hacia un gran estanque de agua cristalina, que reflejaba en mil destellos los rayos de la luz matinal. En el aire, flotaba una dulce y humeda fragancia a flores y hierbas aromáticas. A todas luces, aquel lugar era un Santuario Natural, un regalo de Madre de tiempos remotos que permanecia imperturbable en su hermosura. Tras recuperarse un poco de la larga caminata, nuestro grupo descubrió, o mejor dicho fue sorprendido, por una presencia pura y maravillosa. Un unircornio los observaba curioso tras la sombra de un cerezo. El grupo de elfos lo contempló maravillado por unos segundos, Negranoche habló al unirconio, a consciencia que sabía que éste como Bestia Mágica lo entendería(cualquier animal minimamente inteligente puede entender las palabras de un druida o explorador).


-Hermoso Hijo de los Bosques, que nuestra presencia aquí no os perturbe, pues solo estamos de paso.-el tono de Negranoche era conciliador y relajado, entablando contacto visual directo con el unicornio.

El unircorio se tiró en el suelo tranquilamente, comprendiendo que el grupo no resultaba ninguna amenaza para él. Algunos miembros del grupo se acercaron a ofrecerle un poco de comida. Negranoche por esos momentos, vislumbró que se erguía oscuro observándolos, tras los muros acuosos de la cascada. Creyó que se trataría de alguna criatura del bosque, o algún elfo que observaba que nada malo hacian al lugar, momentos después, no lo tuvo tan claro. Súbitamente, el cielo claro enrojeció durante varios segundos y los elfos temerosos miraron al cielo, el unicornio se encabritó asustado y fue en ese momento, cuando unos orcos hicieron presencia. A la vez que una repentina marea de fuego se extendia sobre las aguas y sobre las cabezas de los elfos; los orcos tendieron sus crueles cuerdas, vilmente preparadas, hacia el unicornio, y tiraron de él con fuerza, capturándolo y elevándolo por sobre los muros rocosos que escondían el Enclave. El grupo de elfos reaccionó con presteza, sacaron sus arcos de inmediato y dispararon hacia los orcos de las alturas, algunos cayeron desde la cima, pero finalmente consiguieron lo que se proponian, y elevando al unicornio sobre las estribaciones partieron llevándoselo con una rapidez que desafiaba la lógica.
Negranoche no era muy dado a actuar impulsivamente bajo ningún concepto, a sabiendas que todo acto descontrolado tiene altas probabilidades de salir mal. Pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados detrás del árbol tras el que se había refugiado a analizar la situación mientras unas crueles manos orcas arrancaban de aquel divino lugar a una criatura sagrada. Dio varios pasos al frente, y junto con los demás elfos, dieron la orden de caza incondicional hacia los invasores.
Delom y Negranoche de inmediato se transformaron en halcones para seguirles el rastro, mientras Sheyfa hacia lo propio para ayudar al resto a subir la pendiente desde arriba con cuerdas. Tras algunos minutos de precipitada persecución, Negranoche y Delom dieron alcanze al grupo y, emboscándolos, lanzaron respectivamente conjuros de Brotar Espinas y Grasa. La retaguardia del grupo quedó trabada, pero en ese momento, unos brutales orcos se volvieron furiosos y lanzaron potentes hachas contra los dos druidas. Negranoche evitó el daño directo resultando herido, pero no de gravedad. En cambio, Delom recibió un hachazo en un lateral de la cabeza, y yacía inconsciente el suelo. Negranoche dudaba en segundos vitales, entre el unicornio y Delom. Finalmente, se agachó y vendó rapidamente(aunque no sin habilidad) la cabeza del Druida y lo obligó a tragar una poción. Estaba dispuesto a perseguir al grupo orco de nuevo, pero los demás les dieron alcanze. Tras un debate rápido sobre las acciones a tomar, acordaron dividirse en dos grupos. Uno se encargaría de perseguir a los orcos, y el otro de velar por el bienestar de Delom. Negranoche, Silmewen, Maiev y Sheyfa siguieron el rastro rápidamente, pero éste se perdía entre las aguas oscuras y pestilentes de un lago, alimentado por una cascada, tras la cual pudieron averiguar que se ocultaba la guarida orca. Volvieron a deliberar que hacer; si informar y esperar a los otros, si ir a pedir algún refuerzo élfico, o si adentrarse en la cueva.
Al final, Negranoche decidió echar un vistazo a la entrada de la cueva y ver que podía extraer de ella, los demás inspeccionarian el terreno alrededor e informarian al grupo rezagado. Negranoche fue, el agua le llegaba por las caderas, y al volver contó a los demás, ya reunidos todos, lo que había visto. Una inmensa y entramada cueva, en la que se escuchaban ruidos de orcos, en niveles inferiores.
¿Tendrian la valentía de aventurarse a un destino incierto entre las cavernas oscuras?


Capitulo3: La incursión

Sheyfa y Delom abandonaron la expedición debido a alarmantes noticias que auspiciaban la destrucción de los bosques de Amn. Irían allí a reforzar las defensas de Madre.
Tras una rápida despedida, el grupo decidió entrar en la caverna tomando las precauciones necesarias.
Finnereg iba encabezando la marcha casi una decena de metros por delante del resto del grupo. Una y otra vez, doblaban esquinas oscuras y avanzaban por pasillos escasamente iluminados por antorchas. Fueron un rato así, hasta que unos ruidos de batalla hicieron ver que Finnereg habia tenido el primer encuentro “inevitable” tras otra vuelta de las tantas del corredor. Parecia ser superada por tres corpulentos orcos verdes. Negranoche llegó y sin dudarlo invocó una nube de oscuridad. El grupo estaba preparado magicamente para pelear de momento bajo esas circustancias y consiguió derrotar a los orcos sin demasiada dificultad; lo que les llevo a pensar que si evitaban confrontaciones masivas directas les iria bien. Siguieron avanzando… y tras alguna otra escaramuza sin demasiadas dificultades, bajaron al nivel inferior por unas escaleras toscas que descendian en la negra incertidumbre.
Los ruidos y gruñidos orcos se hicieron mucho mas audibles, indicando la cercana y amenazante presencia de orcos en esta zona. Avanzaron siguiendo la misma estrategia, y a medida que lo hacian, el hedor orco aumentaba más y más. Finalmente, el esperado momento llegó. Un grupo de cinco orcos husmeó al grupo y lo localizó pese a la sutilidad de la que estos parecian hacer gala. Sorprendidos, Negranoche y Finnereg combatían aguantando la embestida en el pasillo, por los huecos Silmewen lanzaba habilmente buscando puntos flacos en los furiosos orcos. Thurundil y Maiev lanzaban magia potenciadora y baladas que magicamente hacian que el grupo aguantase más. Parecían aguantar bien, pero de improviso crueles y roncos cánticos en orco indicaron la aparición de los líderes espirituales orcos, acompañados de sus mejores guerreros y arqueros. La batalla se encarnizo. Llovieron las flechas y cantaron, resonaron los escudos y se multiplicaron los lamentos cada vez que una espada cercana un miembro o una flecha alcanzaba un lugar vital. Maiev y Thurundil cayeron ante las flechas. Poco a poco, la embestida orca fue retenida. Gracias a la estrategia y al valeroso arte en la lucha de los elfos. Finalmente, quedaron dos poderosos sacerdotes que no dejaban de gritar a sus asquerosos dioses. La pelea se alargaba más de lo necesario, Negranoche se protegía como podía de los embites orcos, mientras Silmewen y Finnereg golpeaban los flancos menos protegido de los orcos. La victoria llegó fruto de la paciencia, la táctica y el autocontrol. Pudieron atender a los caídos, por suerte, en sus cuerpos aún había un hilo de vida que podía ser salvado y así fue. No hubo mucho tiempo para explicaciones, el tiempo era vital, la vida del unicornio sagrado por la que habian hecho todo esto estaba en juego.
Tras un frugal respiro, se pusieron en marcha. No investigaron demasiado, cuando escucharon unos gemidos no muy lejos. Se dirigieron hacia allí y vieron al unicornio colgado desde la pared una baja caverna, amarrado por las patas y suspendido en el aire. Probablemente lo estarían preparado para algún sanguinario ritual. Mientras del cuello colgaba un gran grillete. A su lado, un gran ogro de terrible apariencia lo custodiaba. En el grupo no habia resquicio para dudas, ante la triste visión Finnereg se lanzó en un ataque silencioso y mortal. El gran ogro estaba de espaldas y nada escuchó, en cuanto las primeras cuchilladas sutiles de Finn cayeron, una lluvia de flechas provenientes del resto de elfos la acompañó. El ogro malherido se volvió y con una mirada de horror y confusión se desplomó en el suelo. De inmediato, el grupo liberó a la criatura; en primer lugar el cuello y luego sus patas. Luego lo bajaron con cuidado. Tras ello, escaparon rapidamente de la cueva volviendo sobre sus pasos.
Volvieron al enclave oculto a dejar al unicornio a salvo. Era de noche y la luna brillaba con fuerza. Le advirtieron que se mantuviese mucho más oculto y a distancia de las crueles y sanguinolentos manos orcas. Estaban a punto de despedirse, pero entonces Negranoche se acercó a preguntarle. El elfo pensó en el tiempo imprescindible que habían perdido con todo aquello, quizás el unicornio supiera alguna manera “rápida” de llegar al destino que les esperaba impaciente. Ahora que le habían salvado la vida, sin duda tendrían su confianza y se mostraría dispuesto a ayudarles.

-
Maravilloso Hijo de Madre. Buscamos la secreta ciudad élfica sobre los árboles. ¿Sabes alguna forma de llegar allí rapidamente?-pregunto Negranoche con tono amigable.

Sin tener que añadir nada más, el unicornio haciendo un gesto con su cabeza se acercó a las aguas claras del estanque e introdujo su cuerno en el mismo. Negranocha pensaba que algún tipo de magia revelaria el camino que debían de seguir, pero estaba equivocado, asombrosamente equivocado.
Un sinfín de de brillante luz proveniente del unicornio cegó durante unos momentos a los elfos. El brilló cedió, dándo lugar a una imagen que los elfos observaron boquiabiertos, una especie de escalera hecha de luz lunar descendía desde los cielos hasta posarse practicamente a sus pies. Muchos segundos pasaron contemplándola maravillados, hasta que Negranoche decidió ascender por ella llevado como por una especie de hechizo hipnótico. Esa hipnosis se rompió cuando puso el primer pié sobre la traslúcida escalera, y descubrió como la atravesaba. Fue entonces, cuando el unicornio hizó un gesto con su cabeza moviendo sus cabellos color plata. Queria que cogiesemos sus cabellos y los usasemos para ascender por ellas. Tras cortar unos pocos cabellos y repartirlos entre todos, descubrieron como parecían volverse etéreos y mucho más livianos. Negranoche volvió a poner el pie sobre el primer escalón, y esta vez sí, la escalera pareció sólida al tacto. Ascendió con pasos dudosos los primeros escalones, y comprobando que era seguro, comenzó a ascender más decidido. Los demás lo siguieron a la vez que se despedían del unicornio. Mágicamente, los minutos que andaban sobre la escalera parecían convertirse en largos días de viaje, o eso les parecía observando como se sucedía el verde techo boscoso. Nunca olvidarían los elfos, las vistas del cielo azul sobre sus cabezas y las del inmenso bosque extendiéndose bajo sus pies. Al cabo de un rato, la escalera descendió, y por ella descendieron los livianos pasos élficos. Cuando el último tocó el suelo con sus dos pies, la escalera desapareció replegándose hacia el cielo. Acababa de amanecer...
Miraron alrededor y observaron que sobre sus cabezas colgaban decenas de plataformas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Había de todas clases; amplias y delgadas, afincadas en troncos y suspendidas en ramas... Algunos elfos se veían patrullar a lo largo esas pasarelas.
Debajo de esos “flats”, no demasiado lejos por encima de ellos, avistaron la puerta de la Ciudad Élfica. Labrada en preciosa madera y con un gran lema dorado en el pórtico que la aguda vista élfica podía distinguir claramente. “Todos somos uno” , en esencia, lo que expresa el código de la antigua Myth Dranor. Nuestros elfos respiraron la fragancia florar y se sintieron orgullosos, habían llegado a Suldanesselar…



Proximamente: Capitulo4: La Esperada Reunión
 

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//Añadido capítulo 3. Parte del rescate del unicornio y las escaleras lunares.

Si alguien quiere añadir una parte de la historia vista desde su personaje ( o no) es libre de hacerlo. El capitulo de la reunión lo colgaré cuando está se finalize.
 
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