DM Nazgul
Dungeon Master
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"Haceos hueco, dicen que ya viene otra..."
Eso es lo que se oye en las tabernas de Murann comenzando desde el Orco Feliz, siempre atento a lo que sucede en los muelles.
Otra carraca. Otro monstruo de cuatro mástiles navegando desde poniente, siguiendo la Ruta del Oro con las bodegas tan llenas de gente que algunos marineros aseguran poder oír sus voces antes incluso de que el barco entre en la bahía. Monstruos que desaparecen en cuestión de pocas horas dejando tras de sí una marabunta de brazos famélicos y rostros demacrados contaminados por una mirada vidriosa.
Al principio se decía que eran esclavos traídos de Maztica. Ya nadie sostiene semejante cosa.
Hay maztiqueños, sí, pero también amnianos vendidos por deudas, calishitas, tethyrianos, gente de las Nelanther, marineros capturados por piratas, extranjeros recogidos en puertos del otro lado del océano y familias enteras que pagaron su propio pasaje creyendo las historias que circulaban sobre Murann.
Incluso hay murannitas. Hombres y mujeres que desaparecieron años atrás y que regresan ahora con un hierro distinto marcado sobre la piel.
Los pregoneros de los muelles hablan de libertad, trabajo y una nueva vida. Los capitanes tratan de reunir tripulaciones de navegantes dispuestos a zarpar con brevedad. Los mercaderes hablan de mercancía. Los sacerdotes benignos hablan de una desgracia, y los de las razas antiguas de nueva carne rosada sobre la que imponerse, esclavizar, maltratar o engullir.
Y los que bajan por las pasarelas apenas hablan mientras llegan por centenares.
Cada pocas semanas aparece otra vela en el horizonte. Murann ya no sabe dónde meterlos.
EL BARRIO DE LAS CIEN LENGUAS
Alrededor de los muelles está naciendo algo que la ciudad jamás había visto desde los tiempos en que fuese el esplendoroso puerto más grande de Amn, antes de la conquista de las razas gigantes. Calles enteras donde pueden escucharse una docena de idiomas en apenas cien pasos.
Una mujer de Maztica vende su cuerpo junto al puesto de un calishita. Un pescador amniano comparte habitación con seis extranjeros cuyo idioma apenas comprende, vigilando sus tres cobres para ron ocultos bajo la sábana. Hay tabernas donde se mezclan especias traídas del otro lado del océano con cerveza de Caravassar, canciones desconocidas interpretadas con instrumentos locales y pequeños altares dedicados a dioses que algunos murannitas jamás habían oído nombrar.
Los habitantes han empezado a llamar a esas calles las Cien Lenguas. Pero la miseria crece tan deprisa como el barrio.
Los soportales están llenos de familias durmiendo sobre mantas. Viejos almacenes se alquilan por rincones. Los callejones huelen a humo, desperdicios y cuerpos hacinados. No hay trabajo para todos. No hay camas para todos. Y algunos días tampoco hay comida para todos.
Y donde aparece desesperación siempre aparece alguien dispuesto a vender un remedio.
En los muelles circulan nuevas drogas cuyos nombres cambian cada semana. Algunas mantienen despiertos a los descargadores durante jornadas enteras. Otras permiten dormir aunque alrededor haya veinte personas tosiendo.
Otras simplemente permiten olvidar.
Como sea, la Ciudad de las Bestias está más ajetreada que nunca, y los rumores empiezan a propagarse por la Costa de la Espada causando nerviosismo en las fronteras de Tezhyr y Amn viéndose obligadas a reforzar la vigilancia bajo la premisa: "Toda la mierda que sobra, acaba extendiéndose para disimular el hedor".
Se dice que algunos ilmateríes organizan su peregrinación ya para auxiliar en esta crisis humanitaria.
Offtopic :
He vuelto.

